Criminalización Histórica, Militarización, Robo de Tierras y Especulación Inmobiliaria. Entrevista a la Comunidad Paicil Antriao

Criminalización Histórica, Militarización,
Robo de Tierras y Especulación Inmobiliaria
Paicil Antriao
La Resistencia Incansable

Entrevista a Ernesto Antriao y Amandina Gutiérrez,
Lonko e Inal lonko de la Comunidad Paicil Antriao
Villa La Angostura - Neuquén
1 de febrero de 2010

Ernesto: soy el lonko del lof Paicil Antriao. Ocupo ese lugar desde que nos formamos como comunidad, hace aproximadamente unos 8 años. Don Ignacio Antriao era el cacique y esa es mi familia ancestral. La historia que yo he podido recopilar y que mis abuelos me contaban es que ellos tuvieron que huir con la conquista del desierto. Mi bisabuelo está sepultado en el cementerio primitivo, que está frente al municipio. Mi abuelo está en el otro cementerio, que es el que funciona actualmente. Yo provengo de ahí, aunque a veces se diga que no somos mapuche, que no somos de acá. Yo puedo asegurar que sí porque yo lo viví; eso no lo va a quitar nadie. Recuerdo cómo nos criamos, cómo era mi abuelo, cómo vivían, cuál era su sustento, todas esas cosas. Tenían sus animales, su huerta, sembraban papa, trigo, avena. El clima en esos años estaba mejor que ahora. Ellos llevaban a moler el trigo, les pagaban con una parte del mismo trigo y el resto lo traían como harina ya hecha para todo el invierno. Había que prevenir porque nevaba mucho. Yo me acuerdo de nevadas que nos superaban dos veces a nosotros en altura. Tenían que prevenirse para todo, con la leña, con galpones y pasto para los animales. Después estaba la proveeduría donde había harina para el pan. Lo que cosechaban en la huerta, en la chacra, se guardaba en chenques que se hacían en la tierra. Ahí se ponían papas, arvejas secas, algún pasto seco o en su defecto carbón que mantiene con frescura todas las hortalizas que puedas poner ahí. Y las dejaban ahí, tapadas con un techito para que las salve del agua. Por ejemplo, cuando se cosechaba papa, se dejaba un porcentaje, 3 o 4 bolsas, para el consumo, el resto se guardaba en el chenque y de ahí se sacaba después. Se iba sacando de ahí para el resto del año hasta que se tenía otra cosecha. En cuanto al ganado, tenían ovejas, vacunos y se guardaba la carne también haciendo charqui para poder mantenerla bastante tiempo. El proceso del charqui es humo y sal.

¿Cuántas hectáreas eran?

Ernesto: El territorio que le entrega el estado a mi abuelo y a Paicil eran 625 has. Esto fue alrededor de 1885. Lo que he podido recopilar, a través del trabajo de historiadores, es que en 1902 el presidente Roca reafirma el territorio y lo pone en posesión de nuevo. Yo tengo esa documentación guardada. Todas las familias que vivían por acá en esos años eran de pueblos originarios. Por eso a mí me extraña que el municipio de Villa La Angostura salga a decir esa barbaridad de que acá no hubo mapuche. No se nos quiso reconocer en la Carta Orgánica. Yo tengo la esperanza de que esto se va a revertir a corto plazo.
Las que están reconocidas en la documentación son dos familias, no? 
Ernesto: sí. Hay una calle divisoria que dividía lo que era de la familia Paicil y lo que era de Antriao, dentro de las 625 has. Ellos tenían claro lo que era de cada familia.

¿Se acuerda los límites?

Ernesto: la parte de Antriao llegaba desde este lugar donde estamos, toda la costa del Correntoso del puente para acá. En la parte de la costa está Elma, otro hermano de mi bisabuelo. Llegaba hasta el puerto en la villa y después el cruce y donde está el municipio era territorio mapuche. Cuando los que estaban en el poder se encuentran que no tenían territorio, comienzan a sacarnos de una u otra manera. Algunos para ampliar el pueblo, otros para beneficio personal. Hoy me animo a decir que de la parte de Antriao no queda nada. Queda este lugar donde estamos en este momento, que son 10 has.
 
¿Cómo fue avanzando la población de la villa?

Ernesto: Comenzó a hacerse el camino a Chile, comenzó a tener auge, valor. Mi abuelo y mi abuela vivían en donde está el supermercado Todo, al lado del camping Unquehue en la Avenida Siete Lagos. Ahí tenían la ruka. Yo me crié en esa zona. Después a mi abuela la sacan de ahí y le dan un boleto de 30 has en esta zona. La querían sacar porque esas tierras ya tenían valor, están sobre la ruta y a alguien ya le interesaron. Además otra forma era apoderarse de territorio usando el  poder económico y político. También los jueces se quedaban con territorio y lo hacían metiéndonos presos. Le decían a la gente que no iba a dejar de estar presa a menos que firmara o pusiera el dedo. Y además, por ejemplo en el papel decía una hectárea y después resultaban ser 10 porque le agregaban un cero. 
Hubo otras formas de apoderarse del territorio. Por ejemplo, a Victoriano Antriao, que era el apoderado del territorio, y a otros más los invita Francisco Capraro, el actual intendente, a un asado, y ahí les pidieron una hectárea para el municipio y resulta que después fueron 10. Y así les fueron sacando territorio. La gente por ahí no se daba cuenta, mucha era analfabeta.

Amandina: antes no se le daba valor a la tierra. Ellos no conocían el valor monetario de la tierra. Para ellos una hectárea de tierra podía significar un kilo o dos de yerba, dos kilos de carne, etc. Era mucho el desconocimiento que ellos tenían. Esta gente a la que engañaron era gente mayor que ya no podían trabajar. Si hubieran sido jóvenes, hubieran podido trabajar la tierra y sacar de ahí su sustento.

Ernesto: al viejito Paicil le pasó lo siguiente. Salamida tenía una despensa en el centro, donde vendía de todo y todo suelto. El viejito se venía desde allá arriba todos los sábados a la despensa y se volvía con una bolsita, de yerba, de azúcar, de fideos, sin pagarle, pero iba poniendo el dedo. Cuando llegaba fin de año hacía el resumen de todo lo que había llevado en el año y le hacía poner el dedo. Y así se fue quedando con territorio de ahí arriba. De ahí, este Salamida, el hijo, corrió a Berta Quintriqueo Paicil, una de las integrantes de la comunidad.
 
Amandina: soy la Inal Lonko de la comunidad. Junto con Ernesto conformamos la parte directiva de la comunidad, en la cual vengo trabajando desde hace casi 6 años y 5 años en la parte directiva. Cuando yo entré en la comunidad ya estaba organizada. Si bien la comunidad se organiza en el 2003, ellos ya desde dos años antes se habían estado reuniendo para conformarse como comunidad y tener su derecho a la tierra, como se requiere legalmente. Aquí había familias que eran mapuche pero el estado las reconoce como comunidad una vez que se conforman como tales. Antes la gente vivía en su lof, que es el lugar donde se vive y el entorno que tiene. La palabra comunidad para el mapuche no existía, existía el lof. Esa palabra viene del estado, que decía que tiene que ser comunidad. Así fueron reconociendo a las organizaciones mapuche pero siempre existieron. Acá, en Villa la Angostura, las familias Paicil y Antriao fueron de las primeras familias que estaban en el territorio y luego llegó el estado. Pero el estado no mejoró la condición de los mapuche sino que más bien vino a permitir que estas familias mapuche perdieran sus tierras.
Cuando en Villa La Angostura dicen que los mapuche no existen, están negando a los Antriao, a los Paicil y a todos los mapuche que hay aquí, se reconozcan o no como tales. Aunque muchos no se reconozcan, están aquí y no se puede negar. Es como les decía yo cuando fuimos a una asamblea sobre el tema de la Carta Orgánica: aunque ustedes no reconozcan, no pueden tapar el sol con la mano porque la preexistencia está.
Nos hemos encontrado con muchas dificultades en la comunidad desde el principio. Primero cuando se conformó fue mucho papeleo y después empezó la pelea con los privados. Cuando decimos privados estamos hablando de todos los que se han hecho de esta tierra. Algunos habrán pagado algo pero muchos de ellos sabían lo que estaban comprando. En su momento sabían que se compraban un problema, y aún así apostaron a comprar. Hoy en Villa La Angostura se dice: ¿cómo le quieren sacar esa tierra a la gente que la pagó? y en realidad es mentira.  Un privado me dijo hace poco: Yo cuando compré esta tierra la pegué en monedas. Esas tierras que él pagó en monedas hoy están valuadas en dólares. Tenemos tanta pelea porque es un lugar paradisíaco. El valor se debe estar redoblando año por año. Hoy los emprendimientos turísticos que han tenido ellos han quedado en la nada porque nosotros estamos ahí peleando y seguiremos peleando. Hoy no tenemos una lucha contra el Remington, sino una lucha legal que también nos está matando. Si avizoramos una solución, está costando mucho y creo que va a seguir costando. Pero el mapuche va a seguir apostando a que sus tierras son sus tierras.
Durante un tiempo el mapuche no quiso reclamar y se fue con la cabeza baja dejando sus tierras sin saber el valor que tenían, sin saber que él pertenecía a la tierra. Esto se debe a la pérdida cultural que han tenido, por el genocidio y el etnocidio que hubo desde la conquista del desierto. Por todo esto no pudieron pelear por lo que era suyo. Pero hoy en día, el pueblo mapuche ha vuelto a despertar. Es como que estaba durmiendo y un día se dio cuenta de que no tenía que seguir así. Hace 5 o 6 años atrás no había mapuche reclamando en ninguna parte. Ahora sí los van a ver reclamando y exigiendo. Uno no tendría que estar pidiéndole por favor al gobierno, sino que tendría que estar exigiendo que lo que tomaron por la fuerza lo entreguen por las buenas.

¿Cómo fue el proceso de conformación de la comunidad?

Ernesto: desde el 2000 nos veníamos juntando y viendo la posibilidad de constituirnos como comunidad porque veíamos que si no hacíamos algo, íbamos a los caños. Los pocos mayores que quedaban también nos decían lo que iba a pasar. Antes, quienes luchaban lo hacían de forma individual y eso no prosperó nunca. Cada vez que llevaban un papel, una carta o algo, moría ahí, no prosperaba para nada. Se empezó a ver esa situación y cómo la tierra aumentaba su valor, y pensamos en constituirnos como comunidad y empezar la defensa de las tierras. Y a partir de ahí, el negocio inmobiliario se ha frenado mucho. Llegó a verme gente que quiere que le firme como comunidad porque quieren vender y yo les contesto que no puedo hacer eso. Si no les firma la comunidad no pueden vender.

¿Cómo fue la vuelta a la tierra?

Ernesto:
cuando estaba afuera, me pegaba una vuelta cada tanto para ver a mi familia. Un día vine y me encontré con una situación espeluznante. Mi tía, que ya falleció, me pedía que hiciera algo. Decidí quedarme en un lugar donde nadie estuvo antes. Busqué este lugar y acá me quedé.
Un día estaba en la casa de mi tía y aparece un pariente nuestro que era el apoderado, Enrique Antriao. Él fue engañado por los abogados y malvendió la tierra. Cuando llega a lo de mi tía, se pone a medir el terreno. Le iban a dejar un pedacito a mi tía. Ese día decidí quedarme.
Una vez formada la comunidad, me ofrecieron ser el lonko y les dije que no estaba preparado para eso. Pero tuve que aceptar porque no había nadie que llevara el apellido.
La constitución de la comunidad fue difícil, comenzó una resistencia y este pueblo empezó a cerrarse más todavía para que nosotros no tuviéramos acceso a nada. Acá no podíamos ni hacer un poder para un abogado, teníamos que irnos a San Martín o a Bariloche, porque aquí un escribano no nos tomaba el trámite. Cuando la comunidad empieza a tener apogeo, empezaron a echar leña porque eso era un obstáculo para el despliegue inmobiliario. Tuvieron que empezar a pensar que está la comunidad. Por eso hay mucha bronca. Mil veces me amenazaron con golpearme pero no me importa.

¿Quiénes son los privados que tienen intereses?

Ernesto: el que está ahí arriba es Ducó, Pérez Calvo, ex juez cuyas tierras administra una hija y su yerno, Natalio Burns, Salamida, Pérez Catán, Ginóbili, Fisher. A Ginóbili le vende Salamida a través de la inmobiliaria Ferrari.

Amandina: respecto a los desalojos, cuando ustedes entraron en el 2003 tuvieron el primero. En ese momento desalojaron a la gente que estaba en el supuesto territorio de Pérez Calvo y a más gente también. La única diferencia fue que en ese tiempo no se avivaron de desarmar las rukas. Sacaron a la gente y las cosas y las tiraron en la calle. La gente se quedó ahí, diciendo que no iban a volver a entrar. Allí se reorganizaron y dijeron que iban a entrar para desarmar las rukas, porque tenían 15 días para desarmarlas.

Ernesto:  durante 10 o 12 días estuvimos viendo cómo íbamos a hacer y faltando tres días entramos a las rukas haciendo creer a la policía que estaba ahí que las íbamos a desarmar. No desarmamos ninguna sino que las volvimos a ocupar, cada uno su ruka. Y nos atrincheramos hasta hoy.

Amandina: lo que ha sido más duro es del lado de la calle Traful. Acá el conflicto fue con Bianchini y Ferrari que era apoderado de Ginóbili en ese tiempo. Subían continuamente, nos agredían. Yo en ese momento ya era inal lonko y le dije a una lagmien de la comunidad que no íbamos a dejar pasar a este tipo, aunque fuéramos dos. Y nos pusimos delante de la camioneta. El tipo nos tiró la camioneta encima pero no nos movimos.
Ahí empezó el conflicto en serio porque empezaron las denuncias que nos acusaban de usurpadores. Hasta que llegamos a Fisher que es el gran problema que tenemos hoy en día. Fisher es alguien que tiene un poder más alto que todos nosotros porque ha logrado estar a pesar de que el mismo día que él ingresó intentó poner un obrador y la gente de la comunidad lo sacó. Nosotros, lamentablemente por un problema legal, no respondimos a tiempo un pedido de desalojo y quedó la sentencia firme. Esto fue en el 2007. Desde entonces, prácticamente todos los meses nos decían que en 15 días o una semana iba a haber desalojo. Y vivimos así hasta que se produjo el primer intento, porque no llegaron a desalojarnos. En ese primer intento llegó la policía, salí yo, hablé con la gente y les dije que la policía nos iba a reprimir. Les propuse meternos en una de las rukas, la principal y la que siempre querían desalojar. Nos metimos ahí, había dos bebes recién nacidos y chicos chiquitos. Toda la comunidad nos metimos adentro de esa ruka que era chiquita. Cuando vino el comisario le dije que nuestra postura era ésta y el dijo que nos venía a desalojar. Le dije que hiciera lo que tenía que hacer. Me dijo que ellos nos iban a pegar si era necesario y le contesté que ya lo sabíamos, que nuestra postura era quedarnos en la ruka y que aunque nos sacaran a la rastra, íbamos a seguir estando ahí. El comisario vio que nadie tenía armas, que nadie había hecho ni un movimiento. Nosotros para alargar la situación y que la Confederación tuviera tiempo, le empezamos a reclamar muchas cosas, que queríamos que viniera el juez que había dictado la sentencia, que era Videla. Lo llamaron y en eso ya se había pasado toda la mañana. Habían llegado temprano, a las 7. Hablamos con el juez, le dijimos nuestra postura y él nos dio la suya. Nos dijo que era irrevocable lo que él había dicho. Fue el comisario el que tomó la decisión y le dijo al abogado que se retiraba porque no estaban dadas las condiciones: había bebes, chicos, personas mayores y hombres pero que estaban desarmados. Y dijo que además los superábamos en número.
Después vino el otro intento de desalojo que ya fue más grave, en diciembre de 2008. En ese momento vino el abogado, Fisher y los demás privados que siempre están apoyando. El abogado tenía un martillo en la mano en el techo y estaba desarmando la ruka. Empezaron a desarmar las rukas. No llegaron a una de ellas que ahora fue desalojada. Nos juntamos toda la comunidad y la comunidad Quintriqueo y uno de los konas dijo que si ellos desarmaban por un lado, nosotros teníamos que armar por el otro. Esa fue la técnica, se clavaba de un lado y se desclavaba del otro.  Esa vez fue terrible, las mujeres se peleaban, hubo golpes, fue bastante grave. Así como se desarmaron las rukas en un día, en un día también se levantaron. A la mañana habían desarmados dos rukas y a la tarde las volvieron a construir. Desde ese momento, Fisher tuvo que tomarse un tiempo y buscar el momento para hacer valer esa sentencia y lo consiguió el 2 de diciembre del año pasado. Realmente nos sorprendió, siempre digo eso. Nosotros, creyendo en la justicia, decíamos que tenemos una ley a favor, la 26160, que prohíbe los desalojos, y no creíamos que el juez fuera tan incorregible como para llevar a cabo la sentencia de nuevo. Y nos madrugó. Ese día estábamos tres mujeres y tres chicos. Estaba Jeny, la señora que fue desalojada, con sus dos nenes, de 9 y 10 años, yo con mi hijo de 12 y la mamá de ella que es una señora mayor de 67 años. Me llamó una lagmien y me dijo que me pusiera en campaña porque nos iban a desalojar en ese momento. Yo termino de cortar el celular y veo por la ventana de mi casa pasar todos los vehículos. En un momento quise hablar por teléfono y tenía bloqueado el celular. Le dije a mi hijo que fuéramos a lo de Jeny y en ese momento la casa estaba prácticamente vacía y le habían sacado todo. Ella contó que llegaron y le cortaron la manguera del agua. Le pedí a mi hijo que fuera del otro lado, avisara que estaban desalojando y trajera gente porque yo no me podía comunicar con nadie. Él se va corriendo y a los 20 minutos vuelve llorando y me dice que del otro lado estaba igual, que habían desalojado la parte de la barrera, que estaban quemando y que había policía con perros. Me dijo que a él casi lo habían agarrado; estaba muy asustado. Le pedí perdón y le dije que no sabía lo que estaba pasando del otro lado. Yo andaba de un lado para el otro viendo cómo estaba la gente, si estaba tranquila. Me fui para el otro lado y había 5 o 6 policías en la calle bloqueando la entrada. Me acerqué a los policías y les pregunté hasta donde iba a llegar el procedimiento porque mi preocupación era que no solamente desalojaran esta parte de la barrera sino que quisieran seguir hacia adentro con otras rukas. Uno de ellos me echó el perro encima y se le cayó el bozal. Me dijo que siempre se le cae el bozal cuando tiene que defenderlos. Entonces le dije de qué tenía que defenderlo si estaba armado hasta los dientes y yo no. Le dije que sólo quería hablar y saber si el procedimiento llegaba más lejos. Me dijeron que en ese momento no me podían atender. Fui a hablar con el secretario del juez y le pregunté qué iban a hacer con Jeny. Me dijo que la iban a llevar a la terminal y que allí la iban a dejar con sus cosas. Le dije a Jeny que nos metiéramos adentro y resistiéramos hasta que llegara la comunidad Quintriqueo. La idea era hacer tiempo. Me puse a discutir con una de las policías que estaba sacando las cosas y con un bombero. Le pregunté a este último qué estaba haciendo y me dijo ayudando. Le contesté que no tenía nada que hacer ahí y que saliera. Entró el comisario y me amenazó, diciéndome que baje el tono porque iban a cumplir una orden y que además estaba asustando a los niños. Porque los niños en realidad estaban llorando pero no porque yo hablaba. Le dije que eran ellos los que estaban amedrentando a la gente y cuando miro para la ventana veo un montón de policías. Tres mujeres no podíamos hacer nada, nos iban a sacar a la rastra porque había mujeres policía también. Así fue como nos agarraron desprevenidos y no pudimos hacer nada por la defensa de nuestro territorio, al que habíamos defendido varias veces. Ese día estaban todos trabajando. La modalidad también cambió; antes venían a las 7 de la mañana; ese día llegaron a las 9, horario en que la gente ya se había ido a sus trabajos. No encontraron casi a nadie, porque del otro lado también había dos mujeres y unos cuantos chicos. Cuando llegaron no hubo nada que hacer. El procedimiento duró todo el día, terminaron como a las 10 de la noche. Las casillas desarmadas las llevaron a un corralón que tiene el municipio en el parque industrial. La casilla de Jeny fue destruida por completo, no se salvó nada, ni sus muebles, ni sus colchones, ni sus frazadas. Quedó sin nada. El municipio hizo un acta acuerdo con nosotros que hoy no quiere reconocer. Dijeron que le iban a hacer una casilla de 3 por 3 pero sin techo. Yo tengo ganas de ayudarla. Una se pone en el lugar de ella, que está sola con dos chiquitos, que no tiene un trabajo efectivo y ¿dónde va a ir? Tengo que acompañarla al municipio para ver si respetan el acta acuerdo. Desde el municipio dicen que ellos no tienen la culpa de lo que pasa pero yo les dije que desde que el municipio puso los camiones a disposición para que se llevaran las cosas, es responsable. Les dije que cuando Fisher hizo esto, les creó un problema social y que de eso no se hacen cargo. Yo quisiera que volviera al territorio pero es muy difícil que le podamos asegurar algo cuando en realidad nosotros no estamos seguros. Ella dice que ahora se va a otro lugar pero que quiere volver a su lugar cuando se recupere.
 
¿Cómo es tener a la policía acá adentro desde el 2 de diciembre?
 
Amandina: Ha sido muy traumático porque a partir de eso se han ido sucediendo una serie de hechos de represión. Desde el 2 de diciembre, cuando abro la puerta de mi casa tengo a la policía mirando desde la calle para ver que estoy haciendo. O llegaba a mi casa, abría la puerta y empezaban los disparos. En la noche disparaban seguramente para amedrentar. Si ellos creen que con eso nos asustan, están equivocados. No les tenemos miedo. 
Después de eso hubo represiones, a las que no podemos llamar enfrentamientos, porque en ese caso ellos deberían tener la misma cantidad de heridos que nosotros. Si bien ellos muestran exageradamente una foto con un policía que tiene un ojo negro, se ve a las claras que lo pintaron. Fuimos a hacer una denuncia a fiscalía por los disparos de la noche. Cuando volvía fui al hospital a ver una lagmien que estaba internada. Cuando estaba ahí, me llaman por teléfono para avisarme que Fisher y dos policías armados estaban persiguiendo a los chicos por el bosque. Fuimos para ahí y cuando estábamos llegando, empezamos a escuchar gritos y disparos. En un momento llegó la policía de acá y la Uespo y en unos cinco minutos estábamos rodeados. Un policía apuntó a mi hijo y le dijo que levantara las manos. En un momento escuché un disparo y me asusté mucho porque pensé que le habían dado. Lo miro y le digo que se ponga detrás de un árbol. Cuando miro me doy cuenta que no teníamos ningún lugar donde albergarnos porque estaba lleno de policías. Ahí agarraron a estos chicos y se los llevaron presos. A uno de ellos lo agarraron del pelo y le daban contra el piso con una violencia increíble. Cuando lo levantaron, le chorreaba la sangre. Les grité que soltaran al otro chico que es menor y uno de los policías me mostró un chichón que le había hecho. Le dije que se estaba defendiendo de los golpes y que no lo estaba agrediendo. A los otros dos chicos ya se los habían llevado pero no en la patrulla. Los llevaron adonde está Fisher y ahí les sacaron fotos, para demostrar que los habían agarrado ahí y no en otro lugar. Me fui siguiendo al policía que se llevaba al chico de 16 años y me decían que no me meta. Lo arrastraban y lo tiraban en el piso. En eso vino Fisher y les gritó a los policías: “déjenmelo a mí”. El policía le dijo algo al oído, lo metió en la camioneta y se fueron para arriba. El chico de 16 años me gritaba que lo ayudara que le estaban metiendo una pistola en la cintura. Lo tenían esposado y lo llevaban entre siete. Le dije a la madre de los dos chicos que fuera con ellos, que se metiera en cualquier patrullero. Empecé a juntar gente para que nos fuéramos a la comisaría para hacer presión. Ahí estuvimos hasta que los soltaron, a las 23 hs. El más chico quedó con problemas porque lo golpearon mucho. Después de la paliza que le dieron tuvo un pre infarto. Ahora, si bien está un poco mejor, no puede hacer ningún esfuerzo.
Del otro lado también hubo un enfrentamiento. Habían estado desde las 7 de la mañana. Fui para allá y cuando llegué estaba toda la comunidad ahí, enfrentándose a la policía, que se burlaban, los insultaban y tiraban con gomeras.
Cuando vino la caravana solidaria de Bariloche, íbamos a ir con la gente para abajo y cuando pasamos por la entrada de la policía nos tiraron piedras con gomeras. Decidimos no bajar para que no lastimaran a nadie. Subieron los que integraban la caravana e hicimos un traun. Cuando ellos veían un poco de movimiento lo consideraban una agresión. Como estuvimos haciendo varios traun con otras comunidades, siempre llegaba gente.  
                                       
¿Qué pasó con el rewe?

Ernesto: es un lugar sagrado, ahí hacían ceremonias mis ancestros, era su lugar espiritual. El lugar del rewe lo tiene que marcar una machi o un machi, no lo podemos hacer nosotros.  Entrar mal al rewe puede costar vidas. Lo que hizo Fisher ahí fue meter máquinas, hacer una calle y excavar. Finalmente se logró parar, pero la destrucción está(1).
 
Amandina: nosotros estamos muy consternados por esto que pasa en nuestro lugar ceremonial porque tiene dos partes: el pillán, que es el entorno, el contorno del rewe y el lelfún. Ambas fueron destruidas por las máquinas. Por el pillán construyó un camino para que pasen vehículos; en el lelfún hizo una zanja de 3 metros de profundidad aproximadamente –hasta lo que pudimos ver nosotros porque después siguió trabajando- y de 14 o 15 metros de largo. En el centro precisamente del pillán y del lelfún está el rewe, donde está concentrada toda la fuerza del pillán lelfún. Decimos que esta situación es muy grave porque estas partes ya han sido destruidas y desde lo espiritual es como la muerte, es como tocarle el corazón al mapuche y estrujárselo. Tuvimos mucha adhesión de las comunidades porque todos los mapuche conocen lo que es el rewe, ese lugar ceremonial y espiritual que tiene cada comunidad. Cuando ese espacio es profanado, es irreversible y muy grave en lo espiritual. Si antes teníamos el problema de que el rewe había quedado en el territorio que se le dio a Fisher, hoy en día tenemos un problema doble con el daño que este hombre hizo. Él sabía lo que estaba haciendo, yo le dije que él sabía lo que estaba profanando ese día. Lo sabía y lo hizo a propósito. Pero fue un error que haya ido a trabajar precisamente en ese lugar, porque despertó la bronca en todos los mapuche. Pensó que lo estaba haciendo contra la comunidad nada más y no es así. Cuando se mete con un rewe, no está agrediendo sólo a la gente que está ahí, viva, sino a otras entidades con una fuerza más grande que la nuestra. El día de mañana se va a arrepentir.

-¿Cómo está la situación ahora?

Amandina: por ahora está la medida cautelar que le impide seguir construyendo pero él seguramente va a apelar. Lo que sucede es que, a pesar de la medida, a nosotros no se nos restituye el rewe y eso sigue siendo grave. Si bien nosotros reclamamos todo el territorio, lo que queremos es que ese rewe sea restituido.

-¿Cómo fueron militarizando el territorio? ¿Cómo es vivir en un territorio completamente militarizado?

Amandina: la policía quedó desde el 2 de diciembre cuando se produjo el desalojo, tanto desde el lado de la calle Traful como del otro lado, que es el mirador del Belvedere. Desde entonces no se ha ido la policía ni las agresiones junto con ellos.    
Nosotros caminábamos tranquilos nuestro territorio todos los días, por los caminos o trayectos que tenemos. Hubo unos días en que tuvimos que hacer caminos alternativos. No podíamos pasar por los puestos policiales porque éramos agredidos. Para no arriesgarnos a eso, pasábamos por otros lugares. Eso es inaceptable, porque es nuestro territorio y no tenemos porqué estar escondiéndonos y pidiéndole permiso nada menos que a un policía. Deduzco que el mismo Ducó debe haber hecho un arreglo con la mutual policial para dejarles un pedazo de tierra ahí, razón por la cual los policías defienden ese lugar. Por eso tenemos el cartel que dice: “viviendas para la mutual policial”. Para mí ver policías en los caminos por los que andábamos todos los días, es inaceptable. En estos días he estado lejos de mi casa porque no me gusta. Y más sabiendo que no somos gente agresiva. Los chicos que están acá se están defendiendo y defendiendo sus derechos. Yo le preguntaría a la gente que muchas veces se pone del lado de un uniformado, de un policía, que le pasaría si en su casa se colocaran policías para que no saliera libremente. Una cosa es que te pongan policías para que te cuiden y te custodien, pero otra es que vos no puedas ser libre. Eso es totalmente agresivo. Es una agresión sin palabras. Cuando nos ponen estos puestos nos están agrediendo. A veces se tratan de disfrazar (aparecen de civil) pero uno los conoce a la legua. Recorren el territorio todo el tiempo, vigilando a la gente. Yo no estoy en mi casa (ubicada frente a un puesto policial) porque me da miedo salir a buscar leña, por ejemplo. Uno no vive con la tranquilidad que tuvo hasta ahora. Por eso pedimos que esta gente sea sacada en forma urgente.

-Ustedes tienen causas penales, no? ¿En qué situación están? 
  
Ernesto: yo tengo una causa por usurpación. También hay causas de cuando se armó una revuelta arriba con Ferrari, con Bernardi. Se generó el conflicto porque ellos nos iban a colocar un alambre ahí arriba a punta policial. La mayoría son por usurpación del territorio. Buscan judicializar la lucha.

Amandina: la verdad es que todas las causas son por defensa del territorio. Por supuesto, no hay usurpación porque la gente está defendiendo lo que es suyo. Hay responsabilidad de la justicia porque al no tener el reconocimiento de la justicia es que se empiezan a producir todas estas denuncias. Lo único que tuvo valor para la justicia fue la palabra del que tenía dinero. Muchas veces la comunidad fue a hacer denuncias y no fue escuchada; esas denuncias no fueron recibidas. Vemos la complicidad que hay entre la justicia y el que tiene la plata. En este lugar eso se ve claramente. El que tiene plata puede hacer y decir lo que quiera, pero al que tiene la razón, así vaya con la verdad, no se lo escucha. Seguramente vamos a tener muchas más denuncias porque vamos a seguir defendiendo el territorio si es necesario. La comunidad no se va a echar atrás por las denuncias. Estas denuncias ahora están perdiendo peso porque están mal hechas. Porque al hacer denuncias individualmente, también se equivocaron. Ya ha habido tres juicios que se ganaron. Hace poco Juan Manuel (Salgado, abogado de la comunidad) vino y nos dijo que todas las denuncias están prácticamente para ganar. Se les cae de a poco el argumento. Si se denuncia a un originario no van a tener argumentos, si hay un buen abogado y una justicia que obre bien. No pueden denunciar a una persona que está reclamando lo que le pertenece.

Ernesto: con el caso Fisher yo estoy optimista. A pesar de que estos tipos son leguleyos también se les escaparon las leyes. Si bien había una sentencia de desalojo, no era contra mí o la comunidad, era contra unos peñi que estaban ahí y a los que les hicieron el juicio. Videla había dictado sentencia contra ellos, ya había arreglado que se iban a ir y se fueron. Cuando esta familia se va, queda el lugar libre y entonces nosotros nos plantamos de nuevo ahí porque la posesión era nuestra. El desalojo está mal hecho porque nunca nos avisaron, nunca notificaron a la comunidad. Y fuimos desalojados por una sentencia que había contra otros. En ese argumento se basa Juan Manuel. A esto se suma la ley 26160, que prohíbe desalojos. Creo que todo esto se les viene en contra a Videla y a Fisher.

¿Qué significa la defensa del territorio? ¿Qué es lo que defienden?

Ernesto: la mapu, lo que queda. Sabemos que lo que está vendido, tomado, no lo vamos a recuperar, pero estamos en la defensa del territorio que queda. Y además que nos queden las puertas abiertas para en el futuro decirle al estado que tiene que hacer resarcimientos por lo perdido. Acá la complicidad es de todos los poderes del estado porque todos hicieron la vista gorda y miraron para otro lado. No pueden seguir impunes. Creo que ellos se están sintiendo acorralados por toda la difusión que hubo y creo que Sapag no debe estar muy tranquilo.

Amandina: hablar de la defensa del territorio no sólo significa la defensa de la mapu, de la tierra en sí, sino también de todo lo que concierne a ser mapuche, lo cultural, lo espiritual, que es lo que nosotros también tenemos que recuperar. Cuando hablamos de genocidio, de etnocidio, el mapuche perdió todo, incluso siente vergüenza. Cuando hablamos de la defensa del territorio, estamos hablando de la recuperación del ser mapuche.
(1) Un tiempo después de realizada esta entrevista, y a lo largo del mes de febrero, el empresario norteamericano siguió avanzando sobre el rewe, violando un recurso de amparo presentado por la comunidad y aceptado por el juez Sommer, cuya decisión colocaba al espacio sagrado bajo protección de la justicia. La segunda excavación realizada por Fisher violó esta restricción judicial que paralizaba las obras civiles en el lugar.   

     
Diálogo con otros/as integrantes de la comunidad
Las distintas caras del conflicto

Entrevista a Berta Quintriqueo Paicil y Cristóbal Livio
Comunidad Paicil Antriao

Berta: mis hijos mayores y yo somos nacidos y criados acá. Ellos nacieron en el lugar donde está Salamida. Nos tuvimos que ir a Bariloche porque Salamida nos sacó del lugar y nos quemó la casa en el año 1972. Nos sacaron del lugar, nos llevaron para el cruce y allí estuvimos alquilando varios meses. Después nos fuimos a Bariloche porque acá no había trabajo. Nosotros comíamos de las chacras y eso fue todo destruido.

¿Cómo fue ese desalojo?

Berta: él está acostumbrado a quemar casas. Cuando se pelea con alguno, esa noche o al otro día ya incendia la casa. Está interesado en tener las tierras para venderlas, pero las vende mal, sin papeles. Él nació acá en el cruce, en Villa La Angostura, pero su padre era turco y fue intendente de la municipalidad por eso se aprovechaba de la gente. Él murió ahora. Ellos vendieron la parte más sagrada de los mapuche, el rewe.
Después de que nos fuimos, yo venía a dar una vuelta por el lugar. Cuando mis hijos terminaron la escuela, vinimos de nuevo a vivir acá, eso fue hace cuatro años. Pero hace diez años que estoy en la pelea por las tierras. Nosotros estábamos solos y pedimos que se haga una comunidad acá para que nos acompañen y con ellos estamos peleando ahora. No hubo nunca gente de afuera, eran nuestros hijos y nuestros tíos. Acá no había casas, era todo virgen.

Cristóbal: el finado Paicil, el abuelo, tenía animales. Después llegó el turco Salamida y le sacó las tierras. Para él fue fácil porque era intendente y conocía a todos.

Berta: había más territorio desocupado pero vino a las tierras en las que nosotros estábamos viviendo. A mi tío lo mataron ellos; también le quemaron la casa y lo encerraron en un galpón. No dejaban que viera a sus hermanas ni a sus sobrinas. Encerrado se enfermó y lo llevaron a Bariloche cuando ya estaba por morir. Murió el mismo día que lo llevaron, a la noche.
Cuando vivíamos en Bariloche, siempre veníamos para acá en carpa cuando los chicos tenían vacaciones.

¿Por qué siempre venían?

Berta: a mí me gustaba estar acá. Yo volvía a mi lugar y quería pelear por él.
 
Cristóbal: si estas tierras se hubieran peleado como herencia se hubiera resuelto, pero no teníamos plata para abogados. Al pelearla como comunidad es más difícil. El estado quiso borrar a los mapuche y los documentó uno por uno. El estado nos tiene que reconocer; somos nacidos y criados acá. Nosotros queremos cambiar la historia y que no sigamos con los de afuera acá.

¿Cómo era este lugar antes? 
   
Berta: Era todo virgen, en la parte de abajo sólo vivíamos nosotros. Después vino a vivir mi tía en ese lugar donde está el otro privado, Daniel Ducó. Ahora vamos a luchar para que nos dejen este pedazo, ya que nos quitaron todo. Donde está la municipalidad era de Paicil. Ahí está el cementerio y están sepultados los mapuche de antes. Al cementerio le pusieron una plaza encima y están pisando a nuestros muertos.

¿Cómo empezó este conflicto que están viviendo ahora? 
 
Berta: empezó cuando vinieron y quisieron desalojar a todos. Ellos decían que querían dejar el Belvedere limpio. Vinieron con perros, todos uniformados, con chalecos antibalas. Vinieron un montón, como si nosotros hubiéramos sido tantos y en realidad éramos nosotros nada más. Era el 2 de diciembre y a nosotros nos tomó de sorpresa.

Cristóbal: Entraron a las 8 u 8.30 hs. Primero entró el comisario Ledesma. Eran más o menos 70 uniformados y unos 15 o 16 autos. A mí me llevaron preso, estuve 4 horas y media detenido.

Berta: lo llevaron de gusto porque nosotros nada que ver ahí. Sólo estábamos apoyando a los chicos, entre los cuales está mi hijo el más chico. Cortaron la casilla con la motosierra. A mi quinta Ducó la regó con nafta y la quería prender fuego. Yo le gritaba que le prenda fuego, así se quemaba él también. Pero un policía le dijo que no lo hiciera. Me tiraron el cerco de la quinta y pusieron uno nuevo para decir que era de ellos. Me llevaron todo, la mesa, los platos, las ollas, una radio, zapatillas, una carpa con frazadas y acolchado, de todo se llevaron.
   
Cristóbal: hicieron un montón de denuncias contra nosotros. A favor de nosotros no hay nadie. Si no se mete el gobierno, no va a pasar nada; siempre vamos a tener el mismo problema, nunca vamos a vivir tranquilos.
                  
Berta: hasta ahora no nos han devuelto nada. La policía también entró a mi casa, dio vuelta todo y revisaron todo. Estaba todo tirado en el piso. Cuando entré, estaba todo desparramado; había ropa hasta afuera. Yo no se qué buscaban. En el momento del desalojo yo estaba acá, a los tres días me fui. Cuando no estaba fue cuando entraron acá. Eso fue el 3 de enero a la noche.

Cristóbal: esto es una injusticia, otra cosa no es.

Berta: ellos entran con los milicos porque les pagan aparte. Cuando estábamos en Bariloche, escuchamos que hablaban de allanamiento. Ya los chicos los habían corrido y los estaban buscando.

Cristóbal: como no encontraban a los pibes, empezaron a registrar todo sin autorización del juez.

Berta: en ninguno de estos desalojos se trajo ninguna orden. El señor les pagó para que vinieran a desalojar y le pagó a la gente para que vengan a cerrar todo. Es gente del mallín que les trabajó. Son chicos conocidos a los que les pagaba $100 el día.

Cristóbal: son pibes que no tienen nada. A sus padres les pasó lo mismo que a nosotros, los desalojaron. La municipalidad les dio un pequeño terreno, de 10 por 15. A mi cuñada le sacaron las tierras de acá arriba donde está Salamida y le dieron una vivienda. Cuando se fue, explotaron todo. Pasaron la máquina, sacaron los brotes que había, sacaron arena volcánica, que Salamida vendía. También saca madera y a nosotros no nos dejan sacar nada.

Berta: hace años que está y no ha hecho nada. No se hizo una casa buena ni nada.
 
Cristóbal: si el estado nos reconociera algo y nos mirara un poco, esto cambiaría, sería otra cosa. Viviríamos todos bien. Con la policía por acá y por allá no se puede vivir bien.
 
Berta: cuando venía Sapag todos corríamos a encontrarlo en Las Piedritas y el sinvergüenza ahora nos paga con esto. No va a ayudar a nadie, trabaja para los empresarios. Si Sapag se entera, que venga a dar una vuelta. Ahora nos quieren seguir corriendo, pero de acá no me van a sacar. Yo viví acá y este es mi territorio. Viviré acá hasta que dios o el diablo me digan que me tengo que ir.

Es difícil vivir en un territorio militarizado, no? 
  
Berta: sí, se escuchan los tiros todo el tiempo, pero yo ya estoy acostumbrada. Hay tierra acá que es del estado, pero el estado no hace nada. Le quita la tierra a la gente pero no hace nada.

Cristóbal: nosotros somos respetuosos. No hacemos mal a nadie. El estado tendría que tener más respeto por los pobres, ayudarlos y no sacarles lo poco que tienen.

Berta: la policía nos gritaba usurpadores, ladrones, viven robando. Así nos gritaba la policía y nos tenía rodeados con perros. Es la policía la que está usurpando este lugar y pusieron ese letrero de “propiedad privada, mutual policial”. Ellos son los usurpadores, no nosotros.  

Entrevista a jóvenes mapuche en
Comunidad Paicil Antriao

Nosotros somos la resistencia mapuche de la comunidad. También pertenecemos a un proceso de resistencia más amplio de otras zonas. De acuerdo al estado de represión y opresión de nuestro pueblo que se está presentando, hay grupos de mapuche que hemos decidido defender nuestro territorio. Somos el grupo de resistencia de la comunidad Paicil Antriao y por motivos de seguridad nosotros no podemos mostrar quiénes somos. Muchos de nosotros estamos perseguidos y amenazados, aunque ahora hay una tregua en la comunidad. Sin embargo, nosotros vamos a seguir luchando, defendiendo nuestro pueblo, nuestra cultura, nuestra gente, nuestro territorio. Eso es lo que nos dejaron nuestros mayores, ese conocimiento. Ese es el proceso de lucha que nosotros llevamos adelante, de autodefensa, de resistencia y con ideas ancestrales de liberación de nuestro pueblo. 
   
-¿Cómo comienza el conflicto?

El conflicto comienza con desalojos sin autorización, con allanamientos para los cuales no han traído órdenes y se ha tomado a la gente mayor como delincuentes. Tenemos que estar encapuchados porque nos reconocen, no podemos salir a trabajar. Si nos agarran nos van a meter presos. Estamos acá resistiendo y esperando soluciones en estos 20 días de tregua que nos dieron.

-¿Cómo se dio la entrada de la policía?

Los milicos han entrado con los privados. Se instalaron acá y tienen dos puestos policiales. Amanecen tirando tiros, siempre amenazando a la gente y burlándose de ella. Con los 20 días de tregua, se calmaron un poco, por ahora. Vamos a ver qué sigue más adelante.
Nosotros entendemos que esta es una zona estratégica para los intereses capitalistas de los wincas (invasor), así como otras zonas. Entendemos que los wincas están haciendo ahora un experimento con las comunidades, y sobre todo con esta comunidad, donde se han ensañado con la violencia. Quieren destruir a nuestro pueblo, quieren desaparecernos del mapa, si pudieran, debido a las grandes inversiones privadas, en esta zona, turísticas; en otras, como Picún Leufú, petroleras; y en otras, mineras.  Ha habido distintas represiones y desalojos en distintas zonas, en Neuquén, Río Negro y Chubut. Hay persecuciones legales e ilegales. Hay grupo de represión del estado, como la policía, como ilegales. También está actuando la inteligencia. De hecho, cuando estábamos defendiendo el rewe, nuestro espacio sagrado, acá había actuando grupos especiales de operaciones, civiles, de inteligencia, no sólo de Neuquén, sino también de Río Negro. Había gente de Bariloche, que es otra jurisdicción y esto demuestra que están actuando en conjunto. Entendemos que este es un plan del estado nacional y de los estados provinciales, un plan conjunto del capitalismo, de los poderes económico y político, que está entendiendo al pueblo mapuche como un enemigo, como lo entienden desde hace 150 años, con la Pacificación de la Araucanía y la Conquista del Desierto. Lo que más les preocupa es el proceso interno de las comunidades, la recuperación de tierras, la reconstrucción de nuestro pueblo, la revalorización de nuestra cultura y sobre todo que la lucha mapuche va avanzando. Ellos nos están obligando a resistir, a recurrir a la autodefensa, por eso se ha desarrollado así este conflicto. Hasta hace unos años, nosotros no teníamos necesidad de tirar una piedra, pero hoy por hoy, ellos vienen y atacan y tenemos que defender el territorio. Si nosotros nos vamos y denunciamos desde afuera del territorio, cuando todo esto esté construido, no van a valer nada todos estos años de lucha. Tenemos que defender lo que nuestros antiguos nos dejaron. Esta política está llevada adelante por las sociedades rurales, por los terratenientes, por empresarios nacionales y multinacionales, por empresas mineras, petroleras, turísticas, inmobiliarias, políticos, medios de comunicación ligados al poder económico. Ellos son los que están en contra de la lucha del pueblo mapuche, haciendo propaganda de que nosotros somos de la ETA, de las FARC. Todo es mentira. Somos de comunidad y los que no, son familia de quienes viven en comunidad.  
El pueblo mapuche está en las comunidades y también en la ciudad. Lamentablemente nuestros padres muchas veces se han visto obligados a salir de las comunidades hace 30, 40, 50 años, y se tuvieron que ir a las ciudades a ser mano de obra barata de los wincas y en el campo son peones rurales. Hoy en día estamos recuperando esos territorios.

¿Cómo relacionan lo que está pasando de este lado con lo que ocurre del otro lado de la cordillera en relación al avance de la militarización?

Es el mismo enemigo y el mismo pueblo. Nosotros decimos que no somos ni argentinos ni chilenos. Hasta hace poco veníamos manteniendo una lucha pacífica. Nunca hemos recurrido a la violencia. Lo que pasa es que los wincas han avanzado con todo y tenemos que defendernos con lo que tenemos. De un lado y otro de la cordillera la militarización es la misma, porque aunque se hable de dos estados, la política es la misma, bajada desde el imperialismo yanqui. De hecho, acá quién está usurpando tierras es Williams Fisher, que es yanqui. Es un empresario petrolero que acá pretende hacer una planta exportadora de agua.
Es un duelo de intereses. Nosotros tenemos nuestro interés de reivindicar la lucha como pueblo y de reconstruirnos y ellos pretenden desaparecernos como pueblo. Ellos tienen dos vías con nosotros: una es integrarnos y la otra hacernos desaparecer. Les gustaría que nosotros hiciéramos rogativa en las ciudades, en una maceta o un poste de luz. En realidad los mapuche queremos seguir siendo mapuche, no mapuche awincados, no mapuche de Chile o de Argentina, sino simplemente mapuche. Esto es lo que ellos temen. Lo que defendemos viene de nuestros mayores. Ellos no nos pueden acusar de ninguna ideología foránea, como dicen. Nosotros planteamos una lucha ancestral, de reconstrucción, autónoma y de liberación. Y temen que esta lucha se siga desparramando por las comunidades mapuche. Esto no lo van a poder frenar porque ya se está desparramando.
Lamentablemente hay organizaciones o instituciones mapuche más intermedias o ligadas al estado que quieren poner un freno en la rueda. Nosotros respetamos su elección pero está claro que este movimiento mapuche más autónomo ya está en marcha y no lo van a poder frenar, ni el estado ni los aliados al estado. Nosotros entendemos que son indios amigos (de los wincas), traidores o yanaconas, aunque algunos no lo sean tanto.

¿Qué significa para ustedes el desalojo del territorio al que pertenecen?

Es lo más feo que puede haber, es como sacarle un pedazo de pan a un nene. Acá la idea es resistir hasta que se llegue a alguna solución y sino, seguiremos en conflicto.
El mapuche no es sin el territorio y el territorio no es sin el mapuche. Acá se desarrolló nuestro pueblo, nuestra cultura, por miles de años. La autonomía es algo que siempre existió para nuestro pueblo. Nosotros no inventamos esta idea, es lo que nos cuentan nuestros mayores de cuando éramos libres, cuando no éramos ni argentinos ni chilenos, cuando no existían estas provincias, cuando no existían alambrados. Cuando muchos de nuestros tatarabuelos y bisabuelos nacieron todavía estábamos en guerra pero éramos libres. Los wincas nos sacaron el territorio y nos redujeron a pequeños pedazos de tierras. Hoy nos quieren sacar de los últimos pedazos de tierras  que nos quedan. En nuestro territorio hicieron ciudades, industrias, nos proletarizaron, nos acampesinaron. Nosotros no somos campesinos ni obreros, somos mapuche. Ahora quieren exterminar lo último que nos queda como cultura, como pueblo. Si nos sacan el territorio ¿cómo nos vamos a desarrollar, dónde vamos a desarrollar nuestra cultura? Dónde vamos a hacer nuestros nguilipun (ceremonias), dónde nuestros traun (parlamentos)? ¿Con qué vamos a hablar mapudungun? No lo vamos a hablar con un pozo de petróleo ni con una cabaña turística. Nosotros lo hacemos con la naturaleza. Si nos sacan el territorio, nos sacan la esencia de ser mapuche. Sin territorio tampoco podemos trabajar. Muchas veces nuestra gente tiene que trabajar para el winca de peón, de obrero, siendo que tiene su territorio. Pero no tenemos el territorio porque nos desalojan.
         
La destrucción del rewe ¿la ven como una estrategia?

Se nota que el winca (invasor) se enteró de su significado y fue justo ahí a excavar para sacar el agua para vender. Ante esto reaccionó todo el pueblo mapuche. Ahora vamos a ver cómo actúa la justicia en este caso, veremos para qué lado va a tirar. Luego de los 20 días de tregua, veremos qué solución traen. El rewe es como el corazón de una comunidad. Allí es donde se desarrolló toda nuestra cultura antiguamente. Lo político, lo social, lo espiritual nace en el rewe. El que es mapuche lo entiende. Ellos pretenden convertir todo nuestro territorio, nuestra esencia, nuestra cultura, la naturaleza, en mercancía. Nos folklorizan porque nos convierten en mercancía. Esto no es así, por eso es tan importante nuestra lucha de reconstrucción integral. Ese es el mensaje que nosotros pretendemos dar a los mapuche y que se den cuenta de lo que está pasando. Por eso es tan peligrosa la lucha para los estados opresores, las multinacionales, los empresarios, los ricos y el sistema capitalista en general. Nosotros no estamos planteando una lucha de destrucción, sino de reconstrucción, pero para ellos es peligroso. La reconstrucción del pueblo mapuche o de cualquier pueblo originario para ellos significa una contraposición a su sistema de vida. Se convierte en una lucha confrontacional. En realidad nosotros no planteamos la confrontación. Ellos vinieron hace 500 años a oponerse a nosotros; nosotros solamente resistimos. Nunca el pueblo mapuche ha declarado la guerra. Nuestros guerreros y hoy las posiciones más directas del pueblo mapuche, jamás han planteado una guerra directa con los wincas. Cuando se ha planteado la guerra, ha sido de resistencia. Nunca pretendimos avanzar sobre los estados. Incluso los grandes lonkos antiguos, cuando declaraban sus guerras, plantearon límites con los wincas, como de un país a otro país. El problema de ellos es que las comunidades se levanten y sigan este pensamiento ancestral y que otros pueblos puedan tomar la misma senda, ya que donde hay opresión surge la resistencia.
Lo que ocurre acá es que está surgiendo una resistencia natural. Nosotros no tenemos ninguna influencia winca u occidental en nuestro pensamiento Acá no hay gente de Colombia o de la ETA, como dicen los grandes medios de comunicación. Acá hay gente de comunidades mapuche que está planteando defender sus derechos. Al estado le preocupa porque no puede encontrar ideólogos; es algo que surge naturalmente, como surge una planta, un árbol en la naturaleza. Así es el mapuche, surge, nace.

¿Cuáles son los emprendimientos que quieren hacer en territorio ancestral?

Son turísticos, como construcción de cabañas y hoteles. Además está el emprendimiento de Fisher para sacar el agua. Y está el tema de la mutual policial, proyecto que apareció junto con los wincas y se cuidan las espaldas unos a otros. Los privados aprovechan a construir estando la policía acá adentro. Nosotros acá vivimos custodiados y sin poder salir y los privados siguen construyendo.
Las órdenes de desalojo han sido ilegales porque ningún miembro de la comunidad las ha recibido. El desalojo que estaba planteado es donde está Fisher pero se hicieron dos desalojos conjuntos y en uno de ellos se instaló este plan de viviendas de la mutual policial, se instalaron los dos puestos policiales, con fuerzas especiales y con policías de Villa La Angostura. Además hubo parapoliciales y civiles, estos últimos eran gente pagada traída de otros lados, como Bariloche. Seguramente varios de los que trajeron son mapuche, porque son de los barrios.
Uno de los enfrentamientos que se produjeron fue el 3 de enero, cuando se cumplían dos años del asesinato de Matías Catrileo en Gulumapu. Se decía que ese día iba a haber un desalojo completo de la comunidad, que iban a “limpiar” el Belvedere. Entendemos que tener la mutual policial es más que tener la comisaría instalada acá; es la seguridad para todos los emprendimientos turísticos, de gente como Ginóbili, que tiene un emprendimiento relacionado con las estrellas de la NBA, Fisher, Ducó, Roviralta, Salamida, Bianchini, que es un personaje ligado al narcotráfico. Son emprendimientos importante y por eso han necesitado tanta seguridad. Acá ha entrado gente de la Uespo (Unidad Especial de la Policía, de Neuquén), del Geop (Grupo Especial de Operaciones Policiales), fuerzas policiales y parapoliciales.
Se trata de una política general ya que ha habido desalojos en Río Negro, en Neuquén. No es una política sólo de Sapag. Por un lado, está la ley de emergencia de la propiedad comunitaria que prohíbe los desalojos y por el otro, siguen desalojando y aplicando palos. Para frenar este conflicto se le envió una carta a la presidenta pero todavía no tenemos respuesta. Ella tiene la posibilidad de frenar la represión y los desalojos.
Este conflicto está trascendiendo el nivel nacional pero no existe voluntad del estado de resolverlo. Acá quieren copiar la receta de Gulumapu, planteando la represión y el exterminio del pueblo mapuche a como de lugar. 
Queremos decirles a todos los mapuche que es necesario que tomen conciencia de su identidad, de lo que son, de lo que perseguimos que es la reconstrucción de nuestro pueblo. Esta es una lucha por la dignidad, por la libertad. Cada uno de los mapuche debería sentirse responsable y ser consciente de este proceso de lucha. Ojalá los peñi y las lagmien se levanten, escuchen los consejos de nuestros mayores y aprendan de todo lo que nos han enseñado de la guerra, de la resistencia antigua. Este es un tiempo de volver a renacer, como dicen los mayores. Somos la última generación que puede parar este despojo, este avasallamiento, esta opresión. Somos la última generación que podemos retomar nuestra lengua, el mapudungun, nuestras costumbres ceremoniales, que podemos cuidar el territorio. Ya no es un genocidio del pueblo como pasó hace 140 años. No solamente están matando personas. Las multinacionales vienen y destruyen el territorio, hacen volar un cerro, destruyen los lugares sagrados, contaminan con las petroleras. Ya no sólo matan personas; están destruyendo la esencia mapuche. Esta lucha es ancestral, es digna y es mapuche.                             
                  
Entrevista realizada por Martín Vidal y Patricia Agosto