Claudia Korol - Chepa: la historia de un pueblo escrita en un cuerpo
especial para el periódico de la Comisión Pastoral de la Tierra de Brasil

El 30 de enero Patricia Troncoso, conocida por sus hermanos y hermanas como la "Chepa", firmó el comunicado que informa del levantamiento de la huelga de hambre, que cumplía entonces 112 días. El cuerpo de Patricia, debilitado al extremo, siguió enseñando durante todos los días de su prolongada prisión (ya lleva más de cinco años), y en los intensos momentos de la huelga de hambre, la injusticia que el Estado chileno viene ejerciendo contra el pueblo mapuche.

Si quisiéramos leer esta lección sólo en una biografía individual, podríamos hacerlo en el testimonio de la Chepa. Estudiante de Teología en el Instituto de Ciencias Religiosas de la Universidad Católica de Valparaíso, a partir de su aproximación a las comunidades mapuche fue integrándose en la resistencia histórica de ese pueblo, que la consideró una de las suyas, una hermana que denuncia con su vida, la política de criminalización que realiza el gobierno de Chile, para salvaguardar los intereses trasnacionales de las empresas forestales, de celulosa, electricidad, pesca y minería.

En el comunicado en el que pone fin a su huelga de hambre expresa Patricia algunas de las demandas históricas de su pueblo: "Las banderas que hemos usado en esta lucha son justas y generosas. Lo que ha puesto cada uno del más pequeño al más grande, del más humilde al más letrado puede significar en un futuro cercano cambios reales en materia del respeto a los Derechos Humanos, cambios del sistema económico depredador e inhumano, protección y resguardo de los recursos naturales "de los pocos que nos quedan", legalidad que permita fiscalizar y elevar las exigencias del impacto ambiental y tecnologías limpias para las futuras inversiones en este país. Frenar el avance de la forestación con bosques exóticos, frenar la depredación al bosque autóctono y flora endémica, a fin de proteger todas aquellas inversiones que pongan en peligro el equilibrio y biodiversidad de nuestros territorios, junto al ejercicio de los derechos políticos individuales y colectivos de nuestro pueblo".


Por participar de estas demandas de su pueblo, fue detenida en septiembre del 2002, acusada de "delitos de amenazas e incendios terroristas" a diferentes fundos. Se le imputaron varios delitos, y en varios de los juicios realizados fue absuelta, quedando sólo el que lleva a cabo contra ella y otros presos mapuche la Forestal Mininco S.A.. En esta causa la declararon culpable, le dieron 10 años y un día de prisión, condenándola a pagar en indemnización a la Forestal 425 millones de pesos –junto a otros cinco presos por la misma causa-. (Vale aclarar que en ese incendio, en el que no hubo víctimas fatales; los acusados fueron marcados por "testigos sin rostro", en aplicación de la Ley Antiterrorista de Pinochet. Esta ley ha sido condenada en dos oportunidades por organismos de derechos humanos de las Naciones Unidas que reclamaron su derogación y la revisión de los procesos realizados bajo esa norma).

112 días de huelga de hambre realizó Patricia Troncoso, para que el gobierno de Michelle Bachellet –que se dice socialista-, acceda a otorgarle lo que demandaba, que no era más que los beneficios carcelarios correspondientes a ella y a otros dos hermanos presos, por haber cumplido la mitad del tiempo en prisión (esto es las salidas de los fines de semana).

¿Era necesario exhibir el cuerpo exhausto de la Chepa para otorgarle los beneficios que establece la ley existente? Pero podríamos preguntarnos también: ¿será necesario que el pueblo mapuche muera, asesinado por las balas, o en las torturas carcelarias, para que la humanidad tome conciencia de la barbarie genocida que sigue extendiéndose en Chile, para cuidar los bienes de las trasnacionales?

Las denuncias que circularon durante la prolongada huelga de hambre de la Chepa contra el gobierno de Bachellet, lo acusan de femicidio y etnocidio. Si Patricia Troncoso no murió, fue gracias a la movilización activa y valiente de su pueblo; y a la denuncia multiplicada en las redes internacionales de feministas, de organizaciones de derechos humanos, de pueblos indígenas, de intelectuales, de movimientos populares. Finalmente, por la tardía intervención de la jerarquía de la Iglesia Católica de Chile.

Pero resultó espantoso constatar la indiferencia con que el poder la dejaba agonizar, tal vez para ejemplificar en su cuerpo, lo que hay de racismo y de insensibilidad en la burguesía blanca y patriarcal, defensora del "orden trasnacional" que gobierna Chile.

En las cárceles chilenas hay más de 20 presos y presas políticas mapuche. Hay luchador@s de este pueblo que hoy están prófug@s de la justicia, porque decidieron no seguir presentándose a declarar en causas armadas para amarrar sus cuerpos rebeldes. Cuerpos amarrados, como el de la Chepa, que con 100 días de huelga de hambre fue atada a la cama para obligarla a ingerir alimentos. Como los de las hermanas Juana y Luisa Calfunao, amarradas como tortura a las camas en su prisión. Vidas amarradas, como las de los jóvenes mapuche Zenón Díaz Necul, Matías Catrileo y Alex Lemun, asesinados en los últimos años (Matías en enero del 2008), por fuerzas represivas, en el marco del conflicto que se extiende en el sur de Chile.

Pero el cuerpo de Chepa no sólo enseña las cicatrices de la tortura y la prisión. También nos enseña la fuerza que nace de la dignidad. La capacidad de resistencia de un pueblo, cuando tiene convicción de la justeza de sus demandas, cuando siente el tirón de las raíces que lo unen a la tierra como una unidad inescindible.

Mapuche (mapu = tierra, che = gente) es gente de la tierra, y como tal viven de ella. Los intentos de las trasnacionales de quitarlos de sus últimos reductos, encontrarán cada vez mayores dificultades.

La batalla se multiplica en los corazones de l@s jóvenes mapuche que crecieron entre golpes de los pacos, y de los desalojos sufridos junto a sus mayores. Ellos ahora dicen "ya basta" y se abrazan a sus raíces, a su memoria, al ejemplo de Lautaro, de Caupolicán. Con ellos repiten: "Marrichihueu. Por cada lonko (jefe) que caiga, diez se levantarán. Diez veces venceremos". La batalla de extiende. Después de esta huelga de hambre -llamada de atención frente al mundo- el principal éxito que obtuvieron la Chepa y sus hermanos, no es siquiera el logro de los beneficios carcelarios. Es fundamentalmente la conciencia de que ya no están solos.

31 de enero del 2008