Roxana Longo - Los caminos de la diversidad

Algunos de los desafíos actuales

El área de géneros del Equipo de Educación Popular Pañuelos en Rebeldía  tiene la finalidad de abordar temáticas de géneros desde un enfoque de la educación popular. Aportando y elaborando colectivamente herramientas y caminos que propicien la construcción de relaciones sociales distintas a las actuales. Nuestra experiencia parte del trabajo con diversos movimientos sociales de mujeres, áreas de mujeres de diversos movimientos sociales, colectivas feministas y movimientos de diversidad sexual. El área de géneros tiene la iniciativa de generar y construir espacios en los cuales se pueda reflexionar críticamente sobre las prácticas y representaciones sociales de géneros que están presentes habitualmente en las organizaciones sociales, en nuestras vidas cotidianas y nuestras subjetividades. La propuesta consiste en reflexionar críticamente sobre la incidencia de la ideología patriarcal y cómo ésta es funcional al sistema capitalista. El trabajo desarrollado por el área, es producto de un proceso de cuatro años, en el que se fue repensando el área y visualizando la necesidad de incorporar la propuesta del feminismo en la reflexión-acción de nuestros procesos, tanto colectivos como individuales. Se concibe que uno de los desafíos que se presentan en la actualidad es repensar el feminismo desde los sectores populares, ya que el mismo es un aporte más que valioso para pensar una sociedad más justa, igualitaria, donde se respeten las diferencias y se supriman todas las relaciones de poder que desde hace siglos nos domina con la fuerte presencia de la cultura patriarcal.
La actividad del área de géneros y educación popular propician espacios donde los diferentes movimientos con los que nos relacionamos se encuentran para dialogar y discutir sobre las distintas elecciones, con la intención de articular propuestas y proyectos emancipatorios.  
Asumimos  la teoría social crítica, rompiendo con el supuesto de neutralidad del educador/a, investigador/a. Entendiendo al conocimiento no como algo dado o  acabado, sino como un proceso social que exige la acción transformadora de los seres humanos en el mundo (Freire, 1994). Desde la educación popular, intentamos problematizar y transformar la realidad, las relaciones sociales actuales.

El escenario  
La hegemonía del modelo neoliberal en la Argentina produjo transformaciones en el campo económico, político social, ideológico y de la subjetividad, con  consecuencias de polarización social extremas: acumulación y apropiación de un sector de la clase dominantes de la riqueza vía privatizaciones de los recursos públicos, entre otras estrategias y por otro lado, el desempleo y expulsión social de más de un tercio de la población. Estas brechas históricas generaron espacios de resistencia frente al avance del neoliberalismo.
Las sociedades contemporáneas están caracterizadas por diferentes condiciones de desigualdad, además de las diferencias generadas por factores económicos, culturales, políticos, y sociales. Situarnos en un contexto en que las condiciones de desigualdades socioeconómicas son cada vez mayores, con un incremento cada vez mayor de la pobreza que conlleva a situaciones también de extrema pobreza, nos demanda al mismo tiempo pensar que estas condiciones de desigualdad en nuestras sociedades, son necesarias analizarlas también desde su especificidad, teniendo en cuenta las diferencias existentes que se presentan desde le punto de vista de clase social, étnico, de género, opción sexual, y generacional.  

Este panorama desalentador para la mayor parte de las sociedades latinoamericanas provocó el surgimiento de nuevos movimientos sociales.  
Como consecuencia del aumento de la conflictividad social, se han ido desarrollando movimientos campesinos, indígenas, de mujeres, de trabajadores desocupados, de trabajadores ocupados flexibilizados, de vecinos autoconvocados en defensa de los bienes de la naturaleza, entre otros. Estos movimientos sociales se constituyeron como lugares de la demanda de trabajo, de condiciones de vida, de defensa del medio ambiente, del territorio, de los recursos, etc.
Además, estos nuevos movimientos sociales protagonizaron acciones colectivas de protesta, conjuntamente con la reapropiación territorial del espacio público a través del discurso y del lenguaje corporal y de prácticas de construcción contrahemónicas.  
Desde un principio, la mayoría de estos movimientos, organizaciones y colectivos sociales se posicionan desde una perspectiva crítica, revisan y recuperan críticamente las historias de luchas que los precedieron y reconstruyen nuevos horizontes, nuevas maneras de proceder y de pensar el mundo social, político y cultural.
Un aspecto importante a considerar es la participación de las mujeres en términos cuantitativos y también cualitativos en la mayoría de los M.T.D´s (conformados por un 75% aproximadamente de mujeres). Una situación simular ocurrió con las Asambleas Barriales. Algunas Fábricas Recuperadas y actualmente las mujeres tienen una fuerte presencia en la luchas contra el saqueo y contaminación, en las demandas que surgen en oposición al nuevo ciclo de expansión del capital transnacional (minería, hidroeléctricas, petróleo, etc.).
La consideración del Género en el análisis de las relaciones sociales de poder, junto con otras variables de naturaleza socio-cultural, constituyen un marco de referencia potente para la explicación del rol y el protagonismo actual de la mujer en los nuevos movimientos sociales y la búsqueda de la equidad social, de género, étnica, generacional, etc.

En últimas décadas las políticas que se desarrollaron, han venido liquidando los derechos conquistados por trabajadoras y trabajadores, afectando de manera especial a las mujeres. No se trata sólo del desempleo, sino también del crecimiento de la precariedad de los puestos de trabajo, que forma parte de un rasgo estructural del país. Este fenómeno se traduce en una enorme agudización de la desigualdad.
En general los indicadores de equidad de género en lo que respecta a la participación económica (a igual trabajo, igual salario), la oportunidad económica (las oportunidades y condiciones de acceso al mercado laboral), el fortalecimiento político (la participación efectiva de las mujeres en instituciones y lugares de decisión), a la salud, dan cuentan de la existencia de la brecha de géneros en  Argentina.
 Las situaciones de vulnerabilidad por las que atraviesan las mujeres son múltiples e incluyen diversos fenómenos que deterioran considerablemente la calidad de vida y los procesos subjetivos de las mismas. Miles de mujeres deben enfrentar situaciones tales como abuso sexual, incesto, prostitución, explotación sexual y embarazos forzados/no deseados, desfavorables condiciones laborales, sueldos menos remunerados, etc.  
Un aspecto a destacar es el fenómeno de feminización de la pobreza, producto del creciente empobrecimiento material de las mujeres, el empeoramiento de sus condiciones de vida y la vulneración de sus derechos fundamentales. Más aún, cuando este fenómeno está acompañado por Políticas Públicas por ejemplo, el Programa “Plan Familias por la inclusión social(1) que tiene un fuerte perfil asistencialista y patriarcal.  

Algunos de los datos expuestos a continuación reflejan de algún modo las diversas problemáticas que sufren las mujeres argentinas.
- Más de doscientos crímenes contra mujeres se comenten cada año en Argentina y la mitad corresponden a asesinatos perpetrados por sus parejas
(http://www.clarin.com)
- El número de abortos provocados en nuestro país llegaría a 500.000 por año, según cifras oficiales. En provincias como Jujuy, Chaco y Formosa la mortalidad por abortos clandestinos alcanza a 19,7, 15,9 y 13,9 respectivamente. Estas tasas son similares a las observadas en Paraguay y por encima de la registrada en la mayoría de los países latinoamericanos (sólo Haití y Bolivia superan estos niveles de mortalidad). La razón es que la mortalidad es uno de los derivados de las carencias que sufren los hogares pobres y, especialmente, de la inadecuada atención médica del embarazo y el parto en la Argentina.
-En los últimos 6 años, en todas las regiones urbanas de la Argentina creció la proporción de mujeres que cumplen el rol de jefas de hogar(2), según surge de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC. Porque del total de jefes de hogar del GBA un 27,6 por ciento eran mujeres hacia mayo de 2001, y un 31,7 por ciento a fines del primer trimestre de 2007. (INDEC)
- Un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) publicado en marzo de 2007, sostiene que Argentina es el país de la región sudamericana con mayor brecha salarial por razones de sexo, llegando esta desigualdad de ingresos hasta un 39% en detrimento de las mujeres.
 
Algunas tensiones actuales
El nuevo panorama político abierto en América Latina, con la llegada al poder de nuevos gobiernos, tiene un nivel de influencia importante en el desarrollo de los movimientos sociales. Algunos de esos nuevos gobiernos están llevando a cabo proyectos que intentan generar procesos contrahegemónicos – es el caso de la República Bolivariana de Venezuela, la Bolivia de Evo Morales. Es necesario señalar que al interior de estos procesos  se presentan diversas tensiones internas, sobre todo en lo que respecta al patriarcado como sistema de dominación. 
 
Otros nuevos gobiernos latinoamericanos no han implementado políticas que impliquen la construcción de una alternativa al neoliberalismo. Por el contrario, han acentuado muchas de las características de los gobiernos de los 90.
Muchos de estos últimos gobiernos han accedido al poder prometiendo que no iban a aplicar políticas neoliberales, constituyéndose en gobiernos de centro-izquierda. Sin embargo, más allá de las promesas y en la práctica concreta, continúan aplicando recetas neoliberales que siguen desmantelando el estado y provocando confusión y nuevas divisiones en los movimientos sociales, con una combinación de cooptación y represión.
Por ello, los movimientos sociales, -que surgieron en otro contexto político, social-, enfrentan hoy fuertes políticas de cooptación, que desembocan en el recrudecimiento de la fragmentación de los mismos, ya que el poder tiene como objetivo mantener estos movimientos fragmentados, desarticulados, disolviendo todo intento de voluntad colectiva (Calello, 2004). Así, los movimientos sociales deben luchar “contra los intentos  del Estado de integrarlo políticamente como una extensión de su aparato “asistencialista” (Oviedo, 2004: 7).
Frente a este nuevo panorama político aparecen diversas tensiones: entre las nuevas representaciones y prácticas sociales y aquellas tradicionales que percibían al Estado como vehículo para la transformación social; entre la concepción de la naturaleza como un bien mercantil y la visión de la misma con un bien colectivo asociado a la preservación de la vida (modelo de desarrollo); entre la priorización-jerarquización de un sujeto social, cuyas reivindicaciones y propuestas se visualizan como estratégicas, y el reconocimiento de diversos sujetos sociales que portan reivindicaciones específicas frente a la existencia de distintas opresiones.       

Teniendo en cuenta todos los elementos descriptos, el nuevo contexto que se abre en América Latina desafía a estos movimientos sociales a crear nuevas estrategias que permitan continuar la lucha y profundizar la construcción de espacios de problematización, intercambio y encuentro que se asuman como ámbitos de creación de prácticas y representaciones contrahegemónicas al dominio de capitalista y  patriarcal.  

La complejidad en las búsquedas de emancipación
El contexto actual requiere que los movimientos sociales que buscan la emancipación, reflexionen sobre el desafío de analizar y comprender la realidad  desde su complejidad. Entendiendo a la vida humana como una compleja articulación de procesos histórico- sociales de producción y reproducción de sí misma, en la que surgen tensiones, conflictos que motivan acciones de reparación o transformación (Samaja, 2004).
Por otro lado, se presenta la necesidad de superar la dificultad para incorporar en el análisis social y político lo no-racional, pasional y afectivo que, no obstante, también es constitutivo de la política. (Laclau, Ernesto. 2005).
Esta posición implica romper con concepciones y prácticas reduccionistas, que tienden a mirar las configuraciones sociales, culturales, políticas, económicas, étnicas, genéricas, privadas, públicas, personales, colectivas, etc., dicotomicamente, de manera aislada y sin conexión alguna. Paralelamente, otra de las problemática que debe saldar el movimientos social, es la jerarquización de determinadas reivindicaciones, ya que no basta con enlazar diversas problemáticas, si en última instancia existe un trasfondo en el imaginario social que presentan los movimientos sociales que considera a algunas de ellas, como fundamentales y a otras como secundarias.  Con lo cual el resultado inmediato, conlleva a no trabajar integralmente desde la complejidad que se presenta, o pretexto que la supuesta superación de aquellas que se consideran fundamentales inexorablemente subsanará aquellas reivindicaciones y opresiones que se consideran secundarias.       
En términos generales, en la historia de los movimientos sociales, y en el escenario actual, aunque en menor medida, se han considerado a las demandas feministas, de los pueblos originarios, ecologistas, etc., como meros apéndices del único motor de la historia, la lucha de clases. Sin desmerecer la importancia de la misma, es fundamental reconocer las multidimensiones que presenta la sociedad actual y aquella que vamos construyendo desde un paradigma emancipador.
Pensar la emancipación en el escenario actual exige la presencia de representaciones y prácticas sociales que desafíen y cuestionen lecturas y miradas de la realidad en términos de esquemas de pensamientos-acción binarios, esquemáticos, jerárquicos e inmutables. Estas lecturas de la realidad, que se aferran a certezas eternizadas y portan verdades universales, homogeneizantes y reduccionistas, facilitan la concreción de mecanismos de control de un sistema basado en la injusticia, la expropiación, la opresión, la explotación y la aniquilación del diferente. Ante esta situación, que es “una lectura del mundo”, a todas las organizaciones sociales y políticas, sin distinción, les cabe la responsabilidad de haber puesto en movimiento y en evidencia las contradicciones sociales existentes en los escenarios recientes.
 
Uno de los aspectos importantes a trabajar es problematizar, cuestionar, las prácticas y representaciones sociales desde nuestra vida cotidiana, cuestionar desde los propios movimientos sociales, organizaciones sociales y colectivos sociales la legitimidad de los dispositivos de poder cristalizados, tanto en la organización de la sociedad y en las instituciones, como en la subjetividad de hombres y mujeres. Generar instituyentes que den cuenta de la existencia de deseos que no se anudan al poder, que desordenan las prácticas, desdisciplinan los cuerpos, deslegitiman sus instituciones...” (Castoriades, 1983). De manera de ir construyendo y forjando una praxis que permita superar las tradiciones culturales dicotómicas y dogmáticas, analizando y problematizando las contradicciones y revalorizando la diversidad de subjetividades y experiencias existentes.
Intentando construir un proceso reflexivo sobre las significaciones y representaciones sociales de las identidades femenina y masculina y junto con emprendimientos colectivos que den sentido a las prácticas cotidianas y permitan la reflexividad crítica de las acciones y políticas cotidianas que opacan las discriminaciones y restricciones a las mujeres. Revisar los condicionantes societales y culturales de la realidad psíquica y las diferencias corporales posibilita otras posiciones subjetivas frente a las asimetrías entre los sexos, las relaciones de poder y desigualdad.
Por lo expuesto, es necesario tener presente el concepto de género, ya que el mismo está relacionado con la puesta en evidencia de relaciones de poder y desigualdad estructural entre los sexos, cuyas manifestaciones alcanzan todas las esferas de la vida social y privada, a tal punto que su erradicación es parte de los compromisos éticos impostergables de las sociedades y, más aún, de los movimientos sociales comprometidos por la emancipación. 
Problematizar los obstáculos que se nos presentan en la construcción de relaciones más igualitarias entre mujeres y hombres contribuyen a la superación de estereotipos y desigualdades que requieren interrogación desde una perspectiva crítica de género en el campo de la política.
Repensar la naturalización de las violencias y la confusión habitual con la variable sexo, nos habilita a retomar debates que en general se dan entre esencialistas, naturalistas y las de carácter social cultural, histórico que se referencian en el feminismo. Repensar las identidades de género como construcción cultural, no de pertenencia a un sexo biológico y por otra parte, como perspectiva relacional de jerarquías socialmente construidas y reproducidas por la sociedad patriarcal.
Reflexionar sobre el trabajo domestico, su invisibilización y su relación con la reproducción del capitalismo. Así como la consecuente separación de dos mundos, el mundo privado y el mundo público. El mundo público como espacio destinado a lo masculino y el mundo privado espacio destinado a lo femenino.
Se nos presenta el  reto de trabajar  sobre las problemáticas de géneros que nos atraviesan. Para abordar estas temáticas se requiere desarrollar espacios en los que se priorice el diálogo, la polifonía, la capacidad de reflexionar sobre los múltiples aspectos que suscita el tema, en un marco de respeto y compresión. Son temas difíciles de trabajar porque involucra nuestra vida cotidiana. Dicho proceso, tendrá que tomar en cuenta la dimensión de poder que se establecen entre los sujetos sociales. Como también será necesario articular participación-poder-géneros.
 Recurrir al pensamiento y práctica  feminista aportará elementos para conocer y reflexionar en profundidad sobre estas las problemáticas. En la misma iniciativa, se necesitará trabajar y desgarrar las creencias, las representaciones sociales que se relacionan con el feminismo. Por ejemplo, que el feminismo trata de colocar a las mujeres en una posición de superioridad respecto a los varones. Es un trabajo que resulta imprescindible emprenderlo, ya que en muchas ocasiones son las mujeres mismas las que sostienen este imaginario. Obviamente, sin perder de vista que las representaciones sociales se producen, re recrean, y se modifican en el curso de las interacciones y las prácticas sociales. (Castoriadis; 2003).
El diálogo entre los movimientos sociales y un feminismo que reflexione y trabaje en correspondencia a las relaciones de poder que se establecen desde el punto de vista histórico, cultural, sexual, social, económico,  político,  y cotidiano. Contribuirá a una política cultural orientada hacia la construcción de fuerzas contrahegemónicas, en el replanteo profundo del conjunto de relaciones sociales de nuestras sociedades y del poder, en el sentido de posibilidad de construcción de un nuevo proyecto social alternativo. Esto permitirá introducir elementos importantes tales como:
- el cuestionamiento de principios iluministas positivistas como el “sujeto universal” –el hombre o la mujer--y de principios sin cuerpos y prácticas en contradicción con algunos espacios y en armonía con otros.
- el enfrentamiento, no necesariamente asumido como tal, creado por la razón dicotómica, como las separaciones entre la macro política y la micro política de la cotidianidad, entre condiciones objetivas y subjetivas, entre la razón y los sentimientos, y la esfera pública y la privada.
De esta manera resulta indispensable, en primer lugar, reconocer el movimiento de las contradicciones sociales y de los problemas derivados de la concentración de poder en todos los ámbitos de nuestras vidas cotidianas que son generadores de inequidad, y que se recrean y se expresan en las cambiantes condiciones, a su vez, también inciden sobre la vida social y en espacial sobre los movimientos sociales (Breilh y col. 1991).
 Generar iniciativas que colaboren con  la transformación y con la creación de nuevas relaciones sociales, teniendo en cuenta que todo proceso de participación intenta, precisamente, ejercer  el poder de actuar y transformar la realidad desde una praxis liberadora, que opte por relaciones sociales equitativas, sin jerarquías, sin discriminaciones, sin desigualdades.

Notas

(1) Programa coordinado por el Ministerio de Desarrollo Social. Objetivo: promover el desarrollo, la salud y permanencia en el sistema educativo de los niños, y evitar la exclusión social de la familia en situación de pobreza. Consiste en dar un ingreso monetario a las familias en situación de pobreza con hijos menores de 19 años, y embarazadas que no perciban subsidios por desocupación ni por asignaciones familiares, en calidad de subsidio no reembolsable. La madre es la depositaria y titular del subsidio (es evidente que aquí se apela al rol de madre-cuidadora, conducta que se apoya en cualidades asignadas socialmente a las mujeres). El monto es de $100,- mensuales para el primer hijo y $ 25,- para cada uno de los restantes hasta un máximo de cinco y de $200,- por familia.  (http://www.mujeresaloeste.org)

(2)Jefe o jefa de hogar. Según la nomenclatura del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), es aquella persona que es reconocida como tal por el resto de los miembros de la vivienda.

Bibliografía:
-    Aguirre y otros (2007) Trabajan más y ganan menos.  Temas centrales de la décima Conferencia Regional: Trabajo no remunerado y participación política de las mujeres.  Revista mujer y desarrollo. CEPAL: En: http://www.eclac.cl/mujer
-    Breilh J (2003) Epidemiología crítica: Ciencia emancipadora e interculturalidad .Buenos Aires: Lugar Editorial
-    Bourdieu, P y Wacquant, L( 2005) Una invitación a la sociología reflexiva. Siglo XXI Editores Argentina S.A.
-    Castoriades, 1983 Castoriadis, C. (1993) “Subjetividad E Histórico Social. Entrevistado por Fernando Urribarri”. Publicado en Revista Zona Erógena. París
-    Laclau, Ernesto (2005): La Razón Populista. FCE, Buenos Aires y México
-    Freire, Paulo (1994), La naturaleza política de la educación. Buenos Aires. Editorial Planeta.
-    Gebara, Ivone, (2000) Die dunkle Seite Gottes. Wie Frauen das Böse erfahren, Freiburg/Basel/Wien 2000. Dies., Feministische Spiritualität: Wagnis und Widerstand, in: Concilium 36 506-516.
-    Oviedo, Luis (2004): Una historia del movimiento piquetero. De las primeras Coordinadoras al Argentinazo, Buenos Aires, Ediciones Rumbos Oviedo, 2004: 7
-    Samara, Juan  (2004) Epistemología de la Salud. Reproducción social, subjetividad y  transdisciplina. Editorial Lugar. Buenos Aires
-    (http://www.clarin.com)