Entrevista al Fiscal Federal de Tucumán Antonio Gustavo Gomez Imprimir E-Mail

“La justicia necesita de la gente para enfrentar al poder”
Entrevista al Fiscal Federal de Tucumán Antonio Gustavo Gómez,
25 de abril de 2009

 
Mi nombre es Antonio Gustavo Gómez, soy fiscal general en la Cámara Federal de Tucumán. Soy una suerte de fiscal jefe de los fiscales federales de tres provincias, Catamarca, Santiago del Estero y Tucumán. Mi trabajo en concreto es actuar ante a la Cámara Federal de Tucumán, ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación y ante la Cámara Nacional de Casación Penal y tenemos un ámbito de delitos muy extenso. Por ejemplo, me toca llevar adelante también más de 700 causas penales por los delitos de lesa humanidad cometidos en época de dictadura. He participado en el juicio oral y público donde se condenó a Bussi y Menéndez recientemente y si todo sale bien, este año tenemos dos o tres causas más. Pero mi especialidad es la investigación de delitos ambientales.

-Que empezó hace mucho tiempo…

Cuando yo tenía 29 años y me nombraron fiscal federal en la provincia de Chubut, me encontré, a los pocos días de asumir, con una gran contaminación de petróleo que afectó unos 17.000 pingüinos. En esa oportunidad recuerdo que para los chubutenses, que éramos muy pocos, era normal que el petróleo afectara nuestras costas, pero vinieron muchos extranjeros ha filmar, a tomar notas y nos decían: ¿la justicia no hace nada? ¿qué pasa con la justicia? Y como escoba nueva barre bien, y yo estaba recién designado, propuse empezar una investigación. Así lanzamos la primera investigación con apoyos importantísimos de organizaciones no gubernamentales en esa época como la Sociedad Zoológica de Nueva York, como grupos ecologistas japoneses, todos del exterior. Hicimos un buen trabajo de investigación en función de prueba y error porque nada estaba escrito en el país en ese momento. De ahí en más, me comprometí a investigar a fondo los delitos ambientales. Ya han pasado más de veinte años de ese momento y debo tener más de 300 o 400 causas ambientales investigadas en mi carrera como fiscal. Hoy por hoy en San Miguel de Tucumán ya tenemos más de 120 causas de contaminación, de distinto ámbito. No es que la Argentina esté contaminada por la minería, sino por empresarios inescrupulosos que ven en el medio ambiente una manera de hacer dinero. La variable de ajuste no es, hoy por hoy, el salario del trabajador. Donde se gana dinero hoy en el mundo es en la contaminación ambiental. Si yo contamino, gano plata; si no contamino, me voy porque no gano dinero. El salario del trabajador es algo que en la fórmula econométrica no entra.
El gran problema con el que me encuentro en las investigaciones penales-ambientales es que muchas veces afectamos a un poder económico tremendo. Y es lo que pasó con Minera La Alumbrera, que es un caso paradigmático, la de una empresa de más de 1200 millones de dólares, que además utiliza un promedio de cinco millones de litros de agua por hora, que utiliza la electricidad equivalente a casi toda la provincia de Tucumán, que usa un gas directo para producir esa electricidad desde Bolivia. Tiene un poder económico tremendo y encarar una investigación por contaminación a esta empresa, ha sido para mí el culmen de una carrera de fiscal. Yo me siento tremendamente orgulloso de participar en un equipo porque ese no fue un trabajo mío. Siempre me identifican con ese caso pero en realidad hay fiscales, jueces de cámara y sobretodo, hay un pueblo muy comprometido que fue a ver a los jueces, a decirles cómo sufrían la contaminación. Todo eso para nosotros ha sido muy gratificante y eso te da fuerza para seguir. Creo que fue un punto de inflexión. Esperamos que a Minera La Alumbrera, que es una empresa que contamina y que hace mucho daño al medioambiente tucumano, santiagueño, cordobés porque llega hasta Mar Chiquita, podamos hacerle el juicio oral y público en lo que resta del año, para poner un punto de inflexión en lo que tiene que ser la contaminación en la Argentina.

-El juicio oral y público ¿sería este año?

Vamos a ver, estamos en eso. Esperamos que sí porque depende de que la Cámara Nacional de Casación Penal, donde recurrió Rooney, confirme el trabajo nuestro.

-La causa duró muchos años…

Sí, la causa arrancó en el año 98. Eso es el emblema de cómo el poder económico y el poder político boicotean un trabajo de investigación. En 1998, Juan González, el Secretario de Medio Ambiente de la provincia de Tucumán, denuncia a Minera La Alumbrera por contaminación. La causa duerme hasta el año 2002, cuando dos jubilados santiagueños que estaban tomando sol y viendo pasar el tren de La Alumbrera, recogen muestras de algo que caía y se dan cuenta que era más que cobre, que es lo que se decía que se exportaba. Había otros minerales importantes. Informan en ese momento al presidente Duhalde, quien me manda la denuncia y empezamos una nueva etapa en la investigación contra Minera La Alumbrera. En todo momento estuvo presente la gente, el ciudadano de a pie, acercándonos pruebas, dándonos información, transmitiéndonos contactos, con mucho miedo al principio. Enfrentarse al poder político y económico no es fácil en las provincias del norte. Escuchábamos hoy a las chicas de La Rioja decir cómo les quitan los planes sociales, cómo los persiguen en el trabajo. Es muy complicado. Pero en Tucumán creo que se dio una lección de independencia, en donde la gente pidió a los magistrados, a los que estamos del otro lado del mostrador, que hagan justicia. Ver un paisano de sombrero de ala ancha entrevistar a un juez, con sus palabras sencillas, diciéndole todo el daño que le había hecho Minera La Alumbrera a él y a sus chivitos, es algo que no pueden, de ninguna manera, ignorar los jueces. Es algo que te toca el corazón, es algo que está fuera del expediente y que resulta crucial. Por eso mi llamado en esta reunión de San Juan y mi llamado desde hace muchos años es: Señores, la justicia es demasiado importante para dejarla en manos de los abogados. La justicia necesita de la gente para enfrentar al poder, porque solos es imposible.     



-¿Qué desafíos tiene la justicia de aquí en más, frente a la avanzada de las empresas y nuevos proyectos que se pueden llevar a cabo?     

 
Me parece que en general en el país tenemos una gran deuda con la sociedad. Y fundamentalmente nuestro poder judicial está atravesado por una corrupción estructural y por una corrupción personal. Entonces creo que tenemos que cambiar el paradigma de justicia. Los fiscales tenemos que hacer más prevención del delito y no tanta represión del delito, somos los defensores de la víctima, no somos imparciales. Tenemos que tener en claro que jugamos nuestro rol a favor de las víctimas. Los jueces no pueden decidir sus casos en campanitas de cristal, como se proclama: “No, no hay que molestar a los jueces”. Cualquier abogado de fuste, las universidades, los profesionales de las distintas facultades, dicen: hay que dejar a los jueces que decidan. Los viejos abogados nos vienen enseñando esto. Yo digo No, porque los jueces son directa o indirectamente molestados por el poder económico y el poder político. Y cuando inclinan la balanza a favor de ellos, yo tengo que sentar en el otro platillo a la gente. Los jueces necesitan ser entrevistados, necesitan sentir que hay un pueblo que les exige administración de justicia. La gente tiene que tocar el timbre en la puerta correcta. Cuando se exige justicia, no hay que hacerlo en el obelisco, hay que hacerlo en la puerta de la casa del juez que tiene esa causa en concreto y que mira para otro lado.

-Considerando que todo el mundo habla mal de la justicia porque durante siglos no ha funcionado bien, ¿te sentís raro habiendo logrado lo que lograste?

Te soy muy sincero, me siento decepcionado, porque no he podido hacer más, porque muchas veces yo también he tenido que callar cosas en pro de otras y porque no veo un cambio en nuestras autoridades, y no solamente las políticas sino también las judiciales. Por eso yo vengo mucho a la UAC y a los encuentros de organizaciones, porque mi esperanza es que se genere un cambio desde ahí. Porque desde la universidad no viene el cambio. En la Universidad Nacional de Tucumán le dan el doctorado Honoris Causa al presidente de la Corte Suprema, Dr. Lorenzetti y al Dr. Zaffaroni. Ahora Lorenzetti y Zaffaroni ¿no saben que Minera La Alumbrera le paga a la Universidad de Tucumán 80 millones de pesos por su labor de apoyo? Este es dinero que se gana con la salud de los santiagueños, de los tucumanos. Estas son las cosas que a mí me decepcionan, me desilusionan, porque son profesores que yo miraba, en mi época de facultad, como si estuvieran en el quinto cielo y hoy observo que en realidad no hacen nada por el cambio. Han llegado a la corte prometiendo un cambio y otra vez nos estamos encerrando en la nada.

-¿Cómo relacionas esta desilusión con la ilusión que se produce frente a las movilizaciones, la organización y las acciones de los colectivos que luchan?

A mí me parece que hay un eje central en la Argentina que es transversal a todos. Hoy por hoy, sea por la razón que sea, la mayoría de los ciudadanos de este país es víctima de un delito, sea violento, o contra la propiedad, o contra el medioambiente. Todos somos víctimas de algún tipo de delito y el poder judicial, el Ministerio Público Fiscal, el poder político, están mirando para un costado. Por eso hay reacciones viscerales de la gente, como apalear a un fiscal, como hemos visto por televisión. Me parece que ahí está el gran problema. Es como si fuera una gran capa de aceite que sumerge a la totalidad de los ciudadanos que cada tanto explota por alguna situación. Pero no más que eso, una explosión visceral. A mí me parece que hay que organizar. Por eso me parece fantástico cuando las organizaciones planean algo. Pero también me parece que tenemos que tener mucho cuidado de no mezclar dentro del discurso político el discurso por una administración de justicia mejor. La administración de justicia parte del discurso político, pero si vos la mezclas con el discurso político partidario, es refractario a la gran mayoría de la sociedad. Entonces hay que organizarse para convencer a la gente de que es posible una administración de justicia mejor, y no encuentro en todo el país ninguna organización no gubernamental que mire y esté comprometida con la organización de justicia, que no sea genuflexa al poder judicial. Todas las organizaciones que están en Buenos Aires que dicen estar estudiando cómo vamos a mejorar el sistema de administración de justicia parten de una base equivocada y es que el pueblo no tiene que meterse en esto. Un fiscal norteamericano me dijo: ¿saben cuál es el gran problema de los científicos del derecho en la Argentina? Que son muy soberbios jurídicamente. Cuando escucho al Dr. Zaffaroni decir que él no quiere el juicio por jurados porque no le puede explicar a un jurado lo que él aprendió en tres años de carrera universitaria, me suena a eso. La gente cuando juzga un hecho no necesita derecho, necesita sentido común, necesita saber objetivamente si ese hecho se produjo o no se produjo. Por eso el juicio por jurados es fundamental en la Argentina. Nuestra constitución lo reconoce en el siglo XIX; nuestros pensadores del siglo XIX lo confirmaron y lo impusieron en nuestra constitución porque era la única salida para el equilibrio del poder. Y el poder miró para un costado, relevó el juicio por jurados y aún en el día de hoy el poder económico y el poder político se niegan a aceptar el juicio por jurados con las excusas más estúpidas, como que la gente no puede pensar en materia de derecho penal. La realidad demuestra lo contrario, como en el caso Tejerina. A esa chica de Jujuy la condenaron porque en un rapto de demencia mata a su criatura recién nacida, producto de una violación. ¿Quién la condena? Los técnicos jurídicos que salen de las universidades que tienen el concepto que nos mandan de Alemania, desde España, pero pierden realidad cuando van a Jujuy. El mismo caso se dio en Córdoba donde hay juicio por jurados, donde hay seis integrantes que son populares, ciudadanos comunes y tres que son abogados. El caso se resuelve por mayoría y la absuelven. ¿Por qué la absuelven a esa Tejerina cordobesa? Porque los seis del   jurado popular votaron por la absolución y los otros tres votaron por la condena. Esa es la muestra más evidente que la administración de justicia en la Argentina es posible, nos falta hacer el cambio en las universidades. Es una de las razones por las cuales no doy clase en la universidad, porque me siento traicionado por esos profesores de derecho que tanta plata ganan con sus libros y que en realidad no bajan a la realidad social, no toman contacto con la gente.

-A pesar de la decepción, de sentirte traicionado, no vas a abandonar el derecho, no?

No, por supuesto que no. ¿Saben cuál es el otro problema del derecho? El derecho como ciencia jurídica es tomado por la mayoría de los científicos como objeto y ese es un error. El derecho es un instrumento para hacer justicia. De hecho estamos sumándonos para hacer una red de fiscales ambientales de América, estoy viajando a Recifes ahora. Estuve tratando de sumar a los fiscales sanjuaninos, estuve reunido con ellos y se han encontrado muy entusiasmados porque ellos también están muy solos aquí. Gracias a Pérez Esquivel, queremos que los fiscales americanos sean el brazo armado de la Corte Internacional Penal sobre Medioambiente que se va a crear en Venecia. No estoy pensando en bajar los brazos ni mucho menos. Pueden pedir mi destitución, puede que me echen, puede que mis palabras no les agraden, pero cuanto más me pegan más salto. Lo que sí es cierto es que a veces entro en un discurso demasiado cerrado porque mis colegas no entienden la necesidad del cambio. Cuando digo mis colegas me refiero a los científicos que están en las universidades que hacen el gran congreso internacional del medioambiente al que van muchas personas que escribieron grandes libros, pero cuando les llevás la gente y les preguntas qué hacemos con ellos, no saben qué hacer.            
 
-¿Cómo ves este espacio de la UAC en relación a cómo se van organizando las asamblea, cómo van articulando y cómo llevan adelante acciones?  

Hace muchos años que estoy viniendo a la UAC y a mí lo que me cuesta, porque pertenezco a una estructura piramidal, muy vertical, es sacar algo en concreto después de tantas horas de discusión. Pero me amoldo a eso. Por ejemplo, yo soy enemigo de hacer un corte de ruta, porque nos ponen como victimarios en lugar de ser víctimas. En la UAC discuto eso, más de una vez me chiflan y me dicen que los estoy desmovilizando. Pero participo en eso porque necesito retroalimentarme. Ellos creen que lo que yo les vengo a explicar les puede servir como instrumento y puede ser que sí, pero en realidad yo me alimento de ellos, no me pierdo ninguna UAC. Por ejemplo, venir hoy a San Juan exigió que tomara días de mis vacaciones porque no me permiten venir a este tipo de reuniones. En Tucumán, tenemos un movimiento asambleario muy interesante que es la ASANOA, a la que un juez de la Cámara Federal de Tucumán le inició un juicio penal, la denunció por extorsión, porque no toleró que le reclamaran justicia en la puerta del tribunal.
Estamos en una gravísima deuda. Yo siento que tengo ese instrumento para darle al ciudadano argentino una respuesta para vencer esta ola de inseguridad y de problemas que nos rodean, pero también siento que los únicos lugares donde se me escucha, son estos espacios. Entonces, ¿cómo no estar agradecido con la gente?       

Entrevista realizada por Martín Vidal y Patricia Agosto*,
 en el marco del IX encuentro de la UAC





Intervención del fiscal federal Antonio Gustavo Gómez en la Conferencia de prensa de apertura del Foro “PROTECCIÓN  DE  LOS  GLACIARES Y DEL ECOSISTEMA ANDINO”



Impunidad


Mi preocupación mayor como la de cualquier argentino es la impunidad. No podemos hablar de que se respeten nuestros derechos cuando los fallos de la propia Corte Suprema de la Nación no se cumplen. En el caso de la contaminación del Riachuelo, la Corte Suprema estableció un orden muy preciso de medidas a tomar para descontaminar el Riachuelo y hasta hoy no se ha impartido ninguna. El problema central es la impunidad. Creo que la única manera de parar a los delincuentes es con la cárcel, a los delincuentes ambientales hay que meterlos presos. Se pueda hacer o no, es una decisión de los jueces y fiscales de cada lugar del país. En Tucumán, por decisión de la Cámara Federal y de los fiscales federales, yo soy uno de todos ellos, hemos procesado por contaminar el medio ambiente con residuos provocados por Minera La Alumbrera al Vicepresidente Julián Rooney. Cometió delito previsto en el artículo 55 de la ley 24.151. Hay una ley que prevé delitos ambientales y entre ellos los que se cometen desde la minería. Son palmarios, claros, no hace falta hacer ninguna prueba química porque ellos mismos lo confiesan en los informes de impacto ambiental. Para procesar a Rooney no hizo falta hacer ningún análisis de agua para saber que estaba contaminando, porque los índices de contaminación estaban en el propio informe de impacto ambiental de la empresa.
La administración de justicia, y más que nunca en San Juan, es demasiado importante para dejarla solamente en manos de los abogados, si el pueblo no participa no hay justicia.

Fotos: Martín Vidal*


*Integrantes del Equipo de Educación Popular Pañuelos en
Rebeldía y de Centro de Investigación y Formación
de Movimientos Sociales Latinoamericanos



 
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