Traslado cargado de impunidad

VIAJECITO
por Karina Germano Lopez "La Galle"

Desde mi situación de encierro, consigo que por una vez respeten la ley que ellos mismos imponen, autorizándome a acudir a un tratamiento odontológico particular afuera de la unidad. Ya que los arreglos que cubren desde el S.P.F. no son los adecuados para mi dentadura, claro está que no es mi deseo extraerme cada pieza recuperable de mi boca, para ser una desdentada más, como suelen estigmatizarnos a las personas que se encuentran privadas de su libertad.

El turno que logro conseguir, después de un largo período burocrático, fue para el día 7 de mayo de 2009 a las 10.00 horas en Cap.Fed. Sobre este día se basa mi relato real.

A las 2:00 horas de la madrugada, se me notifica que aún no es seguro pero creen entender que saldré a las 4:30 horas junto con las chicas que van de comparendo (o sea audiencia en juzgados).

Cómo no me lo aseguran vuelvo a la cama a continuar con mi sueño, hasta las 4.15 horas que a los gritos me despierto al resonar mi apellido, con apuro ya que las demás ya están fuera esperando a que vaya, para el carro de traslados nos distribuya en los lugares correspondientes. Comienza lo que se denomina “LA CALESITA” ya que a esas horas nadie debe estar aún en ningún lugar determinado, pero la Odisea comienza.

Siendo alrededor de 15 mujeres las que ya nos encontramos aglutinadas en el reten, nos dividen en dos carros, uno para provincia y el otro para la Capital. A mi me toca el de provincia, aunque mi destino sea la Capital, pero cómo tienen 6 horas para llegar a mi destino, el paseo arranca. En un carro donde con esposas, que empiezan a ser parte de mi por un periodo indeterminado, viajo con 4 chicas más y un muchacho que viene de no se donde hace un montón de horas. Llegamos al Complejo (Unidad vecina a la mía en el mismo Ezeiza), allí después de un rato nos vuelven a distribuir. Continúo con personas destinadas a los juzgados de Lomas de Zamora, siendo la única que voy a Capital. Seguimos viaje en este nuevo carro hasta Capital, a la Unidad de Devoto, que se trata de la base de traslados, y sea contramano o no TODOS debemos pasar por allí. Claro que llegando a las 6:00 horas, los más experimentados sabemos que hemos de esperar al cambio de guardia de las 8:00 horas. Con las nuevas distribuciones de personas, me cambian hacia un carro destartalado, pareciendo cumplir la función de leonera hasta que las siguientes autoridades jerárquicas de tanto soldadito dando vueltas, decida cómo distribuir a las personas. Allí coincido con un joven adulto de 19 años, que llega en silla de ruedas (con un balazo en su columna), con sondas, y los guardias permiten quitar las esposas de uno de los muchachos para que lo suba en brazos al carro, en vez de trasladarlo a su respectivo juzgado en ambulancia como correspondería en su caso. Dentro del ir y venir de presos, me llevan a una ambulancia, sola, de la cual al rato sin nueva explicación me sacan para subirme a un carro grande y viejo. Al subir observo que mis acompañantes de viaje esta vez, son dos hombres, uno joven esposado y el otro, que llama mi atención, un anciano de cabello canoso, con una chaqueta de cuero, zapatos negros (indumentaria impensable para cualquier persona privada de su libertad) siendo lo más extraño de todo que no estaba esposado. A mi llegada queda interrumpida la conversación que estos dos mantenían, pero al pasar yo hacia la parte trasera del vehículo, por orden de la agente femenina que me traía, llego a oír cómo el joven recomienda al mayor, que no mencione su causa y que alegue “motivos humanitarios”. Ante mi sorpresa, con tales personajes, mi imaginación comienza a suponer realidades que producen en mí escalofríos, seguido de un mutismo, el carro arranca por fin siendo casi las 9:00 horas, decido cerrar mis ojos para no seguir presenciando lo que imagino son mis compañeros de trayecto.

Llegamos a uno de los destinos, donde baja el joven, no sin despedirse con demasiado respeto del mayor quien le encomienda transmitir sus saludos al “TURCO”, otra vez los escalofríos me inundan, no queriendo creer lo evidente, continuamos ruta, hasta que vislumbro el barrio ya conocido por mi, llegando así a mi destino, el consultorio odontológico. Respiro profundo y me bajan, después de mi tratamiento de conducto con la anestesia aún en mi boca, antes de volver al carro, pregunto a mis vigilantes si el señor canoso continúa en el carro, me responden que sí, indago el porque dicho señor no va esposado cómo yo, la respuesta que recibo es lo que yo ya sabía y no quería creer, que se trata de un preso por delitos de LESA HUMANIDAD. Intento explicar a esos mandados que yo no puedo ser compañera de viaje de esa escoria por se hija de un desaparecido, además de ser presa política, cuando a uno de ellos se le ocurre ser chistoso, y comenta que su papá también es un desaparecido porque fue a comprar cigarrillos y jamás regresó. Le increpó que no estoy de bromas y que no voy a volver con semejante compañía.

Me llevan al carro nuevamente, ya son las 12:30 horas, continúo con esas esposas que siguen siendo parte de mí, me introducen dentro, está el canoso, sigue fumando cómo si nada, arranca el vehículo, no tarda en llegar al siguiente destino, donde lo bajan.

Aprovechando su ausencia me dirijo al sargento que allí se encontraba, le expongo la situación y le exijo volver a mi unidad de detención en otro carro, que no estoy dispuesta a seguir viaje con ese esbirro, me comenta que se trata del General Cau, que lo acusan de torturador, pero que no tiene nada que ver porque cuando lo acusan es sólo por una descripción física y que él alega que se encontraba en paraguay, que el otro era un policía acusado de delinquir (el joven que bajó primero), pero que éste anciano no era peligroso, le vuelvo a explicar mis razones, que ni siquiera nos llevan en iguales condiciones, que la amarrocada soy yo, no él, que me consiga otro carro o me deposite en alguna leonera, que yo espero lo que haga falta, que no viajo más con esa basura.

Este sargento me tomó en serio, fue educado y llamó por teléfono informando, solicitando otro vehículo. Me tranquiliza, diciéndome que hay que esperar y que seguirán manteniendo al general en el médico forense hasta que me lleven a mí.

Al rato largo, llega una combi nueva, con un chofer y una agente femenina, me cambian con el chico de armas largas corridas y demás, para arrancar a toda velocidad con sirena incluída hacia la Unidad 3 de Ezeiza en donde me encuentro, al llegar me entero que la excusa puesta por esta agente es que un vehículo sospechoso seguía la combi donde me traían, mientras recupero la libertad de mis muñecas, siendo las 15:00 horas.
 
Siguiente >