Entrevista a Claudio Garrot, integrante de la Asamblea de Chilecito, La Rioja

“El corte es la única seguridad que tenemos hoy”

Entrevista a Claudio Garrot, integrante de la Asamblea de Chilecito, La Rioja, en lucha contra la megaminería contaminante

Esta entrevista fue realizada durante el desarrollo de la UAC en Tunuyán, Mendoza, los días 5,6 y 7 de dicembre de 2008.

-Te pedimos que te presentes.

-Mi nombre es Claudio, pertenezco a las Asambleas Ciudadanas Riojanas y en particular a la Asamblea de Ciudadanos por la Vida de Chilecito.

-¿Cuándo comenzó la lucha en esa zona?

-La lucha comenzó en el departamento de Famatina, cuando la presencia de algunas camionetas de Minería de la provincia alertaron a la gente, que comenzó a preguntarse y a preocuparse por la presencia de estos personajes que habían comenzado a patrullar por el pueblo y subían a donde a comienzos del siglo hubo una explotación minera importante a cargo de empresas alemanas e inglesas, que representaba para nosotros la mayor estafa y saqueo de los que sufrió la Argentina. Estas camionetas empezaron a subir hacia ese lugar que es el proyecto de mina la Mexicana. La gente comenzó a informarse y a reunirse. En principio, comenzaron ocho personas, después se fueron sumando más y más. Comenzaron a buscar información por sus medios respecto a qué es una explotación minera a cielo abierto, qué tipo de técnicas se usan, qué sustancias químicas involucran este famoso método de lixiviación. Esta fue la primera palabra difícil que despertó la inquietud de la gente. El encontrarse todos alertados por la presencia de las camionetas, en realidad respondía a una preocupación de que tocaran el cerro. Y digo tocaran el cerro porque de ahí nació la frase que nos identifica. Ya los pueblos originarios decían que el cerro no había que tocarlo. Durante la amenaza a los pueblos diaguitas de la zona por el Inca que quería llevarse todo el oro y la plata de ese cerro, ya decían que el cerro no había que tocarlo porque se termina enojando y haciendo malo con ellos. A partir de allí es que comienza a manejarse entre todos esta frase que después se termina convirtiendo en un lema de la resistencia que es “El Famatina no se toca”.  En ese momento, la gente comenzó a preocuparse porque sabían que esto se venía cada vez más grande y que la empresa que pretendía instalarse en el Famatina era una empresa que ya tenía antecedentes de contaminación en el mundo y de alguna manera eso significaba un peligro para las actividades que como pueblo realizábamos en ese momento y seguimos realizando. Siempre hemos sido agricultores, hemos vivido de la tierra. Dependemos de ese cerro no solamente por el agua, sino porque determina nuestro clima y permite que produzcamos los vinos que producimos y vendemos al mundo. El sólo pensar que ese cerro podía ser afectado en su estructura o que esas empresas podían usar toda el agua que iban a usar para realizar sus actividades significaba que se modificaba toda una estructura económica y una forma de vida del pueblo. Esta inquietud después se traslada a Chilecito, que es el departamento que está al lado de Famatina.

-Dijiste que hubo ocho personas originalmente que se inquietan con este tema y después te referiste a una convocatoria más masiva hacia el resto de la población, ¿cómo se logró esto en lo concreto? ¿cómo se involucra a más gente en la lucha? ¿cómo se inquieta a más gente frente a lo mismo que inquietaba a esos ocho primeros?

-Hay una característica muy particular que es de todos los pueblos del norte: cuando sucede algo que involucra al territorio, y sobre todo algo tan emblemático como ese cerro, la preocupación de algunos comienza a ser la preocupación de todos. En el documental “Cielo abierto”, Carolina, una de las integrantes de la Asamblea de Famatina, cuenta que se paró en la esquina de su casa y que le iba contando a la gente que pasaba por allí. Les decía que la empresa es canadiense, que usa cianuro, que va a contaminar el agua y a volar el cerro. Así comenzó a trasmitirse de boca en boca.
Considero que la contaminación no es un hecho químico. Cuando hablamos de contaminación hablamos de contaminación social y cultural también. Y en ese punto, el cerro es un referente para nosotros no sólo como fuente de agua y determinador del clima, también es un referente en cuanto al territorio y a poder desplazarse todas las mañanas y tenerlo ahí. Es como una custodia permanente de todos nosotros y la gente tiene un sentido de pertenencia muy profundo con el cerro. Famatina y Chilecito tienen características muy particulares. De toda la provincia, siempre han sido los departamentos que más han reaccionado ante ciertas cuestiones injustas o ciertas problemáticas sociales. Son los que más se han movilizado siempre. Hay una necesidad de la gente de expresarse, que es distinta a otros puntos de la provincia. A pesar del clientelismo político, a pesar de que siempre hubo, y sigue habiendo, un montón de presiones de parte del orden y del poder, la gente no ha dejado de manifestarse, de movilizarse. Tal vez no son muchos los que participan activamente, poniéndole el cuerpo en el día a día, pero cada vez que hay una marcha, una movilización, cada vez que hay que sostener algún corte de ruta, alguna acción, la gente está. Sabe que esto no es lo que han elegido para vivir. Nosotros hemos elegido una manera de vivir y queremos vivir de esta forma. Y en este sentido, puede ser el cerro u otro problema que surja como una amenaza a nuestra forma de vida, aunque el Famatina tiene mucha importancia por esa cuestión histórica que les contaba. La movilización se dio a partir de la información, es decir, cuando uno empieza a interiorizarse en algunas cuestiones. Por la misma desinformación desde el orden –que es una buena estrategia para seguir acallando y silenciando a los pueblos-, la gente se fue aferrando mucho a la lucha. Cuando hablo de la gente, hablo de la de Famatina, porque fueron ellos los que iniciaron todo esto. Ellos dijeron: nosotros sabemos que esto es así. Hay una asamblea que tiene un registro fílmico donde gente de Minería y Medio Ambiente llega a esta asamblea para dar explicaciones y justificar lo injustificable, es increíble cómo la gente les refuta absolutamente todo y como ellos no tienen ni la cara ni el discurso para sostener ninguna de las cosas con las que ellos llegaban a esa asamblea. Es muy fuerte ver a gente común en esa actitud. No estamos hablando de profesionales que pueden tener una instrucción técnica y científica de determinados temas. Es gente común que explica qué es lixiviación, porqué impacta el cianuro en las napas de agua, porqué explotar un cerro significa liberar de adentro sustancias tóxicas que luego van a parar a nuestros glaciares o a nuestra agua. Fue gente que se fue interiorizando e informando de las cosas y creo que allí reside la explicación de cómo comienzan pocos en la lucha y después termina todo un pueblo movilizado. Además, esta lucha también significó despertar de un letargo del que veníamos, un tiempo de calma aparente. Salir a la calle y putear porque no quiero que me toquen el cerro, también significaba putear por otras cosas.

-¿Cómo se sostiene el corte en Peñas Negras durante un año y ocho meses? Porque hay que sostenerlo tanto tiempo… Contamos la historia del corte.

-La estrategia del gobierno fue enviar camionetas de Minería para demostrar que nosotros mismos estamos haciendo uso y explotando nuestros recursos para beneficio nuestro.  Cuando la gente toma conciencia, se da cuenta de que era la empresa la que estaba y como no había respuesta del gobierno a ninguno de los requerimientos de la gente, es cuando se suma Chilecito y cuando se decide no dejar pasar a la empresa, no dejar bajar a los que estaban arriba y no dejar pasar a los que venían. El corte es en un paraje donde no hay nada y allí estuvimos como pudimos. De hecho hay una anécdota que pinta la cuestión de una manera muy particular: nosotros estábamos de un lado del corte en un momento en que ya estaba la gendarmería y la policía allí y del otro lado había gente de Chilecito que estaba trabajando en una empresa de catering que era la que le suministraba la comida a la minera. Nosotros estábamos de un lado del camino, comiendo ocho de un solo plato un locro que había hecho la mamá de Jenny (Luján, una de las integrantes de la Asamblea de Famatina) y del otro lado, estaban ellos con sus platos términos comiendo toda la comida. Yo creo que mucha de esa gente está integrada hoy al movimiento. Creo que se dio el corte porque era lo único que nos quedaba. La gente siempre nos pregunta cómo hicimos para correr a Barrick Gold y si hacemos un paralelismo con el negocio de las bebidas gaseosas es como correr a la Coca Cola. Nosotros jamás nos preguntamos si Barrick era o no tan poderosa, lo único que queríamos es que se vaya de allí. Si hubiésemos intelectualizado demasiado la cuestión, no se si nos hubiéramos animado, pero surge así. En ese momento el que era intendente de Famatina, que participaba dentro de las asambleas, sabía que esto iba a ser para mucho tiempo y decide construir la garita, la casita que tenemos allí. El corte es la única seguridad que tenemos hoy. Nosotros teníamos una ley y ahora no la tenemos. El poder usó nuestra lucha, este descontento de la gente para posicionarse, remediaron las diferencias políticas del que era el vicegobernador con el gobernador, lo destituye, saca la ley y de la misma manera que la saca, la deroga. Con todas estas alternativas que manejábamos como respaldo para continuar y que hoy no tenemos, lo único concreto que tenemos es esto, la movilización social, la información, el trabajar con todos los sectores para fortalecer esto y el corte de ruta, que es la única garantía que tenemos de que la empresa no va a pasar, de que no se va a instalar y que no será solamente Barrick, tampoco será la Comisión Nacional de Energía Atómica para explotar uranio. Allí no van a pasar y sostenerlo cuesta. Tenemos turnos rotativos entre Famatina, Chilecito y las asambleas de Capital, que desde hace unos meses se comprometieron a sostener turnos durante los fines de semana. Ese lugar es como nuestra segunda casa.

-Nos contaban que es un lugar de encuentro, de compartir muchas cosas, donde se da la alegría y se da toda una cuestión sentimental.

-Uno puede tener un humor de mierda y cuando llega ahí, cambia todo. Pisar ese lugar, estar allí, sentir que vos estás de alguna manera ayudando a construir algo diferente a todo este orden caótico y corrupto, es fuerte. Creo que el sentido de pertenencia que se creó con ese lugar tiene que ver con esto. Allí compartimos, cocinamos, nos turnamos para dormir cuando nos quedamos de noche, es compartir.

-La empresa se fue…

-El corte comienza imposibilitando que bajen los que estaban y que suban los otros. Sabíamos que en algún momento se les iba a acabar el alimento, el gas, todo lo que tenían e iban a tener que bajar. Cuando bajan les decimos que se vayan y ellos tratan de negociar. Esta es una de las características de las transnacionales, ellos nunca confrontan con la gente, para ello tienen todo un séquito de obsecuentes, los funcionarios, los gobernantes, los legisladores, que son los que van a operar y los que sí van a confrontar. Cuando decidimos hacer el corte e imposibilitarles bajar y que subieran los insumos, sabíamos que llegaría la instancia en la que tenían que bajar y que significaría la derrota para ellos. En un momento bajamos a un pueblo que está cerca de donde hacemos el corte, supuestamente ellos querían dialogar y negociar con nosotros y deciden abandonar el proyecto hasta tanto nosotros no les diéramos lo que llaman licencia social, término del cual nosotros nos apropiamos. Una vez estábamos en un ámbito académico en Buenos Aires invitados para la proyección de la película y cuando hablamos de licencia social, el establisment académico se agarraba la cabeza y decía: ¿cómo pueden hablar de licencia social si es un término de las transnacionales? Lo que nosotros hicimos fue tomar esa palabra, reformularla y darle el sentido que nosotros consideramos que debía tener. Y en ese punto ya no pudieron negociar más porque la licencia social no la tienen. Y se fueron, el campamento quedó allí con todas las cosas. El corte se mantiene para evitar que vuelvan a subir porque la derogación de la ley es volver a un punto cero. Ahora hay un marco de legalidad que los favorece, los ilegales allí somos nosotros.

-¿Tuvieron represiones?        
 
-En el corte jamás tuvimos represiones, no se animaron a aparecer ni la policía ni la gendarmería. Sí hemos sido reprimidos en otros ámbitos, por expresarnos en otros lugares, pero no allí. Hubo denuncias, el que es ahora el secretario de Minería de la provincia nos inició una causa. Abrieron causas porque se supone que el marco legal, las leyes nacionales, los amparan y les garantizan que ellos puedan trabajar. Además, porque nosotros, al cortar un camino, una ruta, estamos obstaculizando el derecho de la gente al libre tránsito, pero hay una nivel de legitimidad que es distinto al de legalidad porque nosotros argumentamos que estamos defendiendo un derecho que es superior al de tránsito que es el derecho a la vida. Puede haber una contienda legal que nos lleve al ámbito de la justicia que estaremos dirimiendo durante años. A nosotros no nos interesa ese tema, lo podríamos llegar a hacer como una instancia más pero nosotros no creemos en la justicia, ni en el orden ni en el poder, como está establecido. Sabemos que lo único que nos va a garantizar continuar con la construcción de esto es la movilización social y seguir trabajando como lo estamos haciendo. No queremos entrar en las instancias que ellos plantean, las denuncias eran para eso, buscaban desarticular, meter miedo. Nosotros permanentemente estamos pidiendo que nos metan presos. Nosotros tratamos de utilizar la torpeza que ellos manifiestan, esas pequeñas grietas que se dan, por eso nosotros deseamos que nos metan presos, porque el hecho de que algunos de los integrantes de la asamblea vaya preso va a significar que la gente va a reaccionar y va a salir todo el mundo. Ellos hacen las denuncias, enjuician, pero allí quedan las causas. No han podido en ese punto, sí han podido patotearnos, mandar a la policía para reprimirnos y no dejarnos pasar en algún acto. En el desfile del aniversario de la llegada del español a Chilecito intentaron reprimirnos y no han hecho más que darnos más espacio. Al querer frenarnos e imposibilitarnos pasar quedó toda la calle y el acto para nosotros solos, pasamos y la gente aplaudió.
A mí no me gusta cuando hablan de que todos los funcionarios, gobernantes y legisladores son iguales, hay distintas categorías y todos tienen características particulares. Uno tiene que ser más observador y fijarse en la torpeza que pueden llegar a tener y en las dificultades que tienen para manejarse. En ese punto hemos podido accionar y hacer cosas que de alguna manera han permitido que lleguemos a la instancia de que hoy por hoy por ejemplo el gobernador no puede volver a su pueblo, había una ordenanza que lo declaraba persona ilustre y ahora fue derogada; lugar en el que estamos nosotros, tiene que entrar por la puerta del costado e irse por atrás, o donde estamos nosotros él no llega y avisa cinco minutos antes que no va. Lo que comenzó siendo una defensa del medio ambiente o los recursos naturales, terminó siendo la defensa y la construcción de una democracia real.

-¿Cómo se dio ese proceso, de comenzar la lucha respondiendo a una necesidad ambiental a darse este proceso de politización?

-Yo creo que todo proceso es político, todo proceso implica de alguna manera tener que definir un lugar desde el cual vos te vas a parar y vas a conceptualizar una realidad, la vas a empezar a describir y vas a comenzar a accionar para modificarla, para transformarla, eso es político. El proceso fue distinto en Famatina y en Chilecito. En Famatina hasta hace poco tiempo el tema era el cerro, que no tocaran el Famatina y nada más. En Chilecito la UAC nos sirvió mucho para poder dimensionar que esto tiene que ver con un modelo, no con un tema estrictamente de minería a cielo abierto o del Famatina y pudimos ver que hay un montón de cuestiones transversales que exigen que estemos movilizados y comprometidos con este espacio. No podemos estar defendiendo el medio ambiente sin pensar también en la soja transgénica, en los desmontes de los territorios de los pueblos originarios, que les arrancan su cultura y su vida. El proceso se fue dando y fue difícil.
Somos Asambleas Ciudadanas Riojanas porque en distintos puntos de la provincia se comenzaron a conformar las asambleas y el proceso fue poder visualizar que esto tiene que ver con un modelo, poder entender que hay un orden corrupto que  está avalando la acción de estas empresas. Muchas de estas asambleas se han creado por las amenazas de las explotaciones de uranio, que están a cargo de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). Antes el enemigo eran las transnacionales y ahora entendemos que el enemigo está mucho más cerca y que no son sólo las transnacionales, sino estos que les han abierto las puertas para que puedan entrar y hacer lo que han hecho. Hoy se entiende que la también la CNEA es nuestro enemigo.
El movimiento asambleario de la provincia está pasando por un momento de crecimiento y de expansión muy fuerte. Regularmente hacemos plenarios donde nos juntamos todas las asambleas donde discutimos qué rumbos vamos tomando. Más allá de que cada asamblea es autónoma y puede decidir sus propias acciones, hay cuestiones sobre las que resolvemos en conjunto. Son cuestiones consensuadas aunque llegar al consenso cuesta porque somos muy distintos.

-Se van a cumplir dos años del corte, ¿cómo sigue la historia?

-Sanagasta ya tiene una exploración de uranio allí. Ellos intentaron hacer un corte y no lo pudieron sostener.  No creo que el corte sea la solución a esto. Si vos me preguntás, de aquí en más cómo nos pensamos, creo que nos pensamos en Peñas Negras resistiendo, estando allí, sosteniéndolo como un emblema, con mucho peso simbólico. Nosotros podemos establecer un plan de lucha, con acciones a corto y largo plazo.
En una instancia de la lucha nosotros estábamos a un paso adelante del poder, con la derogación de la ley hemos quedado un paso atrás. Ahora estamos en el momento de igualarnos, queremos estar de igual a igual. Sabemos que lo que podemos hacer legalmente lleva tiempo. Estamos trabajando con la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas y recibimos permanentemente apoyo de distintos ámbitos académicos. De hecho ahora hay un compromiso de gente de la UBA para hacer un estudio importante que nos va a permitir tener un arma fuerte para defender esto. Los estudios de línea de base que siempre los hace el gobierno o las mineras no son confiables. Hay muchas herramientas que pueden ser utilizadas para quedarnos tranquilos y saber que este lugar no se va a tocar. Pero si esto te lo hubiera dicho tres meses atrás no me lo crees. Hoy por hoy esta la CNEA con el discurso de que lo estamos haciendo para nosotros, es decir, estamos nacionalizando. Allí la cosa ya pasa a otra instancia y habrá que ver hacia dónde vamos.
Respondiendo a tu pregunta, lo único que sabemos es que estaremos allí, Peñas Negras seguirá. Ya pasó mucho tiempo y ninguno de nosotros nos imaginamos la vida sin Peñas Negras. Es el refugio donde podemos encontrarnos todos desde otro lugar y disfrutar de un logro importante y con un peso muy simbólico y muy fuerte para todos.

-¿Cuándo se produce la articulación de las asambleas de la provincia?

-Cuando La Rioja Capital empieza a movilizarse ante la amenaza del uranio, hace aproximadamente 6 u 8 meses atrás.

-¿Cómo se dio el proceso de articulación entre las asambleas cuando fueron bloqueando el paso a los camiones de La Alumbrera?

-Cuando vamos a participar a la UAC de Capilla del Monte. Cuando recién comienza a formarse la Asamblea de Chilecito, una de las cosas que habíamos logrado es que el Concejo Deliberante sancionara una ordenanza prohibiendo el transporte de camiones que lleven sustancias tóxicas por el ámbito del departamento. Sabíamos que esta podía ser una ruta por la cual transportar insumos hacia La Alumbrera o hacia algún otro proyecto. Como toda ordenanza que tenga que ver con estas cuestiones, el municipio no la operativizó ni la instrumentó, entonces no hay quien haga el control y cada vez que aparecía un camión nosotros salíamos con la ordenanza en mano, parábamos los camiones y los volvíamos. En una UAC nosotros contamos esto como chiste porque nadie lo podía creer.
Como los camiones ya están pasando por la ciudad, alguien avisa: está pasando un camión que lleva unas tolvas que dice Aconcagua, por ejemplo. Ahí empezaban los mensajes de textos para avisarnos y terminábamos todos en un mismo lugar. Nos parábamos en el medio de la calle y le decíamos al tipo que había una ordenanza y que se volviera. Lo acompañábamos hasta ponerlo en la puerta del pueblo y le decíamos chau. Cuando lo contamos, como Catamarca tenía ya La Alumbrera, pensamos que podía ser una buena estrategia imposibilitar que llegaran los insumos. En esta última acción, con la conformación de las dos asambleas que hay en La Rioja capital, cuando aparecen los camiones, los detenemos, los volvemos y la Asamblea de La Rioja sale al nudo vial por el cual desde La Rioja capital pueden ir a Catamarca y también los vuelven. Esta cuestión surgida en la UAC de Catamarca como acción no fue del todo clara y Córdoba, por ejemplo, no reaccionó y los camiones pasaron. Supimos que en estos últimos encuentros que hubo sobre minería, lo que más les molesta a las empresas no es que no les lleguen los insumos, porque esto puede ser una pérdida para hoy pero la recuperan en unos meses, sino saber que lugar por donde van, hay que gente que está saliendo a las rutas y obligan a volver a los camiones. En este sentido, creo que la regionalización tiene que dejar de ser una cuestión discursiva para ser una acción concreta. Si vamos a regionalizar la lucha, que Mendoza, San Juan, La Rioja, Córdoba y Catamarca se hagan cargo. Si logramos frenar los camiones va a significar para ellos una cuestión molesta, al punto que ellos lo plantearon en ámbitos en los que antes hubiera sido impensable que lo hagan.
Nosotros hemos detenido unos cuantos camiones, no solamente los que trasportaban sustancias tóxicas, sino también los que llevaban máquinas desarmadas, a los cuales también los volvíamos. Les decíamos acá hay una ordenanza, les mostrábamos el número pero no lo que decía.

-En las otras provincias que mencionaste, ¿también hay ordenanzas similares?

-Hay algunas en las que sí y otras en las que no, tiene que ver con los departamentos. Hay una facultad que tienen las provincias y los municipios de adherir o no a las leyes nacionales y hay provincias que no han adherido. La nuestra no adhirió. Hay municipios que no han adherido a algunas disposiciones provinciales, entonces tienen este aval. Estuvo bueno como una acción política en la cual  pudimos sacarle a estos concejales algo que nosotros queríamos, pero no fue un logro porque cada vez que aparece un camión tenemos que salir nosotros a pararlo ya que no hay ningún puesto que los controle. De la misma manera, cuando aparece un camión de esos que tienen una cuadra de largo les mostramos sólo el número de la ordenanza nada más, porque abajo dice que es para sustancias tóxicas nada más, no camiones.  Logramos y apelamos a la ordenanza pero por acá no va a pasar nada relacionado con la explotación minera.

-¿Cómo están viendo ustedes el proceso de la UAC y qué desafíos creen que enfrenta ese espacio más general?

-Para nosotros UAC es un espacio muy importante. Ser anfitriones de UAC nos permitió hacer el proceso de abrirnos a la posibilidad de tener otras miradas respecto de los distintos conflictos sociales y poder comprometernos, enredarnos y articular con todos ellos de otra manera. Creo que el proceso de construcción de la UAC no va a terminar nunca. Sí creo que hoy por hoy la instancia está en poner demasiada energía en determinar algunas características que tiene que ver con lo político y no con la acción misma. Nosotros consideramos que no hay nada que te fortalezca más políticamente que la acción misma. Está bueno que podamos discutir un basamento y decir quiénes somos, cómo vamos a trabajar, de qué manera nos vamos a posicionar socialmente como UAC, pero creo que hay demasiado trabajo puesto en eso y no en las acciones concretas. No hay nada que te fortalezca más que la acción con un buen resultado. Hoy, en medio de la charla de la comisión donde estábamos, se habló mucho del ayuno que se hizo en Buenos Aires y de lo difícil que fue hacerlo. Hacer ese ayuno no tendría que haber sido difícil. Cuando hablamos de eso es porque tal vez, en el proceso de discutirlo, no se operativizó la acción puntual. Si la acción hubiese sido diez veces más fuerte de lo que fue, hoy por hoy la UAC tendría una visualización social y hasta mediática mucho más fuerte. Necesitamos sentirnos que estamos respaldados en esa cuestión, que somos UAC. Todavía estamos preguntándonos qué somos y ya somos algo. Cuando digo que el proceso de preguntarnos e ir construyendo va a continuar, tiene que ver con el encontrarnos y seguirnos preguntando pero nosotros ya tenemos que tener claro que somos UAC y eso lo tiene que saber la gente, el orden, el poder como tal.
Hay muchísimos desafíos porque desafíos son todos. Uno tiene que buscarle la parte del humor, siempre decimos que si vamos a luchar lo hagamos con alegría y sino no lo hagamos. Nosotros aprendimos de las experiencias de Esquel y de Catamarca, de Catamarca y de San Juan de una experiencia muy fea en relación a lo que a ellos ya les estaba pasando. Siempre que nosotros nos encontramos en ámbitos como la UAC o cuando íbamos a Catamarca a acompañarlos a ellos, siempre pensamos en qué terrible para ellos porque cada vez que querían hacer un relato de algo todos terminaban llorando, porque la pasaron y la siguen pasando muy mal. Y nosotros nos reíamos ayer y decíamos que de una UAC a otra, nosotros también vamos a empezar a llorar porque nos quedamos sin ley. El Famatina no se toca era  una experiencia ejemplificadora y ahora estamos igual que todos. Este también es un desafío, uno no sabe con qué cuestión el poder puede llegar mañana a desarticularte o a tratar de romper todo lo que viniste construyendo. Los desafíos están en que uno puede encontrarse con otros en estos ámbitos y puede redefinir la acción, preguntándonos hacia dónde vamos. Es fundamental saber que el otro está, más allá de las diferencias políticas que pueda haber, que algunas veces generan conflictos extremos. Sin embargo, en esa diversidad está la construcción. Está bueno que siga existiendo la UAC como lugar de encuentro y como posibilitador de enfrentar estos desafíos, que van a seguir estando y van a ser muchos.

Tunuyán, Mendoza, 6 de diciembre de 2008

Entrevista realizada por Martín Vidal y Patricia Agosto  
Equipo de Educación Popular “Pañuelos en Rebeldía” y CIFMS

 
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