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Claudia Korol - La educación popular: navegación de cabotaje y andanzas de ultramar Imprimir E-Mail
Publicado en educacionsinfronteras.org de Barcelona
 
Aunque la educación popular navega por distintos continentes en embarcaciones impulsadas por los oprimidos, los educadores populares de América Latina la vivimos como uno de los aportes creativos realizados desde el territorio a la praxis emancipatoria.
Surca la historia con una estrella internacionalista como bandera, que puede encontrarse en África, en Asia, en América Latina, o "en cualquier rincón del mundo en el que se alce una bandera de libertad"(1).
 
 Es por lo tanto una "educación sin fronteras"; porque sabe que las fronteras nacionales fueron impuestas desde la lógica del capital, de las burguesías, de los imperios. La conquista y la expansión imperialista europea y norteamericana, impuso a sangre y fuego "su civilización occidental", "su desarrollo", "su fe" y "su progreso", sobre la base de la ocupación de nuestros territorios, el saqueo de nuestros bienes naturales, el genocidio de nuestros pueblos, la negación de la identidad y la cultura, la civilización y el conocimiento existentes en las tierras invadidas; estableciendo una cultura hegemónica burguesa, blanca, patriarcal, racista, violenta. La "alfabetización forzosa" en una lengua extranjera, es uno de los elementos alienantes de la identidad de los pueblos originarios, y de los afrodescendientes traídos a estas tierras como esclavos.

Concebimos entonces a la educación popular en América Latina, como una dimensión pedagógica de las batallas anticapitalistas, por la descolonización del continente; que aspiramos a que no sea cooptada por las lógicas del poder, que pretenden domesticarla para volverla un conjunto de dinámicas funcionales a las políticas de "inclusión-exclusión" del sistema. Queremos que con nuestra iniciativa y convicción, la educación popular siga siendo, como en su origen, pedagogía de los oprimidos y oprimidas, pedagogía de las resistencias y las emancipaciones, acción cultural por la libertad.

Hija de pueblos en rebeldía, la educación popular así vivida se reconoce en el cuerpo oprimido que en el proceso educativo va descubriendo que está oprimido, se indigna y se reconstruye en los esfuerzos orgánicos de liberación. Tiene en su memoria las luces y las cicatrices de la resistencia indígena, negra y popular. Amasa en su quehacer cotidiano componentes éticos de indignación, de esperanza y de solidaridad. Indignación que rechaza los intentos de naturalización de las injusticias que reproduce el "orden" capitalista. Esperanza, en la capacidad colectiva de revolucionar al mundo transformándonos en esta praxis, volviéndonos sujetos históricos autónomos, creadores y creadoras de un proyecto social popular, que desafíe de manera simultánea las diversas opresiones (de clase, de género, étnicas, culturales, etc.). Solidaridad, no como una manera reciclada de asistencialismo, sino como la actitud opuesta a los valores inherentes al capitalismo: el egoísmo, el individualismo, el sálvese quien pueda. Como un tipo de vínculo que permite el crecimiento colectivo, grupal, volviendo la vida cotidiana un espacio habitable, humanizado, que ayude a creer y por lo tanto a crear la posibilidad de cambiar al mundo.

La educación popular que forma parte de nuestra praxis, busca coherencia entre su sentido emancipador y su concepción metodológica, haciendo del diálogo un aspecto fundamental de su radicalidad democrática. En el proceso así realizado, hay diálogo de saberes entre educadores/as y educandas/os, siendo tan importante o más que la transmisión de saberes, el momento de creación colectiva de nuevos conocimientos, la formulación de preguntas que inviten a la investigación de lo que todavía no conocemos, la actitud abierta desde la curiosidad frente a lo desconocido y a lo no inventado todavía. Es una manera de aprender al mundo transformándolo, y en su transformación aprehender sus sentidos más profundos; partiendo de la necesidad y del interés de los sujetos que constituyen el proceso político pedagógico emancipador, y no de los saberes autosuficientes de quienes creen saber lo que se "debe enseñar". Pedagogía de la pregunta, no como ejercicio retórico, ni como movimiento demagógico que infantiliza a quienes se dirige, inquiriendo por lo que el docente ya conoce, sino formulación de aquellas preguntas que abren nuevos espacios para la indagación, para la crítica, para encontrar las llaves de nuevos conocimientos. Esto requiere una actitud concreta de humildad, no declamada sino ejercida, desde la conciencia de que los saberes alcanzados son incompletos, tanto por el educador o la educadora que queremos ser, sino también por la humanidad en su conjunto. 

Enseñar lo que sabemos y lo que no sabemos, aprendiendo de lo que saben y de lo que no saben quienes de nosotros/as aprenden, enseñar aprendiendo, aprender enseñando, no es sólo una concepción pedagógica que favorece la recreación de las teorías y las prácticas transformadoras. Es también una forma de pensar la lucha y las organizaciones populares que la sostienen y multiplican. Es el desafío abierto a todas las formas de autoritarismo que pretenden legitimarse en supuestos saberes, establecidos jerárquicamente desde un lugar de poder (aunque éste sea del campo contrahegemónico). Es una manera de pensar y actuar en la que las palabras pesan tanto como los actos. Es la sospecha de que podemos crear organizaciones que no se autoproclamen como vanguardias por ser depositarias de un pensamiento supuestamente científico, al que solamente se puede acceder a partir de procesos de formación en los que los depositarios de la verdad "iluminan" a quienes ignoran las razones de su opresión y las maneras de combatirlas.

La educación popular es una pedagogía que enfrenta tanto a la ideología reaccionaria del fin de la historia, como a las ideologías conservadoras de algunas izquierdas, afincadas en certezas poco dialogantes con la realidad y con la experiencia popular. 

Navega a contracorriente de la hegemonía cultural impuesta, y lo hace con audacia, a mar abierto, sobreviviendo a los muchos naufragios. 

Pedagogía de los sobrevivientes de las tantas derrotas, no es derrotista ni reproduce la ideología de la resignación o de la adaptación; sino que estudia las experiencias frustradas para sacar de ellas lecciones que nos permitan luchar mejor y llegar más lejos. Pedagogía de los vencidos, busca caminos para salir a flote, para no neutralizarse por las cicatrices que producen las caídas, como son el florecimiento de corrientes posmodernas -que niegan la vitalidad de los proyectos revolucionarios-, y sus contrapartes de sectarismo dogmático -que niegan la diversidad de experiencias en lucha contra la opresión achicando el concepto mismo de la praxis emancipatoria-. Estas dos posiciones, reforzándose mutuamente, constituyen factores de fragmentación del sujeto popular.

La educación popular integra distintas formas de expresión. Pone en juego el cuerpo, las ideas, los sentimientos, en los procesos político pedagógicos, de la misma manera que nos involucramos en la lucha: con todos los sentidos. Abre la posibilidad así de imaginar nuevos vínculos, acompaña los esfuerzos de creación de nuevas experiencias, y permite soñar una nueva sociedad, haciendo de la vida una aventura abierta a las múltiples posibilidades de creatividad humana.


(1)  Expresión del Che Guevara.
 
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