Dialogo con Rosa Rúa Nahuelquir - Una mujer mapuche y la lucha contra Benetton Imprimir E-Mail
ENTREVISTA A ROSA RÚA NAHUELQUIR, INTEGRANTE DE LA COMUNIDAD SANTA ROSA LELEQUE, CHUBUT

Comunidad Santa Rosa Leleque,
 territorio recuperado 
1 de junio de 2007

-Rosa, queremos que nos cuentes la historia de la comunidad.

Rosa: nuestro conflicto comenzó en el 2002. Estábamos cansados de trabajar para las empresas, cansados del manoseo del lugar donde uno trabaja. Decidimos volver a la tierra, a este lugar donde vivieron nuestros abuelos, nuestros antepasados. En el 2002 volvimos, trabajamos, teníamos una casita como ésta, nuestra siembra, animales. Después, al pasar los días, nos llegó una denuncia de que este lugar le pertenecía a Benetton, que él era dueño, que tenía título. Nos hizo una denuncia por usurpación. Aunque nosotros les decíamos que este lugar nos pertenecía, los abogados de Benetton y el administrador de la estancia, Ronald Mac Donald, nos dijeron que Benetton lo había pagado.

-¿Cuánto tiempo estuvieron acá en ese momento?

Rosa: estuvimos dos meses. En ese momento estaban mis hijos e hijas. Entre todos pudimos trabajar bien y construir todo lo que hicimos. En octubre del mismo año, nos desalojaron. Llegaron con una orden de desalojo del juez Collabelli. Nos tiraron la casa, nos destruyeron la siembra, se llevaron todo lo que teníamos. Fue un desalojo bien violento. Le pasaron una máquina por arriba de la siembra y de las plantas, para que no quede rastro de nada.

-¿Ustedes estaban en ese momento?

Rosa: sí, estábamos los dos, Atilio, mi marido, y yo. ¿Qué podíamos hacer frente a doce milicos? Además venían con perros y armados. Es como si hubieran estado buscando grandes delincuentes. En ese momento Atilio dijo que eso no se iba a quedar así, que él algún día iba a volver nuevamente al lugar.
Después viajamos a Italia y tuvimos una charla con Luciano Benetton. Nos dijo que en 24 horas iba a dar solución a este conflicto. Quisimos que él nos firme lo que había dicho y él nos dice que no va a firmar nada, que su palabra de hombre vale mucho más que un papel. Todavía no llegaron las 24 horas para él y todavía no hace valer su palabra. Nosotros hicimos cartas para ver si nos respondía algo sobre este conflicto y nunca tuvimos respuestas.

-Cuando fueron a Italia, ¿fueron con Pérez Esquivel?

Rosa: sí, él vino también. También fueron Mauro Millán (Organización Mapuche-Tehuelche 11 de octubre) y Gustavo Macayo, que en ese momento era el abogado, junto con nosotros dos. Se armó mucha confusión porque ellos nos querían pagar un solo pasaje para ir y una organización de Italia nos ofreció enfrentar todo el gasto para que fuéramos los cuatro. Benetton no pagó ninguno.

-¿Dónde vivían en ese momento?

Rosa: en Esquel. Antes del 2002 yo trabajaba en Esquel, en una fábrica textil. Estuve 16 años trabajando y ganando $0,80 la hora. Uno se cansa de todo eso y al volver al lugar uno piensa que va a ser mejor. Lo que uno siembra o hace en el lugar es para uno, no para el patrón o aquel que nos está explotando. Yo cosía y tenía que estar 13, 14, 15, 16 horas sentada. Eso no lo reconocían como un trabajo porque nos decían que estábamos todo el tiempo sentadas, que no nos cansábamos. Por eso en el 2002 volvimos e hicimos lo que queríamos hacer.

-¿Qué pasó durante ese tiempo a nivel judicial?

Rosa: en ese tiempo se hizo el juicio oral y público. Se hizo el 26 de mayo de 2004. De una parte salimos absueltos, se resolvió que no éramos usurpadores. El 29 se dio la otra parte del juicio donde se resolvió que las tierras pertenecen a Benetton. Nosotros éramos libres, no teníamos culpa de nada pero la tierra era de Benetton. Después de eso hicimos cartas a la opinión pública para que se entere que nosotros no habíamos renunciado a la lucha. Nosotros siempre pensamos en volver pero no sabíamos cuándo.
La 11 de octubre nos estuvo acompañando y después estuvimos solos. Fue Atilio principalmente el que siempre siguió con la lucha. Decía: no puede ser que un extranjero venga y me saqué del lugar. Volvimos a hablar nuevamente con Mauro de la 11 de octubre y empezamos a ver de qué manera podíamos volver al lugar. La idea de volver al lugar fue de Atilio y mía. La familia Curiñanco nunca renunció a este lugar, siempre lo tuvimos presente, porque en este lugar dejamos parte de nuestra vida, de nuestro proyecto, de la ilusión que teníamos de estar tranquilos en el lugar. Por todo eso, nunca dejamos de luchar.
El 14 de febrero volvimos pero como comunidad. Hablamos con el abogado y nos dijo que para que no nos desalojen del lugar teníamos que ser una comunidad. Si volvíamos los dos solos, posiblemente nos iban a volver a desalojar. Por eso fue que Mauro y Luis Millán están también acá adentro de la comunidad.  Hoy se ha formado una comunidad.

-¿Cuánta gente vive?

Rosa: Mi familia, mis hijos y mis nietos. Además de Mauro, su mujer y Luis. Pero los que más permanecemos en este lugar somos nosotros. Después de luchar tanto no es cuestión de venir un ratito y dejar el lugar. Hay que sostener esta lucha. Después que volvimos nuevamente los abogados de Benetton nos hacen una denuncia por usurpación. Nos acusaban de cortar el alambre y en realidad no lo cortamos. Por eso nos desestiman la denuncia de usurpadores. Lo que quieren es ver la personería jurídica para podernos reconocer como una comunidad.

-¿Cuánto hace que Fernando Kosovsky es abogado de la comunidad?

Rosa: tres meses, desde la vuelta. Después del juicio, Gustavo Macayo dijo que no quería seguir porque se sentía muy acorralado. Estaba muy solo en esto.

-Ahora tienen ustedes una denuncia contra Benetton.

Rosa: Es una denuncia por usurpación. Él nos hace una denuncia a nosotros con un título de 1880 has., diciendo que es dueño de la tierra. Es un título que no tiene mensura, dice que la tierra está expuesta a mensura.
Esto antes de ser de Benetton era de los ingleses y estos tenían un permiso precario, que es lo que tiene Benetton. Pero él dice que tiene título de propiedad. Pero si no se ha hecho la mensura, no puede tener título de propiedad.

-¿Qué significa luchar contra Benetton?

Rosa: Muchos me han hecho esa pregunta, sobre qué sentimos. Es un monstruo por la plata porque ese día que estuvimos frente a frente, le sacas la plata y es una persona como nosotros. Lo único que le vale es la plata que tiene. Antes, nuestros abuelos, incluso los propios padres, tenían mucho miedo de enfrentar a la justicia, tenían miedo a las denuncias. Respetaban mucho a la justicia. Una vez yo siendo muy chica veía como los milicos traían preso a mi papá, arriba del caballo, atado. Después de este conflicto, yo pensaba si hay que tenerle tanto miedo a la justicia. Uno no tiene que dejar que le pase lo mismo que a nuestros abuelos y padres. Yo siempre digo que ni porque sea Benetton, ni porque tenga tanta plata, ni porque tenga tanta tierra, ni porque tenga el poder, hay que asustarse.
Sirvió verlo cara a cara, es una persona muy arrogante. Aunque tenga tanta plata, yo no le tengo miedo. Si nosotros hubiéramos tenido miedo de enfrentar a Benetton, de que nos hiciera otra denuncia, no hubiésemos pensado en volver.             

-¿Benetton ofertó tierras, verdad?

Rosa: sí, pero no a nosotros. Se las iba a donar al gobierno, al gobernador de Chubut, Mario Das Neves. No lo pudo hacer porque el gobernador lo rechazó. Porque los mapuche se tenían que ir a vivir al medio de las piedras, adonde no se puede hacer nada. No eran tierras productivas. Era una tierra para decir: acá tiramos a los indios y que queden en este lugar. Una vez me preguntaron sobre esto y yo dije que el que se tendría que ir a vivir ahí es Benetton, para ver si puede criar animales, hacer quinta o sembrar todo lo que quiera. El gobernador lo rechaza para quedar bien, pero eso fue una trampa más de Benetton. Él dice que va a comprar esas 7000 has. y se las dona al gobernador para que se la entregue a los mapuche. Pero después, con el tiempo, nos enteramos que esa tierra se la sacó a una familia mapuche, la desalojó de ahí. Pero porque era Benetton esa familia mapuche tuvo miedo de enfrentarlo. Como el gobernador rechaza esa donación, la tierra sigue quedando para Benetton y sigue acumulando tierras. Las compró especialmente para donarlas.

-¿Cómo fue la vuelta a la tierra?

Rosa: salimos de Esquel, nos juntamos en un lugar para que nos pasaran a buscar dos vehículos que habían contratado. Les dijimos a los choferes que pararan acá, en este lugar, que acá nos bajábamos. Les habíamos dicho que íbamos a otro lugar. Nos bajamos, ingresamos nuevamente al lugar y volvimos a recuperar todo esto. Esa mañana, el lugar nos esperaba con un viento frío. Hicimos nuestra rogativa, colocamos las banderas. Cuando hicimos la rogativa, llovió, salió el sol, salió un arcoiris, que representa algo muy fuerte entre los mapuche. Con todos esos colores, nos quería decir que nos iba a ir bien.

-Para vos como mujer mapuche ¿qué significa estar acá?

Rosa: Uno piensa en volver, en realizar cosas que no se pueden realizar en el pueblo. Por ejemplo, comenzar nuevamente a reconstruir nuestras costumbres, aprender nuevamente la cultura que nos quitaron. Hay muchas cosas que se pueden hacer, es un lugar muy libre, no es como estar en el pueblo en el que te sentís apretado, con un montón de gente. En el campo podés realizar cosas que en el pueblo no podés. En el pueblo, si te dan un casita con un pedazo de tierra, no podés sembrar ni realizarte espiritualmente. Para mí eso fue muy importante. Uno a veces no quiere decir que está orgullosa de ser una mujer mapuche luchadora, pero para mí es algo muy lindo volver al lugar que uno siempre soñó. Somos mapuche, gente de la tierra.            
La familia de Atilio era de esta zona. Yo soy de Cushamen. Soy bisnieta de Miguel Ñancuche Nahuelquir, que fue el creador de la colonia Cushamen. Yo vine de allí de muy chica. Mis padres se quedaron pero también la justicia los corrió. Se vinieron a El Maitén y de allí a Esquel.

-¿Qué diferencia vez entre la primera vez que volvieron y esta, respecto al apoyo de la gente, de los medios, en cuanto a ustedes mismos?

Rosa: cuando vivimos la primera vez, no hicimos que los periodistas se enteraran. No le avisamos a nadie. A veces uno no sabía de la comunicación. Creíamos que no teníamos que avisar ya que es un lugar que siempre nos perteneció. Lo único que hicimos fue una nota al IAC (Instituto Autárquico de Colonización) y avisamos a la comisaría que íbamos a volver al lugar. En ese tiempo no nos conocían pero después, con el tiempo, sí.
Al tomar la decisión de volver a recuperar el lugar mucha gente se enteró y se acercó al lugar, nos está acompañando. No volvimos nosotros solos, sino que vinieron muchos jóvenes mapuche a acompañarnos en la recuperación.

-En la primera recuperación ¿hubo rogativas también?

Rosa: En el 2002 también hicimos rogativas pero tal vez nos faltó mucho más. Eso quizás fue un error, venir e instalarte en un lugar y no hacer lo suficiente. Esta vez vinimos más fortalecidos, por la gente que nos está acompañando y también espiritualmente. Con el tiempo, uno va aprendiendo más.

-¿Qué desafíos tienen como comunidad, como mapuche? ¿cómo se ven de aquí en adelante? ¿qué tienen que fortalecer? ¿qué debilidades tienen?

Rosa: el desafío que nos queda como comunidad es que esta lucha la podamos hacer en conjunto. Que cada paso que demos como comunidad, ojalá los podamos dar todos juntos, no solamente una o dos personas. La palabra comunidad tiene que ser respetada como comunidad. Ese es el desafío que hoy tenemos, para caminar y hacer como comunidad. Ojalá que lo podamos lograr.
El otro desafío es que Benetton en algún momento reconozca sus errores, que nos devuelva el lugar, que nos deje vivir tranquilos, que podamos desarrollar este proyecto que tenemos. Ese es el desafío más grande para poder seguir adelante.

-Para el pueblo mapuche ¿cuáles son los desafíos?

Rosa: un desafío para el pueblo mapuche es que la lucha que se ha llevado sea tomada como un ejemplo. Que como pueblo podamos sentirnos realmente como pueblo mapuche. Eso sería lo más importante. A pesar de que uno no hace mucho que está en esta lucha y a veces nos faltan muchas cosas, nunca dejamos de pertenecer a la tierra, de ser mapuche. El gran desafío es también que salga todo bien y que le podamos ganar a Luciano Benetton y a la justicia. Que un día la justicia diga que Benetton está muy equivocado. Que esto sirva, aunque sea un poquito, para las demás comunidades, para el pueblo mapuche y para la sociedad no mapuche. Que ésta sepa entender y ver la lucha que uno ha llevado, tal vez no toda la vida pero es una lucha que uno ha comenzado y la ha sabido llevar bien. Es una lucha de hace poco tiempo pero para mí la lucha tiene que ser sincera, responsable, de mucha claridad. Eso es lo que siempre he pensado.  

-En tu historia personal ¿cómo te fuiste encontrando con tu identidad mapuche?  

Rosa: fue un proceso muy lento. Yo nací en Cushamen, en una comunidad mapuche. De muy chica fui desalojada de ese lugar. De ese lugar uno venía hablando en su idioma, en su lengua. Antes no conocíamos la lengua como mapuzungun, nosotros le decíamos el idioma paisano o la lengua. Cuando uno iba a la escuela, uno estaba acostumbrado a hablar a su manera y la maestra decía que no teníamos que hablar así porque nos iba a dejar de plantón en el rincón. Uno de a poco se fue olvidando de la manera de hablar según nuestras costumbres. Después cuando tuve más años, ya estaba olvidada. Hoy me he olvidado completamente de hablar la lengua. Me cuesta mucho nuevamente comenzar a hablar. Por ahí yo entiendo algunas palabras pero no se responder.
Comencé a sentir nuevamente que soy mapuche a través del conflicto que tenemos. No nos conocíamos como mapuches nosotros, antes nos decían paisano o indio. De grande sentí hablar mapuche y me preguntaba quiénes serán los mapuche. Después del conflicto uno fue viendo que nosotros somos los mapuche. Uno ha perdido tantas cosas que después, de grande, te cuesta mucho recuperar. Tenés idea, tenés pensamiento para hablar como nos dijeron que tenemos que hablar, pero no con nuestra lengua.

-Es interesante esto que vos decís, de reencontrarse con la identidad a partir del conflicto porque hay que pelear por un elemento cultural como puede ser el reconocerse en esa identidad mapuche, eso te da fuerza en el conflicto mismo.

Rosa: no siempre me reconocí mapuche. Antes cuando era más chica tal vez sí, pero después al pasar los años nos cambiaron el pensamiento, la manera de vestirnos. Me acuerdo una vez que fui a la escuela con una pollera larga, con trenzas y con un pañuelo. La maestra me dijo: “Rúa Nahuelquir, ¿qué está haciendo usted vestida así?”. Yo no dije nada. Me contestó: “vení para acá”. Me sacó el pañuelo y me desarmó las trenzas. Me dijo: “usted hoy no se tiene que vestir más así. Está en una escuela que tiene que respetar”. En ese momento tenía más o menos 6 o 7 años.
Hoy, después del conflicto, esta lucha nos ayuda más, reconociéndonos por lo que somos. Después, yo me largué a buscar la historia de mis padres, de mis abuelos, de dónde realmente uno viene. Tenés que saber bien tus raíces, dónde naciste, porque naciste en ese lugar. Una vez me dijeron que mi bisabuelo era un traidor porque le entregó mucha gente a Roca. Eso siempre se lo recalqué a cualquiera, que mi bisabuelo no fue ningún traidor, que si entregó gente en la época de la conquista del desierto era para salvar a su gente.
Cuando recomencé la lucha, fue importante el consejo de las papay. Han venido acá y nos han acompañado. Desde el 2002 vinieron varias. Recuerdo que en ese conflicto vino una papay de Gulumapu (Chile) y ella me decía que nunca deje de luchar por este lugar. Me hablaba del newen, de que me iba a ayudar a volver a este lugar. Si llegara a venir la papay de nuevo, le recordaría ese día. Ella me decía que íbamos a volver a este lugar cuando menos lo pensáramos. Y fue así, cuando menos lo pensamos, dijimos tal día se va a hacer y se hizo.


Martín Vidal (Equipo de Educación Popular “Pañuelos en Rebeldía”)
Patricia Agosto (Equipo de Educación Popular “Pañuelos en Rebeldía” y Observatorio Latinoamericano de Geopolítica)



 
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