G. Caicedo - Mujeres latinoamericanplantean en Quito: Claves feministas para otro modelo económico Imprimir E-Mail

El 2 de agosto, se inició en Quito, Ecuador, el seminario “Un nuevo modelo económico: Experiencias y desafíos hacia la igualdad” organizado por la Red Latinoamericana de Mujeres Transformando la Economía (REMTE).

Uno de los objetivos del seminario es difundir los aportes teóricos para otra economía, desde un enfoque ampliado de la macroeconomía y de la sostenibilidad de la vida humana.

En la primera jornada de este evento, al que asisten decenas de mujeres latinoamericanas, intervinieron Antonella Picchio, catedrática de la Universidad de Módena, Italia, la brasileña Nalu Faria, coordinadora regional de la REMTE y militante de la Marcha Mundial de Mujeres.

Economía política de las condiciones de vida

Antonella Picchio expresó que las mujeres deben analizar dos ejes fundamentales para cambiar el actual sistema dominante. Primero, el problema teórico, es decir, la crítica de las teorías; y segundo, la práctica política que es el centro del conocimiento.

El problema teórico más importante de la economía feminista, es conceptualizar el tema del trabajo no remunerado, que es fundamental para la reproducción de la población humana, siendo este un proceso complejo e importante porque sustenta cualquier sistema social.

La cantidad de trabajo no remunerado es mayor a la totalidad del empleo remunerado, lo cual se mide con las encuestas del uso del tiempo, reflejándose la gran desigualdad de género que existe sobre el trabajo no remunerado, que se constituye en el centro de las relaciones patriarcales entre hombres y mujeres.

Esta desigualdad se basa, según las teorías, en dos paradigmas, el primero, ve al beneficio como desigual, y el segundo, lo analiza como producto marginal del capital, dentro del cual se considera al salario como aquel que proporciona los recursos necesarios para reproducir socialmente la mercancía del trabajo.

Esta teoría posee muchos vicios sistemáticos que solamente fijan su interés en lo monetario, que ahora también significa financiero; de esta manera, ayudan a mantener el control del Estado sobre la condición de vida debido a la existencia de un mercado global internacional que no es libre, sino controlado; además tratan a las cuestiones sociales como marginales, temporales, accidentales, y no como su problema estructural; pretendiendo ocultar que el sistema de mercado ya no es sostenible; sin embargo, se hace sostenible con el trabajo reproductivo de las mujeres.

En la actualidad, las condiciones de vida van inventando un mercado, y eso es muy peligroso, las mujeres desempeñan un doble trabajo, el remunerado y el no remunerado; entonces, las luchas son siempre sobre la condición de vida, pero la izquierda se puso a luchar por categorías como el trabajo y los trabajadores y no tanto por dichas condiciones, lo cual le hizo aceptar que estas son responsabilidad de las mujeres como un hecho personal y no lo consideran como hecho macroeconómico de política, sino como un problema entre hombres y mujeres.

Así según Antonella “se convierten en un problema estructural de las políticas, es por eso que todas las políticas deben ser evaluadas a nivel de las condiciones de vida desde una mirada feminista, porque conocen la multidimensionalidad del ser humano y conocen el ciclo dela vida”.

Claves feministas para otro modelo en América Latina

La segunda intervención del seminario estuvo a cargo de Nalu Faria, REMTE, Brasil, quién dijo que en los últimos años, el movimiento feminista ha ido consolidando una visión crítica del modelo capitalista patriarcal, y a la vez ha ido incorporando varias dimensiones feministas al mismo.

Las intervenciones de las mujeres dentro del modelo tradicional han permitido construir acciones que han llevado a visibilizarlas como actoras económicas, lo cual significa un análisis más allá de la esfera mercantil, reconociendo la esfera no mercantil del trabajo doméstico; de igual forma han realizado sistemáticamente una denuncia y resistencia a la sociedad de mercado, que, por su lógica, ha seguido aumentando y profundizando las desigualdades de género.

Nalu analiza cuatro claves feministas que servirán para plantear otro modelo económico en América Latina:

La primera relacionada con el tema del trabajo, ya que el movimiento feminista ha cuestionado la idea del trabajo vinculado a la producción de lo mercantil, logrando visibilizar cómo la división sexual de este se basa en una separación entre hombres y mujeres, con una premisa que mantiene que es más valorable el trabajo del varón.

La segunda clave se refiere a la soberanía alimentaria, la cual es una resistencia histórica de las mujeres que plantea la defensa del conocimiento de las mismas y rechaza todo mecanismo de mercantilización de la vida.

La tercera tiene su base en la soberanía y autoderminación de las mujeres sobre sus cuerpos, el derecho a vivir sin violencia, derecho a vivir y decidir sobre la maternidad, el tema del aborto, la familia, la sexualidad, recalcando la importancia de que este tema ya no puede ser visto como tema que compete únicamente a las mujeres, porque es un tema de género e involucra también a los hombres.

La cuarta clave se relaciona con la importancia de recuperar el rol del Estado, para que se convierta en un ente público, que garantice los “derechos universales, sociales e individuales conquistados en la lucha”, y actué para destruir las situaciones que generan desigualdad entre los géneros.

Nalu concluyó manifestando que “para lograr cambios en la economía feminista se debe salir de la retórica y tener la capacidad de construir un nuevo modelo basada en estos enunciados, esa es la única forma de romper el modelo y de poner en el centro de este la suntentabilidad de la vida humana”.
 
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