Diálogo con Vilma Espín - Las mujeres en la Revolución Cubana Imprimir E-Mail

UNA BICICLETA, UNA PISTOLA Y UNA MUÑECA

En el día de ayer, 19 de junio, falleció en Cuba Vilma Espín, una de las figuras emblemáticas de la Revolución. Mientras el pueblo cubano sigue desfilando en la Plaza de la Revolución para despedirla, compartimos este diálogo que tuvimos hace ya trece años, en la que recorría su participación en la lucha guerrillera, en las batallas por el socialismo, y por la plena integración de la mujer en la revolución. Nuestro homenaje a Vilma, a las guerrilleras de la Sierra Maestra, a las mujeres que transformaron la Revolución Cubana en un lugar de resistencia de los sueños, en las duras condiciones del período especial, y en ellas a todas las mujeres que continúan combatiendo por la plena emancipación de la humanidad.

Claudia Korol. 20 de junio del 2007, en vísperas del Inti Raymi


Presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas, miembro del Consejo de Estado de Cuba, Vilma Espín es, ante todo, una combatiente revolucionaria, que entregó toda su vida a la lucha por la transformación de su patria, y del mundo. Hablar con ella fue acercarse al humanismo que movilizó a los jóvenes que en la década del 60, enarbolaron la dignidad como bandera, para no arriarla jamás. Hablar con Vilma fue también, encontrarse con una amiga de todos los que luchan, en cualquier rincón del planeta. Fue recorrer como en un cuento, aquellas jornadas gloriosas que le dieron a Cuba la oportunidad de volverse ejemplo para el conjunto del continente latinoamericano. La charla se realizó en Buenos Aires, en septiembre de 1994.

América Libre: Quisiera que me cuente cómo se incorporó a la lucha revolucionaria.

Vilma: Yo estaba en la Universidad cuando fue el golpe de Estado de Batista. Estaba en cuarto año de ingeniería química, y realmente no había pensado nunca participar en política. Yo pensaba que lo que podía hacer por mi país lo haría como ingeniera, en su desarrollo. Yo no tenía una formación política, pero tenía preocupaciones, tenía indignación por lo que sucedía en la vida del país, por la corrupción. Sentía un gran desprecio por la política de entonces, y una gran admiración por todos los que lucharon en las guerras anteriores, en el machadato, cuando se derrocó al dictador Machado, y a toda esa gente dependiente de los yanquis. Pero no tenía plena conciencia de lo que significaba la entrega total económica, política, a los EE.UU., de todos los gobernantes. Cómo habían arrasado con todo y eran dueños de una buena parte del país. Cuando Batista da el golpe de Estado, sentí que ya se colmó la copa. No es porque yo tenía planificado nada políticamente, sino por la rebeldía de decir: esto ya es el colmo. Fíjate que incluso en la Universidad, los compañeros siempre querían que fuera delegada de aulas. Nunca quise, porque decía que no servía para hablar en público. ¡Imagínate tú! Y me decían: si tú en una asamblea enseguida empiezas a hablar. Y digo: ¡ah, sí, pero para defender los principios!

América Libre: ¿De dónde venía esa inquietud por los principios?

Nosotros éramos de una familia de clase media acomodada. Mi padre era subdirector gerente de la Bacardi. Aunque era gente de origen humilde, pero nos criamos sin dificultades. Mi mamá era descendiente de franceses. Era francesa, porque nació en un consulado francés, pero se crió en Cuba. Ella estaba preocupada por estudiar cómo educar a los hijos. Siempre nos educaron en defender los principios, en la cosa de “tú naciste en esta casa, pero podías haber nacido en otra en la que no tuvieran nada para darte de comer”, y en la cosa de la justicia, de la verdad, de jamás una mentira. Principios muy fuertes en este sentido. A uno le dolía ver a un niño pidiendo limosna en la calle, ver la humillación de ellos, y la humillación de uno cuando tenía que darle dinero y sabía que podía hacer más por ellos pero no sabía qué. Eso fue en toda mi adolescencia, y en la Universidad. Yo no sabía cómo hacer algo por el futuro. Hay otros que sí. Incluso mi hermana era de la juventud comunista, que se llamaba socialista popular en aquellos tiempos, poco antes de lo de Batista. Pero yo no sentía eso de ir a un partido. Incluso cuando empezamos la lucha y trataban de captarme de todos los partidos, yo decía que no.
Pero bueno, ahí empezó a destacarse gente muy valiosa, como Frank País, un muchacho que tenía diecisiete años en aquel momento. Yo tenía veintiuno. Fran era un muchachito de la Normal, que siempre se destacó. Hijo de españoles, muy humilde, con ideas muy profundas, una de estas excepciones enormes.

América Libre: ¿Cómo comenzaron a organizarse?

Comenzamos a organizarnos en la Universidad. Después vino una organización de profesores universitarios, vinculada a unos militares limpios. En el 52 ya todo esto iba caminando. A principios del 53, llevan preso a un profesor universitario, y esta organización un poco que estalla. No le veíamos fondo, no veíamos cómo darle contenido a todo. Aunque planteaban, que fue lo que nos captó, que había que acabar con el 10 de marzo y con el 9 de marzo, con ese pasado oprobioso de los gobiernos corruptos. La organización se llamaba Movimiento Nacional Revolucionario, MNR. Era un planteamiento nacional, buscando gente limpia, entre profesores universitarios y estudiantes. Se fue haciendo de esa forma. En ningún momento fue un planteamiento clasista. Por ahí empezamos. Esto fue tomando fuerza en Santiago, y Frank País se fue destacando. Este movimiento era un poco un globo, porque estalló enseguida. Pero sirvió como para hacer las bases del Movimiento 26 de Julio, junto con la gente del Partido Ortodoxo. Ya a principios del 53, seguíamos trabajando a pesar de que esto había estallado. Pero Frank País se convierte en líder, y crea una organización, primero en la provincia de Oriente, y posteriormente un movimiento que se llamaba Acción Nacional Revolucionaria. Frank era un muchacho muy organizador, ya era maestro. En todos los municipios creó las bases. Cuando Fidel salió de la cárcel, le plantea a Frank que nos sumemos a él. Nos pusimos de acuerdo y empezamos ahí.

América Libre: ¿Qué recuerdos tiene del Moncada?

En julio del 53 es el ataque al Cuartel Moncada, y ahí Fidel se hace conocido. La gente de la Ortodoxia conocía mucho a Fidel, pero yo no sabía nada quién era. Fue muy conocido ese día. Nosotros mismos que estábamos en el otro grupo, tratamos de averiguar qué pasaba. Yo me fui al Moncada, no me dejaron entrar. Fui al hospital. Estaba todo el pueblo indignado, sabíamos que estaban asesinando a los muchachos. Fue una gran conmoción en Santiago de Cuba, que siempre ha sido muy rebelde, que siempre ha iniciado todos los movimientos. Esto levantó mucho la conciencia. Frank País estaba trabajando con vistas a un alzamiento. Toda la organización que estaba haciendo, tenía ese objetivo: ir captando armas, ir preparando a la gente para armarse, todas estas cosas poco a poco. Seguimos en ese trabajo, y cuando Fidel salió de la cárcel para México, se une todo, entre las bases de la Ortodoxia, y de este movimiento, de la gente que había ido al Moncada, va creciendo el movimiento. Frank se queda como organizador. Fidel ha dicho muchas cosas muy hermosas de él, porque bueno, murió muy pronto. Frank va a ver a Fidel, y plantean cómo organizarse.
Por ese entonces, yo fui a hacer un posgrado a EE.UU., ya estaba graduada de ingeniera. Ahí uno aprende lo que es EE.UU. Seguí en contacto con mi gente, y cuando estoy terminando el curso, aviso a México que voy para Cuba, si hace falta que pase por allá. Yo no conocía a Fidel hasta entonces. Me dicen que sí, y ahí conocí a Fidel, conocí a Raúl, estuve tres días, y me llevé muchísimas cartas, orientaciones, para cada provincia, y salí para cuba. Ya de ahí empiezo a trabajar de inmediato con Frank, un poco como ayudante, chofer, de todo.
Viene después el desembargo del Granma. Nosotros teníamos planteado hacer una insurrección, junto con el desembarco, para desviar la atención de las tropas. Pero lo que ocurre es que el barco tarda dos días más en llegar de lo que estaba calculado. Eso no fue positivo, porque estaban alertadas las tropas de que pasaba algo. Pero bueno, esa asonada de Santiago de Cuba fue fuerte. Nos asesinaron a tres muchachos, fuimos al entierro, saludamos la bandera; lo que no era nada coherente, no debíamos haberlo hecho, pero fuimos porque estábamos empezando. Esto se pudo hacer sobre todo en Oriente, y algo en otras provincias. Pero fue Santiago de Cuba la zona fundamental. Estaba planificado lanzar un mortero que teníamos al Moncada, pero falló. Sí se atacó la estación de policía, la policía marítima, y lo que estaba planteado que era dar un golpe y poder replegarnos después. En ese momento hasta se pensó en ir para la Sierra, porque nos preocupaba mucho que no sabíamos nada. Pero se decidió esperar. La ciudad, la gente decidió que no iba a volver a pasar como en el Moncada, con todos esos asesinatos. La gente recogió los uniformes, recogió las armas, nos metieron en sus casas. Increíble. Nos llevaron a algunos hospitales, pero con la gente custodiando para que no fuera la policía a recogerlos, a matarlos allí. De ahí, siguió una etapa de lucha muy abierta. Mandan tropas para Oriente, para Santiago. La clandestinidad se hace mucho más dura. Frank es muy conocido, y entonces tenemos que llevar mucho cuidado con él en la clandestinidad. Yo era la que le manejaba el carro, y también hacía otras tareas: trasladar la dinamita, trasladar armas, y otras cosas. Haydée Santamaría y Armando Hart estaban allí por la dirección nacional, junto con Frank. Fidel los había mandado para allá, y de ahí seguimos en la lucha clandestina.
En diciembre asesinaron a cinco jóvenes, cuando estaban poniendo bombas de ruido. El 30 de noviembre había sido la insurrección, y el 30 de diciembre habían salido a la calle esos jóvenes a poner estas bombas, para recordar a los muertos del mes anterior.
Asesinaron a esos cinco muchachos, incluso a un muchachito de quince años que quiso ir de todas maneras. Lo torturaron y asesinaron. Fue horrible aquello. Las madres entonces hicieron una gran manifestación de mujeres, con carteles que decían: “Cese del asesinato de nuestros hijos”.  Eso lo organizó nuestro movimiento, la gente nuestra. Fue muy interesante, porque la consigna era salir de una iglesia, y atravesar toda la calle principal, vestidas de negro y con velo. Pero bueno, ahí se sumaron todas las mujeres, hasta las pordioseras. Y además, los hombres estaban a todo lo largo de las calles. Esto para ellos fue terrible.
Como ya habían movilizado tropas para Santiago, tropas de asalto, esa gente estaba aterrorizada. Fíjate que pasaron por la casa donde estaba Frank, por la ventana, y yo le digo: “cierra ahí, cierra ahí, muchacho”, pero ellos no lo veían. En esa manifestación, Fran me dice: “no se te ocurra ir”. Claro, el Estado Mayor estaba en mi casa. Hasta a Frank lo tenía yo en la casa. Pero le dije: “yo voy a ir sólo a sacar fotos”.
Pero ¿qué pasa? Veo a las mujeres organizadas, vestidas de negro. Van bajando, y viene un jeep para asustar, frente a la manifestación. Ahí perdí la cordura, me tiré al medio, y empecé a discutir con un capitán de la seguridad y les gritaba: “¡pero ustedes no tienen madre!”. Y grité: “¡a cantar el himno!”. Y cantó todo el mundo, hombres y mujeres. Finalmente ellos no reprimieron, y nosotros fuimos hasta el diario, hicimos la denuncia, y salió en el diario del otro día.
Me dieron un regaño tremendo, muy duro. Tuve que sacar a Frank al otro día para la casa de enfrente. Era un barrio que todo entero conspiraba. Fueron a registrar mi casa. Ya desde abril a mi papá lo cogían preso a cada rato. Entonces tuve que ponerme completamente en la clandestinidad. Empezó una etapa de mucha represión. Asesinaban a jóvenes a cada rato. Hubo mucha lucha, mucho trabajo clandestino, organizar a la gente.

América Libre: ¿Cuándo se vinculó a la lucha en Sierra Maestra?

En febrero hicimos la primera reunión allá arriba, en la Sierra Maestra. Ya se habían repuesto de los muertos de Alegría de Pío, pero necesitaba mucho abastecimiento. Allí preparamos un informe cuando bajamos, de todo lo que hacía falta, y se comenzó de una forma regular el abastecimiento a la Sierra, que no era nada fácil, porque se cuidaba mucho la entrada a la Sierra. Tuvimos este primer encuentro, cuando fue el periodista norteamericano Matthews, y demostró que Fidel estaba vivo, pues los diarios decían que había muerto. Esto fue muy importante. Se reunió el movimiento ahí, y Fidel analiza cuál es la estrategia, y cuáles son las acciones que vamos a emprender. Fidel firma un manifiesto a la Nación, que se publica, se lanza, y todo el movimiento clandestino se va fortaleciendo. Los combates en la Sierra continúan, las tropas van tomándole armas al enemigo, va creciendo el Ejército Rebelde, sobre todo con campesinos que eran más fuertes, y conocían más aquello. Pero también con gente que estaba quemada en las ciudades, y los mandábamos para allá. Suben muchos de los mejores compañeros, de los más fogueados, varios de los que habían trabajado en el 30 de noviembre.
Para mediados de junio del 57, asesinan al hermano de Frank. Estaban haciendo la campaña electoral, y va uno de los “tigres” de Masferrer haciendo su campaña. Preparamos una gran bomba en el lugar del acto, pero tuvimos dificultades porque ellos echaron muchos manguerazos de agua, parece que previendo esto; y en esa acción murió el hermano de Frank, el más chiquito, en un tiroteo con los esbirros. En el mes siguiente, asesinan a Frank, y al dueño de la casa donde él estaba. Poco antes nos habíamos visto.
Yo estaba muy quemada, clandestina completa, y él me planteó que tomara la coordinación de la provincia de Oriente. El coordinador, coordinaba propaganda, finanzas, acción, contacto con campesinos, contacto con obreros, con otras organizaciones, etc. Frank le escribe largas cartas a Fidel, con varias propuestas. Se había organizado la milicia en las ciudades, que realizaban acciones por células. Estos muchachos hacían un juramento que lo guardábamos en un lugar muy seguro. Él le propuso vinculaciones de la Sierra con la estructura militar de las ciudades. Pero cuando Fidel recibe esta carta, acababan de matar a Frank. Ése fue un golpe muy duro. Fidel dijo entonces: “¡qué bárbaros, no saben la inteligencia, los valores que han asesinado!”.
Los tiempos se hacen muy difíciles. Hay mucha represión. Se hace un alzamiento en Cienfuegos, coordinado con nosotros. Fue un movimiento de marinos. Teníamos también contactos en la aviación, y a un compañero nuestro se le dio el nombramiento de jefe de trabajo con los militares.
Se hicieron varias acciones en distintas provincias. Muchos compañeros murieron en esas acciones. Fidel sigue avanzando y consolidándose en la Sierra.
Estando todavía vivo Frank, le propuso a Fidel, para levantar un poco la presión sobre la Sierra, abrir un segundo frente en el norte de Oriente. Esto se inicia y fracasa-
Aprovechando que la acción del Directorio en abril, en el Palacio, había permitido conseguir muchas armas que quedaron sin usar, se mandó un poco para la Sierra, que se usó en la batalla de El Uvero. Pero cuando matan a Frank, había fracasado la cosa del segundo frente, y ya Fidel va organizando la idea de hacer una marcha hacia Occidente, como había hecho Maceo, con el Che, con Camilo.
En marzo del 58, yo voy a la Sierra. Ya me habían nombrado miembro de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio. Allí se discutió todo, si se hacía la huelga, que después fracasó…
En junio del 58 se crea el Segundo Frente. Nosotros apoyamos todo esto. Nos tocaba establecer contactos mantenerlos. En una reunión posterior a la huelga, yo cruzo para hacer el análisis. Raúl estaba en el segundo frente. Voy al segundo frente, y fue entonces cuando Raúl coge a 50 yanquis, marinos que iban de franco para santiago, administradores de algunas fábricas de la zona, sobre todo de níquel, madera, y azucarera. En ese momento se estaba bombardeando la Sierra de una forma tremenda, para aterrorizar al campesinado, y que repudiara al Ejército Rebelde.
Nosotros, por vía clandestina, obtuvimos fotografías de cómo los aviones cargaban bombas en las bases y luego nos bombardeaban.
Allí les dijimos: “esto no es un secuestro, ustedes son los testigos internacionales que necesitamos, para que vean lo que hace su gobierno, y los que aquí están subordinados a él”. Algunos de ellos decían: “nuestros taxis están haciendo esto”. Llegaron periodistas de todo el mundo. Figúrate el gran escándalo: 50 yanquis ahí. Yo subí en esa ocasión, y ya me quedé. Estaba muy quemada. Raúl le planteó al Movimiento que debía quedarme allá, que no tenía sentido que yo volviera a la ciudad. Me quedé los seis meses de la guerra allí, en el Segundo Frente. De ahí surgió el romance, y nos casamos después del triunfo, el 26 de enero.

América Libre: ¿Cómo fue que se incorporó a la lucha por la organización de la mujer en la revolución?

En ese momento no se me ocurría nada de eso. Yo realmente no pensaba en mujer y en hombre, porque realmente en toda la lucha había dirigentes mujeres, no era yo sola. Se trabajó de manera muy integrada, entonces no habíamos pensando en nada de mujeres.

América Libre: Sin embargo, cuando el Che escribe sobre el papel de la mujer en la guerrilla, le atribuye un rol fundamentalmente de carácter de apoyo logístico.

Sí, hubo un gran debate sobre eso entre las mujeres, y Fidel apoyó.  Se creó un pelotón femenino en los seis últimos meses de la guerra. En realidad, muchas mujeres se incorporaron. En la clandestinidad, eran muy importantes.
En esos tiempos se usaban esas faldas anchas, que tenían vuelos abajo, y eran muy útiles para llevar las bombas, las armas. En todo esto, las mujeres iban siempre con los jóvenes. Pero además, para realizar un atentado, siempre considerábamos que se veía mejor una mujer. Ya al final de la guerra se daban cuenta que la mujer estaba metida también, entonces fue igual. En la montaña, las mujeres fueron mensajeras, en muchos casos. Fidel tuvo mensajeras excelentes, y amuchas las asesinaron. Era una cosa muy peligrosa. También hubo mujeres en la parte logística. Y también fueron cuando se comenzó a pedir médicos, dentistas, abogados, para las cosas de las leyes de la pequeña reforma agraria que comenzó allí. Por otra parte, cuando tuvimos la primera reunión con Fidel, él planteó la necesidad de que haya un movimiento fuerte de resistencia cívica, porque teníamos mucho apoyo de la población. Y mucha gente respondió a esto. Se hizo un gran movimiento de resistencia cívica con gente de todo tipo. Muchos de ellos después de comprometían y entraban al movimiento, y otros colaboraban desde allí. A muchos lo mataron. Mucha gente trabajó en eso. El tiempo que yo estuve clandestina, fui a no sé cuántas casas. Ellos cuidaron a Frank, después a mí. Era un riesgo grande. Sin embargo, mucha gente trabajó en eso.
En el año 58, las mujeres que están en la Sierra le plantean a Fidel que cuándo les toca las armas a ellas, que ya llevan un año ahí. Han sido mensajeras, encargadas, han subido montañas, han estado en las condiciones más difíciles, han estado organizando campamentos, cocinas, talleres. Entonces Fidel dice que tienen razón, y él mismo las entrena a las que llevaban más tiempo y tenían más condiciones. Se crea un pelotón femenino, que fue exitoso desde el primer momento, y que trabajó ahí hasta el final de la guerra.

América Libre: ¿Y qué le sucedió después del triunfo?

Después del triunfo, yo pensé que iba a ir para una fábrica, a la cosa del desarrollo. Pero bueno, al principio me pusieron a dirigir una estación de radio, que se le puso Radio Rebelde después. Acuérdate que todavía éramos capitalistas. Eran unos momentos de transición bastante difíciles, porque teníamos que estar en los centros de trabajo, evitar que se filtrara lo contrarrevolucionario en la información, y yo de eso no sabía nada. Eso fue en los primeros meses, fui directora ahí. Ésa era una estación que tenía mucha gente que había trabajado en la clandestinidad. Y que habían trabajado con nosotros.
Pero bueno, las mujeres fueron muy apasionadas de la revolución desde el primer momento. Imagina tú que el primero de enero, antes de salir de Santiago para La Habana, Fidel plantea fundamentalmente que tendremos la educación gratuita y para todos, la salud gratuita y para todos, el respeto a los derechos de la mujer y su plena participación. Que las mujeres habían participado en la guerra, y tenían que seguir participando. El resultado es que las mujeres muy pronto comienzan a organizarse, a querer participar en toda la obra revolucionaria.
Entonces, empiezan a acercarse a mí, a Haydée, a otras compañeras que conocían. A Haydée Santamaría la nombran al frente de Casa de las Américas, y entonces me dice, sigue eso, ayuda a que se organicen las mujeres. Se habían organizado las Madres de los Mártires, organizaciones campesinas de mujeres. Me viene a ver una compañera del Partido Socialista Popular, que me dice que iba a haber un congreso en Chile por los derechos de la mujer y el niño. Ya se habían acercado otras mujeres con la idea de crear una organización femenina. Yo me quedé de una pieza. Pregunté: ¿una organización de mujeres solas? ¿y para qué? Me dicen: por la discriminación de la mujer, y por los problemas que tiene la mujer para poder hacer algo. Yo dije: entonces tenemos que hacer una de negros también. En ese momento, te digo que yo no entendía muy bien la cosa. Aunque claro, una había estado en el monte. Había visto hasta dónde llegaba la situación de la mujer campesina, y una fue empezando a trabajar con ella.

América Libre: ¿Pero tú no piensas que hay una cultura machista que sobrevive hasta hoy, inclusive en el marco de la revolución?

Sí, y es difícil ir cambiando. Mira, ese proceso viene de hace miles de años, desde que la mujer se convirtió en propiedad, prácticamente. La mujer se convirtió en propiedad, porque era la que garantizaba la seguridad de los hijos, de que esos hijos eran de esa mujer. La mujer fue siendo una seguridad en cuanto a la procreación, a la multiplicación de la familia. Pero de esta misma forma, en la medida en que fue evolucionando la sociedad, se fue quedando relegada a estos papeles. Cuando las personas entran a estudiar, la mujer no tiene esa oportunidad. Esto lo discutimos muy fuerte ahora en la cumbre de El Cairo. Decíamos: si ustedes quieren disminuir la población, la mujer tiene que saber qué significa la planificación familiar. Para eso tiene que saber leer y escribir y tener un nivel de cultura suficiente.
Pero lo interesante es que después de la década de la mujer, que hicimos del 75 al 85, los resultados fueron importantes. Ésa fue una iniciativa que planteó la FDIM (Federación Democrática Internacional de Mujeres), que es una organización con status consultivo en las Naciones Unidas: la propuesta que el 75 fuera el año de la mujer. Juego allí decidimos que fuera la década de la mujer, y se planteó que en el 95, antes de terminar el milenio, tendríamos esta reunión que se hará en Beijing.
En el caso de Cuba, tenemos ganada una parte enorme de la batalla. Eso ha ayudado, porque demuestra que se puede. En un país chiquito, bloqueado, agredido por los EE.UU., amenazado, atacado, se han dado avances en la participación de la mujer. En ese sentido, es un ejemplo.
Aunque para nosotros ha sido todo muy duro, y éste es un momento muy difícil. Porque en este período especial, la cosa cotidiana recae mucho todavía sobre la mujer. A pesar de que hemos avanzado, el machismo sigue, incluso en la mente de la mujer también.
¿Sabes qué pasa? Que el estereotipo es terrible. Las madres afectan más al varón, porque según esta tradición, las madres educan a los niños en que “tú no puedes llorar”, no se le atiende la afectividad, se lo manda a la calle a jugar, mientras la niña aprende, le enseñan a hacer cosas. Esto tú puede verlo como una esclavitud también, pero en realidad, la mujer se puede desarrollar mucho más rápidamente. Incluso en nuestra sociedad, que es una prueba fantástica de que estos estereotipos quedan.
Nosotras, en la Federación de Mujeres Cubanas, luchamos mucho para educar igual a la mujer y al varón, para desarrollar la autoestima de la mujer. Por suerte, desde el primer momento, creamos los círculos infantiles, donde se educa igual al niño y a la niña. Pero ya en la primaria, pesan el estereotipo de algunos maestros, y de la familia. Eso cuesta trabajo.
Mira, yo tuve que pelearme con la gente, para que no se dieran en los círculos infantiles juguetes de varón, y juguetes de hembra. Si yo a los Reyes les pedía una bicicleta, una pistola y una muñeca… ¿por qué los niños no pueden tener una muñeca, y las niñas una pistola?
Esto se fue abriendo paso a la fuerza, porque algunos papás se escandalizaban cuando veían a los niños con una muñeca. Trabajamos mucho con educación sexual. La mujer tenía quince hijos en el campo, a los treinta y seis años parecía de setenta, y se moría joven. Eso fue muy rápido, lo pudimos hacer.
Tuvimos que legalizar el aborto, para acabar con las muertes por aborto, y poner en el Código Penal que eso se podía hacer nada más que en los hospitales y con médico. El que viola eso tiene penas altas. Y también brindamos el servicio de anticonceptivos, muchos de los cuales son gratuitos. Tú te vas a poner un anillo, y es gratuito.
Estos avances fueron acompañados de la educación popular, que se hizo desde el primer momento. Educación popular, que en muchos casos, la impartieron analfabetos. En las montañas, en el primer año, las mujeres con sus manos levantaron hospitales, escuelas, círculos infantiles. Después, hacían guardia para que no se los quemara la contrarrevolución. Se habían ido la mitad de los médicos. Quedaban muy pocos médicos, y a la vez queríamos garantizar la salud gratuita para todos. Muchos médicos nunca habían estado en la montaña. Nosotros ganamos a las mujeres, multiplicando la acción de los médicos. Creamos postas sanitarias. Esas mujeres, que en muchos casos eran analfabetas, aprendieron cómo hervir el agua, la leche. Hicimos campañas de vacunación masiva. Enseñamos también a los maridos, que tenían que llevar a las mujeres cada mes a consultas por maternidad, y que tenían que parir allí.
Claro que enseguida se dieron cuenta que así había menos muertes, y eso avanzó muy rápido. Así que la mujer aportó mucho y ganó mucho prestigio. Es por eso que estoy segura que vamos a lograr salvar esta situación actual, con bastante sacrificio. Y en esta hora de sacrificio, la mujer es realmente formidable.

Entrevista realizada por Claudia Korol para América Libre, en septiembre de 1994

 
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