De eso no se habla - Roxana Longo Imprimir E-Mail

 

Desde una mirada histórica podemos visualizar que la sexualidad fue ocultada, silenciada y reprimida dentro de la sociedad y por consiguiente en el ámbito escolar. En este sentido Foucault sostendrá que si la sexualidad está reprimida, es decir, destinada a la prohibición, a la inexistencia y al mutismo, el solo hecho de hablar de ella, y de hablar de su represión, posee como un aire de trasgresión deliberada. (Foucault, 2002).(1)
Si pensamos que este precepto fue promulgado sistemáticamente a lo largo de la historia a toda la población, es fácil de imaginar cómo fue  direccionado y cómo seguramente incidió sobre el “infante”,  es decir, en aquellas personas que supuestamente carecen de voz, pensamiento lógico y sexualidad. Este tipo de prácticas y representaciones sociales en torno a los niños y niñas,  educandos y educandas, y a la sexualidad en la institución escuela, permite que visualicemos a la misma como un  dispositivo de saber-poder.
En la actualidad este panorama poco se ha modificado, la institución escuela, reconociendo sus crisis y devenires, parte de la premisa de que el saber se encuentra del lado del docente y la alumna/o es un sujeto receptivo, pasivo de los contenidos e informaciones que un “Otro” autorizado deposita en el/ella. En este sentido la institución escuela y la institución familia se articulan con la intención de unir un código moral, que contiene representaciones sociales y prácticas sociales en relación a que todo educando/a es posible de disciplinar, aleccionar y moldear en función de las expectativas hegemónicas de la sociedad. Este tipo de educación se caracteriza por promover sujetos pasivos, que  excluye no solo los conocimientos del educando/a, sus experiencias de vida, sino también sus demandas, sus sueños, sus deseos y sus sexualidades. Además de caracterizarse como una educación que sanciona las diferencias (de toda índole), que decreta la anulación de las sexualidades y los cuerpos, que reproduce determinados roles y mandatos sociales, y que refuerza mitos en torno a las sexualidades. Promoviendo a través de sus más diversas prácticas el “de eso no se habla”.
El no poder decir, no pronunciar, no manifestar, fue y es cuestionado y denunciado permanentemente en los reclamos y en las propuestas  del movimiento de mujeres y del feminismo en lo que respecta  particularmente a la denuncia de la existencia de una educación sexista que no solo niega las diferencias, sino que las patologiza.
Si bien, no se puede desconocer la sanción de la ley de Educación Sexual Integral Nº 2.110 que supuestamente prevé la incorporación de la educación sexual en las escuelas, en la práctica real resulta muy difícil cumplir con la misma, más allá las posibles miradas críticas que se tenga hacia la ley implementada. Los obstáculos que se presentan a la hora de ponerla en prácticas son múltiples. Me remitiré solamente a algunos de ellos que se asientan en la manifestación de las propias y propios docentes: “no tenemos una formación seria respecto al tema”, (maestra de cuarto grado, de una escuela pública de la CABA)  “Nos cuesta hablar de estos temas, es necesario que repensemos nosotros mismos, cómo nos atraviesa, eso no esta contemplado, no es lo mismo que enseñar una tabla de multiplicar. (Maestra de sexto grado, de una escuela pública de la CABA)  “No podemos tener herramientas en una jornada de trabajo solamente” (Maestra de sexto grado, de una escuela pública de la CABA),  “No tenemos trabajos en equipo para poder afrontar ciertos temas a los que no estamos acostumbrados a hablar (Maestro de séptimo grado escuela pública de la CABA)(2).
Las y los docentes dispuestos a incorporar la temática en la currícula exigen mayor seriedad y formación en lo que respecta al tema, por parte de las autoridades.  
Los desafíos que se presentan en relación a la educación sexual son de los más diversos, sobre todo si se apuesta a una educación sexual  como recurso para el cuidado y el disfrute del cuerpo, de la sexualidad  y de la salud en la que se trabaje sobre los mitos y prejuicios sobre las sexualidades y la educación sexual.
En este camino, nosotras como feministas, tendremos que continuar aportando en esta y otras batallas por la emancipación.


Roxana Longo: Psicóloga y Educadora Popular. Integrante del Equipo de Educación Popular Pañuelos en Rebeldía.

(1) Michel Foucault (2002)  Historia de la Sexualidad: La Voluntad del Saber. 1ª. ed.3º reimp. Buenos Aires Siglo XXI  
(2) Relatos de resultante de un taller realizado por el Área de Géneros y Educación Popular “Pañuelos en Rebeldía, sobre  sexualidades y géneros  con maestras y maestros de una escuela la Ciudad Autónomas de Buenos Aires Abril 2007

 
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