Gabriel Roser Imprimir E-Mail

Gabriel Alejandro Roser es un militante popular responsable de una huerta que funcionaba en Ringuelet, barrio donde él vivía y desarrollaba su militancia. También era, hasta el momento de su detención, el responsable general de la seguridad del MUP, Movimiento de Unidad Popular.

Gabriel tiene 26 años y está detenido desde el 29 de abril de 2004. Actualmente está alojado en la Unidad Penal de Magdalena.
Gabriel es un preso político a quien falsamente se le imputa un delito común, un robo calificado por el uso de arma.

Hoy se encuentra privado de su libertad por una causa groseramente armada por funcionarios policiales de la comisaría sexta de Tolosa, La Plata, accionar que fuera asimismo burdamente convalidado por el agente  fiscal Marcelo Eduardo Martíni, a cargo de la UFI 3 y el titular del Juzgado de Garantías N 3 Néstor De Aspro, en la IPP Nº  de Reg. 10743.

Hasta que ilícitamente se lo involucrara en este hecho, Gabriel carecía de antecedentes penales; sin embargo, hoy está detenido sufriendo prisión preventiva y con la causa elevada a juicio, por un hecho que cometieron otras tres personas, una de las cuales es hijo de un puntero del Partido Justicialista. Puntero a quien casualmente el MUP había denunciado unas semanas antes ante la Municipalidad de la Plata, por irregularidades en la distribución de alimentos, destinados a mantener un comedor para los chicos del barrio. Este hecho incrementó aun más la tensión que había en el barrio entre el PJ y el movimiento. No solo en Ringuelet se da esta tensión, sino que en todos los regionales y provincias donde se encuentra el Movimiento se lucha contra el aparato montado por el PJ nacional.

También hay que tener en cuenta los reiterados abusos de autoridad del personal policial de la comisaría 6ª, manifestándose en constantes detenciones para averiguación de identidad y antecedentes, a tal punto de detener siempre al mismo grupo de compañeros hasta dos veces por semana. Hay que destacar que la última vez que fueron detenidos, fueron brutalmente maltratados con el fin de fotografiarlos para incorporarlos al álbum de sospechosos de esa dependencia policial. A esto se le suma el seguimiento que les realiza la policía cada vez que los compañeros salen del barrio para ir a reuniones, movilizaciones o a realizar cualquier actividad relacionada con el MUP.
En el momento de la detención de Gabriel, el MUP, junto a otras organizaciones populares, se encontraban llevando adelante un importante plan de lucha contra el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, el cual por su alto grado de combatividad, obligó al Gobierno a saturar de policías las movilizaciones, hecho que a los movimientos nos exigió una seguridad bien organizada.

La detención

El 24 de abril de 2004, el comerciante y funcionario policial Marcelo Rodolfo Toni y otras dos personas, resultaron victimas de un robo a mano armada que se consumó en el autoservicio propiedad de Toni, hecho del que participaron al menos tres personas, quienes se apoderaron ilegítimantente de dos relojes pulsera, dos aparatos de telefonía celular y la suma de $890.

Inmediatamente de cometido tal delito, el mismo marcelo Rodolfo Toni, salió tras los autores del hecho a bordo de un vehículo propiedad de su amigo y también damnificado por el delito, Diego Hernan Casagna. Mientras dicho seguimiento se producía, éste comunicó lo ocurrido a sus compañeros de la seccional 6 de Tolosa, quienes se sumaron a la persecución, hasta que los sospechosos lograron darse a la fuga.

Luego de ello Toni, con su amigo Casagna, se trasladaron a la comisaria 6 a fin de participar en las diligencias de rigor. Esto es, suscribir el acta de procedimiento y prestar declaración testimonial. En esa ocasión, el comerciante y funcionario policial, quien, en esta oportunidad, se presentó sólo como comerciante, todo lo que afirmó es: “...que los malvivientes que perpetraron el delito resultan a simple vista (...)mayores de edad, uno de ellos (...) de aproximadamente 1,75 ms de estatura, de tez trigueña, de cabellos crespos de color oscuro, ondulados y cortos, cara redonda, de contextura física mediana, y el restante (...) de alrededor de 1,60 de estatura, de tez trigueña, cabellos cortos, oscuros, de contextura física delgada (...) A preguntas refiere que se halla en condiciones de realizar un dictado de rostro de los dos malvivientes que perpetraron el ilícito, y con relación al tercer sujeto, manifiesta que observó su rostro...” (fs. 1/3, y 8 y vta.).

Llama la atención que dos días más tarde cuando amplía su declaración testimonial ante el Fiscal Martíni, Toni, cambiara sustancialmente su primer declaración. En esta oportunidad, no solo aportaría la identidad de los presuntos autores, a quienes identificó como Timoteo, de unos 22 o 23 años, Rosi de 25 aproximadamente y un tercero apodado “el Chino” de 30 años o algo menos, llamativamente y para dar razón a sus dichos afirmó que conocía a los mismos de tiempo antes, por haber actuado respecto de ellos en su condición de funcionario policial de la comisaría 6ª de Tolosa y porque estas personas, “además”, habían cometido en reiteradas oportunidades, cuatro, delitos contra la propiedad que lo habían tenido como damnificado. También agregó que en otras cuatro ocasiones, las mismas personas se habían hecho presentes en su comercio con los mismos fines, no logrando su cometido, ocurriendo la última de estas el 19  de abril del 2004. (fs 44 y vta).

Dicho paquete de pescado podrido fue gustosamente adquirido y convalidado tanto por el fiscal Martini como por el juez De Aspro. Mas aun, cuando Marcelo Rodolfo Toni en una profecía de autocumplimiento y como tributo al olfato policial de sus compañeros, señalo la fotografía de Gabriel que días previos había sido incorporada al álbum de sospechosos de la 6ª.

Como corolario de todo esto el día 29 de abril de 2004, Gabriel es detenido en un procedimiento en el que no faltaron los golpes ni los destrozos. La copa de leche que funciona en el local del MUP que junto a la casa de Gabriel también sufrió destrozos en las instalaciones y alimentos que ahí se encontraban.

Es importante aclarar también que ninguno de los objetos robados ni el arma que buscaba la policía fue hallado en dicho procedimiento.
Al mismo tiempo se produjo un allanamiento en la casa del hermano de Timoteo, sin que se hallara a la persona buscada. Sin embargo, los policías golpearon a los compañeros del movimiento que allí se encontraban y se llevaron detenidos a dos personas que no tienen   vinculación alguna con la causa.

Desde el primer momento Gabriel afirmó su inocencia, pero mal asesorado por la defensora oficial y por ingenuidad, creyendo que todo se trataba de un mal entendido, solicitó que se lo exponga en una rueda de reconocimiento. Diligencia que fue cumplida por Toni y su amigo Casagna, no sin hacer ostentación del impune manoseo con el cual podía incorporar lo que desease en el expediente, consciente de que la suerte de Gabriel estaba echada (fs. 92 y 93).

Así, primero negó haber visto la fotografía que oportunamente se le había exhibido, y por cuyo reconocimiento Gabriel había sido detenido. Luego, como la contextura física de Gabriel es robusta y no mediana como afirmara Toni desde un principio, en relación a uno de los autores del hecho, la modificó para así ajustarla a las características de nuestro compañero.

Asimismo, como junto a Gabriel quiso involucrar a Timoteo, y éste resultó menor de edad, no tuvo ningún empacho en sostener que uno de los autores era de contextura chica y no llegaba a los 18 años. No obstante haber afirmado desde un principio, que a simple vista quienes habían intervenido en el hecho eran mayores de edad. Por ultimo al señalar a Gabriel, agregó un nuevo dato: ahora lo conocía por la zona donde vivía.
Nos preguntamos entonces, ¿Es lógico creer que quien ha sido damnificado por un ilícito en el cual se lo habría desapoderado de diversos bienes, constándole previo a prestar su primer declaración, la identidad y zona de residencia de los autores del mismo, frustre el esclarecimiento del hecho y con ello la posibilidad de recuperar los bienes de los que fuera desapoderado, aportando solo la descripción física, sexo, edad estimada, vestimenta y refiera estar en condiciones de realizar un dictado de rostro? Más aun, si tenemos presente que el testigo reviste la calidad de funcionario policial.

Y si la lógica no resulta aun suficiente para sostener la inocencia de nuestro compañero, vayamos a los propios dichos de Toni, cuando  ante el fiscal Martini, ratifica su declaración anterior y dice impunemente lo que se le viene en gana, sin siquiera hacer una aclaración y ésta, por cierto, tampoco le fue requerida por el agente fiscal cuando así  hubiera correspondido, no solo porque el curso natural y ordinario de las cosas  lo hubiera aconsejado, sino porque las normas que regula la actividad de los representantes del Ministerio Publico lo imponen (art. 56 del CPP, art. 54 Ley 12.061).

Es mas, el Fiscal Martíni debería haberle requerido que aporte datos sobre los hechos previos a los que hizo referencia, cúando fueron cometidos, quiénes fueron los damnificados, los testigos, los bienes ilegítimamente desapoderados, si los mismos fueron denunciados y tomar vistas de tales investigaciones. Pero nada de eso se hizo y ello no es casual. Puede constatarse en el sistema informático de Mesa General de Entradas de Fiscalia de Cámaras y Garantías de La Plata, que el señor Toni no reviste el carácter de denunciante/ victima/ damnificado en ninguna otra investigación, como tampoco Gabriel Alejandro Roser el carácter de imputado.

Otra pregunta que nos hacemos es ¿si Gabriel realmente estuviera detenido por ser el autor del hecho y todas las pruebas con las que cuenta el fiscal demostraran su culpabilidad, por qué motivo los compañeros del área de derechos humanos del MUP que estamos trabajando en el tema sufrimos persecusión, recibimos amenazas y hasta allanamientos injustificados?

Es por ello que la denuncia de la persecución de luchadores populares no se reduce a lo que tradicionalmente se ha entendido como criminalización de la protesta, sino que también se está echando mano para involucrarnos en delitos comunes.

 
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