Claudia Korol - La Educación Popular en Juego y el Juego en la Educación Popular Imprimir E-Mail

La experiencia de la educación popular se encuentra ante el desafío de asumir las profundas transformaciones que se producen en las resistencias populares, en las que existe un nuevo momento de resistencia, de creación de alternativas populares, que dan cuenta de una enorme creatividad, y capacidad de imaginación puestas en juego, tanto para sobrevivir, como para inventar nuevos caminos.
En este contexto, la educación popular pone en juego su acumulación previa, y tiene que abrirse a integrar nuevas dimensiones que son parte indisoluble de la vida cotidiana, espacio en el que se forjan valores y se va construyendo una nueva cultura contrahegemónica.
Como parte de este desafío, nos encontramos con la necesidad y la posibilidad de integrar de una manera más clara la experiencia y acumulación realizada por quienes trabajan en el campo de la recreación. Nos referimos a revalorizar, en las prácticas de educación popular, la dimensión lúdica posible de integrar de manera decisiva en los aprendizajes de los movimientos populares, a rescatar esta dimensión de las propias experiencias de lucha, a fortalecer, desde esta perspectiva, las búsquedas de autonomía, la imaginación, el protagonismo de hombres y mujeres como sujetos de la historia, y la posibilidad de salirse de las reglas del juego impuestas por la dominación, para crear y construir colectivamente, como parte de nuestros saberes y prácticas, otros juegos.
La educación popular, tiene como punto de partida las prácticas sociales históricas acumuladas en las luchas emancipatorias. Requiere, además, como parte de su proyección como herramienta liberadora, un diálogo con el conjunto de las ciencias sociales, experiencias formativas, y visiones del mundo que busquen aproximar aportes que sostengan la lucha contra las diversas formas de explotación y de alienación inherentes al capitalismo. En los últimos años, la implantación de los modelos neoliberales, ha exacerbado los niveles de alineación, agregando a los mecanismos de enajenación propios de la explotación capitalista, los que producen la exclusión de la producción, el consumo, la educación y la recreación. Debido a ello, se requieren multiplicar los esfuerzos para que la educación popular desarrollada con grupos que sufren estos niveles tan altos de enajenación, pueda tener un fuerte tono liberador, desalienante. Jugar y jugarse, pueden ser dos caras de la misma búsqueda. Adelantar en el juego las vivencias de otras formas de ejercer nuestras relaciones individuales y sociales, y jugar a la recuperación de la identidad agredida por la cultura colonizadora, jugar al encuentro de la educación, la resistencia, y la alegría, la esperanza, como necesidades ontológicas del ser humano; son posibilidades que se plantean para estas búsquedas.
En el camino, es imprescindible establecer un diálogo fecundo con quienes participamos de esta diversidad de propuestas. Diálogo teórico y práctico, realizado en el medio de las luchas, construcciones, juegos y búsquedas de los sectores populares.

 
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