Paulo Freire nos enseña que hay una concepción dominadora del “analfabetismo” que lo encara como una “hierba dañina” o como una enfermedad, de allí la expresión “erradicar el analfabetismo” utilizada por tantos gobiernos. En lugar de verlo como un derecho, el derecho a decir la propia palabra, se lo instaura como un “regalo” que hacen los que supuestamente “saben” a los que supuestamente “no saben”.

Sin embargo, en la realidad, ni nadie “sabe todo” ni nadie “no sabe nada”. Todos somos analfabetos respecto de un determinado código. Algunos de las palabras, otros de las notas musicales, otros de cómo manejar una herramienta.

En una sociedad tan injusta como la nuestra, las personas no han “elegido” ignorar el código, sino que han sido excluidos de aquellos lugares donde podían aprenderlo. Fueron excluidos por la sistemática intención de negar a lxs oprimidxs el acceso tanto a decir su propia palabra, como a conocer las palabras y las historias acumuladas por la humanidad.

En la vida cotidiana y en los procesos de lucha, aparece constantemente la necesidad de aprehender diversas formas de lectura, escritura y cálculo: escribir una consigna o cartel para una marcha, anotar qué vamos a cocinar en la Olla colectiva, calcular cuánto nos sale el pasaje para visitar a los presos, elaborar un volante, anotar las conclusiones de una asamblea, planificar un mural, hacer la lista de oradores, hacer un trámite, abordar un material escrito. Todxs nuestros compañeros y compañeras “hacen cultura” participando, pero muchxs no pudieron apropiarse de algunas de sus herramientas.

Alfabetizar entonces, es una tarea política importante, no es una ocupación mecánica. No es suficiente instrumentalizar el código de la lectura y la escritura. Lxs compas no son “vasijas” donde se vierte el conocimiento de las palabras, ni ningún otro. Nuestro compromiso es alfabetizar construyendo dignidad y libertad, ampliar el conocimiento para darnos voz, y luchar por la transformación.

El trabajo educativo se revela militante por los asuntos que trata, por las vivencias que deben ser “leídas” e interpretadas, vinculando las luchas por los derechos y buscando mantener la memoria de las luchas de lxs oprimidxs. “Leer” conjuntamente y “escribir” la realidad, reflexionar sobre la propia organización, poder comunicar las decisiones.

Entonces esta alfabetización que pensamos no es “adoctrinamiento” ni conocimiento aislado de las letras, sino dimensión formativa donde nos modificamos mutuamente educadores y educandos.