Patricia Agosto - La Autonomía Zapatista: Una mirada hacia afuera y hacia adentro Imprimir E-Mail

   Si hay algo que parece necesario para construir la resistencia al neoliberalismo es la autonomía. Sólo a través de ella se lucha y se resiste frente a los embates de este sistema, que sólo acabará de morir cuando cada pueblo enarbole una bandera propia junta a otra pintada con la sangre de todos los que murieron por enfrentarlo y los sueños de los que luchan para que otros nazcan en un mundo distinto.
   En la actualidad, varios movimientos sociales de América Latina, que se convirtieron en referente de otras muchas luchas, están compuestos por campesinos e indígenas, que tienen a la autonomía como una de las principales prácticas. Y no sólo como práctica. Cada práctica es precedida y continuada por teoría, que se va convirtiendo en nueva teoría, nacida de prácticas anteriores y enriquecida por el propio seguir caminando.
   Esa autonomía que están construyendo, apoyada en viejas y nuevas prácticas, tiene dos facetas: una externa y otra interna. La primera, a su vez, tiene dos vertientes: una, es una autonomía frente a los poderes constituidos, frente al capitalismo neoliberal, que implica no aceptar las reglas del juego impuestas, luchar por la vida para no morir de muerte regalada y defender, practicando, otra forma de vida nacida de la creatividad aplastada durante siglos de subordinación y sometimiento.
   La otra vertiente implica construir autonomía frente a otras prácticas que también se proponían, o se proponen, luchar por otro mundo pero cuyos métodos y formas no son los elegidos por algunos de los movimientos que protagonizan la lucha y la resistencia hoy.       
   La autonomía interna implica construir mirando hacia adentro del movimiento y de los individuos, que tienen una historia de prácticas previas que es necesario repensar para ver cuáles recuperar  y cuáles  recrear,  transformándolas  y  adaptándolas  a  las  nuevas circunstancias en las que se desenvuelve la lucha de hoy.  Es decir, esta autonomía implica la posibilidad de decidir qué aspectos se quieren rescatar y recrear de las experiencias históricas, de las tradiciones de las comunidades y de otras  prácticas de lucha, y qué aspectos se quieren transformar en un sentido más democrático e igualitario.
   No cabe duda que uno de los movimientos sociales que más ha contribuido en esta construcción es el zapatismo, que no sólo se plantea la autonomía frente al destino manifiesto de los excluidos en este sistema sino también la autonomía indígena respecto al estado mexicano y ante las formas tradicionales de ver y ejercer la política, y también frente a otras prácticas de izquierda y ante aquellas características tradicionales de las comunidades indígenas que no permiten construir una verdadera democracia que valorice lo colectivo frente a lo individual, sin perder de vista el aporte que las decisiones individuales hacen a la construcción colectiva de la resistencia. Es necesario volver al pasado, actualizar la memoria histórica,  recuperar las luchas que antecedieron a la rebeldía zapatista y re-crear todos aquellos aspectos del pasado de las comunidades y de los individuos que permiten construir un futuro diferente al que pusieron de oferta para los explotados –estén dispuestos o no a comprarlo, esto poco importa- los dueños del poder.
   Abarcando estas dos facetas de la autonomía, los zapatistas han planteado también la necesidad de dar autonomía a las palabras, es decir, recuperarlas dándoles un sentido distinto al que nos han impuesto. Conceptos como democracia, poder, política, autogestión tienen un sentido determinado en el mundo externo y la propuesta zapatista es darles un sentido entre tradicional y nuevo que implica que se autonomizan de ese sentido dado y se recrean al interior del movimiento.     

 La autonomía hacia afuera
   La autonomía planteada respecto al destino de los explotados en el sistema capitalista, y muy particularmente en esta etapa de explotación global, ya se haya presente en la Primera Declaración de la Selva Lacandona, con el “Ya basta” que emanó de las entrañas más profundas de la historia de México. Allí queda de manifiesto que los zapatistas proponen comenzar una guerra contra ese destino, construyendo un camino autónomo y recuperando las luchas populares mexicanas de las cuales se consideran continuadores.
   Y en este grito no sólo recuperan el pasado de lucha sino que convocan “a todos nuestros hermanos a que se sumen a este llamado para no morir de hambre ante la ambición insaciable de una dictadura de más de 70 años...”.(1)  Es una lucha que debe ser colectiva y protagonizada por todos los que han sido despojados de la dignidad a lo largo de la historia. En esta Declaración enuncian los antecedentes de lucha de los mexicanos e identifican a los enemigos y traidores que ocupan un lugar central en la historia oficial. Y frente a ésta, rescatan “otras historias” ignoradas y acalladas desde siempre por el grito ensordecedor de la historia contada por los vencedores. Es otra manera de construir autonomía, en este caso frente a “La historia” que nos hacen creer que es única, determinante de nuestro presente y por ende, inmodificable. Así reescriben las historias -que entonces ya no es “una” sino “muchas”,  considerando a los diferentes protagonistas que la actúan-, denuncian y demuestran la actualidad del pasado de explotación y reactualizan la memoria colectiva para extraer del pasado valores de lucha y resistencia. Así, en este camino de reescritura de la historia es que se proponen la reapropiación de símbolos que, habiendo sido apropiados por el estado mexicano, habían perdido significado para los sectores populares. Uno de estos símbolos es precisamente el Caudillo del Sur, Emiliano Zapata, a quien el estado mexicano colocó en el pedestal de los héroes oficiales, de manera tal que se convertía en legitimador, paradójicamente, de un régimen político y un proyecto de país contra el cual empuñó sus fusiles y por el cual fue asesinado. Esta figura clave de las luchas campesinas mexicanas es reapropiada por los indígenas insurgentes de tal manera que el reconocimiento a este luchador popular se encuentra en el propio nombre del movimiento rebelde. (2)                
   En esta construcción de autonomía hacia afuera del movimiento, en la que el primer paso era comenzar una lucha para independizarse de la situación de miseria que trajo consigo el sometimiento de las comunidades indígenas por más de quinientos años, un lugar destacado lo ocupa la propia construcción de autonomía real llevada a cabo por los indígenas rebeldes, más allá de la sordera del poder respecto a esta demanda central que fue una de las razones del levantamiento.
   Para concretar esta construcción, el EZLN recupera el sentido y las formas de organización de las comunidades indígenas, que, puestas en acto, permiten refutar la primera acusación de que es objeto el levantamiento: que se trata de un grupo de revolucionarios ortodoxos que han manipulado a las comunidades. Está claro, siempre lo estuvo, que la mayor parte del EZLN son campesinos indígenas; basta observar los rostros aindiados detrás del pasamontañas. Pero no solo observar esto permite la refutación; la propia organización político-militar y sus prácticas democráticas dejan entrever la influencia de las tradiciones indígenas en el movimiento. 
   El mando político-militar está a cargo del Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General (CCRI-CG), que es el jefe colectivo y supremo. Los miembros de este Comité, que reciben el título de “comandantes”, son elegidos en los Comités Clandestinos Revolucionarios Indígenas (CCRI) que actúan en direcciones políticas locales y están compuestos por delegados revocables, elegidos en asambleas, por los diferentes grupos étnicos:   tzolzil, tzeltal, chol, tojolabal y zoques.
   ¿Cómo toma las decisiones este mando político-militar? En la respuesta a esta pregunta se vislumbra la influencia de las tradiciones de las comunidades indígenas en las que las decisiones se toman en forma colectiva, a través de los principios de la democracia directa y de descentralización comunitaria y mediante el sistema de consultas y votaciones por consejos y poblados. Retomando este principio es importante la función que cumplen los CCRI. Estos se reúnen en comisiones y elaboran las propuestas sobre los distintos temas que se discutirán en cada aldea, paraje, familia y/o habitante. A través de este sistema de consultas se obtienen los “mandatos” –que es la opinión del pueblo- y se eligen los delegados que tienen la obligación de guardar fidelidad a esos mandatos, en el momento de trasmitirlos a la instancia siguiente. En caso de que el delegado no respete  la opinión de la mayoría es removido del cargo y reemplazado por otro. En el caso de las asambleas de las comunidades indígenas las autoridades nombradas en ellas deben rendir cuentas de sus actos y de las gestiones realizadas durante su mandato. 
    Así funciona la democracia participativa en la cual merece destacarse la posibilidad que tiene el pueblo de controlar las direcciones políticas, ya que el poder no está centralizado, evitando que sea un grupo minoritario el que tome las decisiones. Esta forma de funcionamiento plantea una importante autonomía respecto a la concepción de democracia ejercida en nuestras sociedades, la cual se reduce a la elección de representantes que una vez en el poder no actúan respetando los intereses de quienes supuestamente representan, por lo menos de la mayoría de éstos.     
   La estructura democrática y las discusiones colectivas hasta llegar al consenso fueron y son la base de la construcción de autogobiernos que han practicado las comunidades indígenas tradicionalmente y que han permitido su resistencia histórica.

“Durante toda la colonia , las comunidades indígenas gozaban de derechos propios bajo la forma de repúblicas de indios (...). A pesar de la independencia, esta larga tradición de autogobierno sobrevivió y fomentó la resistencia indígena contra la mercantilización de la tierra impulsada por los sucesivos gobiernos liberales. Estos pueblos se regían con base en consultas y debates realizados en asambleas donde se ventilaban todos los asuntos concernientes a  la comunidad”.(3)

   Esta práctica de consulta de base en las asambleas y la búsqueda de consenso es un proceso que posee un tiempo propio mucho más lento que el “moderno y occidental”, -donde se delega el poder con el supuesto objetivo de ahorrar tiempo-, y explica lo que tardan los zapatistas para tomar las decisiones como colectivo. Es en estas prácticas donde se manifiesta el “mandar obedeciendo” como la síntesis de la forma que adquiere la democracia entre los zapatistas.
   De las comunidades indígenas nacen estas prácticas y los anhelos de libre determinación mediante la autonomía, que es uno de los derechos que los pueblos indígenas reclaman históricamente al estado mexicano, junto al derecho al reconocimiento como pueblos. Este último implica reconocer que poseen una identidad, una cultura particular y, por lo tanto, la posibilidad de determinar libremente su organización política y sus formas de lograr el desarrollo económico, político y cultural.  
      Así, los zapatistas han recuperado un sentido de la autonomía que no implica la separación territorial del estado mexicano sino el ejercicio colectivo de la libre determinación de comunidades que deben tener derecho a ser diferentes.

“Desde los inicios de nuestro alzamiento, y aún mucho antes, los indígenas zapatistas hemos insistido en que somos mexicanos... pero también somos indígenas. Esto quiere decir que reclamamos un lugar en la Nación Mexicana, pero sin dejar de ser lo que somos.”(4)  

   Además de este sentido dado al término autonomía, los zapatistas reclaman otro, que es la posibilidad de intervenir en las decisiones nacionales. Se trata, por un lado, de ejercer la posibilidad de decidir sobre el propio destino, que de hecho, pero no de derecho, vienen aplicando las comunidades con el ejercicio de cierta autonomía comunitaria. Y, por otro lado, de participar en el destino de la nación a la cual pertenecen. El cumplimiento de este segundo sentido sólo es posible en la medida en que se considere a estos pueblos como parte de la nación; mientras sigan olvidados no serán considerados parte de la misma ni de los ámbitos de decisiones que le incumben. 
   Otros derechos de los pueblos indígenas que se reflejan en las demandas zapatistas y que se relacionan con la construcción de autonomía son: el derecho a las tierras y territorios indígenas, el derecho al reconocimiento de los sistemas jurídicos propios y el derecho al desarrollo desde una óptica propia.
   Respecto a las tierras, las comunidades indígenas reclaman el respeto a la forma comunal de tenencia de las mismas, ya que todos los individuos de esa comunidad se relacionan con ella y tienen derecho a usufructuar una porción de la misma por pertenecer a una colectividad social. En este punto se oponen a una relación individual con la tierra, que es la que impone el neoliberalismo, y recuperan la tenencia y formas de organización de la producción en forma colectiva. El respeto a esa relación de las comunidades con la tierra es lo que lleva a los zapatistas a proponer  la organización de cooperativas de producción en el ámbito agrario. Esta propuesta es el contenido principal de la Ley Agraria Revolucionaria, una  de  las  leyes  que se dieron  a conocer inmediatamente después del levantamiento, que propone un nuevo reparto de la tierra. 
   El contenido de esta ley plantea varios aspectos relacionados con la autonomía  económica que es necesario que construyan las comunidades. La organización de cooperativas de producción es importante pero es necesario que las comunidades también se encarguen de la comercialización para lograr independizarse de los agentes externos que tradicionalmente son los que obtienen los mayores beneficios, frente a los productores a los que se les ofrecen precios ínfimos por lo que producen. Por eso:

“En beneficio de los campesinos pobres, sin tierra y obreros agrícolas, además del reparto agrario que esta ley establece, se crearán centro de comercio que compren a precio justo los productos del campesino y vendan a precios justos las mercancías que el campesino necesita para una vida digna...”(5)

   Y no sólo de producción y comercialización se trata, sino que la ley también contempla cuestiones tales como salud, recreación, educación, vivienda y servicios en general.
   Otro derecho relacionado con la autonomía es el reconocimiento de los sistemas normativos indígenas. Las comunidades indígenas poseen un conjunto de normas propias que permiten hablar de un derecho indígena, a través del  cual se resuelven la mayor parte de los conflictos que se dan al interior de las comunidades. Una de las demandas zapatistas es precisamente el reconocimiento de estos sistemas jurídicos indígenas, ya planteada en los Acuerdos de San Andrés y en la Propuesta de Reformas Constitucionales de la Comisión de Concordia y Pacificación.   
   El derecho a un desarrollo desde la propia perspectiva indígena lleva implícito un aspecto central de la construcción de autonomía y es la convicción de que las comunidades conocen su realidad y por ende saben cómo lograr su desarrollo entendido como el desarrollo integral de las comunidades. Por eso, dicen los zapatistas, no se trata de adoptar la modernización de la que fueron excluidos, sino de reconocer a los pueblos indígenas la capacidad de generar un crecimiento y desarrollo en el contexto local, cuya base es la propia cultura y el respeto a la naturaleza.         
   Un aspecto más que destacado que hace a la autonomía es la posibilidad de autogobernarse y en este sentido los zapatistas han dado pasos importantes.  Los municipios  autónomos zapatistas, si   bien   tardaron varios años en concretar su existencia, constituyen
un esfuerzo concreto respecto a la construcción de autonomía política de las comunidades zapatistas. 
   En los Diálogos de San Andrés se reconoció que los municipios son el espacio más importante para el ejercicio de la autonomía indígena. Allí se pactaron cuáles debían ser las características de los municipios chiapanecos con población mayoritariamente indígena, que coinciden con las prácticas de los municipios autónomos zapatistas. Esas características tienen en cuenta tres aspectos principalmente: la elección de las autoridades, la forma de ejercicio del poder político y la posibilidad de asociación.
   Respecto al primer punto, se reconoce el derecho de los pueblos y comunidades indígenas a elegir a sus autoridades tradicionales y municipales de acuerdo a sus usos y costumbres, otorgando validez política a sus instituciones y prácticas. Un elemento importante es la posibilidad de desconocer a esas autoridades cuando actúen contrariamente al derecho o a los usos y costumbres.
   Teniendo en cuenta este criterio es que funcionan los municipios autónomos zapatistas:

“En cuanto la autoridad se desvía, se corrompe o, para usar un término de acá, “está de haragán”, es removida del cargo  y una nueva autoridad la sustituye.”(6)

   Es importante tener en cuenta cómo los zapatistas conciben a la función de gobierno. Contraponiéndose a nuestros sistemas políticos en los cuales la función pública facilita el enriquecimiento personal, para ellos el cargo de autoridad no tiene remuneración, es rotativo y considerado como un trabajo en beneficio de la comunidad, motivo por el cual quien ocupa un cargo es ayudado por la comunidad para su manutención. Además:

“No pocas veces es aplicado por el colectivo para sancionar la desidia o el desapego de alguno de sus integrantes , como cuando, a alguien que falta mucho a las asambleas comunitarias , se le castiga dándole un cargo como agente municipal o comisariado ejidal”.(7)

   ¿Algún día será posible que las sociedades latinoamericanas tengan que colaborar en la manutención de presidentes, senadores, diputados porque esos cargos no les representan dinero para su cuentas bancarias y porque los ocupan sólo como un trabajo en beneficio de la comunidad?
   En cuanto a la forma de ejercicio del poder político esta será la democracia participativa, que garantice la participación de los pueblos y comunidades indígenas en los procesos electorales, planteando la autonomía frente a la participación de los partidos políticos.
   Y  esta democracia participativa es la que aplican los municipios autónomos zapatistas a través del “mandar obedeciendo”.

“Las autoridades deben ver que se cumplan los acuerdos de las comunidades, sus decisiones deben informarse regularmente, y el “peso” del colectivo, junto con el “pasa la voz” que funciona en todas las comunidades, se convierten en un vigilante difícil de evadir. Aún así, se dan casos de quien se da la maña para burlar esto y corromperse, pero no llega muy lejos. Es imposible ocultar un enriquecimiento ilícito en las comunidades. El responsable es castigado obligándolo a hacer colectivo y a reponerle a la comunidad lo que tomó indebidamente”.(8) 

   ¿Alguien se atreve a imaginar lo que podrían hacer las sociedades latinoamericanas con la reposición de todo el dinero que los funcionarios de gobierno, las multinacionales, el FMI y el Banco Mundial, desviaron hacia el enriquecimiento ilícito? Una pregunta de difícil respuesta pero que seguramente lleva implícita la construcción de otra América Latina.
   A su vez, los municipios de población mayoritariamente indígena podrán asociarse para realizar acciones que involucren varias regiones, haciendo un mejor uso de los recursos y los esfuerzos y aumentando la capacidad de gestión y desarrollo. Y junto a este derecho de asociarse es importante destacar la posibilidad de que estos municipios puedan disponer en forma autónoma de los recursos que les transfiera el estado.
   Todas estas características permiten vislumbrar el rescate de lo colectivo, del nosotros, como una manera de resistir frente al predominio del yo impuesto por la cultura dominante. Y es un rescate no sólo a nivel político sino también económico. La posibilidad de que puedan disponer de los recursos y decidir cómo utilizarlos de la manera más conveniente según los criterios de la propia comunidad refleja dos cuestiones relacionadas con el tema de la autonomía: por un lado, se recupera la autogestión como uno de los legados de las comunidades indígenas; son los que viven allí los que toman las decisiones y las llevan a la práctica  porque  son  los  intereses  de la comunidad los que priman en el uso de recursos y
esfuerzos. Y por el otro, la idea que subyace es que tienen la capacidad de hacerlo, sin que sean agentes externos los que decidan qué es lo mejor para ellos.
   En este decidir por sí mismas, las comunidades se autogobiernan en territorios que están en rebeldía y resistencia, con el apoyo de las sociedades civiles. Mucho han logrado considerando las condiciones de pobreza y persecución en las que se encuentran. Los consejos autónomos han destinado esfuerzos importantes a la salud, la educación, la cultura y la información, logrando un grado de autonomía importante en la satisfacción de algunos aspectos relacionados con estos derechos. La construcción de clínicas y farmacias, la formación de agentes de salud, las campañas de higiene y prevención de enfermedades,  la edificación de escuelas, la capacitación de promotores de educación, la creación de los propios contenidos pedagógicos, la defensa de la lengua y las tradiciones culturales y la creación de radios zapatistas, son algunos de los pasos que han dado en la construcción de autonomía respecto a la muerte, al analfabetismo, a la negación de la diversidad cultural y a la desinformación a que los han sometido desde la propia conquista.
   Sin embargo, no todo termina acá y como los zapatistas no dejan de caminar y de preguntar es que siguen andando. Y en este andar nacieron los “Caracoles”  y murieron los “Aguascalientes”, - unidades que abarcaban varios municipios y que sirvieron como lugar de encuentro y diálogo con la sociedad civil nacional e internacional.

Estos “caracoles serán como puertas para entrarse a las comunidades y para que las comunidades salgan; como ventanas para vernos dentro y para que veamos fuera; como bocinas para sacar lejos nuestra palabra y para escuchar la del que lejos está”. (9)  “El significado del caracol es saber salir y saber entrar, saber escuchar para poder aprender y poder enseñar” .(10)

    En cada uno de estos caracoles tienen su sede las “juntas del buen gobierno”, de las cuales hay una por cada zona rebelde (Selva Fronteriza, Tzots Choj, Selva Tzeltal, Norte de Chiapas y Altos de Chiapas) y está formada por uno o dos delegados de cada uno de los Consejos Autónomos de dicha zona. Es decir, estas juntas se proponen ampliar el espacio de construcción de autonomía e implementar una instancia superior de coordinación que agrupa a varios municipios autónomos.
   La creación de estas juntas tiene como propósito superar algunas de las dificultades que enfrentan los municipios autónomos: evitar el desequilibrio entre algunos de ellos; mediar en conflictos entre los mismos; atender las denuncias contra los Consejos Autónomos; vigilar la realización y apoyar proyectos comunitarios; velar por el cumplimiento de las leyes de los municipios; atender las actividades que la sociedad civil realice en territorio rebelde; promover y aprobar la participación de compañeras y compañeros de los municipios autónomos en actividades fuera de las comunidades; registrar a personas, comunidades, cooperativas y sociedades de producción y comercialización como zapatistas para evitar engaños; y principalmente, atender que se cumpla el “mandar obedeciendo” en territorio rebelde.  Estos son los objetivos de las Juntas del Buen Gobierno, pero la creación de esta instancia no implica la pérdida de importancia de los municipios autónomos rebeldes que continúan cumpliendo funciones de gobierno tales como justicia, salud, educación, vivienda, tierra, trabajo, alimentación, comercio, información y cultura. (11) 
   Así construyen los zapatistas su autonomía hacia afuera, sin pedir permiso, mirando para adentro de las comunidades y preguntando sobre sus necesidades y potencialidades, tratando de buscar respuestas para volverse a preguntar y seguir caminando. Y construyen en la resistencia porque

“Sólo así, desde la resistencia, los pueblos pueden empezar a ejercer sus derechos a la autonomía, donde los pueblos empiezan a pensar, a organizarse y a decidir cómo quieren vivir y gobernarse sin que los políticos intervengan en la vida de los pueblos”.(12)

    Al preguntar van caminando y al caminar van aprendiendo.  Y en este caminar, las comunidades zapatistas no han dejado de preguntarse sobre ellas mismas para buscar otras preguntas, posibles respuestas y nuevos aprendizajes y desafíos. 
   Para abordar la segunda vertiente de la autonomía hacia afuera, la que se relaciona con otros métodos y prácticas que se proponían o se proponen cambiar el mundo, creemos que hay que comenzar con la propia historia de transformación que se produjo en el grupo original de guerrilleros que llegaron a la Selva Lacandona en 1983.
   Este grupo tenía todas las características de una guerrilla revolucionaria clásica que, proveniente de la ciudad, llegaba a la selva para liberar a los explotados, y para cumplir este objetivo había que seguir los pasos definidos de antemano: a partir de la lucha en la selva se lograría un levantamiento armado de masas, luego la toma del poder y la implantación del socialismo desde ese lugar del “poder tomado”. Pero la convivencia con las comunidades indígenas trajo consigo un proceso de aprendizaje para este grupo y la construcción de un proceso de autonomía respecto a la concepción tradicional de “hacer la revolución”. Fueron dos mundos que chocaron y de ese choque salió una nueva manera de entender el cambio.

“Nuestra cuadrada concepción del mundo y de la revolución quedó bastante abollada en la confrontación con la realidad indígena chiapaneca. De los golpes salió algo nuevo (que no quiere decir ‘bueno’) , lo que hoy se conoce como ‘el neozapatismo’.(13) 

   El grupo revolucionario comenzó, poco a poco, a abandonar el aislamiento y a contactarse con las comunidades locales, en un proceso que lo terminó transformando. Ese acercamiento se produjo

“inicialmente a través de lazos familiares, y después, a partir de 1985 aproximadamente, de una forma más abierta y organizada. Cada vez más comunidades buscaban la ayuda de los zapatistas para defenderse de la policía o de las “guardias blancas”, cada vez más comunidades se volvieron comunidades zapatistas: algunos de sus miembros ingresaban al EZLN de tiempo completo, algunos formaban parte de la milicia, los demás daban apoyo material a los insurgentes. Poco a poco el EZLN se iba transformando: de ser un grupo guerrillero se convirtió en una comunidad en armas” .(14)

   En esta transformación hay implícita una derrota, la de la forma tradicional de entender la revolución, y un triunfo, el protagonismo de las propias comunidades en su camino de liberación, en compañía de quienes dejaron de ser extranjeros y se convirtieron en parte de ese proceso, de ese espacio y de ese tiempo, propiamente indígenas.
   El grupo original encontró en las montañas de sureste mexicano una nueva manera de relación entre las personas, una donde más importante que hablar es escuchar. Y esta necesidad de escuchar es lo que hace imposible que las decisiones las tome un grupo reducido de personas.

"Esa es la gran lección que hacen las comunidades indígenas al EZLN original. El EZLN original, el que se forma en 1983, es una organización política en el sentido de que habla y de que hay que hacer lo que se dice, las comunidades indígenas le enseñan a escuchar y eso es lo que aprendemos nosotros. La principal lección que aprendemos de los indígenas es que hay que aprender a oír, a escuchar"  .(15)

Escuchar es llegar a las palabras del otro, pero para llegar al otro también es necesario mirar, pero no con cualquier mirada  sino con la mirada que permite ver el dolor. Y en este sentido, la convivencia con las comunidades permitió ver el dolor profundo que nacía de vivir la pobreza, el hambre, las persecuciones y las muertes por causas prevenibles y curables. En una entrevista Marcos se refiere a la muerte de una  niña por falta de medicamentos para bajarle la temperatura, y ese es sólo un ejemplo en miles:

“Y así pasó muchas veces, eso era cotidiano pues, tan cotidiano que esos nacimientos ni siquiera se toman en cuenta. Por ejemplo, Paticha nunca tuvo acta de nacimiento, quiere decir que para el país nunca existió, (..) y su muerte tampoco existió. Y así eran miles, miles y miles pues, conforme crecíamos más nosotros en las comunidades, teníamos más poblados, más compañeros morían precisamente porque la muerte que ya era natural ahora empezaba a ser nuestra”.(16)

   Todos estos aprendizajes llevaron a que el EZLN se alejara de los rasgos de los movimientos guerrilleros del pasado, entre los cuales Enrique Semo marca tres diferencias fundamentales, que nos parecen una buena síntesis de lo que hoy propone el zapatismo. Los primeros tenían como objetivo la toma del poder, se consideraban la vanguardia que llevaría a las masas a la revolución a través de la única forma posible, es decir, la lucha armada y creyendo en ese fin a través de ese medio es que protagonizaron acciones armadas prolongadas. Las dos primeras características eran las que el EZLN de 1983 sostenía al llegar a la Selva Lacandona. La tercera no tuvo tiempo de implementarla porque en el camino conocieron a quienes les enseñarían otras maneras de ver la lucha.
    En cambio, los zapatistas buscan crear las condiciones democráticas que aseguren la libertad y la justicia para todos/as, nunca se consideraron la vanguardia del movimiento popular ni creyeron que su lucha era la única posible y su lucha armada duró sólo unos días para dar lugar a una lucha política basada en el diálogo. (17)  
   Así, los zapatistas construyeron una forma autónoma de ver y hacer la revolución, respecto a  la concepción tradicional de lucha armada. Sin embargo nadie puede negar que el EZLN es un ejército, sólo que es un ejército que tiene una visión muy particular de sí mismo y de la guerra.

¿Por qué un ejército? “...somos luchadores que se han convertido en soldados para que llegue un día en que los soldados ya no sean necesarios. Somos soldados para que no haya más soldados. Hemos tomado un camino suicida, el de una profesión condenada a su propia desaparición. No vemos la lucha armada como la veían las guerrillas de los años 1960, como el único camino, la única senda, la única verdad que lo determinaría todo. Para nosotros la lucha armada es una etapa de una serie de formas de lucha que cambian y evolucionan. Pero se puede superar esta etapa”.(18) 

¿Porque la guerra? “...la guerra es una medida desesperada. La adoptan los que están desesperados de la política, de su condición social, de la condición femenina, del racismo. Y cuando todos estos desesperados unen sus desesperaciones y se organizan, como hicimos nosotros, entonces todo es posible. Porque de esta suma de desesperaciones puede nacer una gran esperanza” .(19) “No fuimos a la guerra el 1º de enero para matar o que nos mataran, fuimos para hacernos oír” .(20)

Lo que no puede ser resultado de la guerra es el sistema político. “La guerra sólo debería servir para abrir espacios  en la arena política para que la gente tenga realmente derecho a escoger”.(21)

   Los zapatistas, en realidad, sostienen una nueva teoría revolucionaria que implica que la revolución se hace caminando, no es una meta que se concreta con la toma del poder luego del triunfo revolucionario. Se trata de construir el propio camino de la revolución a través de la consulta para lo cual es indispensable escuchar y por ende centrar el proceso en un sujeto colectivo. Este sujeto colectivo es el que construye la teoría revolucionaria como resultado de la práctica cotidiana y en esta teoría la dignidad de los rebeldes es el punto de partida porque se transforma en un concepto revolucionario.
   Desde ese punto de partida, no de llegada, la revolución deja de ser una respuesta para transformarse en una pregunta; de ahí que el “Preguntando caminamos”  sea la base de la construcción de un proyecto revolucionario para los zapatistas. La revolución no está definida sino que  se crea en el transcurso de la lucha; no es un movimiento hacia..., sino una serie de caminos a transitar a partir de...    
   Este continuo preguntar transforma a la revolución en democrática en dos sentidos: por el objetivo, ya que se propone crear una sociedad basada en la democracia, la libertad y la justicia, para lo cual primero es necesario hacer una revolución que haga posible la revolución, es decir, construir:

“La antesala del nuevo mundo –un mundo en el que quepan todos-, un espacio donde, con igualdad de derechos y obligaciones, las distintas formas políticas se ‘disputen’ el apoyo de la mayoría de la sociedad”.(22) 

   Y también es democrática por la forma que adquiere la lucha: en ella se pregunta, se escucha y se construye colectivamente, con diversos métodos, en distintos frentes y con diferente grado de participación.  
   Creyendo en que la resistencia contra el neoliberalismo tiene que ser nacional es que los zapatistas dicen a los mexicanos:

“Nuestra forma de lucha no es la única, tal vez para muchos ni siquiera sea la adecuada. Existen y tienen gran valor otras formas de lucha. (...). Nosotros no pretendemos ser la vanguardia histórica, una, única y verdadera. Nosotros no pretendemos aglutinar bajo nuestra bandera zapatista a todos los mexicanos honestos. Nosotros ofrecemos nuestra bandera. Pero hay una bandera más grande y poderosa bajo la cual podemos cobijarnos todos. La bandera de un movimiento nacional revolucionario donde cupieren las más diversas tendencias, los más diferentes pensamientos, las distintas formas de lucha, pero sólo existiera un anhelo y una meta: la libertad, la democracia y la justicia” .(23)  

   Sin embargo, la lucha zapatista no sólo tiene una dimensión local y nacional, sino también universal, es decir, es una invitación a todos/as aquellos/as que quieren luchar por la humanidad y contra el neoliberalismo. Si bien es importante luchar por la autonomía local y la reivindicación étnica, que involucran a las comunidades indígenas, sólo es posible defenderlas si se construye una alternativa nacional y universal que rescata lo colectivo, -frente al individualismo y la fragmentación que nos impone el neoliberalismo- y que a su vez transforma su significado. 

La autonomía hacia adentro

   Los zapatistas también han realizado un camino de construcción de autonomía respecto a las propias prácticas y tradiciones, ya que en ese andar caminando y preguntando se han mirado a sí mismos y han tratado de revertir algunas de las características que se convertían en un obstáculo para que el mandar obedeciendo y la verdadera democracia se hicieran realidad en el sureste mexicano.
   Uno de los logros en este sentido es la autonomía que las comunidades construyeron respecto al poder militar del EZLN. La democracia y autogobierno eran prácticas que las comunidades indígenas ejercían a nivel local mucho tiempo antes de la constitución del EZLN. Con el crecimiento de éste, esta práctica pasó de lo local a lo regional, constituyéndose los municipios autónomos zapatistas. Si en un principio, el mando político-militar era el que tomaba la decisión final respecto al reemplazo de aquellos que no cumplían con su trabajo (y en este sentido, Marcos dice que la estructura militar contaminaba una tradición de democracia directa comunitaria y autogobierno), a medida que crecía la construcción de autonomía fueron las propias comunidades las que tomaron las decisiones. En los municipios autónomos, el EZLN no interviene en la designación o sustitución de autoridades, que realizan autónomamente las propias comunidades, y sólo ha establecido que ningún mando militar o miembro del CCRI puede ocupar cargo de autoridad en la comunidad o en los municipios autónomos, respetando el principio de que no lucha por la toma del poder. Por lo tanto, ”quienes deciden participar en los gobiernos autónomos deben renunciar definitivamente a su cargo organizativo dentro del EZLN”.(24)           
   Siguiendo esta línea de construcción, también el proceso que dio origen a las Juntas del Buen Gobierno fue protagonizado por las propias comunidades. El EZLN sólo las ha acompañado y Marcos se convirtió en vocero de los municipios cuando éstos lo solicitaron con el fin de informar a la sociedad civil nacional e internacional de los cambios en territorio rebelde. Una vez dados a conocer, en agosto de 2003, Marcos comunica

“que ahora les devuelvo el oído, la voz y la mirada. A partir de ahora , todo lo referente a los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas se hablará por sus autoridades y por las Juntas del Buen Gobierno, con ellas habrá que tratar también los asuntos de los municipios autónomos tales como proyectos, visitas, cooperativas, conflictos, etc.”.(25)

   Los zapatistas también construyeron autonomía respecto a algunas características enmarcadas en la tradición de las comunidades indígenas. Estas comunidades tienen una larga historia y por eso es difícil hablar de LA comunidad que los zapatistas quieren recuperar.  Evidentemente las comunidades fueron recreadas y transformadas varias veces a lo largo de su prolongada existencia, y es difícil idealizarlas o denigrarlas como si hubiera existido un solo modelo. En realidad, los zapatistas eligen y construyen un tipo de comunidad entre muchos posibles y en esta elección prevalece el rescate de lo colectivo. Por eso para los zapatistas es necesario limitar el poder de los ancianos, que fue muy fuerte en algunas etapas de la existencia de las comunidades, y revitalizar la práctica de las asambleas comunitarias como órganos de decisión.  Tan preocupados por la democracia, los indígenas rebeldes dan un lugar más destacado a aquellas instancias de decisión cuyo funcionamiento supone una participación democrática de los miembros de la comunidad. Por eso, no intentan idealizar el pasado sino articular tiempos históricos, tomando de la historia de las comunidades aquellos aspectos que permiten construir un presente y la proyección de un futuro diferente. No se trata de considerar que “todo tiempo pasado fue mejor”, sino de que es necesario transformar esta realidad mirando al futuro sin dejar de aprender del pasado, especialmente de aquel que los resortes del poder han pretendido que olvidemos.      
   Confiando en que lo colectivo es la clave de la construcción de autonomía y resistencia, es allí donde hacen hincapié los zapatistas y es allí donde se encuentra la puerta que comienzan a abrir las comunidades para resistir. Sin embargo no se trata de que lo colectivo sea tan colectivo que ignore la preocupación por lo individual, porque la resistencia se va construyendo a partir de decisiones que comienzan siendo individuales.

Nos dice Marcos:

«en cualquier parte del mundo, en cualquier tiempo, un hombre o una mujer cualquiera se rebela y termina por romper con la ropa que el conformismo le ha tejido y que el cinismo le ha coloreado de gris. Un hombre o una mujer cualquiera, de cualquier color y en una lengua cualquiera, dice y se dice !Ya basta! (...) un hombre o una mujer cualquiera se empeña en resistir al poder y en construir un camino propio que no implique perder la dignidad y la esperanza. Un hombre o una mujer cualquiera decide vivir y luchar su parte de historia» .(26)

   En el camino que comienzan a transitar aquellos que gritan “Ya basta” se encuentran con otros que también buscan otra manera de vivir y transformarse y así van unificando esos caminos distintos construyendo juntos la resistencia como la única forma de sobrevivir. En ese encuentro profundizan su decisión de querer “ser”, en forma autónoma, sin que nadie les siga indicando cómo tienen que vivir o morir. 
   Considerando que los zapatistas vuelven la mirada al pasado para recuperar de las comunidades aquello que permita una construcción democrática que revalorice lo colectivo sin perder de vista lo individual, es que han dado un lugar especial a las mujeres en el camino de la construcción de una nueva subjetividad, que permita superar las opresiones de las que fueron objeto, fuera y dentro de las propias comunidades,  apuntando a un cambio de relaciones entre los hombre y mujeres zapatistas.
   Es indudable que uno de los más importante aportes de los zapatistas en la construcción de autonomía hacia adentro del movimiento es el rol de las mujeres rebeldes. 
   Desde los orígenes del EZLN, se viene produciendo un profundo proceso de incorporación de las mujeres indígenas en la gestión política y económica de sus comunidades, que las convierte en un nuevo sujeto público y político. Allí, en sus lugares de pertenencia, fueron accediendo a experiencias que implicaron una nueva posición en el ámbito comunitario, dedicándose a

“Tareas de responsabilidad social a través de cooperativas, promoción de la salud  de salud, cajas de ahorro, y en muchas ocasiones han tenido que negociar directamente con las autoridades”.(27)

   Otro lugar destacado que tienen las mujeres zapatistas y que llama la atención por ser un lugar tradicionalmente protagonizado por hombres, es la participación militar, que fue creciendo poco a poco. Según la Mayora Insurgente Ana María -que como dato interesante fue la encargada de la toma de la ciudad de San Cristóbal- en 1983 sólo había dos mujeres en el grupo de nueve o diez insurgentes y en el momento del levantamiento la tercera parte de la fuerza son mujeres, muchas de las cuales tienen altos cargos y están al mando de destacamentos militares importantes.
   Estos nuevos roles nacen de un proceso de lucha protagonizado por las propias mujeres que, a través de sus demandas de mayor participación militar, política y económica,  obligan a cambiar la costumbre y la tradición al interior de las propias comunidades indígenas. Éstas deben rearticularse para dar lugar al despertar de una subjetividad específica femenina, cuyo reconocimiento por toda la comunidad da a las mujeres indígenas el derecho a participar  en la lucha revolucionaria y a convertirse en sujetos importantes de la gestión política y económica de las comunidades, quebrando una dimensión de poder en la que el protagonismo les correspondía sólo a los hombres.    
   Por eso la lucha no es sólo contra el poder capitalista que las explota, las extermina, las aísla y las ignora, sino también respecto al poder comunitario y sus leyes. Éstas

“les impide escoger marido y heredar la tierra, las deja en el hogar, sin opción de aprender otros conocimientos, con responsabilidades en el trabajo pero sin participación en las decisiones, estructura del poder machista que se afirma en algunos lugares más que en otros. Este poder no sólo radica en los varones, sino también en las mujeres en contra de otras mujeres, el poder de la presión social y comunitaria, donde la indígena que se vuelve promotora, o se organiza en cooperativa, es  mal  vista y mal hablada” .(28)

   Estas son las razones por las cuales la reestructuración al interior de las comunidades se vuelve condición necesaria para construir una nueva subjetividad femenina. Sin embargo, para no caer en idealizaciones, es importante aclarar que los propios zapatistas  reconocen que éste es un proceso iniciado pero no concluido, ni siquiera en los territorios rebeldes en los que se aplica una nueva legalidad que castiga a padres y maridos que reproducen la subordinación de la mujer tal cual existe en la sociedad occidental. En este sentido, los zapatistas han comenzado a construir autonomía respecto al lugar que la mujer ocupa en el capitalismo pero también respecto al que han tenido tradicionalmente en las comunidades indígenas.
   La influencia zapatista también llegó a las jóvenes indígenas que no sabían de su existencia antes de 1994. A partir de la aparición pública de la rebeldía indígena se abrieron para ellas nuevas perspectivas personales y comunitarias, que les permitieron huir del destino que el capitalismo escribió para ellas: irse a las ciudades cercanas para emplearse como domésticas.

“Trabajar de zapatista es trabajar por el futuro de toda la comunidad; los otros trabajos son soluciones inmediatas a una situación de precariedad, medio de subsistencia personal y algún apoyo para la familia. Ocurre un desplazamiento en el horizonte de las comunidades, que va de las estrategias de sobrevivencia inmediata a las estrategias para "crear futuro" para todos. Para algunas comunidades indígenas, el zapatismo, así como los trabajos colectivos y el vestido tradicional empezó a significar hacer comunidad , a formar parte de la reciprocidad. Fue asumido como tarea comunitaria, y las hijas e hijos se fueron yendo al ejército zapatista” .(29)

   En este proceso muchas mujeres indígenas comenzaron a asumir un rol importante en las comunidades a través de la organización de cooperativas artesanales dedicadas a la elaboración de vestidos indígenas tradicionales. En este nuevo lugar en la gestión económica de las comunidades, las mujeres transitaron por dos aprendizajes: fueron aprendiendo cómo organizarse en cooperativas para elaborar y comercializar los productos  y, a su vez, a asumir el control de casi todas las fases de producción y comercialización de las artesanías, roles que habían sido acaparados por los varones.
   Las mujeres zapatistas fueron construyendo su propio lugar en el movimiento y el resultado más claro de esa construcción fue la Ley Revolucionaria de Mujeres, considerada por los propios zapatistas como el primer alzamiento de la lucha, anterior al levantamiento del 1º de enero de 1994. El 8 de marzo de 1993, las mujeres zapatistas presentaron esta ley que proponía romper con la tradición de subordinación  a que habían estado sometidas. Allí ellas reivindican el derecho a participar en la lucha, el trabajo digno y salario justo, a decidir el número de hijos/as, a la salud, a la educación, a elegir libremente su pareja, a ocupar cargos directivos y organizativos, a no ser maltratadas y a castigar a los agresores.
   Esta ley se convirtió en un puente entre dos procesos: la construcción de una subjetividad específica de las mujeres indígenas y el cuestionamiento al interior de las propias  comunidades. Por eso:

“Afirma la identidad indígena porque reclama mejores condiciones para su reproducción económica, social y cultural, y pone a prueba la capacidad democrática comunitaria al exigir cambiar la costumbre según nuevos consensos que tomen en cuenta la voz de las mujeres, que extiendan el reconocimiento de su trabajo (doméstico) en la esfera pública, en la gestión y toma de decisiones comunitarias”.(30)

   Es interesante destacar cuál fue el proceso de elaboración de esa ley porque allí se aplica la concepción de la democracia zapatista. No fue fruto de la decisión de un grupo dirigente sino producto de un proceso de discusión comunitaria. La comandante Susana tuvo a su cargo la realización de la consulta y para ello visitó muchas comunidades, habló con las mujeres

“y se pusieron a pensar qué es lo que querían, por qué su situación no era justa, y después esas mujeres platicaron con otras, y de ahí salió la Ley” .(31)

   Este nuevo rol de las mujeres, basado en la mayor participación en las decisiones políticas, económicas, sociales y culturales, implica crear una nueva subjetividad que para ser construida no sólo debe enfrentar a la cultura dominante, sino también recrear la propia cultura comunitaria. Por eso las mujeres quieren hacerse oír hacia afuera pero también hacia adentro de la comunidad. Plantean que hay que hacer modificaciones en las costumbres comunitarias y que sólo deberán mantenerse aquellas que son consideradas buenas por toda la comunidad, incluyendo las mujeres.
   Considerando que las palabras son el arma principal en la revolución zapatista, las mujeres reclaman un espacio para enunciar “sus” propias palabras, porque esta enunciación permite crear nuevos sujetos sociales que no se constituyen desde afuera sino que se autoconstituyen a partir de la propia experiencia. Pero estos nuevos sujetos sociales no son sólo las nuevas mujeres sino también los hombres nuevos, que por ser nuevos necesariamente implican una nueva comunidad, producto de una redefinición de la comunidad tradicional.
      Para comenzar a construir una nueva comunidad los hombres indígenas comprometidos en la lucha zapatista debían empezar a quebrar la estructura patriarcal de las comunidades aceptando que las mujeres tuvieran un lugar reconocido y respetado. Pero hay otro proceso anterior a ese y tanto o más importante: que las propias mujeres superaran el miedo y la vergüenza, es decir, construyeran autonomía frente a sus propias trabas para convertirse en sujetos de su propia historia.

"Yo empecé a participar en la iglesia, con la palabra de Dios, y después con la organización [el EZLN] en la tienda cooperativa. Ya no me da nada de vergüenza para participar. Me siento bien porque antes sí me dio pena pero ahora ya no. Yo hablo de lo que sea. Otras no, todavía no pueden hablar, especialmente las muchachas; les cuesta todavía, por ejemplo las que entraron también en el trabajo de la tienda. Hay veces que ni quieren contestar su nombre. Pero he visto que se van avanzando, se van quitando la pena, y tienen buena participación después. Es muy bonito: se animan a hablar, a participar, y ya saben bien hacer su trabajo. Cuando se quita la pena y empiezan a hablar, se animan a participar en cualquier trabajo: en la iglesia, en la salud, en la tienda cooperativa".(32)

    Además de la pérdida del miedo incorporado por siglos de sometimiento, hubo cambios importantes en relación a la consolidación del rol femenino en la economía comunitaria a través de la conformación de colectivos.

"En la asamblea empezamos a participar, también en la iglesia cada domingo, y en la tienda de mujeres. Así perdemos el miedo y la vergüenza. Hicimos acuerdos entre las mujeres para hacer colectivos. Formamos colectivos y vemos que tenemos fuerza. La tienda cooperativa nos apoya en muchas cosas: podemos comprar la mercancía que queremos; la tienda da préstamos a la comunidad; nos ayuda para solucionar cualquier necesidad; nos apoya en aprender muchas cosas; nos apoya en aprender a participar. Es bonito que la tienda sea un espacio de puras mujeres. Y con la misma ganancia de los colectivos, podemos formar otros colectivos que queremos” .(33)

   Estos colectivos de mujeres tienen un rol muy importante porque se transforman en un ámbito exclusivo de mujeres: allí no sólo empiezan a superar ese miedo y esa vergüenza, sino también a conocer sus derechos y a hacerse escuchar. Y como estos colectivos son un trabajo para la comunidad y están integrados en la lucha indígena les permiten ganar legitimidad dentro de la misma, demostrando todo lo que pueden aportar en la propia comunidad y en la lucha.
   Sin embargo, las mujeres zapatistas no sólo van a ser protagonistas importantes de la gestión económica de las comunidades, sino que se van a convertir en nuevos sujetos políticos, con una importante participación en los municipios autónomos.

"Cuando nombran alguna mujer para un cargo, no te preguntan si sabes o no sabes hacer el trabajo. Si te eligen es porque tienen confianza que puedes hacer el trabajo. Y si no sabes, vas a aprender. Nos gusta porque así podemos hacer muchos trabajos que antes no hacíamos. Si nos dicen que no tenemos derechos lo vamos a creer, por ejemplo cuando el gobierno nos decía que no tenemos derechos. Pero como es municipio autónomo, nos dicen que sí tenemos derechos también y es por eso que lo vemos diferente que el gobierno" .(34)

   De esta forma las indígenas zapatistas construyen de manera colectiva, a través de espacios colectivos,  no sin dificultades, su autonomía personal, abriendo la posibilidad de decidir qué quieren para sus propias vidas, convirtiéndose en sujetos con derechos como indígenas y como mujeres y ganando poco a poco una participación activa en las comunidades. Es arduo el trabajo al que se han comprometido y son varios los frentes de lucha. Estas mujeres lo saben y no se resignan. Continuarán peleando porque 

"Discriminadas doblemente como mujeres y trabajadoras, las indígenas mexicanas somos también discriminadas por nuestro color, nuestra lengua, nuestra cultura y por nuestro pasado. Triple pesadilla que nos obliga a nuestra triple rebelión".

Así se sintetizan el sentir y los desafíos que enfrentan estas mujeres indígenas.

La autonomía de las palabras
   Hacia afuera y hacia adentro del movimiento, los zapatistas han dado a la “palabra” un lugar central. Se levantaron en armas para poder decir,  para que “los sin voz”, “los olvidados” fueran escuchados. La palabra permite que sean escuchados por los otros pero también construir el propio camino mediante la consulta, donde se dice y a la vez se escucha.
   Entre la palabras que adquieren un nuevo significado podemos mencionar: el “nosotros”, sociedad civil, democracia, política, poder.
   El término nosotros adquiere entre los zapatistas un sentido muy particular si lo comparamos con el uso que la sociedad occidental hace de esta palabra. Y este sentido particular no es consecuencia de la rebelión zapatista sino que es el sentido que le dan, desde siempre, las comunidades indígenas.
   No se trata de un nosotros momentáneo, rápidamente absorbido por el yo individualista, sino de un nosotros comunitario que atraviesa la vida cotidiana de la comunidad. Este nosotros comunitario es el que toma las decisiones de la comunidad ya que el que ocupa cargos manda pero obedeciendo. En este sentido, en territorio zapatista sorprenden a la mirada occidental carteles que dicen: “Aquí manda el pueblo y el gobierno obedece”, alterando la leyenda de los carteles que podríamos encontrar en cualquiera de nuestras sociedades: “Aquí el gobierno hace lo que se le da la gana”.  
   Este nosotros comunitario es el que considera a la tierra como un bien común y la trabaja en forma colectiva; el que considera que la Madre Tierra es un eje que articula a la comunidad y por lo tanto no puede ser un bien que se compre y que se venda. Es el que defiende el futuro de la comunidad y del medio ambiente a través de una agricultura sin fertilizantes, porque el nosotros no sólo tiene sentido en el presente sino también en el futuro.
   Otra palabra que se rebela contra el sentido dado es sociedad civil, que en el discurso zapatista no hace referencia a “cualquier” grupo social que no forma parte del gobierno o de la estructura militar, sino que es sinónimo de pueblo y está conformada por todos/as los explotados/as, excluidos/as, discriminados/as, los sin partido ni organización, o los que los tienen, pero que son parte de las minorías que en realidad constituyen la mayoría de la humanidad. Es la única fuerza capaz de cambiar el mundo y caminar en la construcción de uno nuevo apoyado en las premisas de democracia, libertad y justicia. Son todos aquellos que luchan contra el neoliberalismo y se constituyen como sujetos revolucionarios en el propio proceso de la lucha.

“Es en la sociedad civil en quien reside nuestra soberanía, es el pueblo quien puede en todo tiempo, alterar o modificar nuestra forma de gobierno” .(35)

   Es un concepto que, luego del levantamiento zapatista, se resignifica y se convierte en un espacio de construcción de una nueva cultura política en el que se encuentran y relacionan los zapatistas, las comunidades de base y el resto de la sociedad nacional y mundial.
   La democracia también adquiere un nuevo significado a partir de la resignificación de la sociedad civil. Es una nueva práctica política que se construye cotidianamente basada en el diálogo.

“Queremos encontrar una política que vaya de abajo hacia arriba, una en la que el “mandar obedeciendo” sea más que una consigna, una en el que el poder no sea objetivo, una en la que el “referéndum” y “plebiscito” sean más que palabras de difícil ortografía. En la idea zapatista, la democracia es algo que se construye desde abajo y con todos, incluso con aquellos que piensan diferentes a nosotros. La democracia es el ejercicio del poder por la gente todo el tiempo y en todos los lugares” (Comunicado del EZLN, 19/06/00).

   Este es el sentido que muchas comunidades indígenas dan al término gobernar, entre ellos los pueblos tojolabales:

“Gobernar, pues, no es una actividad apartada, sino característica de aquello que se espera de todos y cada uno. Por lo tanto, los gobernantes no son dirigentes que dicen a los demás lo que tienen que hacer. El trabajo de gobernar se realiza bajo el control del nosotros comunitario. Los gobernantes no están en un nivel superior a los gobernados, sino todo lo contrario. Trabajan como todos los demás y, además, están subordinados a las decisiones tomadas por los gobernados. Según los acuerdos consensados del nosotros, los gobernantes-trabajadores desempeñan su cargo. Son ejecutores de dichos acuerdos.(...). El nosotros, en última instancia, es la autoridad por excelencia” .(36)

   Esta otra forma de gobernar y de hacer política basada en el nosotros que gobierna al que manda, lleva implícita una nueva concepción del poder.

“El problema del poder no será quién es el titular, sino quién lo ejerce. Si el poder lo ejerce la mayoría, los partidos políticos se verán obligados a confrontarse a esa mayoría y no entre sí. Replantear el problema del poder en este marco (...) obligará a una nueva cultura dentro de los partidos”. (Comunicado, 12/06/94).

   Estas palabras se han convertido en “nuevas palabras” con la rebelión de los indígenas chiapanecos. Éstos nos han permitido reapropiarnos de ellas arrancándolas a la cultura dominante, que impuso un monopolio no sólo en el uso de las palabras sino también en el significado de las mismas.  

A modo de conclusión
   La rebelión zapatista se convirtió en una provocación para todos y todas.
 Para las derechas, que han utilizado todos los medios posibles para acallar a estos indígenas que pretenden construir un mundo donde quepan muchos mundos, cuando en realidad desde la propia mirada del poder todo está ya construido y el mundo que tenemos es tan global que nos incluye a todos; en tal caso es problema de los indígenas si no quieren modernizarse y siguen defendiendo sus raíces históricas ya pasadas de moda. 
   Para las izquierdas dogmáticas, que ven en el zapatismo un reclamo de justicia y democracia demasiado tibio por no respetar los pasos que deben cumplir los “verdaderos revolucionarios” para llevar a cabo las “revoluciones”, esas que terminarán con el capitalismo y desde el poder tomado decidirán qué es lo mejor para todos.
    Han provocado a todos y todas con su “novedosa” manera de ver, rehacer y entender el mundo, de ver, practicar y entender el cambio y la transformación que son necesarias para despojarnos del mundo que nos imponen y construir uno nuevo, que no sabemos cómo será pero que debe nacer de la decisión y participación de todos y todas los/as que no queremos conquistar éste que tenemos.
   Quizás no es muy zapatista decir que estos rebeldes que luchan por la dignidad nos han enseñado algunas cosas. Ellos prefieren que no los tomemos como ejemplos de nada, sólo que veamos y escuchemos su rebelión como una forma de lucha entre muchas posibles. Sin embargo, no podemos dejar de decir que sí nos han enseñado la necesidad de construir autonomía como la mejor forma de resistir frente al presente y al futuro que nos imponen los que se creen dueños del destino de la humanidad.
   Y esta autonomía tiene que construirse no sólo hacia afuera de los movimientos sociales sino que hace falta construirla hacia adentro, cuestionando, transformando y recreando las propias prácticas. Es la forma de que las organizaciones, movimientos y personas que luchan sean más fuertes frente a los embates del afuera, se encuentren y consoliden en la resistencia y superen los propios obstáculos para seguir caminando. Y para caminar los zapatistas creen que es necesario preguntar más que responder, preguntar y preguntarse, encontrar a otros y encontrarse, transformarse para transformar y transformar para transformarse. Si los zapatistas se vieran a sí mismos con todas las respuestas ya no habría posibilidad de transformar nada ni a nadie y se quedarían detenidos en el supuesto final de un camino, en la meta conquistada. Podemos ser o no zapatistas, pero hay algo que no podemos negar, los zapatistas son básicamente antidogmáticos, por eso siguen buscando respuestas para lo cual primero se siguen haciendo preguntas. Siguen creando y recreando distintas maneras de resistir avanzando en el camino de construir autonomía frente a todo lo que ponga límites a su posibilidad de crear y decidir cómo quieren vivir y morir: el neoliberalismo, las tradiciones más dogmáticas de las izquierdas, el estado mexicano, las tradiciones menos democráticas y las más patriarcales de las comunidades indígenas.
   En la construcción de autonomía seguramente seguirán avanzando porque una característica zapatista es que no pueden estarse quietos, porque la quietud es lo que les han impuesto y es con lo que quieren terminar. Por eso son rebeldes, porque no aceptan quedarse quietos y resignados frente a la humillación y la explotación. Y nos invitan a seguir luchando, a no echarnos para atrás, tal como ellos lo intentan desde hace mucho tiempo. La Comandanta Rosalinda, en el encuentro que se llevó a cabo en Oventik en agosto del año pasado, con motivo de dar a conocer a la sociedad civil nacional e internacional los avances en la construcción de autonomía, expresa la necesidad de ir superándose a sí mismos, con ese modo especial del hablar zapatista  que incluye el nosotros en verbos en los cuales no es habitual para nuestro oído:

“...no es el momento de echarse para atrás. Ahora es el tiempo de echarle más ganas a todos los trabajos y así avanzarnos para hacer fuerte nuestras resistencia y para construir nuestra autonomía” (subrayado nuestro).

   Rebeldía, resistencia, autonomía, resuenan de otro modo desde que fueron pronunciadas por los zapatistas. Y ellos nos sugieren que esas palabras se transformen en realidades, de distintas maneras, con diferentes métodos, pero respetando la forma del caracol, hacia afuera y hacia adentro, hacia los otros y hacia nosotros.


(1) Primera Declaración de la Selva Lacandona, enero de 1994.

(2) Rajchenberg y Héau-Lambert mencionan un hecho insólito en relación a la apropiación de un luchador popular por parte del estado mexicano: Carlos Salinas de Gortari, presidente de México en 1994, anunció la reforma del artículo 27 constitucional, que significaba la legalización del latifundio y la eliminación del ejido, delante de un retrato de Emiliano Zapata. Quien luchó por la redacción del original artículo 27 contemplaba como se deshacían las conquistas logradas con su lucha. Rajchenberg, Enrique y Héau-Lambert, Catherine: “Historia y simbolismo en el movimiento zapatista”. En: Revista Chiapas 2, Ediciones Era, Instituto de Investigaciones Económicas,  UNAM, México, 1996.

(3) Rajchenberg y Héau-Lambert...op.cit.p.48.

(4) Subcomandante Marcos: Chiapas: La treceava estela. Ediciones del FZLN, México, julio del 2003. p.25.

(5) Ley Agraria Revolucionaria, 1994.

(6) Subcomandante Marcos: Chiapas: La treceava estela. p.32.

(7) Ibid. p.32.

(8) Ibid. p.32.

(9) Ibid. p.22.

(10) Red de Solidaridad con Chiapas, Buenos Aires ,Argentina: Entrevista a la Junta del Buen Gobierno del Caracol IV. La Fogata Digital, diciembre del 2003.

(11) Ibid.

(12) Palabras del Comandante David para la movilización de Vía Campesina, parte de las acciones contra el neoliberalismo, en Cancún, septiembre de 2003.

(13) Subcomandante Insurgente Marcos:  “Carta a Adolfo Gilly”. En: Viento del Sur. Nº 4, verano 1995. p. 25.

(14) John Holloway: “La revuelta de la dignidad”. En: Revista Chipas 5. Ediciones Era-IIEc/UNAM, México, 1997.

(15) Entrevista a Marcos por Cristián Calónico Lucio, 11 de noviembre de 1995, p. 47 (inédita). Citada en: Holloway: “La revuelta de la dignidad”.

(16) Entrevista a Marcos para Radio UNAM, 18/03/94. En: EZLN. La palabra de los armados de verdad y de fuego. Vol.2. Editorial Fuenteovejuna, México, pp.69-70.

(17) Enrique Semo: “El EZLN y la transición a la democracia. En: Revista Chiapas, 2. Ediciones Era, Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, México, 1996.

(18) Marcos, la dignidad rebelde. Conversaciones con Ignacio Ramonet. Ediciones Le Monde Diplomatique, 2001. p.39.

(19) Ibid. p.40.

(20) Entrevista del New York Times a Marcos. 8/2/94.

(21) Entrevista de Medea Benjamín a Marcos. Citada en: Semo...op.cit. p.61.

(22) Subcomandante Marcos: Don Durito de Lacandona. 1995.

(23) EZLN: La palabra de los armados de verdad y de fuego. Entrevistas, cartas y comunicados del EZLN. Tomo 1. Editorial Fuenteovejuna, México, 1994. p.149.

(24) Subcomandante Marcos: Chiapas: La treceava estela. p.33.

(25) Subcomandante Marcos: “Comunicado del 9/8/03”. En: Revista Rebeldía, Nº10, agosto del 2003.

(26) Citado en: Jérôme Blanchet, participación en el debate "Chiapas y la escritura de la historia", Historia Inmediata. http://www.h-debate.com/listahad/a_2001/abril/14-4-01_esp.htm

(27) Márgara Millán: “Las zapatistas de fin del milenio. Hacia políticas de autorrepresentación de las mujeres indígenas”. En: Chiapas 3, Ediciones Era, Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, México, 1996. pp. 24-25.

(28) Márgara Millán: Chiapas y sus mujeres indígenas, de su diversidad y resistencia. Material de Internet.

(29) Ibid.

(30) Márgara Millán: “Las zapatistas de  fin del milenio...” op.cit. pp.25-26.

(31) Ibidem... p. 27.

(32) Hilary Klein: La mujer y la autonomía indígena. Material de Internet.

(33) Ibid.

(34) Ibid.

(35) Segunda Declaración de la Selva Lacandona, 1994.

(36) Ana Esther Ceceña: “El mundo del nosotros: entrevista con Carlos Lenkersdorf”. En: Revista Chiapas 7. Ediciones Era, Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, México, 1999.


Bibliografía 

La palabra zapatista:

* Entrevista a Marcos de Cristián Calónico Lucio, 11 de noviembre de 1995, (inédita). Citada en: Holloway: “La revuelta de la dignidad”. 

* Entrevista a Marcos de Medea Benjamín.  Citada en: Semo: “El EZLN y la transición a la democracia.

* Entrevista a Marcos del New York Times, 8/2/94. 

* Entrevista a Marcos para Radio UNAM, 18/03/94. En: EZLN. La palabra de los armados de verdad y de fuego. Vol.2. Editorial Fuenteovejuna, México.
* EZLN: La palabra de los armados de verdad y de fuego. Entrevistas, cartas y comunicados del EZLN. Tomo 1. Editorial Fuenteovejuna, México, 1994.

* Ley Agraria Revolucionaria, 1994.

* Ley Revolucionaria de Mujeres, 1994.

* Marcos, la dignidad rebelde. Conversaciones con Ignacio Ramonet. Ediciones Le Monde Diplomatique, 2001.

* Palabras del Comandante David para la movilización de Vía Campesina, parte de las acciones contra el neoliberalismo, en Cancún, septiembre de 2003. 

* “Palabras de los Comandantes Zapatistas en Oventik”. En: Revista Rebeldía, Nº 10, México, agosto 2003.

* Primera Declaración de la Selva Lacandona, enero de 1994.

* Red de Solidaridad con Chiapas, Buenos Aires, Argentina: Entrevista a la Junta del Buen Gobierno del Caracol IV. La Fogata Digital, diciembre del 2003.

*Segunda Declaración de la Selva Lacandona, 1994.

* Subcomandante Insurgente Marcos:  “Carta a Adolfo Gilly”. En: Viento del Sur. Nº 4, verano 1995.

* Subcomandante Marcos: “Comunicado del 9/8/03”. En: Revista Rebeldía, Nº10, agosto del 2003.

* Subcomandante Marcos: Chiapas: La treceava estela. Ediciones del FZLN, México, julio del 2003.

* Subcomandante Marcos: Don Durito de Lacandona. 1995.


Artículos:

* Ceceña, Ana Esther:  “El mundo del nosotros: entrevista con Carlos Lenkersdorf”. En: Revista Chiapas 7. Ediciones Era, Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, México, 1999.

* Ceceña, Ana Esther: “La subversión política del zapatismo”. En: Revista América Libre, Nº 20, Buenos Aires, 2003.

* Holloway, John: “La revuelta de la dignidad”. En: Revista Chiapas 5. Ediciones Era, Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, México, 1997.  

* López Monjardín, Adriana y Rebolledo Millán, Dulce María: “Los municipios autónomos zapatistas”. En: Revista Chiapas 7. Ediciones Era, Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, México, 1999.

* Millán, Márgara:  “Las zapatistas de fin del milenio. Hacia políticas de autorrepresentación de las mujeres indígenas”. En: Chiapas 3, Ediciones Era, Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, México, 1996.

* Montes, Regino: “Los pueblos indígenas: diversidad negada”. En: Revista Chiapas 7, Ediciones Era, Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, México, 1999.

* Rajchenberg, Enrique y Héau-Lambert, Catherine: “Historia y simbolismo en el movimiento zapatista”. En: Revista Chiapas 2.  Ediciones Era, Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, México, 1996. 

* Semo, Enrique: “El EZLN y la transición a la democracia”. En: Revista Chiapas, 2. Ediciones Era, Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, México, 1996.

* Vrijea, María Jaidopulu: “Las mujeres indígenas como sujetos políticos”. En: Revista Chiapas 9. Ediciones Era, Instituto de Investigaciones Económicas, UNAM, México, 2000.


Material de Internet:

* Blanchet, Jérôme , participación en el debate "Chiapas y la escritura de la historia", Historia Inmediata. http://www.h-debate.com/listahad/a_2001/abril/14-4-01_esp.htm 

* Castro Apreza, Inés: Mujeres indígenas en Chiapas: el derecho a participar. http://www.memoria.com.mx/139/castro/

* Colectivo Ixim de Solidaridad con Chiapas: Mujeres zapatistas, la triple rebelión.

*Klein, Hilary: La mujer y la autonomía indígena. http://www.eco.utexas.edu/~archive/chiapas95/2001.05/msg00690.html

* Millán, Márgara: Chiapas y sus mujeres indígenas, de su diversidad y resistencia. http://membres.lycos.fr/revistachiapas/No4/ch4millan.html

* Ornelas, Raúl: La construcción de autonomías entre las comunidades zapatistas de Chiapas. La Fogata Digital, 23/1/04. http://www.rebelion.org/sociales/04012ornelas.htm


 
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