Fidel Castro, discurso en el acto en conmemoración del aniversario 40 de la proclamación del carácter Socialista de la Revolución, efectuado el 16 de abril del 2001 Imprimir E-Mail

Compatriotas:
Hace exactamente 40 años, a esta misma hora, en este mismo sitio, se proclamó el carácter socialista de la Revolución. Acabábamos de enterrar a los caídos en el artero ataque del amanecer del 15 de abril de 1961. Los aviones de bombardeo B-26 propiedad del gobierno de Estados Unidos que nos agredieron tenían el color y las insignias de nuestra modesta fuerza aérea. Las tres principales bases -ubicadas en Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba- fueron atacadas aquel amanecer traicionero y sangriento. Las naves aéreas atacantes traían 10 000 kilogramos de bombas, 64 cohetes de 5 pulgadas y 23.040 balas calibre 50. En cuestión de segundos los jóvenes artilleros, todavía en fase de entrenamiento, respondieron con sus armas antiaéreas al sorpresivo golpe. El enemigo sólo pudo destruir en tierra tres aviones de combate. Siete compatriotas murieron y 53 personas fueron heridas, entre ellas 5 niños que vivían en los alrededores del aeropuerto de Ciudad Libertad.
Los aviones atacantes habían partido de una base ubicada en Nicaragua. Uno de ellos fue derribado, dos tuvieron que realizar aterrizaje forzoso en distintos sitios y todos los que regresaron a su punto de partida habían recibido numerosos impactos de balas antiaéreas.
Al finalizar los combates de Girón, el artero enemigo había perdido 14 pilotos, entre ellos 4 norteamericanos, y el 62% de los aviones suministrados por Estados Unidos.
La Revolución, tras rechazar el ataque del 15 de abril, contaba todavía con más aviones de combate que pilotos, los cuales, 48 horas más tarde, al amanecer del día 17, asestarían un golpe demoledor a las fuerzas invasoras. Esta agresión aérea sirvió para percatarnos de la inminencia de la invasión, 36 horas antes del desembarco. Todas las fuerzas fueron movilizadas y puestas en estado de alerta total.
La superpotencia iniciaba así su grosera y cobarde agresión militar contra nuestro pequeño país, cometiendo una flagrante violación del derecho internacional.
Como era de esperarse, el poderoso aparato de publicidad y engaño imperialista entró de inmediato en acción. ¿Qué explicación de los hechos ofreció Estados Unidos al mundo?
Para ilustrar a las nuevas generaciones nacidas después, tomo fragmentos de los propios cables que utilicé aquel 16 de abril para denunciar la cínica conducta de los gobernantes de ese país: "Miami, abril 15, UPI. Pilotos cubanos que escaparon de la Fuerza Aérea de Fidel Castro, aterrizaron hoy en Florida con bombarderos de la Segunda Guerra Mundial, tras haber volado instalaciones militares cubanas. […] Uno de los bombarderos B-26 de la Fuerza Aérea de Cuba aterrizó en el aeropuerto internacional de Miami acribillado por el fuego de artillería antiaérea y de ametralladoras, y con solo uno de sus dos motores en funcionamiento. Otro descendió en la estación aérea de la Marina en Cayo Hueso; un tercer bombardero aterrizó en otro país extranjero distinto al que habían proyectado originalmente dirigirse después del ataque. Circulan versiones no confirmadas de que otro avión se estrelló en el mar cerca de la Isla Tortuga. La Marina de Estados Unidos investiga el caso. Los pilotos, que pidieron no se divulgara su identidad, descendieron de sus aviones vistiendo sus uniformes de maniobra e inmediatamente solicitaron asilo en Estados Unidos."
Minutos después, otro cable: "Miami, UPI. El piloto del bombardero que aterrizó en Miami explicó que era uno de los 12 pilotos de B-26 que continuaron en la Fuerza Aérea de Cuba. […] ‘Mis camaradas despegaron más temprano para atacar los aeródromos que habíamos dispuesto castigar. Luego, y debido a que se me acababa el combustible, tuve que tomar rumbo a Miami porque no estaba en condiciones de llegar a nuestro destino convenido’."
"Miami, 15, AP. Tres pilotos cubanos de bombarderos, temiendo ser traicionados en sus planes para escapar del gobierno de Fidel Castro, huyeron hoy a Estados Unidos después de ametrallar y bombardear los aeropuertos en Santiago y La Habana”. "Uno de los dos bombarderos bimotores aterrizó en el aeropuerto internacional de Miami, y el piloto refirió la forma en que él y otros 3 de los 12 pilotos de aviones B-26, que son los que quedan en la Fuerza Aérea cubana, proyectaron durante meses huir de Cuba. […] Las autoridades de Inmigración pusieron en custodia a los cubanos y confiscaron los aviones." Confiscaron sus propios aviones.
"México, D. F., 15, AP. El bombardeo de bases cubanas por aviones cubanos desertores fue acogido aquí con muestras de agrado por la mayor parte de los diarios, que se unieron con los grupos de cubanos exiliados para decir que el bombardeo era el comienzo de un movimiento de liberación del comunismo. […] Entre los cubanos exiliados se notaba gran actividad. Una fuente cubana comentó que el nuevo gobierno cubano en el exilio se trasladará a Cuba a poco de la primera ola de invasión contra el régimen cubano de Fidel Castro, para establecer un Gobierno Provisional, que se espera sea reconocido rápidamente por muchos países latinoamericanos anticastristas. Amado Hernández Valdés, del Frente Revolucionario Democrático Cubano aquí, dijo que el momento de la liberación se acerca; declaró que fueron cuatro las bases cubanas atacadas por los tres aviones cubanos que desertaron."
Ambas agencias dieron a la publicidad la siguiente noticia: "Declaración entregada por el Dr. Miró Cardona: Un heroico golpe en favor de la libertad cubana fue asestado esta mañana por cierto número de oficiales de la Fuerza Aérea cubana. Antes de volar con sus aviones a la libertad, estos verdaderos revolucionarios trataron de destruir el mayor número posible de aviones militares de Castro. El Consejo Revolucionario se enorgullece de anunciar que sus planes fueron realizados con éxito, y que el Consejo ha tenido contacto con ellos y ha estimulado a esos valientes pilotos. Su acción es otro ejemplo de la desesperación a la que los patriotas de todas las capas sociales pueden ser arrastrados bajo la implacable tiranía de Castro. Mientras Castro y sus partidarios tratan de convencer al mundo de que Cuba ha sido amenazada de invasión desde el extranjero, este golpe a favor de la libertad, como otros anteriores, fue asestado por cubanos residentes en Cuba que se decidieron a luchar contra la tiranía y la opresión o morir en el intento. Por razones de seguridad, no se darán a conocer más detalles".
Miró Cardona era precisamente el jefe del Gobierno Provisional que Estados Unidos tenía recluido, en compañía de otros cabecillas políticos, en la barraca de una base, con las maletas preparadas y un avión listo para aterrizar con ellos en la pista de Playa Girón tan pronto la cabeza de playa estuviera asegurada. El cúmulo de mentiras no terminaba ahí. Las agencias cablegráficas informaron ese mismo día en horas de la tarde: "El embajador norteamericano ante Naciones Unidas Adlai Stevenson rechazó las afirmaciones de Roa […] y mostró a la Comisión fotografías de United Press International que muestran dos aviones que aterrizaron hoy en Florida después de haber participado en la incursión contra tres ciudades cubanas. ‘Tienen la marca de la Fuerza Aérea de Castro en su cola, tienen la estrella y las iniciales cubanas; son claramente visibles. Con gusto exhibiré estas fotos.’ Stevenson añadió que los dos aviones en cuestión estaban piloteados por oficiales de la Fuerza Aérea cubana y tripulados por hombres que desertaron del régimen de Castro. ‘Ningún personal de Estados Unidos participó en el incidente de hoy, y no fueron de Estados Unidos los aeroplanos, fueron aviones del propio Castro que despegaron de sus propios campos’."
Es posible que las propias agencias cablegráficas hayan sido engañadas por los ardides y las falsas versiones del gobierno de Estados Unidos.
Puede apreciarse con claridad cómo tal leyenda había sido elaborada de antemano y transmitida a los pilotos: cada uno propalaba con iguales detalles la misma mentira.
Del frustrado Presidente del Gobierno Provisional no podía esperarse otra cosa que repetir la misma versión.
El caso del embajador de Estados Unidos ante Naciones Unidas fue penoso. Había sido candidato presidencial y gozaba de cierto prestigio ante la opinión pública y los políticos de ese país. Muchos estiman que fue engañado sin consideración alguna.
Han transcurrido 40 años. Sin embargo, los métodos de mentiras y engaños del imperio y sus aliados mercenarios permanecen inalterables. Cuando hace apenas 4 años comenzaron a estallar bombas en los hoteles de la Capital, financiadas por la Fundación Cubano-Americana y enviadas a Cuba desde Centroamérica por sangrientos terroristas, la versión que divulgaron fue que se trataba de acciones de los miembros de los servicios de Seguridad del Estado de Cuba que estaban descontentos con la Revolución.
Ya próximo a finalizar el discurso que pronuncié hace 40 años, dije: "Lo que no pueden perdonarnos los imperialistas es que estemos aquí. Lo que no pueden perdonarnos es la dignidad, la entereza, el valor, la firmeza ideológica, el espíritu de sacrificio y el espíritu revolucionario del pueblo de Cuba, y que hayamos hecho una Revolución Socialista. ¡Esa Revolución Socialista la defendemos con esos fusiles! ¡Esa Revolución Socialista la defendemos con el valor con que ayer nuestros artilleros antiaéreos acribillaron a balazos a los aviones agresores! ¡No la defendemos con mercenarios; la defendemos con los hombres y mujeres del pueblo!
"¿Acaso las armas las tienen los millonarios?" (Exclamaciones de: "¡No!")
"¿Acaso las armas las tienen los hijitos de los ricos?" (Exclamaciones de: "¡No!") Así dije entonces y así responden ustedes ahora.
"¿Acaso las armas las tienen los mayorales?" (Exclamaciones de: "¡No!")
"¿Quién tiene las armas?" (Exclamaciones de: "¡El pueblo de Cuba!")
"¿Qué manos son esas que levantan esas armas?" (Exclamaciones de: "¡El pueblo!")
"¿Son manos de señoritos?" (Exclamaciones de: "¡No!")
"¿Son manos de ricos?" (Exclamaciones de: "¡No!")
"¿Son manos de explotadores?" (Exclamaciones de: "¡No!")
"¿Qué manos son esas que levantan esas armas?" (Exclamaciones de: "¡El pueblo!")
"¿No son manos obreras, no son manos campesinas, no son manos endurecidas por el trabajo, no son manos creadoras, no son manos humildes del pueblo?" (Exclamaciones de: "¡Sí!")
"¿Y cuál es la mayoría del pueblo, los millonarios o los obreros" (Exclamaciones de: "¡Los obreros!"); "los explotadores o los explotados" (Exclamaciones de: "¡Los explotados!"); "los privilegiados o los humildes?" (Exclamaciones de: "¡Los humildes!")
"¿Las tienen los privilegiados?" (Exclamaciones de: "¡No!")
"¿Las tienen los humildes?" (Exclamaciones de: "¡Sí!")
"¿Son minoría los privilegiados?" (Exclamaciones de: "¡Sí!")
"¿Son mayoría los humildes?" (Exclamaciones de: "¡Sí!")
"¿Es democrática una Revolución en que los humildes tienen las armas?" (Exclamaciones de: "¡Sí!")
"Compañeros obreros y campesinos: ¡Esta es la Revolución Socialista y democrática de los humildes, con los humildes y para los humildes! ¡Y por esta Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes estamos dispuestos a dar la vida!
"El ataque de ayer, que costó 7 vidas heroicas, tuvo el propósito de destruir nuestros aviones en tierra; mas fracasaron, sólo destruyeron tres aviones, y el grueso de los aviones enemigos fue averiado o abatido."
Compatriotas de ayer, de hoy y de mañana:
En Girón nuestro pueblo patriota y heroico, que había madurado extraordinariamente en apenas dos años de enfrentamiento al poderoso imperio, sin temor ni vacilación alguna combatió por el socialismo. Atrás quedó aplastada para siempre la peregrina idea de que los sufrimientos soportados, la sangre y las lágrimas derramadas durante casi cien años de lucha por la independencia y la justicia contra el colonialismo español y su modelo esclavista de explotación, y más tarde contra el dominio imperialista y los gobiernos corruptos y sanguinarios impuestos a Cuba por Estados Unidos, eran para reconstruir una sociedad neocolonialista, capitalista y burguesa. Se hizo indispensable la búsqueda de objetivos mucho más elevados en el desarrollo político y social de Cuba.
Era necesario y era posible. Lo hicimos en el momento histórico exacto y preciso, ni un minuto antes ni un minuto después, y fuimos lo suficientemente audaces para intentarlo.
Cuando vemos al sur del Río Grande todo un conjunto de países balcanizados, aunque todos con la misma lengua, cultura, raíces históricas y étnicas, a punto de ser devorados por la poderosa, expansionista e insaciable potencia del norte revuelto y brutal que nos desprecia, los cubanos podemos exclamar: ¡Glorioso mil veces fue aquel día en que aquí se proclamó el carácter socialista de la Revolución Cubana!
Hoy tal vez habría sido demasiado tarde. La victoria del Primero de Enero de 1959 ofreció la excepcional oportunidad de hacerlo. Sin el socialismo no habríamos podido reducir a cero el nivel de analfabetismo. Sin el socialismo no tendríamos escuelas y maestros para todos los niños sin excepción alguna, hasta en los más apartados rincones del país, ni escuelas especiales para todos los que las requieren, ni el ciento por ciento de escolarización en la primaria, ni el 98,8% en la secundaria; ni escuelas vocacionales de ciencias exactas, ni preuniversitarios, ni Camilitos, EIDES y pre EIDES, ni de técnicos y profesores de educación física y deportes, ni escuelas de oficios, ni institutos tecnológicos y politécnicos de enseñanza profesional, ni facultades para la educación obrero-campesina, ni escuelas de idiomas, ni de arte, en todas las provincias del país.
Sin el socialismo Cuba no tendría hoy 700.000 graduados universitarios, 15 institutos superiores pedagógicos, 22 facultades de medicina; un total de 51 centros de enseñanza superior, más 12 filiales y facultades independientes, con 137.000 estudiantes universitarios.
Sin el socialismo no tendríamos 67.500 médicos, más de 250.000 profesores y maestros; 34.000 profesores de educación física y deportes, el mayor número per cápita de las tres categorías entre todos los países del mundo.
Sin el socialismo no sería el deporte un derecho del pueblo, ni Cuba ganaría más medallas de oro per cápita en los Juegos Olímpicos que cualquier otro país.
Sin el socialismo no hubiéramos podido alcanzar el alto nivel de cultura política que poseemos hoy.
Sin el socialismo no contaríamos con 30 133 médicos de la familia; 436 policlínicos; 275 hospitales clínico-quirúrgicos, pediátricos, maternos y de especialidades y 13 institutos especializados de medicina.
Sin el socialismo no habría en nuestra patria 133 centros de investigaciones científicas y decenas de miles de investigadores científicos, masters y doctores en ciencias.
Sin el socialismo 1.012.000 jubilados, 325.500 pensionados y 120.000 ciudadanos que reciben asistencia social, no estarían recibiendo, sin excepción alguna, los beneficios de la seguridad social, ni ésta abarcaría a la totalidad de los ciudadanos que, cuando la necesitan, pueden acudir a ella.
Sin el socialismo 163.000 campesinos no serían dueños de sus tierras, que explotan como parcelas individuales propias o en forma de Cooperativas de Producción Agropecuaria, ni 252.000 trabajadores agrícolas serían dueños de las instalaciones, los equipos y las cosechas en Unidades Básicas de Producción Cooperativa.
Sin el socialismo el 85% de los núcleos familiares no serían ya dueños de sus viviendas, no se habría electrificado el 95% del país, ni el agua potable alcanzaría al 95,3% de la población; ni habrían sido construidos 48.540 kilómetros de carreteras, ni existirían 1.005 presas y embalses, que retienen casi todas las aguas que pueden ser embalsadas para uso agrícola, industrial y doméstico. Sin el socialismo la mortalidad infantil no estaría por debajo de 8 por cada 1.000 nacidos vivos; nuestros niños no estarían protegidos por vacunas contra 13 enfermedades, ni las expectativas de vida al nacer de nuestros ciudadanos serían de 76 años; no tendríamos un índice de SIDA de 0,03%, que contrasta con el 0,6% de Estados Unidos y otros países desarrollados y ricos, ni se hubiera contado con más de 575.000 donaciones voluntarias de sangre en el año 2000.
Sin el socialismo no podríamos prometer, como lo estamos haciendo ya, trabajo decoroso para el ciento por ciento de los jóvenes, con la única condición de que estén preparados, ni estarían desarrollándose los programas mediante los cuales todos tendrán la oportunidad de estarlo.
Sin el socialismo los trabajadores manuales e intelectuales, productores de los bienes materiales y espirituales indispensables para la vida de nuestra especie, no habrían ocupado jamás el papel de vanguardia que con justicia les corresponde en la sociedad humana.
Sin el socialismo las mujeres cubanas, ayer discriminadas y relegadas a trabajos humillantes, no constituirían hoy el 65% de la fuerza técnica del país, ni disfrutarían del principio de igual salario para igual trabajo, que no se aplica en la casi totalidad de los países capitalistas desarrollados.
Sin el socialismo no existirían las organizaciones de masas: de obreros y trabajadores, de campesinos, de mujeres, de vecinos organizados en Comités de Defensa de la Revolución, de pioneros, de estudiantes del nivel medio superior, universitarios, y de Combatientes de la Revolución Cubana, que comprenden la gran masa de nuestro pueblo y desempeñan un papel decisivo en el proceso revolucionario y en la participación verdaderamente democrática de todos los ciudadanos en la dirección y los destinos del país.
Sin el socialismo no habría sido posible una sociedad sin mendigos abandonados en las calles, sin niños descalzos o pidiendo limosnas, o ausentes de las escuelas, trabajando para vivir, o siendo objeto de explotación sexual, o utilizados como instrumentos para la comisión de delitos, o integrando pandillas, tal como ocurre en otras partes del mundo, incluidos los Estados Unidos.
Sin el socialismo Cuba no ocuparía hoy un lugar destacado en su lucha creciente, tenaz y sostenida por la preservación del medio ambiente.
Sin el socialismo el patrimonio cultural estaría indefenso, sometido a saqueo o destrucción; las partes históricas de las ciudades más antiguas de Cuba habrían sido sustituidas por edificios ajenos totalmente al entorno arquitectónico. La parte más antigua de nuestra capital, que hoy los visitantes admiran cada vez más por el esmero con que se restaura y conserva, no existiría. La grosera edificación construida detrás del Palacio de los Capitanes Generales, donde una centenaria instalación universitaria fue destruida para edificar en su lugar un helipuerto, es la mejor prueba de lo que estoy afirmando.
Sin el socialismo no habríamos sido capaces de resistir la aplastante influencia extraña que se impone progresivamente a muchos pueblos del mundo, ni seríamos testigos del pujante movimiento cultural y artístico que se está desarrollando hoy en nuestra patria: el Instituto Superior de Arte, prestigiosa institución creada por la Revolución, se restaura y amplía; se imparten valiosos conocimientos en 43 Escuelas de Arte Vocacionales y Profesionales en todo el país, que se incrementarán en un futuro próximo; 4.000 jóvenes acaban de ingresar en el primer curso de 15 escuelas de instructores de arte, con capacidad para más de 15.000 alumnos, creadas el pasado año, donde se graduarán, además, como bachilleres en humanidades. Un número igual de 4.000 jóvenes ingresará cada nuevo curso.
Tenemos ya 306 Casas de Cultura funcionando; 292 museos; 368 bibliotecas públicas abiertas a la población y 181 galerías de arte.
Sin el socialismo no habría hoy Universidad para Todos, cuyos primeros programas se inician con un impactante efecto y como una gran promesa en la búsqueda de una cultura general integral que convertirá a los cubanos en el pueblo más culto del mundo.
Trescientos Joven Club de computación ya están funcionando y 20.000 computadoras se están distribuyendo ya en las escuelas secundarias y de nivel medio superior. Los conocimientos de computación se masificarán y serán impartidos desde el preescolar hasta el último curso de nivel universitario.
Larga e interminable sería la lista de comparaciones y contrastes, pero hay algunas que no puedo dejar de mencionar por su valor patriótico, internacionalista y humano: Sin socialismo Cuba no habría podido resistir 42 años la hostilidad, el bloqueo y la guerra económica del imperialismo, mucho menos un período especial de 10 años no concluido todavía; no habría podido revalorizar su moneda, de 150 pesos por un dólar en 1994, a sólo 20 por un dólar en 1999, logro no alcanzado por país alguno; ni hubiese sido posible, en medio de increíbles dificultades, iniciar un crecimiento económico modesto, pero sostenido y sólido.
Sin el socialismo Cuba no sería hoy el único país del mundo que no necesita del comercio con Estados Unidos para sobrevivir, e incluso avanzar, tanto en el terreno económico como en el terreno social. En este último campo, es en la actualidad imposible que ni siquiera los países más ricos e industrializados puedan emular con Cuba.
Somos uno de los pocos países del mundo que no pertenece ni quiere pertenecer al Fondo Monetario Internacional, convertido en celoso guardián de los intereses del imperio. Nada de lo que he referido habría sido posible atados de pies y manos a esa tenebrosa institución de Bretton Woods, que arruina políticamente a los que tienen que acudir a ella, desestabiliza y destruye gobiernos, y de la que no pueden escapar los que están atados al doble yugo del FMI y del neoliberalismo, ambos expresión del injusto e irracional orden económico impuesto al mundo.
Sin el socialismo cada ciudadano no tendría el mismo derecho a recibir gratuitamente cualquier servicio de educación y salud, cueste lo que cueste, y sin que para ello jamás alguien le pregunte cuáles son sus ideas religiosas o políticas.
Sin el socialismo no tendríamos un país sin drogas, prostíbulos, casinos de juego, delincuencia organizada, desaparecidos, Escuadrones de la Muerte, linchamientos ni ejecuciones extrajudiciales.
Sin el socialismo las familias cubanas no podrían ver crecer a sus hijos sanos, instruidos, preparados, sin temor a que alguien los induzca a la droga, o al vicio, o puedan morir en sus escuelas a manos de sus propios compañeros.
Sin el socialismo Cuba no sería, como lo es hoy, la más sólida barrera en el hemisferio contra el tráfico de drogas, en beneficio incluso de la sociedad norteamericana.
Sin el socialismo Cuba no sería un país en el que durante 42 años no se ha conocido la represión, ni la brutalidad policial, tan común en Europa y otras partes donde carros antimotines, hombres con extrañas escafandras que parecen llegados de otro planeta, con escudos, bastones y balas de goma, gas lacrimógeno, gas pimienta u otros medios, arremeten contra la población.
A los occidentales les cuesta trabajo comprender por qué en Cuba no ocurre nada parecido. No tienen siquiera la menor idea de lo que es capaz de aportarle a la sociedad humana la unidad, la conciencia política, la solidaridad, el desinterés y el desprendimiento, el patriotismo, los valores morales y los compromisos que emanan de la educación, la cultura y toda la justicia que aporta una verdadera Revolución.
Sin el socialismo cientos de miles de cubanos no habrían cumplido misiones internacionalistas, ni nuestra patria habría podido aportar un solo grano de arena en la lucha contra el colonialismo en Africa, ni sus hijos habrían derramado una sola gota de su sangre combatiendo contra las fuerzas al parecer invencibles del oprobioso sistema del apartheid, el racismo y el fascismo.
Ni uno solo de los que entonces comerciaban e invertían y hoy poseen grandes riquezas en Sudáfrica y otros países de ese continente -donde Cuba no buscó, ni posee ni desea una sola pulgada de tierra- aportó la más mínima cuota de sacrificio. Ni siquiera la enorme distancia que nos separa de Africa fue obstáculo insalvable para el espíritu solidario de la pequeña isla bloqueada y hostigada.
Sin el socialismo más de 40.000 trabajadores de la salud no habrían prestado su noble colaboración internacionalista en más de 90 países, ni se estarían llevando a cabo hoy planes integrales de salud en 16 países de América Latina, el Caribe y África gracias al inmenso capital humano creado por la Revolución.
Sin el socialismo no habrían sido graduados en universidades cubanas 15.600 estudiantes procedentes del Tercer Mundo, ni en la actualidad estarían cursando estudios superiores en Cuba 11 000 estudiantes procedentes de esos países.
Sin el socialismo no existiría hoy la prestigiosa Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas, donde estudian en la actualidad jóvenes de 24 países y 63 etnias indígenas, ni estarían ingresando en ella más de dos mil nuevos estudiantes cada año.
Sin el socialismo no se habría inaugurado ni existiría tampoco la Escuela Internacional de Deportes y Educación Física, con capacidad de 1.500 alumnos, donde hoy cursan el primer año 588 jóvenes de 50 países.
Sin el socialismo no habrían sido atendidos en Cuba 19 000 niños y adultos de las tres Repúblicas afectadas en el accidente nuclear de Chernobil, ocurrido en 1986, la mayoría de ellos atendidos en pleno período especial, y 53 personas dañadas por el accidente radiológico del Estado de Goiás en Brasil.
Lo que hemos compartido con otros pueblos no nos ha impedido que uno solo de nuestros compatriotas haya tenido la posibilidad de formar parte de los millones de técnicos de nivel medio y profesionales universitarios con que cuenta hoy Cuba. Ello demuestra que con poco se puede hacer mucho y que con mucho menos recursos que los que hoy gasta el mundo en publicidad comercial, armas, drogas y gastos excesivamente suntuarios, se podría hacer todo.
Sin el socialismo Cuba, aunque sin pretenderlo, no se habría convertido en ejemplo para muchas personas en el mundo y en el vocero leal y constante de las causas más justas; un pequeño país que goza del envidiable privilegio de ser casi el único que en cualquier foro o tribuna internacional puede denunciar con entera libertad, sin temor alguno a represalias y agresiones, el orden económico injusto y la política insaciable y rapaz, hipócrita e inmoral del gobierno de la superpotencia hegemónica.
Sin el socialismo Cuba no habría podido resistir la hostilidad de nueve Presidentes de Estados Unidos que, con excepción de Carter -debo decirlo con toda honestidad- fueron hostiles o sumamente agresivos y hostiles contra nuestra patria. Habría que añadir al que acaba de acceder al trono presidencial que, a juzgar por los primeros pasos dados en la esfera internacional y el lenguaje de sus asesores y sus aliados de la mafia terrorista de Miami, se evidencia que podríamos estar ante una Administración belicosa y carente totalmente de ética.
Un día como hoy sería bueno recordar aquella frase inmortal del Titán de Bronce: "¡Quien intente apoderarse de Cuba, sólo recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la contienda”.
El pueblo cubano de hoy, heredero de su pensamiento, junto al de José Martí y al de toda la legión de héroes que trazaron el largo camino recorrido hasta ahora, está en condiciones de afirmar que los que intenten apoderarse de Cuba no recogerían hoy ni siquiera el polvo de nuestro suelo anegado en sangre, porque no tendrían otra alternativa que perecer en la contienda.
Como dije ya, las naciones latinoamericanas, en este instante histórico, están a punto de ser devoradas por Estados Unidos, convertido hoy en superpotencia hegemónica. En los próximos días, del 20 al 22 de abril, tendrá lugar una Reunión Cumbre hemisférica en Quebec. Allí, la superpotencia hegemónica tratará de dictar las condiciones de rendición a los gobiernos de América Latina. Los documentos para un Tratado de Libre Comercio entre los países del hemisferio han sido aceleradamente elaborados. Estados Unidos desea adelantar el festín, los privilegios que pretende cerrarán el paso a la competencia comercial y las inversiones de Europa y de los países industrializados de Asia. La estrategia es impedir a toda costa que el MERCOSUR se consolide y que la integración de los países de Sudamérica se desarrolle de modo que con mucha mayor fuerza puedan negociar con Estados Unidos.
El gobierno de ese país prefiere negociar por separado con cada uno de ellos, explotando la debilidad económica, el desarrollo desigual existente, las contradicciones entre estos, y la situación desesperada que implica una enorme deuda externa que los asfixia.
Dadas las relaciones de total dependencia con Estados Unidos y los organismos financieros internacionales, algunos no están en condiciones de ofrecer resistencia; otros no están conscientes del peligro de absorción que los amenaza, o no desean ofrecer resistencia alguna. Pero no todos están dispuestos a ser simplemente devorados, y habrá resistencia.
Por su parte, los pueblos allí representados, gran parte de ellos sumidos en la ignorancia, extrema pobreza y desesperación, no tendrán participación alguna en las decisiones y mirarán desde lejos unas negociaciones cuyos objetivos, contenido y consecuencias no están en condiciones de conocer y mucho menos de comprender. Crear conciencia, denunciar la voracidad imperialista y el riesgo que están corriendo los pueblos de América Latina y el Caribe tal vez sea hoy la tarea más urgente de los líderes políticos y sociales, de economistas e intelectuales progresistas, de todas las fuerzas de izquierda.
Quienes nos percatamos de las realidades sociales, de la gravedad y el carácter insoluble de los problemas, que nunca podrán resolverse por aquella vía y serán cada vez más dramáticos, sabemos que América Latina y el Caribe pueden ser devorados, pero no podrán ser digeridos. Más tarde o más temprano, como el personaje bíblico, de una forma u otra, escaparían del vientre de la ballena. Y el pueblo cubano los esperaría desde fuera, puesto que hace rato aprendió a nadar en aguas turbulentas y conoce que, en tanto sus condiciones de vida no mejoren radicalmente, los pueblos del Tercer Mundo se harán cada vez más ingobernables y forzarán las soluciones necesarias.
Un día como hoy, al hacer el recuento de la obra de la Revolución, lo asombroso es descubrir que estamos lejos de haber alcanzado toda la justicia necesaria y posible.
Los años transcurridos han enriquecido extraordinariamente nuestra experiencia y conocimientos desde entonces. Cuatro décadas de luchas frente a enormes dificultades han fortalecido nuestras convicciones, nuestra confianza en el hombre y sus infinitas posibilidades.
El socialismo que hoy concebimos es muy superior a nuestros sueños de entonces. El período especial nos obligó a retroceder un trecho del camino recorrido. Surgieron dolorosas desigualdades. Los más sufridos, los más entregados por encima de todo a la causa revolucionaria, nuestros más leales trabajadores manuales e intelectuales, el pueblo más humilde y fiel, los revolucionarios más conscientes, comprendieron esa circunstancia inevitable, y como siempre sucedió y siempre habrá de suceder en los tiempos difíciles, echaron sobre sus hombros el peso principal de la tarea de salvar la patria y el socialismo a cualquier precio.
Mas no sólo alcanzaremos metas mucho más altas que las que habíamos alcanzado, sino que las superaremos. Ya hoy marchamos hacia objetivos con los cuales no habríamos podido soñar hace 40 años, menos aún en la durísima etapa que comenzó hace 10 años, de la cual emergemos victoriosos. Un nuevo amanecer comienza a iluminar nuestro futuro; un futuro que será más brillante, un socialismo que será más acabado, una obra revolucionaria que será más prometedora y profunda.
Hoy no venimos a conmemorar el 40 aniversario de la proclamación del carácter socialista de la Revolución; hemos venido a ratificarlo, hemos venido a volver a jurar.
Utilizando exactamente las mismas palabras de aquel inolvidable día hace 40 años, les pregunto: "Obreros y campesinos, hombres y mujeres humildes de la patria, ¿juran defender hasta la última gota de sangre esta Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes?" (Exclamaciones de: "¡Juramos!")
"Aquí, frente a la tumba de los compañeros caídos; aquí, junto a los restos de los jóvenes heroicos, hijos de obreros e hijos de familias humildes" —a lo que añado hoy dos frases: en memoria de todos los caídos por la patria y la justicia desde hace 133 años, en nombre de los que dieron sus vidas por la humanidad en heroicas misiones internacionalistas—, "reafirmemos nuestra decisión de que al igual que ellos pusieron su pecho a las balas, al igual que ellos dieron sus vidas, vengan cuando vengan los mercenarios, todos nosotros, orgullosos de nuestra Revolución, orgullosos de defender esta Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes, no vacilaremos, frente a quienes sean, en defenderla hasta nuestra última gota de sangre."
¡Hasta la Victoria Siempre!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!


 
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