Géneros y Salud - Intervención de Zulema Palma Imprimir E-Mail
(Médica, integrante de Mujeres al Oeste)

Les voy a leer algunos casos, para reflexionar después sobre ellos.


“Una mujer embarazada se entera que es portadora de VIH cuando le hacen el examen de sangre por su condición de embarazada, no es adicta endovenosa y convive desde hace 10 años con su actual pareja”.


“En un hogar donde el padre está sin trabajo y la madre lo sostiene con  changas de servicio domestico, se sirve el guiso, que es la única porción del día. Las porciones se reparten sucesivamente con progresiva disminución del tamaño, primero al padre, luego a los hijos varones, después a las hijas mujeres, última la hermanita mayor que cuida de todo y todos mientras la madre trabaja fuera de la casa y finalmente se sirve la madre”.
“Es atendido por el servicio de traumatología de su obra social un operario de la empresa de telefonía que cayó de cinco metros de altura mientras estaba trabajando, pues estaba trabajando sin las medidas de seguridad”.

“Una mujer concurre a la guardia del hospital para que la atiendan, presenta una hematoma en sus ojos, sus brazos y fractura en dos  costillas. Dice que se cayó de la bicicleta .Se le trata la fractura de manera convencional se le aplica analgésicos y antiiflamatorios. Se la cita para control en una  semana, no se investiga por el accidente”.

“Entra por guardia un joven de 18 años  baleado en una riña entre bandas callejeras”.

“Una ama de casa concurre a la consulta por padecer dolores de cabeza e insomnio. Para el examen no presentan anormalidades clínicamente demostrables y se le dan psicofármacos, pastillitas para los nervios”.

“Es atendido en unidad coronaria, un ejecutivo de un banco por presentar infarto cardíaco, y es  candidato a una operación de By pass”.

“Una mujer de escasos recursos económicos, cursa su novena gestación. No lo buscó y se produjo por falla del DIU que tenía colocado hace dos años. Solicita ligadura de trompas,  en el hospital y se le niega”.

“Un hombre desocupado, padre de cinco hijos. Cuya familia subsiste por el trabajo de su mujer, se emborracha casi todos los días”.             

“En terapia intensiva muere Adriana de 32 años, con cuarto hijos, por complicaciones de un aborto, iniciado con una sonda colocado en el útero por una vecina que  sabe hacerlo y que le cobró cincuenta pesos”.

“Una joven con buenos recursos económicos se hace implantar siliconas en sus mamas para estar a la moda”.

“Un hombre de 63 años es internado con ramificaciones o metástasis como decimos nosotros, de un cáncer de próstata, que se diagnostico tarde".
 
“Una adolescente de 15 años es internada con un cuadro severo de descompensación, producido por  una  bulimia no tratada”. 

En primer lugar, todos estos casos son reales. Ahora les pregunto a ustedes y  me pregunto. ¿Qué tienen en común todos estos casos?. ¿Cuál es el hilo conductor que nos permite presentarlos juntos?.
Son hombre y mujeres, de distintas edades, distintas condiciones  sociales, económicas, distintos niveles educativos.
Las condiciones de vida de esas personas donde se cruzan elementos de género y de clase, también cuestiones generacionales, de edad, elementos de pertenencia étnica, que acá no los señale demasiado claramente determinan esas condiciones de vida, el modo de enfermar y a veces de morir, tanto de ellas, como de ellos. A veces es la pobreza y otras veces es el buen nivel de vida que se cruzan con costumbres, con creencias, con mitos, con valores, y con roles adjudicados y asumidos por varones y mujeres, para conformar situaciones de enfermedad y de sufrimiento y que se hacen presentes de una manera particular, en un determinado momento, en un contexto, en el transcurso de una historia social e individual.
Generalmente las respuestas del sistema de salud son acotadas a lo que se ve y no a lo que realmente es.
Muchas veces la respuesta se remite a lo que se ve,  a lo obvio y no a lo que realmente está en el fondo de esos padecimientos, donde el contexto sociocultural pesa muchísimo y como dijimos, lamentablemente,  no siempre es tenido en cuenta.
Si logramos superar el modelo biomédico hegemónico, nos adentraremos entonces  en el contexto donde se dan los procesos de salud-enfermedad-atención. Y vemos claramente que esos procesos tienen componentes no solamente biológicos, sino que, muchas veces, la misma biología juega de manera muy diferente de acuerdo a las condiciones sociales y culturales de las personas que se enferman o padecen.
Como sostiene Giovanni Berlinguer: La pérdida de la salud no depende sólo de factores biológicos, físicos y químicos. Las causas sociales son siempre condicionantes, a veces determinantes.
Las condiciones del que padece, varían de acuerdo con su posición social, no sólo para la frecuencia, o sea la cantidad  de veces que se enferma, sino también  para el curso  y el resultado del proceso o de la dolencia. Entre esos condicionantes están los ligados al sexo que especialmente modulan y frecuentemente determinan las maneras de padecer que tenemos mujeres y varones. Acá entra en juego el género.
Usamos género para describir aquellas características de los hombres y de las mujeres que están construidas socialmente en contraste con aquellas que están biológicamente determinadas. Es una definición sumamente lineal y elemental, pero para tener una idea a dónde estamos apuntando.
Las personas nacemos varones o mujeres, más bien nacemos, disculpen esta forma de decirlo, hembras o machos, pero nos hacemos mujeres y varones. El análisis de género revela las relaciones de poder entre hombres y mujeres, en las cuales en general las mujeres estamos subordinadas.
Estas relaciones de poder asimétrico que podemos observar en las diferentes  culturas y sociedades, son afectadas por los valores de cada sociedad,  quedan explicitadas en las leyes, en la religión y en las prácticas culturales.
Al mismo tiempo conforman uno de los elementos de control social, de definición de normalidad, de estructuración de la identidad, de lo que debemos sentir, de lo que no debemos sentir, de lo que tenemos que pensar y de lo que no tenemos que pensar.
Dentro de este contexto hoy en día el sistema médico y el sistema de salud nos marcan fuertemente.
Actualmente lo que antes designaban,  lo que decían los teólogos acerca de lo que debía ser, ahora lo decimos los médicos. La sociedad nos ha asignado un rol que han asumido con mucha tranquilidad y con mucha alegría muchos médicos y médicas. Y por eso determinamos: esto es normal, esto es anormal que muchas veces se transforma en esto está bien, esto está mal. Este proceso se produce con más fuerza desde siglo XIX para acá y se ha asumido acríticamente, envuelto en una imagen y un supuesto de ciencia, cuando en realidad está cargado de valoraciones técnicas, políticas, ideológicas, culturales, tradicionales, filosóficas que de ciencia tienen muy poco.
Este enorme poder que detentan los médicos/as actualmente  (parecería que se ha retomado el poder del viejo hechicero o quizás nunca lo perdieron) debe ser develado y puesto en discusión, tanto por quienes lo ejercen como por quienes lo padecen. En particular por las mujeres ya que es sobre nuestros cuerpos que se ejerce generalmente sin cuestionamientos y determina hasta cosas tan propias de nosotras como es la forma de parir; en estas situaciones estamos absolutamente indefensas, somos objetos de ese poder.
Esta situación está atravesada por nuestra condición de género y por la subordinación femenina que ello implica en nuestra cultura, que junto con otras asimetrías de poder en las que estamos inmersas(de clase, de etnia, de opción sexual, de edad, entre otras) van creando y legitimando poderes que determinan desde cómo debemos sentirnos, hasta cómo debemos desear, qué debemos desear y cómo tenemos que relacionarnos con otros/as.
Por lo tanto, el género es una herramienta que nos permite ver ciertas cosas que sin ella quedan invisibilizadas, digo entonces con  Ana Cristina González y Marcela Sánchez, que el género de una persona es esencialmente una construcción social, no natural, que varía de un grupo social a otro y de una época a otra. Se construye mediante procesos sociales de comunicación y a través de manejos de poder y es trasmitido de maneras sutiles durante los procesos de crianza y educación.
Por ser una construcción social es creado y por lo tanto cambiante y se genera, se mantiene y se reproduce principalmente en los ámbitos simbólicos del lenguaje y de la cultura. Como tal, las relaciones de género son dinámicas y susceptibles de transformarse a través de la interacción humana, muy susceptible de transformaciones.
La teoría de género es un recurso y una herramienta que podemos aplicar para comprender los procesos de salud-enfermedad-atención de una forma más integral y que, consecuentemente, nos permitirá intervenir de una manera mucho más adecuada.
Aplicándola en el diseño de las políticas públicas y en el funcionamiento del sistema de salud podremos promover la salud y prevenir y asistir a la enfermedad en forma más adecuada y completa  Por otro lado quiero dejar bien en claro que el análisis de género no es excluyente de otras teorías de análisis e interpretación de lo social - hay otras relaciones de poder desigual y una misma persona está atravesada por muchas de ellas al mismo tiempo, de acuerdo a su edad, clase social, etnia, ciclo vital, orientación sexual, entre otras - pero hace un aporte muy significativo y específico para comprender las relaciones de poder, y las relaciones en general, entre mujeres y varones, tanto a nivel de individual (de pareja, familia, etc) como a nivel de los colectivos de mujeres y varones, tanto en lo simbólico como en lo material.
Entre otras cosas esta herramienta nos permite construir indicadores de desigualdad e inequidad para intervenir en los procesos salud-enfermedad-atención de una forma más apropiada, más eficaz y más eficiente.
La teoría y el análisis de género iluminan, amplían la comprensión y dan nuevas herramientas de intervención por ejemplo respecto de la maternidad en la adolescencia, el climaterio, la menopausia, la andropausia, las infecciones de transmisión sexual, la violencia en la pareja y la familia y sus consecuencias en la salud de las mujeres, las relaciones sexuales y la sexualidad en su sentido más amplio.
Hay dos temas que son centrales para  analizar estos procesos de salud-enfermedad-atención con una mirada de género, son quizás los primeros que hemos desarrollado más ampliamente desde el feminismo, pero no son los únicos. El tema de la violencia, la violencia de género y la violencia como proceso que lleva a perder la salud y los procesos que tienen que ver con la sexualidad, no porque sean más importantes que los otros pero son campos privilegiados para analizar las relaciones de sumisión, subordinación y explotación  de las mujeres.   
Respecto de la sexualidad, precisamente, algunas autoras y autores se han referido al cuerpo expropiado de las mujeres, y han visto la causa de esa expropiación en que en nuestro cuerpo se genera la vida humana. Y es ese cuerpo expropiado el que ha sido arrebatado por el poder de los varones, constituido en poder religioso, en poder del Estado y de las leyes que ratifican al poder religioso y legitiman al del Estado, cerrando el círculo de la opresión y subordinación de las mujeres. Por nuestra condición biológica se ha determinado nuestra situación social y cultural desde los comienzos del patriarcado.
Parece que hubo una época en que no existía el patriarcado, aunque  no se sabe con exactitud. Partiendo de este supuesto, hay algunas hipótesis que tratan de explicar porqué surgió el patriarcado y una fuerte hipótesis, a mi modo de ver explicativa, es la que se refiere a la necesidad de controlar y dominar el poder de las mujeres para superar el temor que ese poder generaba (y genera?)
Antes de que los hombres se dieran cuenta que ellos tenían algo que ver con engendrar nuevos seres humanos, la mujer era vista como la única capaz de “producir” seres humanos, no se sabía muy bien cómo, pero ahí estaba la gestación y parición de la vida humana, en el cuerpo de las mujeres, las dadoras de vida, teníamos un poder extraordinario (y por cierto lo seguimos teniendo).
Pero hay otros poderes femeninos que yo quisiera señalar.
El de ser seres humanos que sangramos y no nos morimos cuando sangramos; durante una etapa de la vida tenemos menstruaciones, ese sangrado que nos hace “impuras”, y que se produce cíclicamente, que nos convierte en “lunáticas” por ser ciclos de 28 días como los de la luna, por lo que hemos sido desvalorizadas, asociadas con la oscuridad, la frialdad y la imperfección, cuando en realidad es un poder ya que sangrar era (y es) sinónimo de perder la vida, de muerte; bueno nosotras somos ese ser capaz de sangrar y no morir. Qué impacto habrá producido en hombres y mujeres de esos tiempos ancestrales este capacidad extraordinaria?
Otro poder que acompaña al de generar vida es el de  tener la energía y la fuerza  para  parir, para alumbrar la vida, poder que al mismo tiempo nos da la seguridad de que ese hijo/a es nuestro, lo podemos mirar mientras va saliendo de nuestro cuerpo.
A estos poderes quiero añadir otro que me parece que a los hombres les dio (y les da?)  bastante miedo de nosotras y es la multiorgasmia, nosotras somos seres multiorgásmicas, en una sola relación sexual o por autoerotismo podemos tener placer al máximo, continuado y sin períodos refractarios.
Qué se puede hacer para apropiarse de esos poderes y superar, al mismo tiempo el temor que generan? Pues controlarlos, regimentarlos y desvalorizarlos, controlar los cuerpos femeninos, la descendencia, el placer, la vida de las mujeres.
El patriarca se apropió de nuestros cuerpos y de nuestros hijos/as,  para estar seguros que esos hijos/as son de él.
Esto creo que nos marca desde el fondo de los tiempos y creo que todavía no hemos logrado superar esta apropiación.
Todo esto tiene que ver con nuestra salud integral. Sonia hablaba de la libertad, si hay un componente extraordinario e importante para la salud es la libertad. Un ser sometido, explotado, que no es libre no tiene salud.
Nosotros/as brindamos diciendo ¡salud!, qué es la salud?
Sí, es lo que dice la Organización Mundial de la Salud en su definición, pero es muchas cosas más, que a veces no sabemos cómo definir o expresar en palabras.
Por qué se dice ¡salud! cuando brindamos? Porque estamos deseando para todos/as lo mejor de la vida, porque aspiramos a estar bien con nosotros/as mismos/as, con quienes tenemos al lado, con el medio ambiente. Quizás la salud es sólo un estado, una aspiración, un momento, como el de un brindis.
Para mi la salud y la felicidad son muy parecidas. Y aun podemos ser saludables padeciendo ciertas enfermedades, pero sólo si tenemos un contexto de sujetas no sujetadas.

Por último quisiera señalar algunas otras cuestiones que tienen que ver con la salud y el género, aunque muy sucintamente.

Creo que en nuestra sociedad, que hoy en Argentina, hay algunas cuestiones relacionadas con la salud que el género ilumina para explicarlas y también para contribuir a superarlas, por ejemplo que existen normas instaladas en el sistema de salud violatorias de los derechos sexuales y reproductivos de las personas, como es el caso de las adolescentes, que atravesadas por su condición de género y por su situación vital no pueden cuidar de su salud reproductiva o  acceder a la educación sexual.

Cuando los acontecimientos acontecen más allá de las propias decisiones y no son parte de procesos de vida y de crecimiento, cuando no hay acceso igualitario y justo a todos los recursos de la salud, cuando hay tantas situaciones que tienen que ver con nuestra sexualidad y nuestra salud que son violentados permanentemente por la sociedad, no se nos respeta como mujeres, como ciudadanas, como seres humanos, no se respetan nuestros derechos humanos.

El género nos permite entender, por otro lado y empezar a mostrarle a  las leyes y al sistema de salud que lo que ven como natural, no es ni natural ni acertado, es una construcción que tenemos que desmontar y superar para gozar verdaderamente de ¡salud!.

II CONGRESO INTERNACIONAL DE SALUD MENTAL Y DERECHOS HUMANOS
U.P.M.P.M 14-15-16 de noviembre 2003
 
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