Géneros, Sexualidades y Subjetividades - Intervenciones Imprimir E-Mail
Lohana Berkins, Marlene Wayar, Patricia Palacio, Liliana Barrio

Tema: Géneros e Identidades


Intervención de Lohana Berkins
(Dirigente de ALITT- Asociación de lucha por la identidad Travesti y Transexual)
 

Uno de los primeros obstáculos que tuvimos fue que no asumíamos el travestismo, la transgeneridad o la transexualidad, o el nombre que tome de acuerdo con las distintas culturas, como una cuestión propia. Esto seguramente muchas y muchos ya lo escucharon, pero es algo que sigue teniendo un peso muy fuerte en nuestro discurso y sigue estructurando nuestra identidad.

Cuando un niñito o niñita no quiere seguir siendo niñito o niñita inmediatamente la opción es que se pase a lo otro, si es niñito será una niñita y si es niñita será un niñito. Entonces un montón de travestis pesábamos, “somos mujeres, hay un error, soy una mujer que vive en el cuerpo de un hombre, soy la mitad de algo” o muchas otras falacias que escuché a lo largo de mi vida. Hasta que un día me cansé, no soy la mitad de nadie y aunque mi cuerpo sea voluminoso, es imposible que haya otra persona dentro de mí.
Una de las cosas que me traumó era la vos, antes, jamás me hubiese permitido un vozarrón como este, esto me dejaba la garganta a la miseria. Nunca comía más de una milanesa en un restaurante, después iba a mi casa y me comía la olla de guiso, pero ante el público era una señorita, porque era lo que socialmente había conocido. El modelo imperante en el momento de la iniciación de mi travestismo era Moria Casán, entonces o eras Moria o no eras nada. Porque a nosotras no solo se nos exigía tener un cuerpo de mujer sino la evidencia de ese cuerpo. La boca como un riñón, las caderas como un violonchelo, porque sino no podía admitirse que éramos mujeres, o era una cosa o era la otra.
Cuando empezamos a conocer el tema de la organización, una de las cosas que nos empezó a sonar fuertemente fue el tema de la identidad. ¿Qué somos en realidad? Una de las cosas que atravesó fuertemente al movimiento travesti argentino, esto lo resalto como una particularidad, porque no paso en muchos lugares del mundo, fue que rápidamente nosotras empezamos a conocer a las lesbianas feministas, ellas ponían en palabras lo que nosotras hasta ese momento no nos habíamos atrevido a poner. Cuando empezamos a reunirnos y formar parte del movimiento gay-lesbico, a la hora del debate, siempre quedábamos con las lesbianas y los maricas nos querían matar, a la hora de la reflexión, de verbalizar los derechos o las demandas, nosotras sentíamos que esas eran nuestras demandas y que ellas las verbalizaban.
Uno de los desafíos más fuertes fue empezar a asumir el travestismo a partir de la deconstrucción de ese periodo de masculinidad en el cual habíamos sido educadas. Porque no nací Lohana Berkins, sino como diría Semone de Beauvoir “mujer no se nace sino que se hace”. Yo travesti me fui haciendo, pero la única certeza que tenía hasta ese momento, y que me la recalcaban cada 5 minutos, era que yo era poseedora de un pene por lo tanto tenía que ser hombre, macho, fuerte, dominador y tener una determinada cultura, porque el ser hombre no es nada más ser hombre, es toda una implicancia, una serie de obligaciones de conducta, de comportamiento y también de privilegios.
Cuando empezamos a renunciar a esos privilegios, las mujeres no fue que nos abrieron las puertas, ¡urra! vienen amigas sino que decían, los hombres pueden ser todo, que hasta se dan el lujo de ser mujeres, otra invasión.
Después la aceptación de daba a partir de determinadas cualidades, se esperaba que seamos hacendosas, las buenas amigas. Nos ponían en determinadas situaciones que nada tenían que ver con nosotras.
Entonces, cuando nos planteamos estas reflexiones, les dijimos primero a las compañeras lesbianas, no somos mujeres, respétennos con una identidad propia y a los compañeros gay también, porque los gay muchas veces nos alentaban a que asumamos el rol de mujer y muchas lesbianas nos alentaban a la masculinidad. Hasta que dijimos, no somos un poco de mamá y un poco de papá, somos nosotras mismas, no tenemos que ser ni una cosa ni la otra.
Cuando comenzamos a luchar por nuestros derechos, lo más difícil, no fue armar un discurso, somos victimas del sistema, no tenemos acceso a nada. Lo más difícil fue la deconstrucción, no solo de la masculinidad sino de todos los prejuicios que teníamos. Yo era tremendamente homofóbica, lesbofóbica, racista, misógina, era una buena chica del sistema, ganaba bien y el resto del mundo me daba lo mismo.
Ser travesti no era un antídoto para nada, cuando empezamos a plantear la cuestión de los derechos nos dimos cuenta, no solo de nuestras propias limitaciones sino las de nuestras compañeras. Por ejemplo, en una oportunidad, queríamos realizar una elección de reina, nosotras que ya estábamos revolucionarias, decíamos que se presente cualquiera, yo me quería presentar, en esa época estaba un poco más excedida de peso que ahora, era como para quitarle el esquema tradicional de mis universo, todas aceptaron que se presente cualquiera, de cualquier edad, etc. Ahora, cuando se propuso que se presenten las extranjeras, eso ya era el límite. Debatimos por tres días, y en un momento lo que hizo un clic en nosotras fue que los argumentos de las compañeras eran los mismos argumentos que usaban los vecinos sensibles de Palermo.
Luego empezamos a generar categorías en las cuales nosotras nos íbamos anclando en el tema de la victimización. Es verdad, somos victimas del sistema, pero no nos quedemos solo con ser victimas pasivas sino victimas activas. Después, como podíamos articular ese discurso con otros movimientos sin perder nuestra categoría de victimas. Los primeros debates que alentábamos eran hacia el feminismo, empezamos a tomar el feminismo como una herramienta liberadora, para reflexionar, salir y ver otras luchas. Sino nos quedábamos en una burbuja, somos las más sufridas de las más sufridas y eso nos generó bastantes dificultades. Fuimos descubriendo que somos parte de todo esto,  no solo cuestionando lo que nos pasa a nosotras sino viendo que todo está dentro de un engranaje de un sistema que era mucho más perverso y que las victimas de toda esa perversión, de toda esa represión que se llamaba entre comillas perversión, éramos muchas.
¿En aras de que se nos contraponía eso? De la familia, del modelo de mujer, una mujer dulce, divina, paridora de hijos, educadora, guardiana de lo moral y las buenas costumbres, del hombre macho, entonces a nosotras no se nos veía como potenciales sujetas de derecho porque nosotras no reproducimos el sistema.
Cuando estábamos en el debate del código contravencional, que nos afectaba a nosotras pero también a un amplio sector y además tiene una matriz mucho más fuerte que es como la sociedad a través de las instituciones de un sistema, quiere imponer regulaciones muy concretas a algo muy concreto. Rápidamente tomamos otro discurso y nos empezamos a poner en otro lado, apropiarnos de nuestros propios cuerpos, poner en primera persona este cuerpo, este es mi cuerpo y con el hago lo que quiero. Pero lo que quiero no es ir a ponerme siliconas ilegales, etc. sino apropiarnos como una cuestión de libertad, empezar a vivir mi cuerpo y reconocer ese cuerpo.
Algunas de las cosas que nos pasaba eran, por ejemplo, cuando hacíamos un taller, darles a las compañeras una silueta diciendo que era un cuerpo de una travesti, la consigna era vestirla, todas la vestían como una puta. En el vestir, solo se referían a la ropa, no le ponían sabor, olor, dolor y color, era solo belleza, nunca se le adhería otra cosa que no fuera la ropa.
Todo esto tiene que ver con como vamos construyendo y direccionando el deseo. El gran debate que estamos dando con las travestis. Antes me pasaba que empezaba a aflojar el deseo cuando tenía la seguridad de que si lo miraba a él, estaba segura que era un varón y tenía todo lo que yo quería mirarle. Si miraba a alguien y después me daba cuenta que era una mujer, me sentía una pecadora, soy una travesti impura. Y ahora pienso ¿por que tengo que tener la garantía que a la hora de desnudarnos lo que vea tenga que ser un hombre con lo que se considera que es un hombre?
Esto lo destaco, porque estamos hablando de cuerpo, nadie dice cuerpos. ¿De que cuerpo estamos hablando? ¿Hay un solo cuerpo entre todos y todas las que estamos hoy aquí? No hay un solo cuerpo. Lo que hacemos es dar por sentado lo que varones y mujeres tienen como genitalidad, no ponemos en cuestión el tema de los cuerpos, de los géneros. ¿Por qué decimos género, cuerpo? ¿Quién determinó ese cuerpo? Incluso dentro de las mujeres, dentro de los hombres, dentro de las travestis no hay un solo cuerpo. Marlene y yo somos travestis, pero tenemos recorridos absolutamente distintos, y somos dos personas totalmente distintas. Esto lo marco, porque el travestismo no es una cuestión de ropa. Son esas fantasías y estructuraciones que nos atraviesan.
Cuando vamos a trabajar con otros movimientos, encontramos resistencia en ver que nuestra lucha va mucho más allá de lo pintoresco, de lo gracioso. No nos pueden ver más allá de la anécdota o se quedan en el recorte de lo pintoresco o del sufrimiento, es mucho más lo que define mi identidad.
Tenemos que repensarnos y ponernos a nosotras y nosotros primero. Cuando hablamos, muchas decimos nosotros. Eso tiene una implicancia muy fuerte, por la simbolización tan especial que tiene en esta sociedad ser nosotros, macho, fuerte, poderoso, dominador, patriarca de la iglesia, el que desata guerras, él que nos niega el derecho al aborto, él que dispone de nuestros cuerpos. Tiene un peso muy fuerte el ser hombre. Ahora, si acá la mayoría fuesen varones y las mujeres dijeran nosotras, se arma un escándalo, es ponernos en primera persona y empezar a reflexionar desde nosotros y nosotras mismos/as, esto cuesta, el sistema nos ha alineado y no podemos ponernos como sujetas de derecho, para poder pensarnos desde nosotras mismas, con nuestras limitaciones, nuestras capacidades, lo bella que somos, lo gorditas, lo gozosas, lo golosas, y todo el espectro que en realidad somos y no acotarnos a algo tan circunscrito.

Intervención de Patricia Palacio
(Grupo de Mujeres Va-riendo sin escobas – Moreno)

En el barrio trabajamos el tema sexualidad con chicos y chicas. Ellos y ellas cuando se imaginan una pareja se la imaginan siempre heterosexual, vemos como se niega, ni siquiera se lo cuestionan.
Al centro cultural venía un chico gay como voluntario a dar expresión corporal, los chicos estaban fascinados, él dejó de venir. Cuando en los talleres con los varones tocamos el tema, la pregunta que salía era si conocían a alguien, y los chicos decían que no conocían a nadie, o alguien muy lejano, de la tele, hasta que dije ¿Y Luis? Decían, Luis no, no. Una negación total y no se lo cuestionaban, no podía ser que la persona que les había enseñado tenía esa opción sexual.

Intervención de Marlene Wayar
(Activista de Futuro Transgenérico)

Pensábamos con las compañeras en el grupo, lo generacional y decíamos, antes la mujer quería casarse, yo preguntaba, querían o era como un consuelo, la mejor opción dentro de lo que había, me apuro a elegir lo mejor que hay en el mercado de maridos, porque total marido voy a tener, me defino con marido. Entonces pensábamos como a través del discurso se legitiman las cuestiones como ser madre, ¿qué significa ser madre? Es lo mismo siendo pobre, siendo burguesa o como Madona que decidió ser madre sola con una fortuna detrás, y las chicas de los sectores carecientes que también son madres solas, son madres solas muy chicas y sin recursos, padeciendo la maternidad a la vez que la desean, como único lazo de identificación.
Surgieron más temas, reivindicar el ser mujer, ¿qué mujer? Si cuestionamos al capitalismo,  ¿por qué no cuestionar el identificarme como mujer? ¿Por qué no puedo ser una femeneidad y dejar de identificarme con el ser mujer que está cargado de un contenido y de un contexto? ¿Por qué tengo que ser mujer libre? ¿Por qué tengo que ser mujer nueva? ¿Por qué hombre nuevo, hombre libre? ¿Por qué no buscar una palabra que no rompa?
La palabra homosexualidad no la uso, quien nos la quiere endilgar es la ciencia, la academia, la iglesia y me rehuso a utilizar ese rótulo. Diferente es con marica, puto, que son insultos.
La palabra mujer fue generada por el patriarcado, ¿Por qué querérsela arrebatar al patriarcado? ¿Por qué no crear una realidad diferente? Donde poder ser, por ejemplo, una persona trans, que transita la experiencia femenina, que transita la experiencia masculina, que transita otras experiencias que no tienen que ver con ser hombre o mujer. Lo que propongo es seguir cuestionando y no para decir impongamos una nueva verdad, para seguir explorando, preguntando, cuestionando.

Intervención de Liliana Barrios
(Feminista)

A mi me gustaría que existiera otra palabra, pero esa nueva denominación la tenemos que construir juntas, las que hoy nos llamamos mujeres, porque si algún grupo se arrogara una nueva denominación sería lo mismo. Seguramente cuando vayamos construyendo esa otra identidad, que queremos, nos daremos un nombre o no. Porque también hay varones interesados en deconstruir su masculinidad y buscaran un tipo de subjetividad que será distinta y nosotras también. Entonces en ese camino lo que menos me preocupa es como nos llamemos, porque si nos preocupamos por eso ¿quiénes vamos a ser las que ponemos nombre? O ¿quiénes van a ser las que me pongan un nuevo nombre? Me van a decir, vos sos tal cosa. Porque además, durante siglos nos construyeron y yo espero que no pasen muchos más, lo estamos desarmando y nos estamos construyendo mujeres diferentes. Si nos llamaremos de otra manera, no se, o personas diferentes que no será necesario que en función de una biología tan connotada no denominemos varones, mujeres, seremos humanes que andan por ahí, no se si nos tendremos que llamar de alguna manera.
Son recursos, tenemos que acudir al lenguaje para encontrar eso neutro que pareciera definir algo, que en realidad no define nada.
En el grupo surgió mucho lo individual que a la vez era colectivo porque de alguna manera marcaba que en muchas la dificultad estaba a partir de rupturas, de rupturas dolorosas, pero de rupturas vitales. Rupturas con mandatos, con violencia, con historias personales de pertenencia social o ideológica, diferentes rupturas. Ahora si nos empezamos a preocupar por homogeneizar y ponerle un nombre no lo hubiésemos encontrado.

Lohana Berkins: Tenemos que tener bien claro cuando usamos un término en sentido político, porque para mí es necesario usar en términos políticos, soy travesti, soy gay, soy torta y soy mujer, porque ese embanderamiento o ese nombre ¿surge a partir de que? Me nombro ante quien no me nombra y si algo que ha hecho esta sociedad es justamente no reconocer a la mujer, no nombrarla. Adhiero a lo que dice Marlene, pero en términos individuales yo soy Lohana y punto, no ando gritando soy travesti. Pero en términos políticos sostener soy mujer, porque te estás nombrando frente a quienes no te nombran.

Claudia Korol: Quería marcar como se mira todo esto también desde las relaciones de generaciones, las mujeres adolescentes ¿Cómo viven, sienten estos temas? Una parte tiene que ver con como impacta la cultura dominante, con las condiciones de vida, estoy hablando sobretodo de jóvenes que están viviendo en zonas de exclusión, pero según la experiencia que tengo, me da la impresión que los temas que históricamente venimos trabajando y que hemos abordado con determinados paradigmas no tienen exactamente la misma lectura cuando estás hablando en determinados grupos de adolescentes. Sería interesante intercambiar, pensar, no desde una mirada adulta tratando de ver como se encausa la mirada adolescente juvenil sino que diálogo es necesario producir. Esas miradas surgen de vivencias corporales, de vida, de situaciones diferentes. Cuando hablamos del aborto con pibas jóvenes, cuando hablamos de la maternidad, cuando hablamos de la violencia, de las relaciones de pareja. Son temas que me parece interesante profundizar porque hace a las múltiples formas de vivencia, de identidad que no es solo una.


Taller De Géneros, Sexualidades Y Subjetividades
Coordinado por el Área de Géneros. 
Equipo de Educación Popular - Pañuelos en Rebeldía

Julio 2005
 
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