Géneros, Sexualidades y Subjetividades - Intervención de Mauro Cabral Imprimir E-Mail
Yo soy Mauro Cabral, soy de Córdoba, trabajo para un grupo de activismo trans intersex que es la Red Trans, soy miembro también de la Comisión Internacional de DD.HH. para gays y lesbianas, doctor en Filosofía en Córdoba. Claudia me decía que cuando estuvo Diana Maffía acá hizo una introducción más o menos a la cuestión intersex. Yo no sé si ustedes estaban, si tienen dudas. Mi intención es hacer una introducción muy sencilla de cuáles son los principales planteos del movimiento intersex y ver cómo esos planteos se articulan tanto con los movimientos trans como con otros movimientos sociales. Lo que yo les pediría es que si algo de lo que digo no se entiende, que me interrumpan y me pregunten, o bien que me pregunten después.
Para la teoría clásica, para la teoría política, económica, social, este sujeto de derecho que nosotros podríamos llamar un ciudadano, no tiene cuerpo, es decir, está elaborado como un sujeto universal, abstracto, cuyo cuerpo no existe en la elaboración teórica, no existe en la enunciación, pero evidentemente existe. Lo que básicamente para la teoría y también para la política liberal podríamos decir, ese cuerpo es irrelevante, es indiferente. Y vemos también que desde el comienzo del siglo XIX y a lo largo de todo el siglo XX hasta la actualidad, desde diferentes posiciones se ha criticado esta presentación de un sujeto universal como descorporizado. Es decir, en el funcionamiento efectivo de este sujeto abstracto empezaron a aparecer diferentes fallas en el sistema, porque de pronto no daba lo mismo entrar dentro de esta subjetividad universal abstracta o tener un color determinado, o tener una raza determinada o hablar un idioma que no fuera un idioma hablado en el primer mundo, o tener una religión que no fuera monoteísta dentro de la rama judeo-cristiana, o bien no tener un cuerpo masculino, o bien no tener relaciones sexuales con personas de distinto sexo.
Es decir, que desde diferentes que parecen como particularizadas dentro de la retórica del sujeto de derechos universal comenzó a delinearse el cuerpo real de este sujeto que en principio en la enunciación teórica no tenía cuerpo. Entonces desde que fue posible la aparición de diferentes movimientos, movimientos feministas, movimientos de emancipación colonial, movimientos de diferencias basadas en la raza, en la religión, en posiciones gay-lésbicas, comenzó a aparecer un sujeto en la enunciación universal que podríamos reconocer como un sujeto blanco, de clase media, de mediana edad, protestante o a lo mejor católico, e incluso judío, sin duda heterosexual, con plena capacidad física. Nosotros sabemos ya en esta posición que ese continúa siendo el sujeto básico de la teoría política hegemónica. Sabemos que este sujeto resiste y sabemos que desde estas posiciones particulares entre comillas, porque sabemos también que este sujeto universal es también una posición particular que hegemoniza el campo de lo político y de lo social, se sostiene todo una serie de críticas basadas en la introducción de particularidades dentro de la concepción de ciudadanía. Si nosotros pensamos en el proyecto de Lohana de construcción de una ciudadanía travesti, de lo que se trata en realidad es que al sujeto de la ciudadanía no le puede resultar indiferente ni el género, ni el cuerpo, ni la orientación sexual, ni la raza. Podríamos dejarlo en suspenso y decir que podría resultar indiferente si es que el planteo de la ciudadanía pudiera integrar a todas particularidades entre comillas y darle una enunciación universal que no dejara sujetos afuera.
El movimiento al cual yo pertenezco y del cual voy a hablar hoy, el movimiento intersex, parte de este lugar. Nosotros estamos ubicados dentro de este panorama crítico, aceptamos las críticas del feminismo, las críticas de las agrupaciones gay-lésbicas a esta enunciación de este sujeto blanco, hombre y heterosexual, pero para nosotros hay un problema desde el vamos. Para la mayor parte de la gente que interviene en estos movimientos críticos, la discusión comienza sobre un piso que es natural: la existencia natural de hombres y mujeres con cuerpos de hombres y mujeres. Yo no voy a discutir acá si la intersexualidad es una tercera categoría entre hombres y mujeres. Lo que voy a decir es que el movimiento intersex considera  que hay sujetos que no son sujetos para el estado, que no son sujetos para la política, que no son sujetos para otros movimientos emancipatorios, incluyendo los movimientos feministas, la izquierda y los movimientos de gays y de lesbianas, muchas veces incluyendo el movimiento trans. Hay sujetos que no son sujetos hasta que sus cuerpos son normalizados y uno no entra dentro de la vida política como sujeto político, no entra dentro de la ética por la cual se rige la sociedad donde vivimos hasta que el cuerpo no adquiere la forma que debe tener un cuerpo. Yo sé que a lo mejor el concepto  puede resultar contraintuitivo, es decir, ir en contra lo que habitualmente uno piensa y es la idea de que hay dos cuerpos y quien no está dentro de esos dos cuerpos podría desear estarlo. No me interesa tanto discutir dónde ubicar la intersexualidad, pero sí plantear esta tensión entre el cuerpo de la ciudadanía y el cuerpo de las personas intersex.
El problema con la palabra intersexualidad es su polisemia, la cantidad de significados diferentes que uno puede pensar que la palabra tiene. Porque cuando hablamos de sexualidad la gente entiende muchas cosas, desde que estamos hablando de deseo, que estamos hablando de prácticas, que estamos hablando de cuerpo y fundamentalmente que estamos hablando de genitales. La palabra inter tampoco aclara muchos las cosas porque uno tiende a pensar que es algo que está en el medio de otras dos cosas, alguien que es intersexual no se sabe si es algo equiparable a que es bisexual o bien si es algo que podría ser asimilable a transexual. Parece que fuera algo que quedó en el medio. La palabra intersexualidad, la calidad de intersex o de intersexual proviene de la medicina. Pertenece a un horizonte mucho más antiguo. Los médicos utilizan la palabra intersexualidad para designar en parte lo que durante milenios se consideró hermafroditismo. Si nosotros pensamos en el significado más vulgar de la palabra sería alguien que tiene dos equipos genitales y por lo tanto es indefinible, se trate de un hombre o de una mujer. Yo no quiero crearles falsas expectativas, personas que tengan dos equipos genitales completos en el mundo no existen, no existió nunca, a lo mejor existirá, pero en el mundo en que nosotros vivimos no existe.
Ahora bien, durante milenios existieron personas que nacían con genitales que no se acomodaban al estándar de lo que debía tener un hombre para ser un hombre o de lo que debía tener una mujer para ser una mujer. En diferentes culturas estas personas recibieron diferentes nombres y en la cultura a la que nosotros pertenecemos han sido llamados hermafroditas. Ahora bien, con el término intersexualidad no solamente designamos a estas personas que tendrían genitales que pudieran parecer ambiguos, en términos de lo que dicen los médicos, sino también a personas que por alguna razón poseen genitales que se ven diferentes a los que deberían tener. Es decir, que si nace una chica que tiene genitales de mujer, cromosomas de mujer, pero no tiene vagina, es también considerada una persona intersex desde la medicina. Si nace un bebé que el agujerito por el cual mea está en un costado del pene y no en la punta también es considerado una desviación intersex.
La intersexualidad no es un estado. Alguien es intersex como desviación de un estándar. Es decir, los hombres tienen que tener estos genitales, las mujeres deben tener estos otros, lo que se desvía es considerado intersex. El movimiento político de personas intersex lo que pone en cuestionamiento es la forma en la cual se interviene sobre los cuerpos de niños y niñas intersex y la forma en la que esa intervención se anuda con otras intervenciones de género dentro de la cultura. Es decir, como la normalización de cuerpos intersex tiene contactos muy profundos tanto con la homofobia que circula en la sociedad donde esa normalización tiene lugar, como con las retóricas de género que están asociadas tanto con esa normalización como a la homofobia, como a otro tipo de ataques tanto a derechos individuales, como el derecho a decidir o el derecho a tener una historia personal documentada, como a posiciones sociales más amplias que clausuran posibilidades de identidades en sólo dos cuerpos. Es decir, que podemos ser muchas cosas, hombres, mujeres, gay, lesbianas, incluso travestis, transexuales, siempre y cuando tengamos de base un cuerpo o el otro, o bien que parezca que tengamos un cuerpo o el otro. Y esto es muy importante que ustedes tengan presente. Las intervenciones sobre niños y niñas intersex son intervenciones en torno a la apariencia de los genitales, no pasa otra cosa. Los niños y niñas intersex no están enfermos de nada. Si yo no intervengo, si no normalizo el cuerpo, esa persona no puede constituirse en un sujeto de derecho, ni siquiera es una persona, es alguien de quien no puede predicarse, de quien no puede decirse es un hombre o es una mujer.
Ustedes a lo mejor no tienen contacto con la experiencia de tener un cuerpo intersex o de haber tenido familiares intersex o de tenerlos, a lo mejor sí. La intersexualidad es mucho más común de lo que la gente piensa, sobre todo pensando en la cantidad de sindromes que hay, pero básicamente de todos los casos de intersexualidad se supone que hay un caso cada 2500, 3000 nacimientos, que es un porcentaje altísimo. Recuerden que son variaciones que puede ser incluso la variación en el tamaño del pito, es decir estamos hablando de variaciones de un estándar corporal. Solamente un 5% de la totalidad son casos en los que hay que tomar una decisión porque el género aparece como indecidible. Son casos que se llaman hermafroditismo verdadero, que no significa de nuevo que esa persona tenga testículos, ovarios, vagina y pene, eso no existe. Lo que se da en esas personas que son hermafroditas verdaderos son tejidos de las dos glándulas, es decir tejido ovárico y tejido testicular. Ése es un hermafrodita verdadero para la medicina y ahí sí se considera que hay que tomar una decisión.
Otro tipo de decisiones pueden tomarse en los casos de personas que tienen cromosomas XXY. En ese caso la medicina también tiene que tomar una decisión, porque desde el vamos no se cumplen los parámetros dados para la identificación de alguien como un hombre o un mujer, tanto cromosómicamente, como encimáticamente, como hormonalmente, también en la apariencia exterior de los genitales, que es aquello por lo cual somos clasificados todos nosotros.
Cuando alguien nace lo que se mira es qué tiene. Ésa es la clave de la intersexualidad. Un nene que tiene un pene de un centímetro, un pene que no va a crecer, ésa es una marca de intersexualidad. En el resto de los casos el género es perfectamente decidible, no existe esa confusión en la cual se amparan la mayor parte de los médicos para decir: bueno, si nosotros no intervenimos usted no le va a poder decir a su hermana, o a su vecino o a quien sea, tuve un nene o tuve una nena.  Sí es cierto que ese nene o esa nena pueden tener un cuerpo diferente al de otros nenes u otros nenas, que los médicos sí saben.
Nosotros vivimos en un sistema donde el funcionamiento legal, desde nuestro punto de vista, es muy perverso. A los padres se les dice: nosotros tenemos que decidir si es un nene o una nena. Nosotros hemos decidido que es una nena pero la vamos a tener que operar porque si no operamos usted no la va a poder anotar en el registro civil, lo cual es una mentira. El registro civil no le pide a nadie  que lleve al chico desnudo y lo muestre para ver si es una nena o un varón. Si el padre se decidiera a esperar, hacer otras consultas, tiene problemas que si no anota a su bebé en el registro civil no  puede inscribirlo en su obra social, con lo cual el tema de tener una cobertura médica que ampare todo el tratamiento hormonal y quirúrgico que sigue por lo general a un diagnóstico de intersexualidad, lleva a que la cirujía sea realizada en los primeros meses y en el primer año de vida y no después. ¿Por qué piensan ustedes que se interviene?
Hace muchos años, en los años sesenta, un matrimonio en EE.UU. tuvo dos hijos varones mellizos, los llevaron a circuncidar y a uno de ellos le quemaron el pene con un bisturí eléctrico y a la semana el pene se le cayó como si fuera el cordón umbilical. Los padres no sabían que hacer, visitaron a diferentes médicos, finalmente terminaron yendo a un hospital universitario donde un psiquiatra  les dijo: es necesario que su hijo se transforme en una chica. ¿Por qué piensan que ese cirujano les dio ese consejo?  ¿Cuál era su problema?
Estamos hablando de un bebé que tenía dos años, que era un varón, que tenía testículos.
Para gran parte de la medicina occidental, de la psiquiatría occidental, de la psicología occidental ese chico no podía ser un varón porque no tenía pene, sin pene no hay tipo, es la básica de la intersexualidad. Cualquiera que no tenga un pene que funcione, funcionar ¿qué significa? Que va a poder penetrar a una mujer, que va a tener erección , que va a servir para mear y que va a tener un tamaño adecuado, porque no se trata solamente de que pueda penetrar un poco sino que pueda penetrar. Quien no pueda cumplir con esos requisitos en nuestra sociedad no puede ser un hombre.  No ocurre lo mismo con los casos de intersexualidad que involucra a las mujeres donde el razonamiento sigue otra línea. Con la intersexualidad se cumple un axioma médico que considera que es mucho más fácil hacer una mujer que un hombre, hombres no se hacen, mujeres sí.
Estamos hablando de un bebé que tenía documento que decía que era varón, que tenía testículos, tenía capacidad reproductiva. En los 60 no, pero en este momento podría ser padre de sus propios hijos, aunque no pudiera penetrar. ¿Dónde residía la ambigüedad? En que no tenía pene. Lo operaron, lo transformaron en una chica, le aconsejaron a los padres que hicieran algo que se hace en la mayor parte de los casos de intersexualidad, que es decirle: nosotros vamos a instalar algo que tiene que parecer cierto sobre el cuerpo de quien es ahora su hija y la forma de hacer esto es que ustedes lo crean. Entonces hay que tirar fotos, hay que guardar la historia clínica anterior y que nunca se sepa. Hay que cambiarse de ciudad, cámbiele el nombre, póngale un nombre que sea más o menos parecido y nunca hablen del tema. Esa es la parte social de las intervenciones intersex.  A lo cual siguió un tratamiento hormonal, le dieron estrógeno, crear la apariencia de que era una mujer. Las razones por las cuales no funcionó están más allá de lo que nosotros podemos discutir. A los 14 años esta chica dijo: estoy podrida de tomar hormonas, no quiero ir más al hospital, no me interesa ser una chica. A los 18 años el padre le dijo: vos cuando naciste fuiste un tipo, el tipo decidió que iba a ser un tipo, y tuvo que operarse. Algo que veinte años antes le dijeron que no podía hacer a sus padres lo hizo, se casó con una mujer. Nuestro médicos, y cuando digo nuestros médicos no me refiero sólo a los médicos argentinos sino a los médicos desde Canadá a esta parte, leen la historia hasta los catorce años, como que es un experimento que sirvió, que funcionó y que sirve. El psiquiatra que lo aconsejó, es la autoridad internacional en cuestiones intersex y en cuestiones de transexualidad.
En el caso de las mujeres pasan otras cosas. Quien no nace con una vagina, hay que tenerla, porque si no tiene vagina podrían pasar cosas terribles como que terminara siendo una lesbiana. Y las mujeres que nacen con un clítoris demasiado largo, hay que cortárselo porque podrían pasar cosas terribles como que terminara siendo una linfómana, tener algún tipo de prostitución clínica.
Lo que yo estoy diciendo no son deformaciones, son los criterios médicos para intervenir. Además de que estas cuestiones de apariencia podrían provocar desastres en la vida familiar. Cómo haría una madre para relacionarse con una hija que tiene un clítoris demasiado grande. Son problemas perturbadores. Dentro de los razonamientos tenemos los siguientes: si yo tengo un bebé que tiene un pene que mide un centímetro, toda su vida va a medir un centímetro, si yo lo veo como varón, ¿qué va a hacer cuando tenga 5 años y vaya al jardín de infantes y le pida a la maestra? ¿qué va a pensar la maestra? ¿la maestra va a guardar el secreto? ¿o alguien más se va a enterar? Y cuando vaya a la escuela  ¿cómo va a hacer para ducharse, para ir al vestuario junto con otros chicos?  ¿No sería mejor cortarle eso y convertirlo en una chica?
Lo mismo pasa con el tema de las desviaciones de los estándares femeninos en materia de genitales. Lo principal es uno que se llama hiperplasia superrenal congénita que produce genitales de mujer que parecen de varón, es decir, que el clítoris es muy grande, los labios están hinchados y parecen una bolsa testicular, puede haber vagina o no haberla, pero en general se interviene porque es necesario darle una apariencia de chica.
El funcionamiento de la intersexualidad en nuestra cultura está totalmente pegado al terror a la homosexualidad. El temor de que alguien tenga un pene que no funciona y termine siendo gay o travesti, y que si una mujer no tiene una vagina que pudiera ser penetrada por un hombre o si tiene un clítoris que no parece lo suficientemente femenino, es decir, pequeño, siente demasiado, cualquier cosa que esto quiera decir, que termine transformándose en eso, en una puta o en una lesbiana.  Ese tipo de razonamiento de normalización de la orientación sexual ha guiado la aplicación de cirujías normalizadoras intersex desde mediados de los 60 del siglo XX hasta ahora.
Quienes formamos parte del movimiento intersex no nos oponemos a las cirugías, a lo que nos oponemos es que sean realizadas en chicos y chicas que no pueden decidir, que no pueden decidir sobre sus cuerpos.
¿Hay gente que tenga cirugías de algo? No sólo que sea intersex , pueden ser comunes, de apéndice, comunes y silvestres. ¿Y cómo les ha ido con la cicatriz? ¿les han quedado, las han tocado?
Las cirugías intersex son como cualquier otra, dejan cicatrices, las mismas que ustedes pueden tener en su cuerpo por otras cirugías, en los genitales. Como cualquiera que tenga cirugías, yo tengo muchas así que puedo hablar con conocimiento de causa, donde uno corta no se siente, donde está cosido no se siente, la insensibilidad es la marca clásica de las intervenciones de normalización intersex. Dónde se corta, donde se cortó y donde se cosió, no hay sensibilidad, no hay placer. Quienes fuimos sometidos a cirugías de normalización genital hemos aprendido una lección, que es dura, una lección que nosotros podemos traducir en términos políticos: uno empieza a existir como un sujeto dotado de derechos una vez que entró en el género o bien como hombre o bien como mujer y que puede sostener esa entrada en un cuerpo que o bien parece de hombre o bien parece de mujer. Acá no se trata de ser. Cuando un médico le dice a la madre y al padre de un chico que nació con insensibilidad a los andrógenos, un bebé que es XY, que sería cromosómicamente un hombre, y que produce tetosterona pero que su cuerpo no la puede reconocer, vamos a transformarlo en una chica, de esa manera ustedes van a tener una familia más armónica, porque ¿cómo harían para tener a un chico que nunca va a tener relaciones sexuales, y que a lo mejor es homosexual? lo que nosotros aprendemos en primer término es que hemos tenido que acomodarnos para entrar a nuestras propias familias. Pero en términos que no son una verdad, no se trata de decirle al padre: no, en realidad, su hijo es una hija, no es una cuestión de verdad, es una cuestión de apariencia, de lo que uno puede sostener con su cuerpo. La verdad en el tema de la intersexualidad no es un tema que les preocupe a los médicos. Les preocupa la estabilidad del género en tanto marca en el cuerpo. Pero además de ese entorno familiar, tiene que haber una entrada en la sociedad. Quienes tenemos una historia intersex sabemos que, de manera similar a otras personas que han sufrido otro tipo de violaciones en su autonomía personal, en su autonomía al nivel de las decisiones, estamos privados del acceso a nuestra propia historia. Muchos de nosotros nos enteramos de nuestra historia cuando ya somos grandes y aún así tenemos que investigar qué pasó con nuestros cuerpos, qué pasó con nuestro nombre, qué pasó con nuestra partida de nacimiento, de qué son esa cicatrices que a lo mejor nos dijeron que eran de hernia o de alguna otra cosa, de qué son en realidad. Muchos años después y contra todo un sistema que está preparado para decirnos que no. No tenemos una memoria personal,  un registro de qué es lo que pasó, hasta que muchos años después nos encontramos en un cuerpo que tiene partes que no sienten, que ha sido cambiado. Es muy común, sobre todo en los EE.UU., que mujeres de alrededor de 25, 30 años, se casan y consultan a un médico por esterilidad, y el médico les dice: usted en realidad es un hombre con insensibilidad a los andrógenos, ¿sus padres nunca le dijeron? A lo mejor han tenido familias que le dijeron, puede haber mujeres que les dijeron que no  tenía vagina, entonces me la hicieron, pero nunca me dijeron que tenía cromosomas XY. Hay muchísimas personas que tienen cromosomas XY y que tienen insensibilidad a los andrógenos y que son muy felices de vivir como mujeres. Nosotros apuntamos a que el derecho a decidir sobre el propio cuerpo debería corresponder a las personas poseedoras de ese cuerpo, que no puede haber una ingeniería social desplegada para hacer entrar a niños y niñas intersex dentro de cánones  corporales que están prestablecidos. Esto no quiere decir que sea fácil sostener un chico o una chica intersex. Es sin duda tener un problema, nadie está diciendo que no intervenir sea más fácil. Intervenir sin consultar, intervenir para normalizar siempre es un verso. Alguien que tiene un bebé intersex e interviene quirúrgicamente para normalizar, va a seguir teniendo un bebé que tiene cirugías  de normalización corporal. El que se crea normalidad es un verso, yo aconsejaría no creer. Y además es un verso con consecuencias importantes en la vida de las personas. No normalizar tiene  su costo, es asumir tener una hija o un hijo que es diferente a otras personas en sus genitales. Lo cual, más allá de lo que considere el discurso práctico de la medicina, es una diferencia importante, pero no es una diferencia que va a hacer que la gente se pare en la calle y diga esta persona me es irreconocible, lo que ésta persona es en el género me es inarticulable en la lengua.
Nosotros estamos sentados acá, y más allá de las ambigüedades que podamos detectar en uno y en otro, podemos reconocer a la gente en el género sin necesidad de que nadie se haya bajado la ropa todavía. Las personas intersex decimos esto: esto que dicen de cómo le vamos a decir a la madre si es un hijo o una hija, y cómo esa madre lo va a comunicar a su entorno depende de cómo trabajemos sobre los genitales, es una mentira. Uno en realidad se baja los pantalones menos veces de las que quisiera en su vida,  y sin duda no en su vida social, no para ir a trabajar, no para ir a la facultad. Que sin duda puede ser un problema para un chico que tiene cuerpo intersex en la escuela, sin duda puede ser un problema. Pero creo que ese es el punto donde los movimientos sociales deben articular. Es muy difícil de la misma manera que es muy difícil ir a la escuela en Córdoba, que es donde yo vivo, si uno es negro, judío, indio, gordo. Hay lugares donde es muy difícil estar si uno es mujer y hay muchísimos lugares donde es muy difícil estar si uno es pobre. Solamente hay un fallo en el mundo, hasta donde yo sé, que protege, le dice a la familia y le dice a los médicos, sin duda que la intersexualidad es un problema social, pero como es un problema social no se lo podemos hacer pagar a las personas que ustedes quieren operar. Tendrá que cambiar la sociedad y no hacer que esa persona renuncie al derecho de decidir qué hacer con su cuerpo.
No sé si ustedes verán la conexión, a veces no es muy clara, ¿qué tendrá que ver este derecho a  no ser operado contra la voluntad de cada uno, con las demandas de un movimiento trans?  En general  la gente suele asociar al movimiento trans con el deseo de operarse y no con el resguardo de la autonomía personal en materia de cirugías y de hormonas. Como yo pertenezco a un movimiento trans me hago perfectamente cargo de que la mayor parte de nuestro movimiento está conformado  por gente que quiere operarse y quiere tomar hormonas. A diferencia del movimiento intersex, está conformado por adultos, y más allá de las coacciones psicológicas o biológicas que podamos reconocer, se trata de adultos. Cuando hablamos de intersexualidad estamos hablando de niños que no pueden decidir acerca de su propio cuerpo. Sin embargo, dentro del movimiento trans  y por diferentes razones, o bien no pueden operarse porque no tienen dinero, lo cual es la razón básica, o bien porque no quiere porque considera que su cuerpo está bien así como está, o que bien no quiere completar su recorrido transicional, es decir, quiere algunas cirugías pero no quiere otras,  y nosotros  vivimos en un sistema donde somos sujetos de derechos en función de lo que parecen  nuestros genitales. En la Argentina, como en la mayor parte de Latinoamérica, y creo que en la mayor parte del mundo, a nadie le cambian el documento, a nadie le reconocen su identidad de género, a menos que pueda probarle fehacientemente al estado que parece un hombre o que parece una mujer a nivel de sus genitales. Algo a lo cual nosotros también nos oponemos, porque los genitales forman parte de la vida privada, porque creemos que se trata de una normalización de la identidad de las personas que nos persigue más allá de si parecemos lo suficientemente heterosexuales o no, más allá del color de nuestra piel, nos persigue incluso hasta nuestros genitales. Incluso va más allá de lo que parece, no alcanza con que alguien tenga labios mayores y menores, si no tiene una vagina hay que hacerla.
Se persigue a las personas hasta el interior de su cuerpo. Esa normalización de género que nosotros podemos ver en la discriminación de alguien porque parece afeminado, si es mujer porque no se viste como una mujer, alcanza hasta la regulación de la forma de los genitales y del uso de los genitales. Esa normalización de los genitales que jode la vida, que jodió la vida y joderá la vida de niños y niñas intersex nos jode la vida a los transexuales también. No por una negativa masiva a operarse sino porque no lo podemos elegir. Para cambiar el documento en el Argentina, que permite no solamente votar sino trabajar, no estar en el riesgo social de parecer un hombre o parecer una mujer, ser detenido por la policía y tener que mostrar un documento que no se ajusta al género que uno representa. Para hacer eso al estado argentino hay que garantizarle tres cosas. Primero que uno es heterosexual, es decir, que el cambio de sexo es porque quiere estar con personas del sexo opuesto, o sea que en mi caso siendo transexual de mujer a varón que quiero tener a una mujer, es decir que la heterosexualidad normativa nos sigue persiguiendo. Que uno tiene genitales que se parecen a los del género que uno quiere tener y que por lo tanto las cirugías genitales  tienen que ser irreversible, y que además y también de manera irreversible somos estériles.  Para que a alguien le cambien el documento en la Argentina debe renunciar a su capacidad reproductiva. Es decir, los hombres deben sacarse los testículos y las mujeres, los ovarios. Si lo damos vuelta, los hombres trans deben sacarse los ovarios y las mujeres trans, los testículos.

Ustedes pueden pensar que estoy asumiendo cosas que no son correctas, que también es algo que parece contraintuitivo. Porque uno piensa si alguien es un hombre trans ¿para qué querría conservar sus ovarios? Esa pregunta, que se pueden hacer cada uno de ustedes y me puedo hacer yo como un hombre trans, es algo sobre lo cual cada uno es libre de preguntarse y de formularlo es voz alta. Con lo que nosotros no estamos de acuerdo es con que eso se transforme, que pase de ser la opinión más o menos informada de gente a transformarse en una legislación que no nos da la posibilidad de decidir. Si yo tengo ovarios y quiero conservarlos y conservar mi capacidad reproductiva, y si aún siendo un hombre voy a tener un hijo con alguien, la regulación del estado debería reconocerlo. ¿Qué es lo que se argumenta? Que es en función del futuro bienestar del menor. Es un tema largo y discutible. Tiene una conexión absoluta con quién es el sujeto del derecho argentino, que no es el individuo sino la familia. Tanto las personas intersex como las personas trans, como las mujeres golpeadas, como los niños abusados, padecemos un derecho que no considera los derechos individuales sino que considera a la familia como la célula fundante de la sociedad y que por lo tanto debe mantenerse unida y funcional y que ese funcionamiento y esa unión deben estar garantizadas por el derecho. Algo en lo que ustedes pueden acordar o no y que podemos discutir en algún otro momento.
Como ustedes se podrán imaginar estos dos movimientos que el grupo donde yo trabajo trata de articular, tienen conexión con otros muchos movimientos, básicamente  con los movimientos de derechos sexuales y derechos reproductivos. No es fácil, no nos ha sido fácil integrarnos -no sólo hablo por nuestro movimiento en la Argentina sino por otros lugares- dentro de discusiones orientadas por el feminismo, por ejemplo. Porque para nosotros cuando uno es intersex y que alguien diga este espacio es sólo para mujeres no tiene sentido.  Es que nosotros no sabemos con esa enunciación quiénes son mujeres ¿las que nacieron con qué cuerpo? ¿y en función de qué alguien podría entrar o no entrar? Cuando nos hablan de experiencias corporales, porque una travesti no tiene la experiencia corporal de una mujer que menstrúa por ejemplo y por lo tanto puede no ser considerada una mujer, pero hay miles mujeres intersex que tampoco menstrúan ¿Y qué serían para los espacios sólo de mujeres? ¿mujeres, hombres, intersex?
A nosotros nos parece muy peligroso el aislamiento de los movimientos, no solamente  de nuestro movimiento que tiende a ser un movimiento cerrado que discute cuestiones que para nosotros son complejas, sino el de otros movimientos que desde nuestro punto de vista están ciegos a las conexiones. En realidad para nosotros no es posible pensar en una agenda de derechos sexuales y reproductivos que margine personas intersex y margine personas trans. Entre la jueza en San Luis que el año pasado o el anteaño, a una mujer que tenía muchos, 7 u 8, cuyo hijos varones tenían una enfermedad genética que los mataba antes de llegar a los 5 años, le impidió acceder a una ligadura tubaria por considerar que la maternidad es un don divino, entre esa jueza de San Luis  y un tribunal de la provincia de Buenos Aires que falló a favor de cambiar el documento de un hombre transexual de mujer a varón, le dieron su documento como varón pero lo inhiben de por vida para casarse por considerar que el matrimonio existe sólo por fines procreativos, existe una relación última.
Desde nuestro punto de vista nosotros estamos divididos pero ellos no. El funcionamiento de los discursos de normalización, de la sexualidad, de la reproducción y de los usos del cuerpo para nosotros conforma un mismo frente. Que es cierto que hay políticas de la identidad que se fracturan, que estallan, cuando se introducen variables trans o variables intersex cierto. No es tan fácil decidir qué es un espacio de mujeres o quiénes son mujeres, o quiénes son hombres o quiénes podrían serlo cuando aparecen otras variables. Nosotros somos partidarios de abrir el juego, no nos asusta el desafío. Y si bien yo lo acabo de proponer como una política de identidades no consideramos que ésa sea la forma correcta o políticamente productiva de articularlo. Para nosotros los derechos intersex como los derechos tras son derechos de todas las personas, no derechos nuestros. Es decir, que si volvemos a esta enunciación universal, nuestra idea es que ninguna persona sea discriminada en función de su orientación sexual, de su corporalidad, de su identidad, de su expresión de género. No que las personas intersex no sufran normalización, que ninguna persona. Disolver la política de identidades. No nos parece productiva, no creemos que se trate de agregarle una letras más a la sigla, creemos que cada añadido en realidad crea espacios de exclusión para otras personas. Más o menos esa es nuestra posición, yo no se si les han quedado dudas, podemos conversar.

Taller De Géneros, Sexualidades Y Subjetividades
Coordinado por el Área de Géneros. 
Equipo de Educación Popular - Pañuelos en Rebeldía

Marzo 2003

 
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