Prostitución y Condiciones de Salud Intervención de Marlene Wayar, Futuro Transgéneros Imprimir E-Mail
Salud mental y prostitución

De adolescente a menudo y de manera cíclica consideraba que determinada cuestión era manejable para mí. Y en una suerte de omnipotencia me largaba a vivir la experiencia pensando que luego me sacudiría y podría quitarme las pulgas de encima.

La primera vez,  fue con el cigarrillo que lo comencé a fumar por que un chico, en la plaza, me pedía uno siempre, para acercarse a mí y yo nunca tenia. La idea era; darle el cigarrillo, que debía tener no para el, si no por que yo fumaba y proporcionarle oportunidad para que me seduzca, luego una vez de novia dejar de fumar, aprendí a fumar novié, pero hoy con 20 años mas, sigo fumando y luchando por fumar menos, mientras de el, ni me acuerdo.

Con la prostitución me sucedió algo similar, más complejo, diferente a las demás chicas que he conocido, como sucede en general, todo/as somos diferentes y nos impactan las cosas y los hechos de modo desigual. Pero además en este tema la diferencia fue haciéndose mas abismal debido a  que yo era clase media y ellas de clase baja.
Como pocas comencé escogiendo, con quien, por cuanto, cuanto tiempo, y que servicio brindaba y cual no.
Entonces la prostitución era parte de un proceso de búsqueda de pertenencia, yo no estaba exigida de urgencias económicas, mas bien  me urgía entrar en aquel núcleo mágico. Además la idea que me impulsaba, era conseguir dinero pronto, comprar un horno de cerámica, alquilar un local y abrir una taller para enseñar y producir.
Esto sonaba perfecto, no había en mi, como en muchas de nosotras un peso moral, no me sentía sucia, ni denigrada, por el contrario, me enseñaron como primera lección que ser prosti era dignificarse. comparándonos con los gay’s de Córdoba y de mi generación que se humillaban de mil formas, luchando por el deseo de hombres que las insultaban a cambio de un poco de sexo mal hecho, en baños inmundos, que en determinadas ocasiones me usaron como carnada y  en otras cuando llegaban policías, me dejaban de lado por que era impresentable. Por el contrario a las travas, nos rogaban, nos pagaban y nos dejaban decidir en la cama que hacer y que no, nos daban un poder siempre sorpresivo, nos adulaban, nos amaban, nos endiosaban. Hasta el punto de tomarnos de la mano y llevarnos como a chicas hasta el hotel, la disco u otro sitio, la mayoría de la gente ve esto como una manera de  prestarse a  ser funcional al macho dominante, para mi significaba un juego de cazador cazado, donde el cuerpo y  el deseo no se canjeaban por un proyecto en común, con niños, casa, heladera, y domingos con asado, como me enseñaron en casa, sino en canje por independencia económica, sin tener que adular a nadie, mas que a ellos pero en una clandestinidad que venia propuesta desde ellos mismos.
Libre de prejuicio moral, de embarazos no deseados y de prole por alimentar, era bien sobrellevado.

Pero hubo diversas variantes que pronto entraron en juego. Y que tenían que ver con  la protección de este macho que estaba reservado para la procreación proletaria, la formación de familias constituidas para un  control estatal en donde éramos vistas como virus corrosivos de un hombre puro, familiero y nacionalista, que reprima todo, por estas tres virtudes, y que sea funcional al estado, a la iglesia y a los patrones.
Pero comienza a abrirse para mi un mundo, el de mis pares desde lo identitario, pero no pares en lo social, y aprendo de ellas.
Ellas enamoradas de hombres del barrio y denigradas por sus pares sociales convencidos de lo  malicioso que resultaba un cuerpo para el placer, licencioso. Ellas, que me precedieron fueron exiliadas del barrio. Y  para subsistir dejaron de ser patitos feos de villa se hicieron cisnes de hoteluchos céntricos. Y apuntaron al poder; al estado, la iglesia y el patrón, los estrujaron y volvieron cual Robin Hood, a convencer con carne fresca y coca cola, a cambio de amor, del amor  paterno, el derecho a sus sobrino/as y a restablecer lazos.
Pero nos quedo el odio, de quienes nos odiaron en nombre de la moral de los y las otras que no se bancaron nuestra libertad sexual y nos la hicieron padecer con indiferencia, insultos y agresiones.
De entre las agresiones la mas severa fue la del estado  policiaco, me vi de repente inmersa en delincuencia, como si portarme a mi misma mis ideas, mi libertad, fuese un delito.  
Nos criminalizaron y nos quitaron la adolescencia de un solo golpe, para entonces negadas por todos como mujeres, comprendimos, que el camino era ser putas, putas de todos, pero no, de la yuta

Entonces comienza un proceso que podría definir como de des- identificación, en donde la/os otra/os no nos conceden pertenencia a lo femenino, pero tampoco nos integran a lo masculino de lo que renegamos. Permanecemos en un no lugar, invisibles, donde conviene, para el uso clandestino de los clientes, el abuso policial y las estadísticas de en donde figuramos como trabajo preventivo de la policía pero no queda claro que no es delincuencial sino meramente contravencional.
Curioso resulta este permanecer en un sitio indefinido donde, algunos tratos son denigrantes como lo son hacia una mujer, pero donde, deben tener cierto cuidado por que no todas las respuestas vienen desde este lugar, por que ante la humillación, una mujer puede levantar la voz pero muchas de las travas se encuentran en condiciones de levantar la mano, quedando denigrado el hombrecito que pretendió alardear de superior. En otros casos como el mío en particular, era mas un saber; que códigos manejaban los machos y desde allí humillar a cualquiera que quisiera lucirse con un contrincante, que, desde el mismo grupo al que pertenecía, fuese considerado inferior, ejemplo: un policía cagon para ingresar a una villa ¿podía alardear de corretear a una trava en tacos altos? ¿ un choro de ley, podía abusar de puta? ¡jamás¡¡¡
Como sujetos en cono de sombra fuimos corrosivas en muchos ámbitos, fiolos y madamas nos desconfiaron siempre por que le avivamos gilas, con nuestra independencia y trabajando solo para nosotras, las esposas o pupilas se preguntaban ¿por que laburo para otro/a?, simplemente con preguntas erosionamos poco a poco, -que lindo cliente el que paso con vos ; la tenia grande?, coge bien? Yo hubiese pasado gratis-. Y muchas respondían –no lo pensé, yo disfruto con mi marido-, -¡¿ cuando, cuando te toca, cada una, dos, tres semanas?
Este cono de sombra donde una podía socavar todo, al cliente común, humillado por la policía, -¿vos que pagas impuestos aceptas que te diga la policía que no podes salir de putas, con tu dinero, en tu coche, en tu tiempo libre?
Pero estar en cono de sombra en un lugar no definido, produce también mucha desesperación, y muchas, muchas corren apresuradas  a intentar por cualquier medio pertenecer a algún sitio, y en lugar de pararse en su sitio y destacar lo singular. Miopes intentan copiar arquetipos y en el laburo hacen de todo por el mínimo requerido, en el hogar ponen toda la plata y además siguen ayudando a la madre, para que los hambres coman y tengan todo limpio. En la pareja siendo la que pone plata y recibiendo reproches por que se la coge medio mundo. Con la policía siendo dóciles para que el superior de turno no los cace en infracción. Y todos y todas las insultan, las humillan, las denigran, las golpean, las roban, las abusan, las violan, las encierran, les prohíben juntare con amigas, las someten, las oprimen y marginan...... Y Ellas........ lloran se maquillan y salen a trabajar por que mañana con plata la cara les va a cambiar, les van a regalar una sonrisita, una palmadita en la espalda y un polvito,.......... si Dios quiere.
El transitar desde el genero masculino, hacia el genero femenino, sin ser de uno ni de otro, nos influye de mil modos diferentes, máxime cuando te ubican en una clase social invisible, por que no sos clase baja, ni media, ni alta. Sos puta. Una puta no tiene madre, padre, ni hermanos; una puta, no tiene clase, raza, religión, enfermedades, sindicato, grupo, región, no posee nada, mas que su cuerpo, de puta, y las putas son del pueblo, pero de noche a obscuras, a solas sin que nadie los sepa. Y como nadie lo sabe  tampoco nos golpean, nos coimean, nos desaparecen ni nos matan, y si milagrosamente estamos en una mesa para hablar de putas, no hay nadie, salvo............ otras cuantas putas.

MESA REDONDA: Relaciones de género en la prostitución 
Prostitución y Condiciones de Salud
Organizada y coordinada  por el Área de Géneros.
Equipo de Educación Popular - Pañuelos en Rebeldía

II CONGRESO INTERNACIONAL DE SALUD MENTAL Y DERECHOS HUMANOS. U.P.M.P.M 14-15-16 de noviembre 2003

 
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