24 de marzo Imprimir E-Mail
 
A 35 AÑOS DEL GOLPE DE ESTADO
 
NUESTRA CITA ES CON LA MEMORIA, LA VERDAD Y LA JUSTICIA
 
Con los sueños de quienes sembraron la historia de rebeldía
 
Cada 24 de marzo, nuestra cita se renueva como compromiso, mirando el pasado desde los ojos de nuestros compañeros y compañeras sembrados en la historia, y mirando el presente con la misma crítica rebeldía que ellos y ellas enarbolaron como bandera, que encarnaron con sus cuerpos como utopía desafiante.
No es una memoria complaciente. No es memoria en dosis homeopáticas. Recordamos las razones por las que lucharon. Recordamos su proyecto transformador. Recordamos su irreverencia y su coraje para no acomodarse. Recordamos caminando en su huella. Recordamos y queremos continuar su rebeldía.
Cada 24 de marzo la cita es con nuestra conciencia colectiva, celebrando cada paso dado en la batalla contra la impunidad, y asumiendo la lucha por la plena realización de los derechos de los humanos y de las humanas. Es la lucha por todos los derechos, los de ayer y los de hoy, por la defensa irrestricta de una vida digna que merezca ser vivida.
Cada 24 de marzo esta cita atraviesa nuestros cuerpos y nuestros deseos. Nos conmueven los viejos y nuevos dolores. Salimos a las calles y a las plazas con nuestros 30.000 compañeros y compañeras presentes en la piel, en la sangre, en la garganta, en los pañuelos, en los corazones… Salimos con ellos y con ellas en nuestras canciones, en nuestro llanto, en nuestros abrazos, en nuestras sonrisas.
Salimos también con quienes volvieron a arriesgar con su testimonio y fueron una vez más desaparecidos: con Julio López, con Silvia Suppo.
Salimos con los pibes asesinados en Bariloche por el delito de ser pobres: con Diego Bonefoi, Nicolás Carrasco, Sergio Cárdenas.
Salimos con los hermanos qom fusilados por el racismo y el neocolonialismo en Formosa: con Roberto López y Mario López.
Salimos con quienes dejaron el cuerpo en el parque que lleva curiosamente el nombre de indoamericano, por buscar un abrigo en nuestra tierra: con Bernardo Salgueiro, Rosemary Chura Puña y Emilio Canavari.
Salimos con Mariano Ferreyra asesinado por los matones de la Unión Ferroviaria, por acompañar solidariamente la defensa de los derechos de los trabajadores y trabajadoras.
Salimos con Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, los piqueteros fusilados en la Estación Avellaneda; salimos con los piqueteros asesinados en General Mosconi: Orlando Justiniano, Alejandro Matías Gómez, Aníbal Verón, Carlos Santillán y Oscar Barrios; salimos con Teresa Rodríguez, con Víctor Choque. Salimos con los compañeros y compañeras caídas el 19 y 20 de diciembre del 2001 en todo el país. Salimos con Carlos Fuentealba, el maestro fusilado por enseñar a luchar.
Salimos por los pibes y pibas asesinados, desaparecidos una vez más: Luciano Arruga, Rubén Carballo, Giuliana Jiménez, Miguel Portugal, Lucas Botella, Franco Almirón, Mauricio Ramos.
Salimos por los pibes y las pibas de Cromañon. Para que no haya más impunidad para los responsables de todos los agujeros del país Cromañon.
Salimos con las mujeres desaparecidas en democracia por las redes de la prostitución y de la trata.
Por todos, por todas, decimos:
No a la impunidad. Juicio y castigo a los responsables.
 
Cada muerte duele. Cada desaparición nos desaparece, y todos ellos, todas ellas regresan en nuestras luchas, en nuestras voces, en nuestros reclamos de libertad.
Cada asesinado, cada asesinada, todos  se vuelven raíz en la tierra, y se envuelven en la memoria de resistencia de nuestros pueblos que no han tenido descanso en el histórico enfrentamiento a los genocidas y saqueadores, desde los tiempos de la Conquista.
Nuestro país, como nuestro continente, ha sido acunado por los gritos de la guerra impuesta por los imperialismos y las oligarquías locales, por las burguesías de turno y sus gobiernos.
Los trabajadores, las trabajadoras, los pueblos, no dejaron de enfrentar y no van a dejar de hacerlo a quienes utilizan diferentes mecanismos para explotar, oprimir, dominar, disciplinar nuestras vidas.
La lucha contra la impunidad, por lo tanto, además de ser un hecho de estricta justicia, es una manera de impedir que la desmemoria se siente a la mesa del poder, y tienda un mantel precioso para su opulento banquete.
Es imprescindible depurar la justicia de los cómplices de la dictadura, los que hoy favorecen a los genocidas, alivian sus penas, los protegen.
Es imprescindible llevar a la cárcel a todos los genocidas y a sus cómplices.
Urge la restitución de la identidad de las y los jóvenes apropiados. Nadie puede ser condenado a una vida completa enajenada de su historia.
Es fundamental contribuir a los juicios, y a las investigaciones en curso, con la apertura de todos los archivos de la dictadura.
Es deber y responsabilidad del Estado el castigo a todos los responsables políticos y materiales de los nuevos asesinatos en democracia.
 
Las políticas neoliberales, en esta etapa del capitalismo, abren nuevos espacios de exclusión, miseria y pobreza. La criminalización de la pobreza y de la protesta social, es la contracara del “desarrollo” y del “progreso” de este modelo extractivo, depredador de la naturaleza, que ha privilegiado el pago de la deuda externa, el compromiso con las trasnacionales de la minería contaminante, de la soja, del petróleo, de las grandes represas.
Preventivamente se disciplina a las poblaciones excluidas en sus propios territorios: esto es el gatillo fácil que elimina a jóvenes pobres. Esto son las cárceles llenas de hombres y mujeres pobres. Esto son los institutos de menores y las comisarías. Espacios de exclusión y olvido, donde la impunidad se enseñorea, y donde la tortura, la represión, son moneda cotidiana.
Estos lugares son también la condena para quienes se atreven a desafiar al sistema. Luchadores y luchadoras de nuestro pueblo pasan largos años confinados en esos centros de injusticia.
Las movilizaciones sociales son enfrentadas con la policía, con la gendarmería, y también con las patotas de la represión tercerizada, por los sindicatos de la burocracia o por algunas hinchadas de fútbol subcontratadas para tales fines.
La llamada “justicia” actúa como legitimadora de esas políticas, procesando a cientos de luchadores sociales, limitando su derecho a defender derechos.
Es hora de terminar con la represión estatal, paraestatal, y con las patotas de la burocracia sindical, funcionales a la criminalización de la protesta social.
Es necesario, para abrir las posibilidades del protagonismo popular, el cierre de las causas contra los luchadores y luchadoras, y la anulación de las condenas a los procesados y procesadas por luchar. No a la criminalización de la protesta social. Libertad a Roberto Martino, Karina Germano, Carlos Olivera, y demás presos políticos.
Basta de Gatillo Fácil y del asesinato a jóvenes en las barriadas populares. Juicio y castigo a todos los responsables.
 
Es hora de avanzar hacia la transformación profunda del modelo político, económico, social, cultural; y ello será posible sólo con la participación amplia de todos y todas, con las formas más variadas que posibilita la democracia. Promovemos que se reconozcan las distintas maneras de organización y expresión de las demandas del pueblo, y las diferentes expresiones de democracia directa y de poder popular. Es necesario avanzar ya en una profunda redistribución de la riqueza, afectando a las corporaciones trasnacionales y a la burguesía local que se ha venido beneficiando del crecimiento económico realizado a costa del saqueo y destrucción de los bienes naturales, y de la superexplotación de los trabajadores y trabajadoras. Basta de bajos salarios, hambre y entrega. No al pago de la deuda externa.
Este 24 de marzo, salimos también a repudiar a los instigadores de los golpes de estado en América Latina, las oligarquías locales y el imperialismo yanqui. Salimos para exigir que no se reconozca al gobierno dictatorial de Honduras. Para que cese la represión contra este pueblo, y contra todos los pueblos latinoamericanos.
No al golpe de estado en Honduras, ni a su gobierno continuista.
No a la presencia de tropas militares argentinas invadiendo Haití.
No al terrorismo de estado en Colombia, a sus genocidios, a su impunidad.
No hay derechos humanos plenos, mientras haya impunidad y represión.
Somos memoria. Somos resistencia. Somos movimientos populares, escribiendo juntos la historia.
 
A 35 años del golpe de estado, seguimos apareciendo 30000 veces en nuestros sueños no domesticados.
A 35 años, Nunca más dictadura. Nunca más impunidad.
30000 compañeros y compañeras detenidos desaparecidos… Presentes. Ahora y Siempre

EQUIPO DE EDUCACIÓN POPULAR
 
PAÑUELOS EN REBELDÍA

 
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Julio López, 6 años desaparecido.

 
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