Claudia Korol - Las mujeres en el 8 de marzo: un siglo “en movimientos” Imprimir E-Mail

08-03-2011

Existen distintas versiones sobre el origen del 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer. En lo que todas coinciden es que la fecha surge como tal, a partir de la iniciativa presentada por Clara Zetkin en la II° Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, celebrada en Copenhague los días 26 y 27 de agosto de 1910. Clara Zetkin fundamentó su propuesta en la voluntad de seguir el ejemplo de las mujeres socialistas norteamericanas, que desde los finales del siglo XIX venían realizando importantes luchas como trabajadoras –habían celebrado por primera vez el Día de la Mujer en Chicago, un 3 de mayo de 1908, con la participación de 1500 mujeres-.

Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo fueron dos inteligentes y activas precursoras de las luchas de las mujeres, y del esfuerzo para que las mismas ocuparan un lugar en la primera línea del movimiento de emancipación mundial.
Unos meses después, el 19 de marzo de 1911, fue celebrado por primera vez el Día Internacional de la Mujer, con actos masivos en Alemania (participaron más de un millón de mujeres), Austria, Dinamarca y Suecia. Reivindicaban el derecho al voto de las mujeres, a ocupar cargos públicos, el derecho a trabajar, a la enseñanza vocacional, al fin de la discriminación en el trabajo, al fin de la explotación sexual.
La Revolución Rusa dejó una nueva marca sobre esas jornadas. El 23 de febrero de 1917 según el calendario ruso (8 de marzo en el calendario gregoriano), las mujeres se rebelaron, disparando el proceso revolucionario que tendría su momento culminante en octubre de ese mismo año. Escribió al respecto la líder revolucionaria rusa Alexandra Kollontai: "El día de las obreras –el 8 de marzo de 1917– fue una fecha memorable en la historia. La revolución de febrero había empezado".

Cien años después

Se cumple un siglo del primer acto internacionalista de reivindicación de los derechos de las mujeres, que fue también de lucha por la paz, contra la guerra imperialista, y de afirmación de una perspectiva socialista.
Si en los orígenes del siglo 20, este movimiento emancipatorio encontró a las mujeres movilizadas y en lucha, “despertando” y “participando”, debatiendo sus roles en sociedades profundamente patriarcales, y en izquierdas que también eran –son- portadoras de esas marcas, en los comienzos del siglo 21 recogemos los frutos de tantas batallas, a partir de la ampliación del campo de los derechos en todos los planos. El derecho al voto de las mujeres fue generalizado, y actualmente no sólo se participa con el voto, sino que las mujeres han ido ganando espacios concretos en la dirección política y social de los países. Esto ha enseñado también, que la condición biológica no alcanza para ser portadoras de un cambio de cultura, ya que en muchos casos, las mujeres reproducen lógicas patriarcales, y se asocian a esos modelos de poder, para legitimar su rol.
En el campo de los derechos económicos y sociales, y del derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, se han producido avances en las políticas públicas.
Sin embargo, estos logros tienen como contraste la situación de subordinación de muchas mujeres que en su vida cotidiana sufren condiciones de opresión y de violencia.
En el caso de América Latina, capitalismo, patriarcado y colonialismo, se han establecido históricamente de manera simultánea: llevan la marca de la conquista. Por ello cuando se analiza la violencia contra las mujeres, debemos mirar la historia de impunidad y referirnos a los primeros hechos fundacionales del capitalismo en el continente: los “colonizadores” se apropiaron al mismo tiempo de territorios, de riquezas, de los cuerpos de las mujeres indígenas y de las esclavas negras. Y lo siguen haciendo, como parte de la recolonización de estas tierras. En los últimos años, la mercantilización de todas las dimensiones de la vida, acentuó también la mercantilización de los cuerpos de las mujeres.

La feminización de la resistencia

En el reciente Foro Social Mundial realizado en Dakar, Senegal, entre el 6 y el 11 de febrero, el movimiento feminista y altermundialista se encontró con miles de mujeres que vienen resistiendo en distintas partes del mundo, y en particular en el continente que en esos días comenzó a rugir en las plazas y en las calles, en la revuelta masiva que terminó con el régimen de Mubarak y que como pólvora se sigue extendiendo hacia otros países. Fueron conmovedoras las voces y la presencia de las mujeres africanas, que han mostrado su decisión de estar en las calles, combatiendo los autoritarismos, y también los fundamentalismos religiosos.
También se escucharon las voces de las mujeres de otros continentes. Después de 10 años de existencia de este evento -cumbre de las luchas contra la globalización-, por primera vez la atención fue llamada desde la vieja Europa, convulsionada por las consecuencias de la crisis del capitalismo en su propia casa. Ya no eran sólo las denuncias de los malos tratos que cotidianamente sufren las mujeres migrantes. También se oyó las voces de militantes feministas y líderes obreras, como la sindicalista italiana Alessandra Mecozzi, quien analizaba en una mesa cómo impacta sobre la vida de las mujeres la crisis de su país: “La crisis económica y social en nuestro país y en Europa es muy fuerte, porque el ataque del capitalismo y las políticas neoliberales, de las multinacionales, contra los trabajadores es muy grande. En nuestro país -el país del Vaticano-, hay también una regresión general en la cultura, de la imagen de la mujer. Un nuevo uso del cuerpo de la mujer, y de la relación entre el cuerpo y el dinero, que es horrible. Es un modelo muy masculino que está tomando fuerza, también por el papel de los medios de comunicación. Pero las mujeres estamos luchando con una gran fuerza, reivindicando protagonismo social y cambio de políticas gubernamentales”.
Días después del Foro, más de un millón de mujeres salieron a las calles y a las plazas de Italia demandando la renuncia de Silvio Berlusconi, acusado de prostitución de menores, corrupción, abuso de autoridad… Berlusconi reaccionó calificando de “subversivas” a las mujeres que marcharon en defensa de la dignidad. Señala la filósofa feminista argentina Diana Maffía: “Claro que el feminismo es subversivo, porque desnaturaliza las relaciones jerárquicas de género. Hay un slogan en el feminismo: “Lo personal es político”. Esto significa por un lado que en las relaciones interpersonales, domésticas, amorosas, hay relaciones de poder. El otro aspecto es cuánto de personal hay en ese mundo público, aparentemente abierto para todos, democrático, de igualdad. Cuando las mujeres se animan con ese mundo son “mujeres públicas”, es decir, mujeres que están disponibles para cualquier varón, porque no se han restringido a ser el cuerpo privatizado de un hombre en particular. Estamos hablando del consumo mercantil del cuerpo de las mujeres, de la compra de la sexualidad de las mujeres. La transformación de un cuerpo en una mercancía es el límite de la esclavitud, pero también el límite del contrato de sexualidad. Es alguien que pone su cuerpo y su sexualidad, y de otro que pone el dinero. Cuando ese dinero está controlado de una manera porcentualmente tan dramática por los varones –según Naciones Unidas las mujeres tienen solamente el 2% de los medios de producción mundiales, incluyendo la tierra- podemos analizar cómo se concentran los recursos económicos en manos masculinas, y ver que también en términos de la sexualidad hay una plusvalía económica y emocional sobre los cuerpos de las mujeres. No sólo con la prostitución. También con el trabajo doméstico. El atrapar los cuerpos de las mujeres en decisiones de los varones. Son cuerpos expropiados”.
En el marco del Foro Social Mundial, las mujeres de la Vía Campesina Internacional –articulación de movimientos campesinos del mundo entero- utilizaron el espacio para lanzar la campaña contra la violencia hacia mujeres y niños. Señala la Via Campesina en su pronunciamiento: “¡No podemos quedarnos callados! Al desviar la mirada y guardar silencio nos hacemos corresponsables de esta violencia. Al movilizarnos en contra, contribuimos a su erradicación y a la construcción de una sociedad que se base en la igualdad y la justicia. La violencia respecto a las mujeres, tanto si se produce en el trabajo como en nuestras organizaciones, en el seno mismo del hogar o en la comunidad es también asunto de las organizaciones campesinas.”.
Situaciones de violencia contra los pueblos y contra las mujeres, fueron denunciadas también desde América Latina. La cantautora hondureña Karla Lara, integrante de Feministas en Resistencia, señalaba en una de las mesas: “Si bien es cierto que no logramos revertir el golpe, sabernos libres ha sido un triunfo que ya nadie va a quitarnos. … RESISTIMOS frente a un régimen que protege a terratenientes asesinos, frente a la derogación del artículo 18-02 que otorgaba la titulación de tierras. RESISTIMOS frente a un régimen fundamentalista, homofóbico que ha asesinado a más de 25 compañeros de la comunidad gay, que junto al movimiento lésbico, travesti y transexual, se unen y trabajan en Colectivos de la Diversidad Sexual. … RESISTIMOS frente a la amenaza de revertir los permisos de frecuencia otorgados y a la decisión de negar cualquier permiso nuevo para las radios de corto alcance, las radios comunitarias alternativas. RESISTIMOS frente a un régimen que sigue asesinando a las personas que tenemos vínculo directo o indirecto con el Frente Nacional de Resistencia. Resistimos con el cuerpo, dejando a un lado el miedo, poniendo la cara, la palabra y nuestros días … RESISTIMOS en nuestra lucha por colocar el problema del femicidio en la categoría de problema político que es, para visibilizarlo en la agenda nacional y permearlo a las estructuras del FNRP como tal. RESISTIMOS a la política de impunidad, formando una verdadera Comisión de Verdad. RESISTIMOS a la militarización del país, la instalación de las bases gringas, la aprobación de una Ley Antiterrorista, que legitima las acciones criminales del terrorismo de Estado. Las feministas hacemos RESISTENCIA al sistema patriarcal y frente a nuestros propios compañeros y compañeros. Damos la lucha porque se entienda que el feminismo es una propuesta política en la búsqueda de igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres, y para que la visión anticapitalista se una a la visión antipatriarcal y antirracista. Para que en función de la lucha de clases, no se crea necesario postergar la agenda de derechos sexuales, reproductivos, de valoración y visibilización de nuestro aporte. Resistimos frente a la convicción de que el patriarcado se coló también en los huesos y en las mentes de quienes hacemos la resistencia. Porque el feminismo sabe que no basta ya el discurso de una sociedad mejor cuando poco o nada de nuestras vidas en pareja, con nuestras hijas e hijos, con nuestros padres y madres cambia de raíz esa mirada de la mujer como sujeto de segunda categoría. Por eso el feminismo devuelve la mirada a la tierra, a las ancestras, a la naturaleza. Busca una práctica de vida congruente con la filosofía del buen vivir que desde las poblaciones indígenas se proponen. .. Pero no sólo resistimos: estamos caminando hacia la refundación de Honduras, inventando los caminos hacia una Constituyente popular, feminista, antirracista hechas por y para todas y todos. Y mientras en Honduras mujeres y hombres en resistencia sigamos denunciando que el actual régimen es el continuismo del golpe de estado y se mantenga firme el no reconocimiento al actual régimen”.

Otros Foros

En estos días se está reuniendo en Buenos Aires, el seminario “Haciendo Paz en Colombia” impulsado por Latinoamericanos/ as por la paz, espacios de articulación que tienen entre sus más destacadas impulsoras a la ex senadora colombiana Piedad Córdoba, una de las mujeres valientes en la batalla por la paz en su país, lo que le costó una tremenda persecución política y campañas mediáticas de desprestigio.
En diálogo con Punto Final señalaba Piedad Córdoba: “No hay momento que no sea propicio para trabajar por la paz, en un país que lleva 60 años de guerra. Hacía muchísimos años que no se hacía un evento de esta naturaleza, donde las guerrillas tomaron la decisión de participar, clara y abiertamente. En este seminario esperamos sacar una serie de conclusiones que vayan generando un escenario para el acuerdo de paz en Colombia, un escenario de humanización de la guerra, como por ejemplo no más falsos positivos, la situación de los presos políticos en las cárceles, el desplazamiento de miles de personas, la desaparición de hombres y mujeres, y la discusión de temas como el de los prisioneros de guerra. El propósito de este encuentro es la consolidación del movimiento ciudadano por la paz, y por ello queremos aportar a la construcción de una agenda política que busca alcanzar en Colombia la paz con justicia social. Es la construcción de una agenda internacional de reconocimiento de nuestra guerra interna, de los intereses en juego, del sentido ético, político, económico, ambiental y humanista de la paz. No abrir las puertas de la paz, es condenarnos a la barbarie. No es una interpretación apocalíptica. Es el resultado de lo que vemos cuando nos encontramos con el país rural. Cuando de todas las regiones del país, llegan los testimonios de la población sobre las violaciones a los derechos humanos”.

La palabra y los gestos de Piedad, están en la trama de una genealogía de mujeres que han sabido enredar sus vidas en las batallas por la paz, contra todas las opresiones, por la emancipación completa de los cuerpos y de los territorios saqueados por el capitalismo, el patriarcado, el colonialismo.
Un siglo después de la primera celebración internacional del Día de la Mujer, tendremos nuevas razones para la esperanza, para la rebeldía, para la dignidad. Las mujeres, muchas reconocidas, y muchas más anónimas, estamos abriendo espacios para reunir la revolución y la alegría, para desatar dolores y siglos de injusticia, para refundar el feminismo desde abajo, desde la memoria, y desde el andar de nuestros pueblos.
 
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