Mar�a Felisa Lemos - Experiencias de Educaci�n Popular en Nicaragua Imprimir E-Mail

Las prioridades del gobierno de la revoluci�n sandinista fueron la salud, la educaci�n, la reforma agraria y la creaci�n de un banco para que los campesinos pudieran� contar con cr�ditos para la explotaci�n agr�cola. Un objetivo fundamental del gobierno popular fue la creaci�n de centros de salud en todo el territorio nicarag�ense y la transformaci�n� del sistema de salud en un sistema �nico (S.N.U.S.).

El problema era c�mo cubrir con personal suficiente esos centros ubicados en el interior, sobre todo en el campo, por la carencia de m�dicos, enfermeras y de personal sanitario en general. En esa �poca, en el pa�s egresaban de la Universidad de Le�n cincuenta m�dicos por a�o. Fue necesario crear nuevas universidad, facultades de medicina y escuelas de enfermer�a en cada cabecera departamental, pero era fundamental cambiar la mentalidad de los m�dicos y del resto del personal de salud que hab�a optado por quedarse y no emigrar despu�s del triunfo de la revoluci�n.
En 1980, en la Oficina Regional de la VI Regi�n muchos m�dicos finqueros ocupaban los cargos regionales. Ellos me contaron que durante la insurrecci�n contra el gobierno de Somoza, en Matagalpa, los m�dicos con sus modernas armas de caza se sub�an a los tejados o terrazas de sus casas y desde all� combat�an. Es que la burgues�a quer�a que cayera Somoza, pues pensaban que una vez que se fuera el dictador, se constituir�a un gobierno af�n a sus intereses de clase que no afectar�a sus privilegios, cambiando algo para que nada cambiara.
El triunfo del Frente Sandinista de Liberaci�n Nacional (FSLN) fue bien recibido, pero a mi llegada a Nicaragua, cuando me integr� al Sistema de Salud, ya la situaci�n hab�a variado. Conoc� a un m�dico, de apellido Padilla si mal no recuerdo, alto, de cutis blanco que hab�a estudiado medicina en Argentina y a quien los matagalpinos le dec�an el Che por su apariencia f�sica y su modo de hablar. Este hombre me hac�a el siguiente comentario: �Pero vos fijate� le dicen a la gente que el poder ser� de los obreros y campesinos �y se lo van a creer! �Despu�s van a andar reclamando!�. Obviamente, fue de los m�dicos que emigraron a Estados Unidos.
Las principales patolog�as existentes en la regi�n eran la diarrea, el paludismo, la desnutrici�n, la tuberculosis y las enfermedades de la infancia tales como el coqueluche, el t�tanos, la poliomielitis, el sarampi�n.
Una menci�n aparte merece la leishmaniasis(1). Durante el gobierno de Somoza, por decreto se hab�a determinado que esta enfermedad no exist�a en Nicaragua. La padec�an los campesinos y los que viv�an en la selva. En esa �poca, si alguna persona iba en busca de remedios a los centros de salud de la ciudad y ten�a leishmaniasis significaba que hab�a andado por la selva y la monta�a; los que ten�an los medicamentos eran los integrantes de la Guardia Nacional, por lo tanto el enfermo era un guerrillero y ca�a preso. Para evitar esto, la gente se curaba como pod�a; a veces intentaba detener la infecci�n y cauterizar las lesiones con un hierro candente; otras, se pon�an p�lvora sobre la herida y prend�an fuego, o se aguantaban la enfermedad que progresaba y les dejaba da�os irreparables.
Despu�s del triunfo del FSLN aparecieron miles de casos que fueron tratados en los Centros de Salud de la Revoluci�n.
Todas estas patolog�as eran f�cilmente reducibles, para eso en 1980 se comenz� con las grandes campa�as de vacunaci�n;� primero �nicamente con el personal de salud y despu�s con la participaci�n de los brigadistas de la salud. Un ejemplo es la casa que habit�bamos en Matagalpa, que fue un centro de vacunaci�n barrial desde 1980 hasta 1991. Los vecinos organizaban Jornadas de Vacunaci�n junto con el Comit� de Defensa Sandinista sin que fuera necesaria mi presencia en estas actividades, en el per�odo en que estuve en zona de guerra.�

Salud y Educaci�n Popular


El triunfo de la Revoluci�n Sandinista el 19/7/79 determin� la incorporaci�n del pueblo tanto en la acci�n como en la gesti�n de salud.
Cuando llegamos a Nicaragua, sent� que estaba en terreno conocido. En mi Goya natal me hab�a acostumbrado a ver personas que ten�an un saber aceptado por una parte de la sociedad y que no proven�a de estudios cient�ficos o universitarios. Conoc� al huesero y a la curadora de empachos que ejerc�an su labor de manera gratuita porque lo consideraban un don. En mi tarea como m�dica, en los Esteros del Iber� aprend� a trabajar con personas que ten�an esas caracter�sticas, pero que eran perseguidas porque se consideraba que su trabajo era ilegal. Grande fue mi sorpresa cuando me encontr� que en Nicaragua estas personas no eran perseguidas sino estimuladas a mejorar su tarea, por lo que no me result� extra�o o diferente compartir la atenci�n� de la salud con parteras y brigadistas.

Las parteras

La primera vez que tom� contacto con una partera en Nicaragua fue en 1980, en el campamento de los obreros del caf� de la finca La Fundadora que hab�a sido propiedad de Somoza y en ese momento era �rea recuperada como propiedad del pueblo.
Una noche me llamaron desde ese lugar para atender a una joven parturienta primeriza cuyo parto ven�a con complicaciones. Llegu� al camarote, que era un cubo de madera donde se albergaban los trabajadores que cosechaban el caf�, y a la luz oscilante de un candil estaba la partera del lugar atendiendo a la mujer. Cuando� me vio, dijo: �Ahora que usted lleg�, yo me voy a ir�. �No�, le contest�, ��por qu�? entre las dos lo vamos a hacer mejor�. Y as� fue, observ� los masajes que ejecutaba, los brebajes que le hac�a beber mientras yo hac�a las maniobras m�dicas necesarias para el alumbramiento. Naci� el ni�o, se acomod� a la madre y al reci�n nacido, y nos pusimos a conversar un rato la partera y yo.
Durante ese a�o y en los dos subsiguientes particip� en los cursos de adiestramiento para las parteras emp�ricas, al que concurr�an mujeres experimentadas en el tema. Ense��bamos lo relacionado con la asepsia y la antisepsia� y la vacunaci�n para evitar el t�tanos neonatal. Los cursos eran pr�cticos y transcurr�an en un clima ameno y cordial. Con mu�ecos o envoltorios de trapo que simulaban ser un beb� intercambi�bamos conocimientos sobre plantas, masajes e infusiones para relajar a la embarazada. Yo me sent�a aceptada por estas compa�eras que brindaban sus servicios en forma gratuita.
El Ministerio de Salud cre� una historia cl�nica y un sistema de referencia y contrarreferencia para las parteras. Estaba basado en dibujos, en planchas con dibujos de mujeres embarazadas con alguna patolog�a: pies hinchados, p�rdidas vaginales. Cuando una mujer embarazada, que estaba bajo el control de una partera, presentaba alguna dificultad que exig�a la presencia de un m�dico o el traslado a un centro de salud, la paciente era acompa�ada por la partera, quien adem�s tra�a un gr�fico de lo que estaba pasando. Ese dibujo se adjuntaba a la historia cl�nica.�
A pesar de la situaci�n militar, las minas y los combates,� nos reun�amos una vez al mes con todas las parteras del �rea Cu� Bocay. Eran reuniones grandes, de entre 20 y 50 mujeres, donde se intercambiaban experiencias, problemas ocurridos en la pr�ctica. Se daban noticias de lo que pas� de una comarca� a la otra, por cuanto estas mujeres ven�an de diferentes territorios.
Siempre se comenzaba la reuni�n con una din�mica, que generalmente la prepar�bamos las parteras del pueblo junto con los equipos de salud. Por la tarde hab�a dramatizaciones, o alguna puesta en pr�ctica de lo vivenciado. Era una reuni�n generalmente de dos d�as y� terminaba al atardecer, cantando con toda la fuerza el himno de la revoluci�n del FSLN. Tambi�n nos entreg�bamos cartitas o encargos para vecinos de otra comarca.
Hab�a veces que aprovech�bamos las fiestas, un 19 de Julio, o un 8 de Noviembre, y si era fin de� semana la reuni�n que era una oportunidad en que la gente de la zona bajaba al pueblo para festejar, entonces se aprovechaba el encuentro y una de las noches se organizaba un gran baile.
El Ministerio de Salud pagaba los gastos de viaje, la comida, y en los casos en que era necesario que los que ven�an de afuera se quedaran a dormir,� nos arregl�bamos de alguna manera. No era f�cil hacer estas reuniones porque el Cu� era un pueblo chico, sin ning�n tipo de confort, sin agua potable por ejemplo, con los caminos minados, con la guerra permanentemente alrededor, y donde conseguir un colch�n era complicado; no obstante alguna soluci�n encontr�bamos.

Los brigadistas

Los brigadistas de salud eran, como las parteras, parte del pueblo que se incorporaba a las tareas del trabajo comunitario.
No necesitaban, como aqu�llas, haber venido desempe�ando tareas relacionadas espec�ficamente con salud, aunque deber�amos preguntarnos qu� es lo que no se relaciona con la salud. Las brigadistas y los brigadistas eran miembros de cooperativas, ya que en las cooperativas hab�a comisiones de organizaci�n del trabajo, de la salud, de la educaci�n. Cuando se anunciaba que se iba a hacer un curso de capacitaci�n para brigadistas, para participar en las Jornadas Nacionales de Vacunaci�n o Antimal�ricas, por ejemplo, se hac�a llegar la invitaci�n a las cooperativas del �rea y eran los miembros de �stas los que eleg�an qui�n se iba a capacitar como brigadista de salud. Esta� capacitaci�n duraba un mes, en el que deb�an permanecer� en el poblado del Cu�, aunque los� fines de semana pod�an ir a sus casas si la situaci�n lo permit�a. Y era su propia cooperativa la que manten�a su familia y se hac�a cargo de las tareas, en la producci�n y en la defensa. Ese mes era intensivo pero no finalizaba all� su formaci�n. Ten�amos, como con las parteras, una reuni�n mensual, y 15 d�as de capacitaci�n intensiva cada 4 meses.
�La formaci�n de brigadistas era un poco m�s compleja, exig�a un poco m�s de esfuerzo de los capacitadores. Pod�a ser hombre o mujer y pod�a tener de 12 hasta 100 a�os, lo que importaba era el compromiso que asum�a con su comunidad y con la revoluci�n.�
Muchos de los nuevos brigadistas eran reci�n alfabetizados entonces las cartillas que se utilizaban para la capacitaci�n estaban escritas con letras grandes, claras y con muchos dibujos. Se part�a desde las vivencias, desde las experiencias que tra�an, desde los sue�os que ten�an. Habl�bamos mucho de la reforma agraria, porque todos eran de tierras colectivizadas. La ense�anza siempre estaba relacionada con cuestiones pr�cticas, con la vida cotidiana. Se utilizaban mucho los juegos para aprender, el poner el cuerpo, dramatizaciones, canto, mucho canto y mucho baile.
Mi relaci�n con las parteras y los brigadistas fue de igual a igual, manej�bamos los mismos c�digos y quer�amos las mismas cosas. Ten�amos diferentes conocimientos pero el intercambio nos enriquec�a.

Las campa�as de vacunaci�n y las jornadas de salud

En los Centros de Salud se formaron los brigadistas populares para realizar las Primeras Jornadas Nacionales de Salud en los a�os 1981/82, en las que se� aplicaron tres vacunas; la triple, la antipoliomiel�tica y la antisarampionosa.
En Matagalpa se capacitaban como brigradistas en salud en el Laboratorio de Epidemiolog�a �Che Guevara� y otros lugares tales como escuelas, centros de salud, asociaciones, por ejemplo la Asociaci�n de Mujeres Nicarag�enses Luisa Amanda Espinosa (AMNLAE), etc.
La capacitaci�n se hac�a cada a�o antes de una jornada nacional porque siempre se sumaba m�s gente y hab�a que actualizar los contenidos y las estrategias en relaci�n con los cambios de situaci�n que provocaba la guerra.
Las campa�as eran muy creativas, divertidas, por ejemplo cuando hicimos la campa�a contra� el sarampi�n para concientizar a la gente sobre la necesidad de vacunarse. En esas ocasiones,� Benjam�n Linder, un internacionalista que adem�s de ingeniero era payaso profesional, representaba el monstruo del sarampi�n.� Lo cubr�amos con una s�bana a modo de capa y le pint�bamos con mertiolate� manchitas rojas� a �l y a la s�bana. As� recorr�a el pueblo con su monociclo, simulaba ser �el Monstruo del Sarampi�n� lo cual resultaba una atracci�n para ni�os y grandes.
(Benjam�n Linder fue asesinado en Bocay, cuando constru�a una represa, para dar luz al pueblo del mismo nombre)
Los brigadistas de salud se preparaban con el material que se les entregaba dise�ado para cada actividad y estudiaban las cartillas que les prove�amos. Se utilizaba sobre todo la fuerza de la comunidad porque el �rea de salud no ten�a muchos recursos humanos y adem�s porque en la nueva sociedad, el concepto era que la comunidad deb�a participar en la gesti�n de salud.
Era un trabajo no pago que se hac�a voluntariamente y para realizarlo hab�a que capacitarse. Esas capacitaciones se llevaban a cabo en todo el pa�s, en escuelas, en centros de salud, en bodegas de caf�, en la escuela de cuadros del FSLN. Donde hubiera un espacio grande y sillas se constitu�a el centro de capacitaci�n. El gobierno revolucionario prove�a el material de estudio: unas cartillas hermosas, con dibujos excelentes impresas en papel de diario, adecuadas a la realidad, con palabras y tipo de letra para que pudieran ser le�dos y comprendidos por personas que en algunos casos acababan de alfabetizarse.
En la monta�a, la capacitaci�n de los brigadistas ten�a un tiempo de formaci�n de un mes. Estando ya en su tarea, se realizaba un encuentro mensual en el que se compart�an las dudas y dificultades que hab�an tenido y las soluciones que hab�an encontrado. Fue un cambio de estrategia que se planific� para la zona de guerra.
Brigadista popular de salud pod�a ser cualquiera, desde los 12 a los 100 a�os, pero s�lo era aceptado si hab�a sido elegido por su comunidad, ya fuera �sta un barrio de una ciudad, una comarca o una cooperativa en el campo; quienes lo eleg�an ten�an en cuenta su compromiso con los dem�s, el aprecio del que gozaba entre su gente. Cada comunidad o barrio ten�a generalmente varios brigadistas que realizaban su tarea en el colectivo que lo hab�a elegido y al cual pertenec�a.

Estrategias de salud para �poca de guerra

La guerra contrarrevolucionaria oblig� a crear estrategias para poder llevar adelante los programas de salud. En el caso de la tuberculosis, por ejemplo, la interrupci�n de un tratamiento por falta de medicamentos provoca el aumento de la resistencia del bacilo y el avance de la enfermedad. Para evitar esto, capacitamos l�deres populares que no necesariamente eran sandinistas pero que ten�an alg�n ascendiente sobre la poblaci�n a la que pertenec�an.
�Sus tareas eran tomar a su cargo la contenci�n, el tratamiento de los compa�eros enfermos de Tuberculosis. Ellos conoc�an su comarca y su pueblo, desde el centro de salud le dec�amos, �en tu zona, all� hay tres compa�eros que tienen tuberculosis, tom� a tu cargo el tratamiento de esos compa�eros�. El tratamiento se hac�a supervisado: �vis�talos y fijate que tomen los medicamentos, acomp��alos y volv� a explicarle todo lo que sab�s sobre la enfermedad las veces que sea necesario, dale �nimos��. La guerra se interpon�a, el paciente no pod�a concurrir al Centro de Salud, pero el vecino que viv�a en el lugar s� pod�a hacerlo. Se le prove�a el envase pl�stico para colocar el esputo y llevarlo al Centro de Salud para que fuera analizado. En caso contrario, hab�a que ir a buscarlo. Se ten�a mucho cuidado y responsabilidad en esto porque hab�a que vencer la enfermedad a�n en medio de la guerra.
De ese modo trabajamos en el tratamiento de los enfermos de enfermedades cr�nicas. Tratamiento supervisado, con afecto, con continuidad en la medicaci�n en medio de la guerra y logrando darle de alta a muchos pacientes�
Era un logro m�s de la salud en la revoluci�n y �xito exclusivo de la participaci�n del pueblo en las tareas sanitarias.


(1) Es una zoonosis (enfermedad transmitida por insectos y animales (vectores) al ser humano) de origen parasitario. Existen distintas formas de la enfermedad, siendo la leishmaniasis cut�nea la variante m�s frecuente. Sus s�ntomas son �lceras en la piel de la cara, los brazos y las piernas, que pueden dejar cicatrices permanentes.
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