Leonardo Boff - Las buenas razones del socialismo a partir de la moderna cosmolog�a Imprimir E-Mail

(TRADUCCI�N)

Me he tomado la libertad de traer a este debate sobre el socialismo una reflexi�n nacida de mis estudios y preocupaciones de los �ltimos a�os. He realizado un esfuerzo considerable por tratar de llevar adelante el discurso de la Teolog�a de la Liberaci�n abri�ndolo a otros campos de lucha popular y de pensamiento.

1. El grito de los pobres y el grito de la Tierra

Hoy en d�a no basta con prestar o�do al �grito de los pobres�. De la atenci�n a ese grito naci�, en los a�os 60, la Teolog�a de la Liberaci�n en los pa�ses de la Am�rica Latina y en otros contextos de lucha e injusticia en el mundo. No s�lo gritan los pobres. La Tierra tambi�n grita. Las aguas gritan. Los ecosistemas gritan. Porque son tambi�n v�ctimas de la misma l�gica del sistema del capital que explota a las clases, los pa�ses, las naciones y acaba por devastar sistem�ticamente a la Naturaleza toda.

Estoy profundamente convencido de que la Teolog�a de la Liberaci�n s�lo puede ser integral si incorpora en su discurso y su pr�ctica el rescate de la Tierra que, en �ltima instancia, es el rescate de la vida. Porque la Tierra no es un planeta inerte. No es un ba�l de recursos incalculables, aunque finitos, condici�n a la que la redujo la modernidad cient�fico-t�cnica. La Tierra es un organismo vivo, es la Pacha Mama de nuestros ind�genas, la Gaia de los cosm�logos contempor�neos. Desde una perspectiva evolucionista, nosotros, los seres humanos, nacidos del humus, somos la Tierra misma que lleg� a sentir, a pensar, a amar, a venerar y hoy en d�a a alarmarse. La Tierra y los seres humanos somos una �nica realidad compleja, como bien pudieron apreciar los cosmonautas desde la Luna o desde sus naves espaciales. A partir de esa visi�n he podido profundizar en algunas perspectivas que me gustar�a presentarles suscintamente aqu�, como una m�s entre otras fuentes de argumentaci�n a favor del proyecto socialista. El socialismo, tomado en su intuici�n b�sica, representa la salvaci�n de la vida, del planeta y del proyecto planetario de la especie humana.

2. La ley fundamental del proceso cosmog�nico: la cooperaci�n

Tal vez mi discurso sea inusitado y poco convencional, pero estimo que puede ser una de las diversas maneras actuales de refundar y exponer buenas razones en pro de una opci�n socialista. La primera de ellas es la visi�n que se desprende de la cosmolog�a moderna, o mejor, de las as� llamadas Ciencias de la Tierra. Seg�n esa visi�n, todos participamos de un �nico proceso cosmog�nico, iniciado hace 15 mil millones de a�os que a�n est� en curso. La ley suprema que preside la evoluci�n es la siguiente: todo tiene que ver con todo en todos los puntos y en todos los momentos; todo est� interretrorelacionado y nada existe fuera de esa panrelacionalidad. Por tanto, nada existe yuxtapuesto o desarticulado, sino que todas las cosas est�n interconectadas de tal forma que forman un sistema inconmensurable. As�, la vida forma parte del proceso de la evoluci�n de la materia (que nunca es inerte, sino un centro de gran energ�a e interactividad), y la vida humana forma parte de la evoluci�n de la vida. Las sociedades son momentos de este proceso global y deben entenderse como expresi�n de la l�gica de las relaciones universales. Tenemos pues que ver con una visi�n realmente hol�stica y sist�mica.

Esta visi�n est� bien formulada en la F�sica cu�ntica de Niels Bohr y Werner Heisenberg, los primeros que formularon el nuevo paradigma para la comprensi�n de la realidad panrelacional. Para ellos la centralidad se encuentra precisamente en la constataci�n de que la ley suprema del Universo, que permiti� que todos los seres llegaran hasta aqu�, es la cooperaci�n, la solidaridad c�smica y la sinergia. Todos somos interdependientes. Cada quien vive gracias al otro, con el otro, para el otro, y todos forman la inmensa red de la solidaridad c�smica. Esa realidad es tan fuerte que el Universo no conoce ning�n ser excluido, no conoce los deshechos, todo se recicla, todo se transforma y todo se incorpora. Incluso la visi�n de Darwin sobre el origen de las especies gracias a la selecci�n natural y la victoria del m�s fuerte, se inscribe dentro de la ley universal de la solidaridad. El que es m�s fuerte es el que tiene m�s capacidad de relaci�n y por tanto, de contar con la cooperaci�n de los otros. No basta simplemente con ser fuerte, como los dinosaurios. Despu�s de una cat�strofe ecol�gica sin precedentes que destruy� m�s de la mitad del capital bi�tico del Planeta, los dinosaurios no lograron relacionarse con la nueva situaci�n y fueron condenados a desaparecer.

No resulta dif�cil percibir que el capitalismo se opone a la ley b�sica del Universo, porque no es cooperativo, sino competitivo. El capitalismo representa la �barbarie�, la destrucci�n de la convivialidad, de las interdependencias y de las inclusiones. Es individualista, excluyente. Reafirma y magnifica al individuo, al yo, en detrimento de los lazos del nosotros y de la sociabilidad humana. Por el contrario, el socialismo se inscribe en la l�gica global de las cosas, es su expresi�n hist�rico-social. Transforma en un proyecto pol�tico, en una visi�n consciente del mundo y en una �tica de solidaridad, cooperaci�n e inclusi�n, lo que la naturaleza prescribe en su dinamismo interno.

3. El ser humano como ser hablante y social

Mi segundo argumento se deriva de la antropog�nesis, es decir, del proceso en el cual surgi� el ser humano como un ser diferente de sus semejantes, los simios superiores como los chimpanc�s, los gorilas y los orangutanes. Lo cierto es que la carga gen�tica de los se-res humanos y de los chimpanc�s es casi id�ntica: la diferencia es s�lo del 2%. Pero en ese 2% reside toda la diferencia. �En qu� consiste? En el hecho singular de la sociabilidad, de que los seres humanos son seres de cooperaci�n y de convivialidad. Los chimpanc�s tambi�n tienen vida social. Pero a diferencia de los seres humanos, ella se orienta seg�n la l�gica de la dominaci�n, de la jerarquizaci�n y del sometimiento del otro. Por eso sus relaciones son extremadamente dominadoras.

Con el surgimiento del ser humano a partir de un primate com�n a los simios superiores y a los humanos, esa l�gica se quebr�. No sabemos la fecha con exactitud, pero de seguro fue alrededor de tres millones de a�os atr�s. Investigaciones recientes, llevadas a cabo en 1977, lo confirman, a partir de los huesos de una mujer, Lucy, encontrados en la regi�n de Afar, en Etiop�a, en el �frica oriental. La l�gica cambia de manera absoluta. En lugar de la competitividad feroz y de la voluntad de subyugaci�n, entra a funcionar la cooperaci�n. As�, en el nivel humano, ese menos del 2% de los �cidos nucleicos y de las bases fosfatadas que fundan lo humano en cuanto humano, se encuentran en relaciones de cooperaci�n. Nuestros ancestros humanoides sal�an a cazar, tra�an los alimentos y los repart�an entre ellos socialmente. No como los primates superiores, que comen cada uno por su cuenta. Tra�an y distribu�an solidariamente entre ellos. De esos lazos de solidaridad, y en tanto mam�feros superiores, se desarrollaron las relaciones entre madres e hijos. El calor de la proximidad hizo surgir la ternura y la relaci�n de protecci�n mutua. Esa diferencia se aprecia en la mano. La mano de un chimpanc� es distinta a la de un ser humano. La mano del ser humano se extiende, se adapta al cuerpo y es capaz de acariciar, mientras que la de los simios superiores no se extiende y est� adaptada para pegar y para agarrar. Fue esa base de solidaridad y de cooperaci�n la que sirvi� de ambiente para el surgimiento del lenguaje. Y el lenguaje, singular en el ser humano, es fundamentalmente un fen�meno social. En esa relaci�n social, uno no precisa justificar su presencia ante el otro, porque sabe que es acogido, nunca es tratado simplemente como enemigo, sino antes como compa�ero, como semejante, hermano, socio en la aventura de la existencia. Esa interpretaci�n de la antropog�nesis es recurrente en grandes personalidades de las ciencias de la vida, como los conocidos cient�ficos chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela, o como Frijhof Capra, Christian de Duve y otros. De ah� se desprende que el socialismo surge del propio proceso de antropog�nesis. Expresa una l�gica de millones de a�os de convivialidad y de lazos de cooperaci�n, a pesar de todos los retrocesos y dificultades que la historia registra. Pero lo que hizo que la historia avanzara y llegara a nuestros d�as es la capacidad del ser humano de hacer y rehacer los lazos de convivencia, de no colocar nunca la guerra y la exclusi�n del otro como proyecto civilizatorio sino como desv�o de �l a ser evitado, limitado, superado o integrado en una s�ntesis superior humanizadora.

El capitalismo representa la sobrevivencia de la pol�tica del chimpanc�, nos dice Humberto Maturana (en su libro m�s reciente Formaci�n humana y capacitaci�n), es decir, de aquella carga gen�tica que tenemos en com�n con los chimpanc�s y que nos hace en parte chimpanc�s, parte que a�n no inaugur� el reino de lo humano con su fuerza socializadora y cooperativa. Esa pol�tica chimpanc�, actualizada por el capitalismo, se caracteriza, seg�n el bi�logo chileno, por la apropiaci�n, la competencia, la desconfianza, el control, el sometimiento, la dominaci�n y, en �ltima instancia, por la l�gica de la guerra. No ha ingresado a la dimensi�n humana de lo humano, que es la dimensi�n de la colaboraci�n, de la convivialidad, de la protecci�n, mejor expresada en el proyecto socialista desde los albores de su formulaci�n por parte de los utopistas cristianos. De ah� que una buena raz�n para querer ser socialistas es que queremos ser humanos, seres de lenguaje comunicativo, seres de relaci�n y de solidaridad irrestricta. En ese sentido a�n nos encontramos en la antesala de nuestra verdadera humanidad. Penando y sobreviviendo en el seno del modo de producci�n capitalista integrado mundialmente e invadidos por la cultura del capital, no logramos a�n inaugurar el nuevo milenio con una nueva relaci�n de inclusi�n de toda la humanidad. Dos terceras partes de los seres humanos viven en niveles de crueldad y de ausencia de piedad, v�ctimas de la voracidad acumuladora de la l�gica del capital. S�lo el socialismo, como expresi�n de cooperaci�n igualitaria y de convivencia pac�fica con los diferentes podr� crear el espacio para que florezcamos como humanos verdaderamente humanos.

4. Si no nos socializamos no sobreviviremos

El tercer argumento a favor de una opci�n socio-pol�tica socialista proviene de la reflexi�n ecol�gica, que hoy ha alcanzado dimensiones globales. Todos los informes serios sobre el estado de la Tierra nos alarman: si contin�a la l�gica depredadora y consumista del sistema del capital vamos al encuentro de lo peor, vamos al encuentro de la falta de sustentabilidad de nuestro proyecto civilizatorio y de un estr�s fant�stico de la biosfera, con la probable desaparici�n de incontables especies y sus representantes. No es imposible que la propia especie homo sapiens demens se vea poderosamente amenazada.

Lo que se constata de forma irrefutable es que los recursos del sistema-Tierra son limitados, y en algunos casos extremadamente escasos. No hablo del petr�leo, la sangre de la m�quina productiva mundial, sino de algo m�s b�sico para todo el sistema de la vida y de la comunidad de la vida: �el agua potable! De toda el agua del planeta (cuyos dos tercios est�n compuestos de agua), s�lo el 3% es agua dulce. De ese 3%, menos del 1% resulta accesible al uso humano, porque el resto est� almacenado en glaciares o a grandes profundidades. Debido al consumo irresponsable de agua dulce en el proceso productivo, en la agroindustria, y a la masiva utilizaci�n de t�xicos y pesticidas, el agua no tiene tiempo de reponer sus nutrientes y se torna salobre. En sucesivas reuniones mundiales de estudio y de b�squeda de soluciones globales, la ONU ha alertado sobre el riesgo que ya enfrentamos. Seg�n el m�s reciente relatorio (el �ltimo de La Haya de marzo-abril del 2000), en los pr�ximos a�os se producir�n guerras devastadoras en diversas regiones del mundo para garantizar el acceso a fuentes de agua potable. El agua es el bien m�s escaso de la naturaleza: m�s que el petr�leo, el uranio u otros materiales. Quien controle el agua controlar� la vida, porque el agua est� �ntimamente ligada a la vida en todas sus formas. Al igual que el agua, otros recursos energ�ticos son fundamentales para garantizar un futuro de vida para todos los humanos y los dem�s seres de la comunidad de la vida. Todos los bienes necesarios para la vida pertenecen al patrimonio de la biosfera y al patrimonio com�n de la humanidad. Si no socializamos esos recursos escasos, no garantizaremos un futuro com�n para la vida, para la humanidad y para la Tierra. Ya no se trata de socialismo en t�rminos ideol�gicos y, en su mejor expresi�n, en t�rminos pol�ticos y alternativos. Se trata de socialismo como forma de sobrevivencia. O socializamos o enfrentaremos un impasse vital. Tenemos que planificar el uso racional de esos recursos escasos en beneficio de todos los seres vivos. La planificaci�n es obra del socialismo y no del capitalismo. El capitalismo incorpor� la planificaci�n para racionalizar su producci�n y garantizar mejor sus lucros, pero no para repartir los bienes escasos. Entonces, tenemos que planificar para socializar los recursos escasos de la Tierra, y debemos comenzar por los m�s fundamentales, los que garantizan el sustrato f�sico-qu�mico de nuestra sobrevivencia, como el agua, la alimentaci�n b�sica, la vivienda, el trabajo, el ocio y la educaci�n (que nos permite la comunicaci�n humana m�nima). Esta vez no habr� un Arca de No� que salve a algunos y deje perecer a los dem�s. O nos salvamos todos o pereceremos todos.

El capitalismo no brinda ninguna se�al de que quiera construir un Arca de No� para todos. Por el contrario, se encuentra dentro de un Titanic que se hunde debido a la destructividad del capitalismo y de sus agentes, insensibles, ciegos y suicidas, que siguen haciendo negocios. Son capaces de llevar a la Tierra a un estr�s jam�s visto en la historia conocida de la Tierra, quiz�s semejante a las grandes cat�strofes de eras ancestrales que pusieron en riesgo inmenso el sistema de la vida. Pero en esas eras los seres humanos a�n no hab�an nacido como producto del proceso evolutivo.

5. El socialismo ut�pico se funde con el socialismo hist�rico

En los albores de la formulaci�n del proyecto socialista se produjo un debate cl�sico, protagonizado por Carlos Marx, entre el socialismo ut�pico, proyecto de los padres fundadores del socialismo, y el socialismo cient�fico, inaugurado por Marx y por Engels. Marx someti� a una dura cr�tica al socialismo ut�pico a causa de su ineficacia, no obstante su gran poder movilizador. �l, por el contrario, luch� por un socialismo al cual calific� de cient�fico, como base para un proyecto pol�tico coherente y transformador de la sociedad capitalista.

Ahora conocemos los impasses de esta pretensi�n, sobre todo en su expresi�n del llamado socialismo real del este de Europa. Pero hoy, con la distancia que da el tiempo, al ponderar las bondades de uno y de otro socialismo, sentimos la necesidad y la utilidad de rescatar ambas tradiciones. Es importante presentar el socialismo ut�pico como la gran utop�a de la humanidad, quiz�s la m�s generosa formulada hasta nuestros d�as. Ella es fundamental para inspirar pr�cticas de solidaridad, cooperaci�n y sinergia en todos los campos, especialmente en aquellos donde lo que se juega es la vida y el planeta Tierra, la �nica casa com�n que tenemos.

Es urgente fundar el pacto social global que junte a todas las tribus de la Tierra, un pacto que incluya a la Naturaleza y a la Tierra como sujetos de derechos que se deben respetar y cultivar. Los que formularon el pacto social que subtiende las sociedades actuales -Rousseau, Locke y el propio Kant- nunca incluyeron en sus reflexiones a la naturaleza y a la Tierra. Daban por descontado que su existencia estaba garantizada. Hoy la situaci�n es otra. Ni la naturaleza ni la Tierra tienen garantizado su futuro. Dependen de las pr�cticas humanas de destrucci�n o de preservaci�n. No debemos olvidar que, insanamente, inventamos el principio de la autodestrucci�n que, a su vez, provoca la instauraci�n del principio de la corresponsabilidad.

En el nuevo pacto social, expresi�n de esa corresponsabilidad, es urgente que incluyamos a la naturaleza y a la Tierra con sus subjetividades. Ellas son el nuevo ciudadano. Plantas, animales, r�os, paisajes, monta�as, pasan a formar parte de nuestra sociedad ecologizada. Como dijera Michel Serres, notable pensador franc�s, acerca de la nueva situaci�n de la humanidad: la Declaraci�n de Derechos Humanos ten�an raz�n al proclamar que toda persona humana tiene derechos. Pero ten�a un defecto: el de pensar que s�lo los seres humanos tienen derechos. Los dem�s seres de la naturaleza y de la creaci�n tambi�n tienen derecho a existir, a ser respetados y a convivir en la comunidad terrenal y c�smica. Todos necesitamos los unos de los otros y somos Inter.-retrodependientes. M�s a�n: debemos comportarnos como garantes y guardianes de los derechos ecol�gicos de toda la creaci�n. El socialismo ut�pico sue�a con un planeta Tierra que integre a todos los seres en la inmensa comunidad terrenal y bi�tica. Pero es necesario pasar de la utop�a a la historia. Y, por tanto, rescatar la tradici�n del socialismo hist�rico, que formula mediaciones concretas para su puesta en pr�ctica en la pol�tica, en la econom�a, en la educaci�n, en los sistemas de poder, en las comunidades, en las familias y en todas las relaciones con la naturaleza. Entonces el socialismo realizara el sue�o de sus fundadores, en especial de Rosa Luxemburgo y de Antonio Gramsci, de ser la concreci�n de la democracia integral, la democracia humana y socioc�smica.

Ese socialismo es connatural al ser humano como ser de amor, de cooperaci�n, de sinergia, de solidaridad, porque es en ese tipo de relaciones que se inscribe la singularidad del ser humano en cuanto humano, en comuni�n con los dem�s seres y diferente a ellos. Hoy, frente a los desaf�os que encara la humanidad, desaf�os de vida o muerte, es importante que esas dos formas de pensar y vivir el socialismo se abracen y se den las manos. La tarea es inmensa, verdaderamente mesi�nica: salvar la vida, salvaguardar la Tierra y garantizar el futuro del proyecto humano.

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